bienvenida

un artículo de Eugenio Sánchez Arrate

¿Cómo naciste, como fueron tus primeros años en casa?¿Cómo era la relación del bebé, el niño que tu eras, con tus padres en tu primera infancia?

No son preguntas arbitrarias, son extremadamente importantes, porque de cómo las respondas depende el tipo de vida que estás llevando.

¿Te has hecho alguna vez éstas preguntas?

Un parto complicado o difícil, nacer antes de tiempo (ser sietemesino u ochomesino) o llegar semanas después de lo previsto (ser diezmesino), nacer con fórceps, cesárea o en un parto largo y complejo, haber sentido el rechazo de tu madre mientras estabas en su vientre, sus dudas o enfado durante el embarazo, su ira durante la concepción, o sentir que te rechazan tras nacer, haber sentido su abandono por una depresión post-parto, o el juicio constante de tu padre en tus primeros años de aprendizaje puede ser fundamental para tu vida futura.

Haber notado quizá su lejanía o frialdad como padre o madre, su crítica continua a todo lo que hacías o eras; o directamente sentir que ellos nunca estaban para ti o tenían cosas más importantes que hacer, que estaban muy ocupados trabajando o ensimismados en sus cosas y actividades, son temas graves que influyen en el modo en que nos sentimos bienvenidos a la vida.

Sentirse Bienvenido al Mundo y a la Existencia es uno de los indicadores de salud emocional más importante que existe.

Porque si no te sentiste bienvenid@ ni de bebé ni de niño, eso provocará problemas cuando seamos adultos, problemas muy serios en nuestra conducta, que arrastraremos toda la vida si no los afrontamos.

Los meses de gestación y primeros años de un bebé son fundamentales para determinar el modo en que vamos a sentirnos recibidos por el Mundo.

La Bienvenida de un bebé o un niño al entorno familiar debiera planificarse de un modo distinto a como se hace en la actualidad, con mucho mimo, cuidado y con una preparación emocional y psicológica de los padres que rara vez existe.

Los adultos, en esa época tan delicada del niño, tendrían que enfocar toda su energía en que el bebé sea amado, querido y aceptado y llegue a la vida de la manera más saludable. Deberían intentar que sus problemas personales no interfieran en el proceso del embarazo y la concepción.

Por desgracia, ésto rara vez sucede.

vergüenza

Algunos síntomas del rechazo y el autorrechazo

En función de haber sentido nuestra venida al mundo como positiva o negativa para nuestros padres, como una llegada alegre o preocupante, así será el modo en que interpretemos cómo nos van a recibir los demás, con alegría o con rechazo, en todos los órdenes de la vida.

Si no te has sentido bienvenido en tus primeros años, por ejemplo, te costará celebrar tu cumpleaños, inconscientemente anticiparás el rechazo de la gente en las circunstancias más variadas, te costará mostrarte en público o ante alguien que te importa, ocultarás tus sentimientos o emociones por temor a ser juzgado, te ocultarás de la gente o sentirás vergüenza y reparo, tendrás problemas para ser tu mismo, bloqueos para confiar en tus talentos o tus emociones, en tus dones y capacidades. Tendrás problemas para seguir tu camino vital, para brillar siendo quien eres, para afrontar las críticas, someterte al juicio o escrutinio de los otros, te costará creer en ti, afirmarte en la vida, poner límites a los otros, reclamar tus derechos o mostrarte al público en tareas de tipo artístico, o que incorporan estar frente a un número variable de personas demostrando lo que vales o sencillamente siendo.

Tienes que entender que, al no sentirte bienvenid@, una parte de tu inconsciente quedó comprometida en aquella escena de trauma, fuera durante la gestación, el parto o los meses y años posteriores. Esa energía quedó atrapada por esa falta de acogida que sufriste… y desde entonces ya todo han sido problemas constantes.

Posiblemente de muchos de ellos no te hayas dado cuenta hasta ahora.

Porque a nivel muy interno, ahora de adulto, tienes probablemente creencias relativas a que no eres digno de amor y quizá ni siquiera lo sabes. Creencias de las que es posible que no seas consciente.

Esas creencias pueden ser la causa de que elijas parejas maltratadoras, adúlteras, mentirosas, manipuladoras o poco afectivas a un nivel poco consciente… sencillamente algo dentro de ti cree que no mereces algo mejor, no te mereces que te quieran… y sigues emparejándote con gente que te hace daño, te ignora, maltrata o no te toma en consideración.

