pastillas de amor

La confusión de los términos

Porque uno ya es perro viejo y tiene muescas en el revólver y cicatrices en el corazón, va aprendiendo algo de éstas cosas.

Por lo pronto, lo he constatado charlando con amigos, conocidos, desconocidos, pacientes en la consulta y personas más o menos cercanas o lejanas a mi vida:

Amor, enamoramiento, atracción física, la primavera…

Todos éstos conceptos están muy poco claros en el corazón y la mente de las personas. Solemos confundir enamoramiento con amor, querer con amar, apreciar con querer, afecto con atracción, y deseo o intensidad con cariño, afecto o ternura. También solemos confundir necesidad o desesperación por ser amados, con atracción o deseo por el otro.

Todo éste revoltijo de conceptos y emociones está, además, tamizado por el modo de entender los afectos que tiene cada persona.

Hay gente que no es capaz de sentir amor y ni siquiera lo sabe.

¿Cómo saberlo si no tienen con qué comparar, si siempre sintieron cosas parecidas al amor, pero dentro de un amplio rango de sensaciones corporales y emociones?

¿Como sabes tu que eso que sientes es Amor y no otra cosa?

Sigue leyendo éste artículo.

Mucha gente viaja de relación en relación hasta que la edad y el temor a que se le pase el arroz, a no formar una familia, a no tener hijos, a quedarse solo, instala en ellos la necesidad de sentar la cabeza.

El Amor, lo escribo con mayúsculas porque es sagrado, por mucho que tanto la cultura represora se haya querido incautar del concepto y la cultura sin valores que se adueña del mundo, ahora pretenda trivializarlo; repito, el Amor es eso que surge después de la etapa inicial de deslumbramiento que sentimos por el otro.

Amor es algo complicado para la gente y pocas personas lo llegan a sentir de verdad, esa es la mala noticia para todos.

La realidad es que no amamos tanto como creemos amar. Las películas, las novelas, los libros, el imaginario popular nos confunden.

No nos han enseñado a amar y, a menudo en familia tampoco lo hemos aprendido.

Padres poco afectivos (y constatar ésto puede llevarle a uno años y años de terapia) siembran en las personas el estigma del desamor. Nos encantaría creer que nuestros padres nos aman, pero lo cierto -y aquí rompemos un tabú social al denunciarlo- es que pocos padres saben amar a sus hijos con un amor cercano al incondicional, entre otras cosas porque nunca lo recibieron. Ese amor materno y paterno es el único capaz de hacer que nosotros a nuestra vez, seamos capaces de dar y recibir amor. Y he constatado que ese amor parental que la gente debería recibir es, en general, más escaso de lo que se piensa.

Las consecuencias de éste desamor de padres a hijos en pareja son devastadoras: Por ejemplo, se confunde amor con necesidad del otro y servicio al otro.

Uno cuida del otro, se entrega al otro, se da al otro… y en realidad todo eso lo hace para ser amado, para ser querido, no por amor al otro.

Eso no es Amor, es dar para que nos den, es entregarse para que nos amen.

Pepe le Pew

Los Adictos al amor

Hay personas adictas al enamoramiento, como las hay adictas al sexo, a la bebida, a las drogas o al trabajo (los célebres trabajólicos, de los que hablaremos en un próximo artículo).

Los adictos a las relaciones salen de su naufragio vital enamorándose de otro, proyectando sobre él todas sus carencias y necesidades vitales, la solución a sus problemas de dinero, autoestima, vivienda, asuntos profesionales y de todo tipo.

Los adictos, que suelen ir de una relación a otra como abejas libando aquí y allá, enloquecen (a veces no tanto) por ese nuevo amor transitorio, se mudan de casa, se marchan a otro lugar, escapan, pierden los papeles, su identidad (si es que alguna vez la tuvieron), la perspectiva y los calzoncillos y/o las bragas.

La inyección de endorfinas y sustancias euforizantes que se liberan en estado de enamoramiento, hacen que éstas personas usen las relaciones como un antidepresivo natural para salir del estado de tristeza, amargura, resignación o melancolía en el que viven habitualmente cuando no tienen pareja.

Ciertos eneatipos del eneagrama, los del subtipo sexual, se relacionan así con el mundo… sin pareja no se saben sostener.

Solo pueden funcionar en la vida por principio de adherencia con otra persona.

Además de todo ésto, los seres humanos tenemos la tendencia a proyectar sobre los otros.

