Archive for febrero, 2015


triunfador

Un artículo de Eugenio Sánchez Arrate

El macho Alfalfa es un tipo trasnochado de modelo de hombre, más propio del viejo sistema patriarcal que de el mundo igualitario y consciente que viviremos en el futuro, si las cosas cambian hacia una sociedad más justa e integrativa con todos los géneros y colectivos que la componen.

El macho Alfalfa (así denomino yo a los machos alfa de toda la vida), por definición, es un tipo poco sensible, con escaso acceso a sus emociones, que va por la vida de jefe, lider, matón, mandón o tío duro de película de acción de los años 80, acaso de triunfador social, pero al que se le ve la gomilla del calzoncillo desde tres kilómetros de distancia.

Un tipo que va de rudo y rocoso, o de listo y capaz, a veces de cabeza de familia, pero que precisamente por tener que ir de duro, por aparentar una dureza e insensibilidad que lo hacen débil, tiene la misma fragilidad que un cristalito de ventana en la puerta de un colegio, pues básicamente vive realizando una pose, donde todo es ego y presunción, pero no hay nada consistente ni real.

Porque, no nos engañemos, alguien realmente sólido no tiene que demostrar nada, ni ir de nada, ni esquivar sus emociones ni evitar reconocer sus carencias, que en el caso del macho Alfalfa, suelen ser muchas y poco trabajadas a nivel terapeútico.

Cuanto más necesitas demostrar tu valentía, más cobarde eres.

Y sin embargo, el macho alfalfa sigue siendo el arquetipo de hombre en muchos países de América Latina e incluso del mundo occidental, donde prima la imagen del triunfador, del patriarca, del tío sin grietas, echado para delante.

tio duro

Es el macho Alfalfa un arquetipo más del Guerrero Espiritual, mal aspectado o colocado. Alguien de corazón cerrado, que corta cabezas, que abusa de su fuerza o su poder, alguien poco compasivo y empático con los otros, de escasa escucha con sus seres queridos, que actúa como un robot, hace lo que se debe hacer, o lo que se espera de él, caracterizado por pasar a la acción y buscar el logro, sin mucha conciencia de lo que está haciendo, atrapado por la racionalidad y lo mental, acaso o por lo instintivo, pero sin integración emocional o corporal de lo que siente, piensa y experimenta.

Alguien, además, con escaso acceso a su mundo interior.

Cuanto más insegura es una mujer, más necesidad de uno de éstos machos alfalfa tiene para sentirse protegida y arropada por esa apariencia de solidez que los alfalfa desprenden.

Las chicas frágiles, de toda la vida, por tradición, son carne de cañón para los machos alfalfa.

Pero, pon un macho alfalfa en tu vida, un cagado disfrazado de valiente, y con el tiempo te sentirás más sola, más poco amada, más poco escuchada y respetada, más abandonada, ninguneada y poco comprendida, que si te hubieras casado con el doctor Menguele. Es ley de vida.

Durante décadas, siglos, se pensó que ser un hombre era ésto de ir de fuerte por el mundo.

Pero alguien fuerte no necesita demostrar su fuerza porque ya la tiene, alguien fuerte puede permitirse llorar, compadecerse de otros, ser vulnerable, mostrar sus carencias, pedir perdón, aceptar su derrota y, pese a todo, vivir con ello y superarlo, compartirlo todo con su pareja.

Negar la debilidad te hace débil, extremadamente débil… ir de duro te debilita también mucho, no tener acceso al mundo de tu corazón también te resquebraja… y un macho alfalfa hace eso, negar su debilidad, ocultarla o incluso hacer como si no existiera, manteniendo siempre un discurso trasnochado de yo puedo con todo, yo lo resuelvo, yo soy eficaz, capaz, se puede confiar en mi, yo me voy a comer el mundo y tonterías similares.

macho-iberico

Para su desgracia, a los machos alfalfa se los ve el cartón a kilómetros.