Es lo que te mereces, tan solo actúas tu patrón.

Puede que elijas a amigos que no te dan apoyo y afecto, o que abusan de ti.

Aguantas en un trabajo insatisfactorio toda la vida… porque internamente, inconscientemente crees que no mereces un empleo mejor. Aguantas en situaciones indignas, infelices, humillantes o dolorosas, junto a personas que no te aportan nada, durante años, puede que incluso toda la vida… para confirmar la idea de que no mereces nada mejor.

Inconscientemente te culpas y recriminas por no conseguir ser más feliz, pero a la vez no haces nada por cambiar o revertir la situación, no sabes cómo salir del agujero.

No te extrañes de lo que estás leyendo, no sentirse Bienvenid@ a la vida es mucho más frecuente de lo que crees. A mi me sucedió… se bien de lo que te estoy hablando y luego contaré mi caso.

Si no te has sentido bienvenido al mundo, muy probablemente te costará enfrentarte al juicio o la valoración de los demás (y puede que a la vez sea tremendamente importante para ti obtenerlo).

Te costará defender lo tuyo, mantener tu espacio, hacer escuchar tu voz, ser valorado, ser visto, ser bien tratado por los demás.

O al contrario, tomarás lo tuyo y lo de otros sin miramientos ni contemplaciones, para negar la sensación inconsciente de no merecimiento.

Puede que al sentirte así te enfades o te deprimas… puede que estalles de ira o que te arrugues y arrincones en una esquina para lamerte la tristeza. Eso no cambia nada. Si no haces algo distinto, nada diferente sucederá.

Aparecerán conductas autodestructivas en forma de adiciones o comportamientos que te hacen daño, surgirán introyectos del tipo “no me lo merzco”, “no sirvo”, “no valgo” o “nunca lo conseguiré”,”asco de vida”.

Posiblemente tienes una cierta desconfianza en que la existencia pueda proporcionarte aquella nutrición que necesitas, esa sensación de que la vida es hostil o que no hay para todos, teñirá de fondo toda tu cotidianeidad.

Quizá un cierto pesimismo vital haya velado tus ojos y sientas rabia, o pena, o resignación ante los acontecimientos que no puedes cambiar. Frases del tipo “la vida es así”, “qué le vamos a hacer” o “qué remedio me queda”… son habituales en personas que no se han sentido bienvenidas al mundo y que aceptan la derrota y se conforman con una circunstancias vitales insatisfactorias.

Melancolía o tristeza de fondo, cierta desvalorización personal o problemas de autoestima, a veces negados, a veces ocultados, a veces olvidados, reprimidos o compensados con la necesidad de destacar o sentirte importante, estarán presentes.

Otras veces, esa baja autoestima directamente está asumida, o es aceptada con una resignación casi masoquista y sin motivo. En ocasiones se transforma en violencia, que uno ejerce contra los demás mediante conductas agresivas o intimidatorias, y a fin de evitar el rechazo es justo lo que logramos.

Estos problemas siempre están encubriendo la falta de una Bienvenida cálida y afectuosa cuando llegamos al mundo por parte de nuestros padres.

De tal modo que, cuando llegues a un sitio nuevo, si no te sentiste bienvenido de bebé, anticiparás el rechazo de los otros, te costará sentirte bienvenido en una fiesta, aceptado en un nuevo trabajo, valorado o considerado en un grupo de amigos, en una clase, un curso, un comercio o tienda… incluso anticiparás ese rechazo, el conflicto, el sentirte apartad@ en cualquier grupo de personas que frecuentes. Posiblemente tengas problemas para manifestar tu amor e intenciones a una posible pareja, pues arriesgarte a sufrir su rechazo por parte de él o ella te resulta demasiado doloroso.

Estos y muchos otros problemas similares les suceden a aquell@s que no se sintieron bienvenidos.

Chloe Faith Wordsworth

Hace casi una década Chloe Faith Wordsworth, la creadora del sistema de terapia Resonnance Repatterning, constató éste hecho en muchas de sus consultas y se dio cuenta de que la Bienvenida es un acto fundamental para que una persona se sienta a gusto en cualquier entorno.