No tienes dinero y buscas a alguien económicamente solvente para que te salve de tu incapacidad de ganarlo.

Te sientes feo y buscas a alguien a quien consideras atractivo para que sobrecompense esa fealdad o ausencia de atractivo que crees tener.

Te sientes tonto y buscas a un sabio para que te haga sentir más listo de lo que crees que eres.

Una chica que se siente inútil, elegirá a alguien a quien considera muy mañoso, para sobrecompensar su sensación de inutilidad. Si siente que no tiene capacidad o poder, buscará a alguien a quien considere poderoso según su propio criterio e ideas respecto a lo que es poder.

Que luego el “mañoso” o “poderoso” sea una pareja remotamente adecuada para ella o para él, está por ver… cuando nos enamoramos sufrimos un estado de enajenación mental y emocional transitoria que puede durar años, o incluso décadas, dependiendo de lo que tarde la venda en caérsenos de los ojos.

Y solo cuando la venda se caiga vendrá el Amor… o la ruptura.

La desgracia es que a veces, para cuando despertamos del sueño de las endorfinas, ya hemos tenido unos cuantos hijos con esa persona, hijos que acabarán pagando nuestros errores de entonces.

La vida es así de dura, de sabia, de cruel y de certera.

Venimos a aprender viviendo, aunque sea a ladrillazos.

enganchada al amor

Idealizar

Hace poco hablé con una amiga que se estaba enamorando de un chico.

Hablaba de él con tal arrobo y admiración, lo describía de tal manera, que tuve la sensación de que no estaba hablando de alguien real, sino de una especie de semidios olímpico inalcanzable, infalible, perfecto, poco menos que un arcángel. De hecho, ella lo definía así, como un ángel en su vida.

Al escucharla, por dentro me dió la risa.

Hice un esfuerzo porque no me lo notara. No hay cosa que le duela más a una persona ciegamente enamorada, que pincharle el globo de la fantasía al que se está agarrando.

La persona de la que ella me estaba hablando, sencillamente no existe.

Aquellas palabras eran pura idealización.

Somos así en el amor.

La sensatez tarda tiempo, a veces décadas en imponerse. He hablado con personas que reconocen haberse equivocado del todo en sus relaciones. Haber tenido hijos y familia con la persona inadecuada y haber tardado una vida entera, muchas décadas, en darse cuenta, en crecer lo suficiente para constatar de que estaban con alguien a quien no han amado y por quien no se sentían amadas o bien tratadas.

Dependencia, necesidad, idealización… todas éstas cuestiones se interponen ante nuestros ojos.

En las relaciones de pareja, la realidad no tardará en aparecer.

Lo que pasa es que a veces tarda demasiado tiempo en hacerlo, años, décadas, una vida entera.

Solo el amor es real, lo demás son fuegos artificiales, puede que tengamos intensidad, puede que emoción desatada, corporalidad, deseo, sueños, fantasías… pero nada cierto ni verdadero más allá de las tracas iniciales del principio de una relación, que pueden prolongarse unos añitos hasta que descubramos la verdad sobre el otro y el globo se nos pinche.

corazón enjaulado

Desesperación… el peor aliado

Nuestro nivel de desesperación, de tolerancia a la soledad, a la frustración, a la propia vida, la insatisfacción que sentimos, influye mucho también en la compulsión a emparejarse o enamorarse.

Si nuestra vida está atascada o bloqueada, la necesidad de salir del agujero nos impelirá con más fuerza a buscar fuera de nosotros, en una pareja, la solución a todos nuestros males.

Muchas veces usamos el amor para huir de casa, de nosotros mismos, para no crecer, para escapar de lo que llevamos dentro y no somos capaces de afrontar.

Y lo peor (no lo mejor) es que el amor inicial, el enamoramiento, es algo que sucede de repente, que estalla en nuestra vida.

Y que cuando lo hace no podemos elegirlo. Como tampoco podemos elegir a esa persona bajo cuyo influjo estamos.

Los anglosajones hablan muy certeramente del término to fall in love, caer en el amor… en realidad no se refieren al Amor con mayúsculas, se refieren al proceso de enamorarse previo, ese estado de enajenación mental y desbordamiento hormonal del que he hablado.

El Amor, con mayúsculas, el de verdad, se elige, es voluntario y sucede tiempo después de que el enamoramiento, eso que no elegimos, ya haya pasado.

