Archive for marzo, 2015


Un artículo de Eugenio Sánchez Arrate

Esencia

El otro día en consulta y también a raíz de recientes acontecimientos de mi vida relacionados con una persona a la que quiero mucho (aunque me da la sensación de que ella no se lo termina de creer), tuve la ocasión de reflexionar sobre los conceptos de Forma y Esencia, dos términos de los que siempre he leído y aprendido algunas cosas, sobre todo desde un punto de vista aristotélico (que en éste artículo apenas abordaré).

Hace poco, un maestro me hizo reflexionar sobre ambos y entonces decidí escribir éste texto que vaís a leer.

FORMA es aquello que materializamos en el mundo, pero que está vacío de contenido, que no nos llena ni nos hace felices.

-un trabajo maravilloso o frustrante, pero que no nos gusta

-una vida insatisfactoria, aunque aparentemente perfecta

-una vida infeliz de la que no conseguimos escapar

-éxito financiero vacío de contenido y de servicio por los demás, vacío de alma

-logros que no nos hacen sentir plenos y nos impulsan a seguir buscando otros logros

-todo aquello que nos hace sentir infelices, insatisfechos y con la sensación de carencia, de que necesitamos otra cosa, de que necesitamos más de eso o algo mejor, o más nuevo, o más adecuado.

Como habréis deducido, los seres humanos tenemos cierta tendencia a construir en la Forma, se nos ha enseñado que eso es el éxito en la vida y que está bien.

Formamos familias en la Forma, trabajamos en la Forma, nos instalamos en el mundo asentados en la Forma, potenciamos los aspectos de nuestro físico y persona asentados en la Forma y, mientras lo hacemos, nos llenamos de insatisfacción e infelicidad porque nunca es suficiente y cuando lo es, no dura demasiado tiempo y tenemos que buscar más en otra parte.

La Forma tiene esas dos características, provoca sensación de vacío, carencia (o de satisfacción momentánea) y no permanece.

Avaro

ESENCIA, en cambio, es aquello que está conectado con la Unidad, la Fuente, con Dios, con la Diosa, con el Gran Espíritu (llamémoslo como queramos) y que, por ser auténtico y por estar conectado con nuestra alma, con el ser que realmente somos, si que permanece…

Esencia es aquello que, construido aquí abajo, en el mundo material, construido en la Forma, a la vez tiene una manifestación tangible en el mundo espiritual.

Esencia es también aquello que es cierto y que nos hace muy felices.

-Esencia es una pareja a la que amamos y nos ama, y que nos hace sentir muy bien.

-Esencia es una familia con la que estamos de verdad a gusto

-Esencia es un trabajo que nos llena y nos realiza, con independencia de lo que nos paguen por él.

-Esencia es sentirnos satisfechos con lo que somos y lo que hacemos en la vida

-Esencia es sentir que estamos conectados con nuestro propósito divino y que estamos cumpliendo nuestra misión en el mundo.

-Esencia es sentir paz y tranquilidad con independencia de las condiciones externas de la vida que estamos viviendo.

Toda Esencia permanece y produce paz y felicidad profundas y duraderas.

Esas son las dos características fundamentales de la Esencia: que perdura y que nos hace muy felices.

La Forma sola, sin contener Esencia, solo provoca en las personas un gran vacío y nos impulsa a querer más, a llenar esa carencia con nuevos éxitos, retos, logros, posesiones, personas, dinero, prestigio.

Forma es la causa de que alguien consiga un éxito y necesite otro y luego otro y después otro más para seguir llenando un vacío que no se termina ni se compensa con nada.

Forma es la causa de que un adicto al trabajo se mate a trabajar descuidando todos los demás aspectos de su vida, incluidas las personas a las que ama.

Forma también es la causa de que no nos baste con lo que tenemos, porque lo que tenemos no está conectado con quienes somos y no nos hace felices.

La vida está llena de deportistas, hombres y mujeres de negocios, personas ávidas de éxito en algún campo, (profesional, social, afectivo y también espiritual) que avanzan en pos de mayores logros, sin atender a la tremenda sensación de vacío que les queda una vez conseguidos éstos y que les obliga a necesitar más y más y luego más.

roger-federer-llorando

La Forma es como ciertas drogas… satisface momentáneamente a la persona, pero luego te obliga a comprar más de lo mismo en otro lado, para mantener ese falso estado de plenitud que no se sostiene mucho tiempo.

