triunfador

Un artículo de Eugenio Sánchez Arrate

El macho Alfalfa es un tipo trasnochado de modelo de hombre, más propio del viejo sistema patriarcal que de el mundo igualitario y consciente que viviremos en el futuro, si las cosas cambian hacia una sociedad más justa e integrativa con todos los géneros y colectivos que la componen.

El macho Alfalfa (así denomino yo a los machos alfa de toda la vida), por definición, es un tipo poco sensible, con escaso acceso a sus emociones, que va por la vida de jefe, lider, matón, mandón o tío duro de película de acción de los años 80, acaso de triunfador social, pero al que se le ve la gomilla del calzoncillo desde tres kilómetros de distancia.

Un tipo que va de rudo y rocoso, o de listo y capaz, a veces de cabeza de familia, pero que precisamente por tener que ir de duro, por aparentar una dureza e insensibilidad que lo hacen débil, tiene la misma fragilidad que un cristalito de ventana en la puerta de un colegio, pues básicamente vive realizando una pose, donde todo es ego y presunción, pero no hay nada consistente ni real.

Porque, no nos engañemos, alguien realmente sólido no tiene que demostrar nada, ni ir de nada, ni esquivar sus emociones ni evitar reconocer sus carencias, que en el caso del macho Alfalfa, suelen ser muchas y poco trabajadas a nivel terapeútico.

Cuanto más necesitas demostrar tu valentía, más cobarde eres.

Y sin embargo, el macho alfalfa sigue siendo el arquetipo de hombre en muchos países de América Latina e incluso del mundo occidental, donde prima la imagen del triunfador, del patriarca, del tío sin grietas, echado para delante.

tio duro

Es el macho Alfalfa un arquetipo más del Guerrero Espiritual, mal aspectado o colocado. Alguien de corazón cerrado, que corta cabezas, que abusa de su fuerza o su poder, alguien poco compasivo y empático con los otros, de escasa escucha con sus seres queridos, que actúa como un robot, hace lo que se debe hacer, o lo que se espera de él, caracterizado por pasar a la acción y buscar el logro, sin mucha conciencia de lo que está haciendo, atrapado por la racionalidad y lo mental, acaso o por lo instintivo, pero sin integración emocional o corporal de lo que siente, piensa y experimenta.

Alguien, además, con escaso acceso a su mundo interior.

Cuanto más insegura es una mujer, más necesidad de uno de éstos machos alfalfa tiene para sentirse protegida y arropada por esa apariencia de solidez que los alfalfa desprenden.

Las chicas frágiles, de toda la vida, por tradición, son carne de cañón para los machos alfalfa.

Pero, pon un macho alfalfa en tu vida, un cagado disfrazado de valiente, y con el tiempo te sentirás más sola, más poco amada, más poco escuchada y respetada, más abandonada, ninguneada y poco comprendida, que si te hubieras casado con el doctor Menguele. Es ley de vida.

Durante décadas, siglos, se pensó que ser un hombre era ésto de ir de fuerte por el mundo.

Pero alguien fuerte no necesita demostrar su fuerza porque ya la tiene, alguien fuerte puede permitirse llorar, compadecerse de otros, ser vulnerable, mostrar sus carencias, pedir perdón, aceptar su derrota y, pese a todo, vivir con ello y superarlo, compartirlo todo con su pareja.

Negar la debilidad te hace débil, extremadamente débil… ir de duro te debilita también mucho, no tener acceso al mundo de tu corazón también te resquebraja… y un macho alfalfa hace eso, negar su debilidad, ocultarla o incluso hacer como si no existiera, manteniendo siempre un discurso trasnochado de yo puedo con todo, yo lo resuelvo, yo soy eficaz, capaz, se puede confiar en mi, yo me voy a comer el mundo y tonterías similares.

macho-iberico

Para su desgracia, a los machos alfalfa se los ve el cartón a kilómetros.

Quizá ser un gilipollas sea lo mismo que ser un macho alfalfa, pero desde luego ser un hombre, ser un verdadero hombre, en fin, es ser otra cosa muy distinta a eso que nos han contado.

Un verdadero hombre se conoce por dentro, crece día a día, no esquiva las verdades de su corazón, no evita afrontar sus carencias y conflictos interiores, llora si tiene que llorar, ama con el corazón abierto y no tiene que andarse todo el día protegiéndose de aquello que le concierne, evitando la terapia, el crecimiento personal y su mundo interior más olvidado.

Los Círculos de Hombres

En éste sentido, los Círculos de Hombres, un concepto de grupo de encuentro muy presente y pujante en nuestra sociedad, están teniendo mucha acogida en los círculos terapeúticos de algunos países.

En España, gente como Alfonso Colodrón, pionero en ésta clase de grupos de trabajo, están realizando un gran apoyo para el cambio social, abriendo grupos de encuentro para varones con una perspectiva terapeútica de compartir, apoyar, sanar y crecer en compañía.

Alfonso Colodrón

Alfonso Colodrón

Cuando el modelo masculino del varón actual está en crisis y hemos pasado (al menos en España) del modelo macho ibérico al del hombre asustado y perdido, que no sabe qué papel juega en la sociedad actual, los Círculos de hombres son una buena forma de incentivar el cambio hacia un mundo mucho más sano, consciente e integrado.

Estas y otras iniciativas terminarán por enviar al macho Alfalfa a la caverna de la que quizá nunca debió salir.

Si eres un macho Alfalfa o estás emparejada con uno de ellos, es el momento de realizar algunas reformas… y no soy demasiado optimista al respecto, los machos Alfalfa no cambian con facilidad.

Esto es VerDeVerdad y vamos a cambiar el mundo.

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