El niño se culpa de todo

Entiende que un bebé, un niño, no puede comprender que, si no lo están recibiendo con amor y alegría en la familia, puede que los adultos a su cargo tengan serios problemas de afectividad o estén sufriendo toda suerte de conflictos o trastornos que les impidan mostrar más cariño. A menudo ellos tampoco recibieron amor de sus padres. Y estadísticamente hemos de decir que el porcentaje de padres y madres bien preparados para serlo es escaso en comparación con la cantidad de personas que deciden tener un hijo.

El ego suele perdernos a la hora de procrear y perpetuar nuestra estirpe de un modo que resulta revelador.

Sin embargo, pase lo que pase durante esos primeros meses o años, el niño siempre se echa la culpa de todo lo que sucede.

Su manera de pensar es la siguiente: si no me aman es que hay algo sucio, feo e indigno en mi… y por tanto no merezco amor.

Y si no merezco amor, me avergüenzo de ser quien soy y actúo en consecuencia. Por esa razón:

-me escondo

-siento vergüenza

-me aíslo de los demás

-me retraigo

-no expreso mis emociones

-compenso mi baja autoestima agrediendo o maltratando a los demás

-me muestro suspicaz con los comentarios de los otros

-anticipo que los otros me quieren agredir o dañar

-fantaseo con la idea de que van a apartarme, rechazarme, engañarme o herirme

-llamo la atención de maneras de las que no soy consciente

-seduzco

-manipulo

-intento brillar y ser perfecto

-me hago el gracioso, el simpático, el servicial, el amable o el importante ante los otros

-e inconscientemente, con toda probabilidad, hago que me rechacen, hagan daño, ignoren aparten, pospongan, falten al respeto ect… acercándome a personas maltratadoras o poco amorosas, para confirmar esa idea loca e infantil de que no merezco amor.

El niño al no recibir amor incondicional, interpreta siempre que la culpa es suya y, acto seguido, empieza a considerarse indigno, insuficiente, siente vergüenza de ser quien es y, conforme crezca, tendrá problemas para ocupar su espacio, defender lo que es suyo, luchar por lo que le corresponde y conectar con la idea de merecimiento.

niño triste

Esta vergüenza nuclear de ser quien somos, anclada en la falta de Bienvenida que hemos sentido, puede quedar sepultada tan profundamente dentro de uno, que ni siquiera somos conscientes de que la tenemos dentro.

Es más, puede que actuemos como si sintiéramos justo lo contrario: y entonces hacemos ver al mundo que somos estupendos, maravillosos, tremendamente válidos y capaces, tremendamente eficaces o graciosos, o felices o brillantes, cuando en el fondo sentimos una gran e inconfesable desvalorización.

Los recuerdos de éste rechazo pueden estar tan bien enterrados que nos condicionan toda la vida.

Vergüenza es un término con el que deberíamos familiarizarnos.

La vergüenza de ser quien somos, ese que no fue acogido con amor y bienvenido cuando llegó al mundo, o ese que sufrió desamor y rechazo tiempo después, es la causa de muchos bloqueos creativos, de ese no atreverse a hacer ésto o aquello… de ese juzgarse constantemente, del miedo a fallar, del miedo a vivir, de vivir atascado en situaciones de infelicidad prolongada que no sabemos cambiar.

Muchos hombres y mujeres exitosos en realidad sienten profunda vergüenza de ser quienes son y la sobrecompensan con logros y posesiones materiales, intentando que los demás no se den cuenta de lo carentes e inadecuados que se sienten por dentro.

embarazo doble

Mi caso particular

Yo no me sentí bienvenido al mundo, pero no lo supe hasta hace poco.

A mi madre, por razones que desconozco y que nadie me ha contado, no la dejaban casarse con mi padre y contrarió a sus padres, que la rechazaron y dejaron de hablar cuando mostró su firme intención de contraer matrimonio.

En represalia por esa decisión ni siquiera fueron a su boda.

Durante la gestación de su primer embarazo, mi madre comenzó a sentir miedo y rabia hacia el que iba a nacer, una de las causas de haber sido apartada de la familia.

Quizá fue solo durante un rato, quizá solo unos días o quizá un tiempo corto. Posiblemente intentó abortar o matar a la vida que llevaba dentro, al menos eso señalan (y coinciden) algunas de las terapias que he practicado para acceder a esos momentos de mi vida.