La Forma, es apariencia, es falsedad, es cáscara, es, básicamente, MENTIRA.

Al trabajar para ella y estar atrapados en ella, los hombres y mujeres pierden su Esencia y malgastan su vida en lugares, relaciones y empresas que no les hacen felices y les impiden compartir sus dones con los demás.

Las élites que gobiernan nuestra sociedad, por ejemplo (Imprescindible leer el libro de Jean Ziegler, “Los nuevos amos del Mundo y aquellos que se les resisten”. Ed. Destino 2003) son ricas en Forma y muy pobres en Esencia.

Si fueran ricas en Esencia, el mundo sería un lugar más justo y menos poblado de entes depredadores que lo están esquilmando.

Forma

Hay personas que son tan pobres, que solo tienen dinero.

Y no es que tener dinero esté mal (hablaremos del dinero y de todas sus connotaciones en un futuro artículo), al revés. Es que, casi siempre, tenemos dinero enfocándonos en la Forma, no en la Esencia y el resultado no nos hace mejores, ni más felices, ni más compasivos, ni más beneficiosos para las personas que nos rodean.

Sin embargo hay gente que tiene mucho dinero conectado con la Esencia, y lo que hace, básicamente, se destina a usos relacionados con el Servicio a los otros y el Amor.

¿Qué sentido tiene trabajar para la Esencia?

A efectos de crecimiento espiritual, trabajar para la Forma solo te aleja de la Fuente y retrasa tu proceso de ascensión en el camino de vuelta al cielo, a la Deidad, ese lugar del que todos procedemos.

La Forma, a nivel energético, acumula densidad y nos hace pesados, nos ancla a éste planeta y nos impide evolucionar a lo largo de las reencarnaciones.

orangután avaricioso

La Esencia, en cambio, proviene del centro de nuestra alma, es aquello que hacemos y sentimos conectados con nuestro verdadero yo interior, es aquello que te hace sentir pleno, realizado, feliz… y que no precisa de una constante codicia, avaricia o avidez por tener más, por otras cosas, otras personas, otro lugar, otra casa, otro coche, otra relación, otro trabajo u otra vida.

Mientras que la Forma deja un vacío y tristeza interior del que a veces no somos ni conscientes… o nos produce enfado y más avaricia y necesidad de llenar, la Esencia llena por completo y relaja, da paz, hace feliz, entusiasma.

La palabra Entusiasmo viene del término griego “entheos”… que significa, con Dios dentro, estar con Dios o estar “en Dios”.

Cuando estamos entusiasmados, cuando estamos conectados con nuestro Dios interior, nuestro yo esencial se manifiesta: eso es Esencia y es lo que, cuando nos toque morir y pasar al otro lado, a la otra vida, a lo que quiera que haya más allá de la muerte… permanecerá.

¿Os habéis dado cuenta de lo contentos que os ponéis cuando hacéis lo que os gusta?

Pues a eso habéis venido, a hacer lo que más os gusta, a vivir entusiasmados todo el tiempo que os sea posible, a vivir entheos siempre que podáis, con Dios en vuestro interior, construyendo Esencia.

Como habréis comprobado, por desgracia, el mundo está lleno de personas muy ricas en Forma y muy pobres en Esencia.

Y resumiendo, trabajar para la Forma, provoca insatisfacción o satisfacción eventual y efímera y trabajar para la Esencia produce Felicidad.

Mi caso particular, para lo que pueda serviros. De la Forma a la Esencia en una década.

Yo nací en una familia rica en Forma pero pobre en Esencia.

Mis padres, desde siempre, estaban enfocados solo en construir sobre aquellas cosas que no permanecen, tener más dinero, una mejor casa, un nuevo coche. Todo se sometía al imperio del dinero, las apariencias (sobre todo mi madre) y a los asuntos prácticos de una empresa familiar, que nos proporcionaba una vida rica en comodidades pero pobre en felicidad.