Quizá ser un gilipollas sea lo mismo que ser un macho alfalfa, pero desde luego ser un hombre, ser un verdadero hombre, en fin, es ser otra cosa muy distinta a eso que nos han contado.

Un verdadero hombre se conoce por dentro, crece día a día, no esquiva las verdades de su corazón, no evita afrontar sus carencias y conflictos interiores, llora si tiene que llorar, ama con el corazón abierto y no tiene que andarse todo el día protegiéndose de aquello que le concierne, evitando la terapia, el crecimiento personal y su mundo interior más olvidado.

Los Círculos de Hombres

En éste sentido, los Círculos de Hombres, un concepto de grupo de encuentro muy presente y pujante en nuestra sociedad, están teniendo mucha acogida en los círculos terapeúticos de algunos países.

En España, gente como Alfonso Colodrón, pionero en ésta clase de grupos de trabajo, están realizando un gran apoyo para el cambio social, abriendo grupos de encuentro para varones con una perspectiva terapeútica de compartir, apoyar, sanar y crecer en compañía.

Alfonso Colodrón

Alfonso Colodrón

Cuando el modelo masculino del varón actual está en crisis y hemos pasado (al menos en España) del modelo macho ibérico al del hombre asustado y perdido, que no sabe qué papel juega en la sociedad actual, los Círculos de hombres son una buena forma de incentivar el cambio hacia un mundo mucho más sano, consciente e integrado.

Estas y otras iniciativas terminarán por enviar al macho Alfalfa a la caverna de la que quizá nunca debió salir.

Si eres un macho Alfalfa o estás emparejada con uno de ellos, es el momento de realizar algunas reformas… y no soy demasiado optimista al respecto, los machos Alfalfa no cambian con facilidad.

Esto es VerDeVerdad y vamos a cambiar el mundo.

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Lo siento, perdóname

Un Artículo de Eugenio Sánchez Arrate

El Perdón es uno de los temas más controvertidos en terapia y en la vida.

Yo, lo reconozco, no soy nada bueno perdonando.

De hecho, algunos de mis rencores son legendarios (pocos, quizá solo dos o tres) y hay gente a la que no podré perdonar en muchas vidas, a veces pienso que no las perdonaré jamás (y eso incluye toda una larga lista de reencarnaciones posteriores a ésta, hasta llegar al Fin de los Tiempos).

En cambio también soy bastante blandito y cuando el otro me ofrece disculpas sinceras y sentidas, suelo perdonarle… con independencia de que tenga que pagar por lo que ha hecho…. porque, esto es importante: el perdón es independiente de las compensaciones y reparaciones que conlleva.

Y aquí hay una verdad espiritual importante: Todo se paga. Nada es gratis.

Da lo mismo que, nos hayan perdonado o no… tarde o temprano, pagaremos por el daño que causemos a otros o a nosotros mismos. El perdón libera al que perdona, no al que tiene que ser perdonado… éste aún tiene temas que resolver.

En cuanto a no ser bueno perdonando, pues vale, yo vivo con ello y vivo bien, no os imaginéis que eso me atormenta lo más mínimo. He llegado a un cierto equilibrio personal en materia de autoaceptación y se que forzarse a perdonar cuando no lo sientes, es hacerte daño. Así que ya no me obceco en perdonar a mis padres o exparejas si no siento que tenga que hacerlo. Y sin embargo he conseguido hacerlo en muchos casos.

Sencillamente he aprendido a vivir mi vida con ciertos rencores, a conseguir que no me molesten, incluso que se me olviden la mayor parte del tiempo. Se puede ser feliz sin haber perdonado al cien por cien de las personas que te hicieron daño.

También he dejado de atormentarme por no poder perdonar a algunos por más que lo he intentado, sencillamente porque hay veces que te han hecho tanto daño que no se puede.

Me consuelo pensando que es Dios quien ha de perdonar y reparar todo el daño. Yo no soy quien para impartir castigos o condenas, reparaciones o ajustes. Confío en la deidad y que El/Ella se encargue de todo y repare.

Una pareja que tuve, quizá la mujer que más daño me ha causado jamás, me decía: Eugenio, tienes que aprender a perdonar.