Pero es que no era yo solo el que venía al mundo, éramos dos dentro de su barriga, pero ella no lo sabía.

De hecho, a fecha de hoy, mi madre aún no lo sabe.

Su ira, su miedo, su falta de amor, su rabia o una mezcla de todas esas cosas mató a mi hermano en su tripa.

Más tarde ella sentiría una gran tristeza. Puede que nunca supiera que esa tristeza, en parte, se debía a la vida que acababa de perderse dentro de ella a causa de sus intentos/deseos intensos de abortar y matarnos.

Yo tardé años en averiguar todo ésto mediante terapias como las Constelaciones Familiares, la Kinesiología, la Resonnance Repatterning y otras similares que han coincidido en los mismos hechos, lo cual me da sensación de certeza en el diagnóstico.

El 8% de los embarazos que se producen son múltiples y uno de los fetos se pierde en las primeras semanas de gestación y es reabsorbido, de tal manera que durante el parto nadie sabe que hubo un segundo bebé en la placenta.

Cuando el bebé superviviente nace, llega al mundo con un duelo por superar, el de su hermano o hermanos no nacidos. Un hermano o hermana del que no hay pruebas, constancia o existencia, pero que uno siente dentro de su alma.

De éstas pérdidas de vidas ni siquiera las madres se enteran, solo lo sabe el que nace, y puede tardar toda una vida en darse cuenta de que eso es lo que le pasa: esa desazón interior, esa soledad inexplicable incluso estando con gente, esa falta, ese echar de menos algo que no está, a alguien que no tenemos y que no sabemos quién es.

Para colmo, mis primeros años estuvieron trufados de un juicio crítico muy tóxico de mi persona a cargo de una madre que no ha dejado de sentir ira no reconocida hacia mi y los hombres (mezclada con amor de una manera muy dual, ambivalente y enferma), acompañada de las exigencias y constantes recriminaciones de un padre adicto a tener razón y a querer cambiar a los demás y convertirlos a su imagen y semejanza.

Comprender que ellos no estaban bien y desde luego nunca estuvieron preparados para ser los padres de nadie fue lo primero que tuve que hacer para llegar al perdón.

El resultado de aquellas circunstancias terribles es que yo no me sentí Bienvenido al Mundo y toda mi vida he tenido que bregar con la idea del abandono, el rechazo de los demás y el atreverme a mostrarme y darme el valor que tengo y que tienen las cosas que yo hago.

He sobrecompensado de la forma más neurótica posible la falta de amor recibido en casa con una conducta de constante ayuda al otro, cuidado del otro y adaptación al otro, a la que se ha añadido ese querer brillar, ser el centro de atención y querer sentirme siempre importante (porque es una manera de sentirme visto por los otros, considerado y no apartado o rechazado… pues ser rechazado en mi caso equivale a nivel no racional, a la misma muerte).

De hecho, por un rechazo materno, mi hermano murió en la barriga de mi madre, eso no puedo olvidarlo.

desconfiada

Otro caso. Una amiga y la Suspicacia.

Tengo una amiga bastante suspicaz con la que no me manejo nada bien en las conversaciones, pues ella no es consciente de su propia agresión hacia los demás, pero si muy sensible a las posibles agresiones de los otros hacia ella.

Este fenómeno de colocar a otros lo que es nuestro, de ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio, se llama proyección.

Ella y yo solemos comunicarnos por Facebook.

Ella padece una enfermedad crónica muy complicada y es una gran persona, pero no me resulta fácil la relación con ella, así que he desistido de intentar acercarme, porque es como intentar abrazar a un cactus.

Sencillamente, tenerla cerca no es bueno para mi salud emocional.

En cada ocasión que la he escrito, dicho algo en persona o mandado un mensaje, ella retuerce mis intenciones y me atribuye una intención que yo no tengo en mis palabras.

Todo se lo toma a mal o intenta detectar trampas o significados ocultos en comunicaciones o mensajes que solo son de afecto, comprensión, solidaridad y en los que evito hacer juicios o críticas hacia ella, porque se que es hipersensible y todo la afecta muchísimo y la puede hacer enfermar de su dolencia.

De tal modo que relacionarme está siendo muy difícil, pues ella interpreta como agresiones todo lo que los demás (o algunos de los demás, especialmente si son hombres) la dicen o cuentan.