En mi familia, la materialidad estaba siempre por encima de las personas, no al servicio de ellas.

Tuve que aprender desde muy niño (y no sin gran dolor) a leer en mi, a buscar mi verdadero sendero y mi brújula interior y también a descondicionarme de esas ideas estúpidas relativas al triunfo social, el éxito y todo lo demás, aprendidas con mis padres y en el colegio y la vida, para darme cuenta de que solo si empezaba a construir en la Esencia, empezaría a ser feliz.

Durante décadas de mi vida, más perdido que el barco del arroz, viví en la Forma, lo confieso.

Ganaba mucho dinero en la empresa familiar, conseguía cosas, compraba cientos de libros y de ropa que luego no leía o no me ponía, me iba de vacaciones a lugares lejanos, acumulaba, hacía, iba y venía, salía mucho, gastaba dinero, cenas, cine, diversión constante… Pero, por debajo, estaba siempre la sensación de vacío e incompletud.

Un día, circunstancias de la vida me sacaron de ese eje y acabé discutiendo con mi familia. Había terminado mi formación como terapeuta gestalt y se planteaba la posibilidad de un cambio profesional con menos implicación por mi parte en el negocio familiar. Desplazado por mi hermano, que pretendía gestionar todo el negocio él solo, abandoné con dolor la empresa familiar, forzado por las circunstancias y empecé a vivir una vida distinta, más conectada con la verdad de quien soy.

Hoy día gano mucho menos dinero (y necesito también menos dinero), tengo mucho más tiempo, hago lo que me gusta y soy mucho más feliz de lo que lo era entonces.

En estos años he aprendido el valor de construir en la Esencia… y mientras tanto, observo con tristeza como la Forma, aquello que mis padres construyeron, se ha ido pudriendo, perdiendo y desmoronando lentamente en un doloroso proceso de deterioro de la empresa y las relaciones familiares… pues al final ese es el destino de aquello que es mentira, que es ego, vanidad y que no permanece. La Forma está destinada a desaparecer, por su propia naturaleza.

Yo en camara papel

Hoy miro mi vida y, sin ser perfecta, es mucho mejor de lo que nunca lo fue. Hoy escucho el testimonio o asisto al cambio personal, el progreso de muchos de mis pacientes o asistentes a mis cursos de creatividad o crecimiento interior, a gente en mi consulta de Registros Akáshicos y me emociono.

Porque me doy cuenta de que algo de lo que soy, algo de lo que puse, algo de lo que hice o transmití, sirvió para cambiarle la vida a alguien, sirvió para que alguien recuperara su dirección para que otros recordaran cual es su verdadero camino y su vida mejorara en algo.

Hoy también veo cómo muchos de esos pacientes, alumnos y amigos cambiaron mi vida y me enseñaron desde su humanidad cosas que yo debía aprender en determinado momento… y también me emociono.

Hoy escribo un cuento o un poema, recibo los comentarios de aquellos que me leen y me siento pleno y me siento muy bien, porque se que algo de lo que hice, siquiera una cosa pequeña, mereció la pena y no solo me sirvió a mi, fué útil o bello, o necesario o cierto para otras personas… y eso es Esencia.

MI GUÍA PARA VIVIR desde hace unos años para acá es la siguiente, para lo que pueda serviros:

Responsabilidades aparte (que reduzco a las más esenciales para tener una vida tranquila y cómoda y que si me desbordan procuro simplificar, compartir o delegar), si disfruto mucho haciéndolo, si pongo en ello todo lo que soy, si doy todo lo que hay dentro de mi al hacerlo, si lo hago con el corazón y si no espero nada (no me enfoco en el resultado) y me hace sentir bien, pleno y satisfecho… estoy construyendo Esencia, estoy conectado con mi Ser Superior y estoy haciendo las cosas bien.

 

Cuando las personas, lo que sienten y ellas son, no son lo primero, no estamos en la Esencia sino en la Forma. El mundo nos educa para estar en la Forma, la sociedad nos presiona para estar en la Forma, pero siempre podemos resistirnos y ser nosotros mismos.

Solo el amor es real… y eso es lo que somos todos… en Esencia.

