cavafis joven

Constantín Kavafis es un autor por el que siento gran estima y éste quizá uno de mis poemas favoritos. Hace años me sorprendió, durante un taller de la formación en psicoterapia, que Carmela Ruiz de la Rosa, una de mis formadoras en el Instituto de Psicoterapia Gestalt de Madrid, nos leyera el que ya entonces era quizás mi poema mas querido. En aquel taller y aquel momento el poema tenía todo el sentido del mundo y me golpeó en el corazón con la magia que tienen los momentos de sincronicidad. Nada es casual, Itaca era la vida, la vida abriéndose paso, abriendo caminos ante mi en una época muy dura de mi vida.

Itaca es una metáfora del camino y hace falta leerlo hasta el final para saber porqué.

Kavafis (prefiero la grafía con K a la c de Cavafis) era griego. Con esa timidez propia de algunos genios o acaso esa humildad del que no termina de saber si lo que ha creado tiene algún valor o es olvidable, en vida nunca publicó sus versos, salvo unos cuadernillos de difusión muy reducida, que entregaba a gente, lectores de su confianza, para que los disfrutaran y comentaran con él. De vez en cuando también repartía hojas sueltas con poemas, pero nunca quiso publicar abiertamente en formato libro, ni difundir su obra.

cavafis

Su fama llegó tras su muerte, cuando sus excelentes versos llegaron al mercado literario anglosajón de la mano del escritor E.M. Foster y el griego se convirtió, a título póstumo, en uno de los más grandes autores del siglo XX. Kavafis, griego por convicción, permaneció toda su vida laboral trabajando como funcionario del Ministerio de Obras Públicas egipcio en la Sección de Riegos. Vivió tres años en Constatinopla y el resto del tiempo en Alejandría, hasta los setenta años en que un cáncer de laringe acabó con su vida. Según cuentan, llevó una vida gris, rutinaria, no exenta de intensos amores y pasiones, que disimulaba bajo una apariencia de hombre formal y comedido, muy al estilo de los varones de la época.

Los gays lo tomaron como icono, dada su condición de homosexual y debido al contenido erótico de algunos de sus poemas.

Yo solo puedo decir que, tras leerle, se que allí dentro, en aquel corazón, habitaba un hombre, en el más amplio, tierno y luminoso sentido del término.

Itaca

Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo.

Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,

nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Itaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.

Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Itaca te enriquezca.

Itaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.

Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia

entenderás ya qué significan las Itacas.

C. P. Cavafis. Antología poética.
Alianza Editorial, Madrid 1999.

(Edición y traducción, Pedro Bádenas de la Peña)

Anuncios