En mi caso, deduzco que me coloca a la figura de su padre, atribuyéndome muchas de las características que ésta figura tiene para ella.

Solo que su padre no soy yo.

Su padre, por lo que se, es un hombre lleno de miedos, muy rígido y severo, que de niña no la aceptaba, siempre la juzgaba y la quería cambiar, lo que produjo en ella una rebeldía salvaje y un miedo atroz a ser controlada y atrapada por un hombre poco amoroso, motivo por el que la cuesta bastante tener pareja estable… en tanto no ponga conciencia a su rabia no procesada contra los hombres y a su miedo a abrir el corazón.

Deduzco que esa actitud de su padre durante la infancia no la hizo sentir bienvenida al mundo… y desde entonces ella no cree en si misma, tiene la autoestima bastante deteriorada y la cuesta amar y abrirse al amor.

He resuelto fluir con la situación y no hacer nada. Cada vez que ella me contestaba mal o se enfadaba yo conectaba con mi propio miedo y temor al rechazo, el tremendo dolor que eso me provoca. He sufrido bastante con ella por éste motivo. Y no creo que ella lo haya sabido ni se haya dado cuenta jamás.

Hoy apenas hablamos y yo evito el contacto salvo en ocasiones puntuales.

Y es triste decirlo, pero desde que me ahorro sus contestaciones o su constante suspicacia me siento mucho mejor porque ni recibo contestaciones bordes, ni siento que se me malinterpreta y sobre todo porque se que no serviría de nada hablar con ella. Incluso se que si lee éste artículo alguna vez y se identifica en él, se enfadará.

¿Puedo hacer algo contra eso?

Solo alejarme y confiar en que alguna vez ella entienda.

¿Cómo afrontar el rechazo y autorrechazo?

Vamos con las soluciones.

Primero, averigua si te sentiste Bienvenido a la vida, si te sentiste visto, apreciado y valorado en lo que eres durante tu infancia. Averigua qué tipo de parto tuviste, eso te dará muchas pistas de lo que sucedió.

Trata de recordar si cuando eras niño tus padres intentaron que fueras otro, si no te tuviste que sobreadaptar a sus expectativas, volverte un niño o una niña buena para que te quisieran, si hubo aceptación incondicional de la persona que tú eres, si había juicio o crítica constante a tu persona, si te querían cambiar o si te ignoraban o no prestaban atención (otra forma de rechazo) cuando no te portabas o no eras como ellos querían que fueras. Averigua si sufriste abandono, si te dejaron al cuidado de otros y se desentendieron, conecta con los sentimientos que eso te produce. Serán una guía estupenda de tu estado interior.

Ten en cuenta que ésta labor debes afrontarla con calma, con tiempo, puede no ser nada evidente que hubo ausencia de bienvenida en tu llegada al mundo y ésta puede tener múltiples connotaciones.

De hecho, mi experiencia me dice que un gran número de las personas que aseguran que sus padres los quieren y quisieron mucho cuando eran niños, están evitando afrontar una verdad dolorosa a éste respecto, se autoengañan para no encarar la triste realidad de un amor escaso o torcido. No hubo tanto amor con quieren pensar.

En éste mundo el amor incondicional es menos habitual de lo que creemos.

Y muchos padres quieren a sus hijos, si, pero solo si cumplen ciertos requisitos, normas o preceptos, solo si se portan bien, solo si son de ésta o aquella manera, solo si no dan problemas, si son chicos buenos o dan la talla.

La triste verdad es que a todos nos cuesta aceptar al otro tal y como es, amarlo sin esperar que cambie… y enseguida queremos transformarlo, reeducarlo y domesticarlo para que responda a nuestras expectativas.

Insisto en que éste trabajo de autoindagación puede ser lento y dificultoso (o muy claro y evidente para algunas personas que han sufrido de manera diáfana el desamor, el abandono y el maltrato… mucho mejor si eres de éstos, pues llevas trabajo adelantado).

Una vez que constatamos el tipo de bienvenida que tuvimos, que cada cual elija la terapia, camino o modo de afrontar éste problema.

Su propia sabiduría interior le conducirá a lo más sano para él en el menor tiempo posible.

El resto consiste en confiar en el proceso, aceptar, perdonar y poner toda la conciencia posible.

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