Tres añitos de nada dura aproximadamente (como máximo) la etapa de enamoramiento, según los estudios; esa etapa en la que estamos bajo el influjo de sustancias químicas que se nos disparan en el organismo y nos hacen sentir tan bien.

Si no ves a tu pareja porque vive lejos, este periodo de tres años puede prolongarse un poco más porque no es contínua la exposición a su cercanía personal… y las sustancias que se liberan en tu organismo lo hacen con intermitencia. Entonces la cosa pudiera alargarse unos años más.

Pero no mucho más.

Esta caída en el amor, este enamoramiento, es inopinado, repentino, teatral, engañoso, no elegido… y a menudo termina en un costalazo.

El hombre o la mujer de quien nos enamoramos no es necesariamente el mejor, el más guapo, sabio, inteligente, brillante, empático o inspirado de cuant@s hemos conocido. De hecho a veces es justo al contrario… se trata de alguien tóxico, inadecuado, incapaz de amar, un cínico, una interesada, un maltratador… o de uno que sustituye al papá que no tuvimos o a la mamá que hubiéramos necesitado tener.

No es el más adecuado ni la más adecuada, el mejor o la mejor, se trata tan solo del que reúne las condiciones precisas para tapar nuestros agujeros y vacíos en éste momento concreto de nuestra vida.

A veces es pura lotería, pura energía, pura causalidad.

Y a veces, muchas veces, termina de pena.

Porque todo lo que no se elige (y el enamoramiento no se elige, insisto), pertenece al reino de lo inconsciente, y el inconsciente es rico en patrones de conducta repetitivos y automáticos, en compulsiones, en conductas tóxicas.

¿Cómo escapar de los patrones tóxicos y las relaciones penosas?

Conforme creces, tu capacidad de proyectar sobre el otro tus carencias, se reduce. Sobre todo si sigues un sendero de crecimiento espiritual y de autoconocimiento serio.

Son pocas personas las que lo hacen, pero si eres de esas, deja de preocuparte, estás en el camino y tus atascos en pareja se irán resolviendo solos.

Porque con los años y el crecimiento personal, vas dejando de necesitar que otro te salve, te complete, llene tu vacío o te resuelva la vida.

Vas tranquilizándote, tolerando mejor la incertidumbre, la frustración, la soledad o el vacío.

Entonces los enamoramientos se vuelven menos intensos y el Amor que viene después se convierte en más cercano y plausible, más fácil de elegir y yo diría que hasta más profundo y pleno.

La feliz noticia es que cuando llegas a ese estado de no necesitar enamorarte, de elegirlo cuando se den las circunstancias y la persona adecuada, has madurado.

La mala noticia es que en occidente, la edad de maduración de las personas se ha retrasado algunas décadas… y a veces los hay que no llegan a madurar en toda su vida.

Enamorarse es no elegir (aunque creamos que lo estamos haciendo)… con todas las consecuencias aparejadas a ello.

Amar es voluntario… es decirle al otro, yo no te necesito, pero elijo estar contigo porque quiero hacerlo.

Necesidad

Y aquí la frase clásica que se dice sobre el amor se impone.

¿Le quieres porque le necesitas o le necesitas porque le quieres?

Si necesitas a alguien más de lo que le quieres, estás perdid@. Tarde o temprano dejará de funcionar. Y reconocer que estás con alguien porque tu vida sin él no funcionaría en éste presente que estás viviendo, puede ser terrible y te dará muchas claves sobre el modo en que sueles emparejarte con el otro.

La desesperación muchas veces es inconsciente, pero otras veces es la peor consejera para elegir una pareja. La necesidad nunca es buena.

Porque nadie puede salvarte de tí mism@.

Nadie puede completarte ni llenarte, allá donde tu no te llenas ni completas a tí mism@.

Insisto, no somos medias naranjas buscando su otra mitad por el mundo… somos naranjas completas que eligen a otra naranja (tambíen completa) para compartir la vida desde la completud, no desde la carencia.

Si nos supiéramos relacionar desde la completud y no desde la carencia, todo nos iría mucho mejor.

Desde VerDeVerdad deseo que Ames más de lo que te enamoras, que te ames más de lo que sueles hacerlo, que quieras más de lo que te quisieron y que recuerdes que solo alguien que se quiere lo suficiente puede querer a otro de verdad y recibir el amor de otros con gran plenitud y total apertura…

No lo olvides: Solo el Amor es real.

Espero que el artículo te sirva y mejore tus relaciones.

Juntos, Vamos a Cambiar el Mundo.

Eugenio Sánchez Arrate

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