Aquello me enfadaba viniendo de una mujer especialmente insensible al dolor de los demás, que hacía cosas muy dolorosas para mi, porque si, quizá yo tuviera que aprender a perdonar, pero ella tenía que aprender a no andar por la vida de tal modo que los demás la tuvieran que andar perdonando constantemente.

No hagas daño y no tendrás que esperar que te perdonen.

Una cosa tengo clara, si haces daño, te lo harán, si el daño que hiciste fue inconsciente, llegará un inconsciente, una bobo o una tonta del culo e “inocentemente” te hará ese mismo daño tarde o temprano. ¿Que sacas un ojo a alguien y lo sacas sin querer? Llegará alguien y te sacará el ojo a ti con la misma falta de conciencia, para que sepas lo que se experimenta cuando eres víctima de alguien que va por la vida sin fijarse en nada ni en nadie.

Una conocida, en una reunión de antiguos alumnos de colegio, tuvo que escuchar de sus viejos compañeros como algunos estaban dolidos porque se sentían maltratados por ella. En concreto, un muchacho la acusó de haberle traumatizado y arruinado la infancia.

Ella lo había atormentado durante años porque era débil. Durante la reunión ella pidió perdón, pero hay perdones que llegan tarde y no resuelven nada.

Esta mujer acaso imagina que pedir perdón a esa persona ha servido de algo o compensa alguna cosa.

Si no hay reparación del daño, el perdón no vale una mierda.

A veces hay dolores y daños que arruinan una vida entera… es así de triste.

Y si arruinas una vida, alguien arruinará tu vida, ves preparándote para ello.

Tarde o temprano ésta mujer pagará por lo que hizo y también será atormentada, humillada y maltratada, tal y como ella maltrató, no por castigo a sus acciones (el karma no es un castigo), sino para que aprenda.

Es la Ley de Karma y también la del Equilibrio. Todo debe compensarse y de ésta compensación uno aprende a ser más amoroso, compasivo y auténtico. Pero ésta compensación debe ser cierta… la mayoría de las veces solo es una pose.

jactancioso

Yo ya he perdonado, yo vivo en paz.

Mucha gente te cuenta que vive en paz y que ya ha perdonado todo lo que tenía que perdonar.

No te lo creas ni un poquito.

La gente a menudo se cuenta a si misma, por ejemplo, que ha perdonado a sus padres, cuando en realidad ha llegado a un cierto equilibrio interior entre olvidar buena parte del daño, el abandono o el dolor recibido y vivir su vida con cierta calma. Las heridas más profundas están ocultas, debajo de una alfombra de aparente paz y equilibrio… y aparecen en terapia. A menudo los traumas están reprimidos, permanecen sepultados y olvidados.

No es tan fácil perdonar cuando el daño es profundo… y hemos de constatar que casi todos los seres humanos vivimos con daños muy muy estructurales de los que no somos conscientes. Esos daños han de perdonarse aún… y todavía ni somos conscientes de que existen.

En la vida adulta se manifiestan en enfermedades y somatizaciones, ansiedad, depresiones y malestares episódicos que se reproducen con el tiempo.

El cuerpo no miente, registra todo lo que sucedió y lo recuerda bien.

Una vez que uno abre las heridas en terapia o en cursos de crecimiento personal y las explora, aparece el dolor, la rabia y el resentimiento… y entonces urge realizar el perdón.

El perdón nos libera… y eso no significa que el otro no tenga que pagar o reparar por lo que ha hecho.

El perdón nos libera a nosotros y permite que esa energía que teníamos comprometida en el rencor se dirija a otros lugares más provechosos.

La cuenta de karma y reparación sigue pendiente y abierta en el balance energético del otro… el otro aún debe restaurar el equilibrio y aprender la lección. A veces de una forma dura e implacable.

Hay un libro excelente para practicar el perdón, sobre todo si os atascáis con él, se titula El Perdón Radical y su autor es Colin Tipping. Te ayuda a ver el perdón desde una perspectiva espiritual más elevada. Yo he conseguido perdonar a algunas personas gracias a él.

Y sin embargo, a otras aún no lo he logrado… pero tampoco me obceco por lograrlo. Soy humano, hago lo que puedo. Si no lo consigo hoy o mañana, no importa.

Perdón Radical 2

Una cosa es cierta… Que tu perdones, te libera, pero el otro no está liberado, por mucho que los manuales de autoayuda te digan que si… El que causa un daño, aún debe aprender una lección. Es una de las Leyes Universales.

Cuando hayas perdonado (o no) lo mejor que puedes hacer es desentenderte de éste tema y hacer tu propio proceso, entregar al cielo y la Providencia y dejar que todo siga su curso.

Y eso no significa que, cuando alguien te hace daño, no pongas límites o incluso que no sirvas de instrumento divino al ajuste de las cosas, realizando una acción concreta que frene o detenga al otro. A veces no se trata de vengarse del otro, pero si de poner los puntos sobre las íes y no dejar que esa persona, el que ha causado el daño, se vaya de rositas y vuelva a su vida como si tal cosa.

El dolor causado tiene un elevado precio.

El poquito valor del perdón que pedimos “de boquilla”

La mayoría de los perdones que se piden son de boquilla, no son sentidos ni reales.

Hay gente que pide perdón y se queda tan pancha, ya imagina que ha hecho todo lo que tenía que hacer al respecto de una situación dolorosa que ha causado.

Pues bien, no sentir culpa se síntoma de insesibilidad.

Y sentir culpa no ayuda nada si no vas a hacer algo provechoso con esa culpa, es decir, si no vas a reparar el daño causado.

Si no piensas reparar y lo único que quieres es quedar bien, que no piensen mal de ti, no ser castigado o que el otro no siga enfadado contigo, más vale que ni pidas perdón porque tu perdón no es sincero, es un perdón egoísta y caradura que solo busca salvar tu culo, pero no tiene en consideración al otro.

Puede que tras pedir perdón el otro te perdone, pero no es un perdón real, puesto que tu arrepentimiento no es sincero ni total, puesto que no estás dispuest@ a reparar el daño, el karma sigue actuando y caerá sobre ti.

Las fases del Perdón son las siguientes:

1ªFase: Reconocimiento de la acción cometida. La persona reconoce que se ha equivocado, que ha metido la pata, que no ha tenido en consideración al otro y reconoce exactamente los hechos, la acción que causó el daño etc…

2ª Fase: Ofrecer disculpas sinceras (aquí no sirve el no hacerlo de corazón, sin auténtica descarga emocional al pedir que nos perdonen… esos perdones de chicha y nabo, que uno ofrece para aliviarse de cargas a si mismo (a menudo para no sentirse mala persona, o para que el otro nos libere de la culpa que sentimos), pero que no son sentidos y no nos duelen en verdad, no valen ni para limpiarse el culo con ellos.

Hemos de tener en cuenta que a veces solo pedimos perdón para que el otro nos alivie de nuestra carga y nuestra culpa, pero que no hay una verdadera y genuina preocupación por cómo se siente el otro ni la ha habido nunca.

De hecho, si hubiéramos tenido el más mínimo amor y consideración por el otro, seguramente no le hubiéramos hecho tanto, tantísimo daño.

Estos perdones que a menudo se piden en la vida (una gran mayoría) no valen para nada, pues no están acompañados de la tercera fase del perdón que es…

3ª Fase: Arrepentimiento. La persona se compromete a no volver a causar éste daño ni al dañado ni a ninguna otra persona más… y no solo se compromete, lo demuestra con sus acciones cotidianas.

4ªFase: Reparación del daño causado, Compensación.

Aquí es donde se atascan la gran mayoría de los perdones, unas veces porque el daño no puede repararse, otras porque el agresor no tiene la menor intención de reparar e imagina que con haber pedido perdón y hasta lloriqueado un poco para aliviarse de culpas, incluso con haber enmendado su conducta, la cosa está resuelta… y la verdad es que no lo está.

SI NO HAY REPARACION DEL DAÑO CAUSADO, NO HAY PERDÓN POSIBLE.

Un probervio chino asegura: Si no eres buen alfarero no rompas jarrones, nadie merece ser perdonado si no arregla lo que estropeó.

plato y perdón

Es decir, yo le saco un ojo a alguien, aunque sea sin querer, y no sirve de mucho que le pida perdón, incluso que llore sentidamente por el daño que he producido, si no reparo el daño, si no restauro la armonía.

Por desgracia, (como es el caso del ojo) el daño a menudo no puede ya repararse y es inevitable e irreversible…

Con los temas del corazón pasa algo parecido… te rompen el corazón y ya no tiene remedio, de poco sirven las culpas y los perdones del otro, en tanto no reparen el daño causado de alguna manera, cosa que es harto difícil.

Según las disciplinas orientales y la terapia transpersonal, es en ese momento cuando se produce el Karma.

Según la Ley Causa y Efecto, el causante del daño, al no haber reparado (o podido reparar, porque es irreparable) el daño que produjo, pagará duramente las consecuencias de su acción en algún momento, con independencia de que le hayan perdonado o no.

Tarde o temprano sufrirá y experimentará en propias carnes las consecuencias de lo que hizo. Si mientes, te mentirán, si golpeas, te golpearán, si manipulas, te manipularán, si utilizas a los otros, te utilizarán.

A veces ésto sucederá en el transcurso de la propia vida, otras veces pasarán vidas enteras antes de que ésto suceda.

Todo debe ajustarse siempre, todo debe ser equilibrado.

YING Y YANG

Recomendaciones

Viendo como está el asunto del perdón, solo se me ocurre deciros que más vale que procuremos ir por la vida con conciencia y sin hacer daño a los demás, o intentando causar el menor daño posible.

Más vale que cuando hagamos daño, no solo pidamos perdón, sino que reparemos ese daño producido si está en nuestra mano.

Más vale que dejemos de mirarnos el ombligo, que es como la mayoría de las personas vamos por el mundo, imaginando que no necesitamos perdonar, que no necesitamos terapia, que no necesitamos crecer interiormente, trabajarnos, superarnos, mejorar ect…

Porque, cuando nos miramos el ombligo, perdemos de vista a los demás.

Y más vale que si no podemos ya reparar el daño, asumamos que las consecuencias de nuestras acciones se van a volver contra nosotros de un modo casi siempre doloroso e implacable tarde o temprano… y que es probable incluso que en éste plano, que en ésta vida terrenal del aquí y el ahora, el dañado tome represalias contra nosotros y que esas represalias incluso sean justas.

En cuanto a perdonar, haced lo que podáis, de corazón os lo digo.

A veces cuesta mucho conseguirlo. No os flageléis demasiado si no conseguís perdonar a parientes, amigos, ex parejas y demás personas. No intentéis caer en patrones obsoletos de ser el niño bueno, el buen cristiano, el buen samaritano siempre, perdonando a todo el mundo porque eso dice la Biblia, el Corán, los Budistas o el sagrado Manitú, a veces, sencillamente, perdonar no es posible (o no es posible ahora y lo será con el tiempo).

Si un rencor os hace daño, llevadlo a terapia o a sanación, trabajadlo, liberáos, no dejéis que esa energía os cause más daño.

Tratáos con cariño, paciencia y respeto y, si no podéis perdonar hoy, quizá mañana o dentro de diez años o dentro de cien vidas lo consigáis.

El tiempo lo cura todo.

Y si no lo cura, es cierto que lo aleja, lo distancia y envuelve en brumas de olvido.

Perdonáos también siempre que os sea posible por los errores cometidos.

Y si no conseguís perdonaros en algún tema, escuchad la guía de vuestra intuición, porque eso es porque quizá no os habéis quedado en paz con algún asunto y hace falta reparar, compensar al otro, trabajar más o poner luz.

VerdeVerdad: vamos a cambiar el mundo.

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