Esperando que empecéis a ser más auténticos y a construir desde la Esencia, a amar y ser amados, a hacer lo que os hace felices, a estar donde debéis estar y con quien tenéis que estar… o que si ya lo hacéis, transmitáis a los demás esta manera de vivir que os hace mejores, me despido.

Esto es Verdeverdad… y juntos, entre todos, vamos a cambiar el mundo.

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Nota de VerDeVerdad:  Autor de un libro extraordinario, Joaquín Argente nos regala éste texto que suscribo completamente y al que me adhiero por propia trayectoria vital.

Eugenio Sánchez Arrate

me doy permiso

ME DOY PERMISO
Me doy permiso para separarme de las personas que me maltratan, de las que me tratan con brusquedad, con presiones o con violencia.

No acepto la brusquedad ni mucho menos la violencia, aunque vengan de mis padres, de mi pareja, de mis hijos o de cualquier persona.

Los individuos bruscos o violentos, desde este mismo momento, quedan fuera de mi vida.

Soy un ser humano que trata con respeto y consideración a los demás. Por tanto, merezco también consideración y respeto.

Me doy permiso para dejar de ser considerado el alma de la fiesta, el que pone el entusiasmo en las situaciones. Ya no quiero ser la persona de la que depende el calor humano en el hogar, la que está dispuesta al diálogo para resolver los conflictos cuando los demás ni siquiera lo intentan.

No he nacido para entretener y para dar energía a los demás a costa de agotarme yo. Estoy harto de prodigar estímulos con tal de que continúen a mi lado.

Mi propia existencia, mi ser, es de por sí valioso. Si quieren continuar a mi lado tienen que aprender a valorarme. Con que cuenten con mi presencia, ya es suficiente: no tengo que agotarme haciendo cosas para que adviertan lo que valgo.

Me doy permiso para no tolerar exigencias desproporcionadas. No voy a cargar con responsabilidades que les corresponden a otros que se desentienden de sus compromisos.

Me doy permiso para no agotarme intentando ser una persona excelente. No soy perfecto ─¡nadie es perfecto!─ La perfección es fastidiosa.

Asumo plenamente mi derecho a defenderme, a rechazar la hostilidad ajena, a no ser tan correcto como quieren. Asumo, también, mi derecho a poner límites; a establecer barreras que me protejan de algunas personas, sin sentirme culpable.

No he nacido para ser víctima de nadie.

Me doy permiso para ser inmune a los elogios y a las alabanzas desmesurados: las personas que se exceden con sus lisonjas son abrumadoras. Dan tanto, porque quieren recibir mucho más a cambio. Prefiero las relaciones menos densas.

Quiero vivir con levedad, sin cargas ni demandas excesivas. Definitivamente, ¡no entro en su juego!

Me doy permiso para dejar de sufrir angustia esperando una llamada por teléfono, una palabra amable o un gesto de consideración. Me declaro una persona no adicta a la angustia.

La valoración, la aceptación y el aprecio que deben existir hacia mi persona, me los reservo. Soy yo quien me valoro, me acepto y me aprecio a mí mismo. No necesito que esas consideraciones vengan del exterior. No viviré encerrado o recluido en ninguna casa, ni limitaré mi vida a ese pequeño círculo de personas de las que quieren que dependa.

Me doy permiso para rechazar las ideas que me enseñaron en la infancia, intentando que me amoldara a los esquemas ajenos; ideas que me obligaban a ser un hombre sin fisuras, rígidamente irreprochable; es decir… ¡inhumano!

Me doy permiso para no estar al día en muchos asuntos de la vida: no necesito tanta información, tantos programas de computadora, tantas películas, tantos periódicos, tantos libros, tantas músicas. A partir de hoy decido no absorber ese exceso de información. Me doy permiso de no querer saberlo todo y de no aparentar que estoy informado de todo o de casi todo.

Me doy permiso también, de saborear las cosas de la vida que mi cuerpo y mi mente pueden asimilar con un ritmo tranquilo. Estoy decidido a profundizar en todo cuanto ya tengo y en todo lo que soy. Con esas pertenencias me basta y aún me sobra.

Y me doy el permiso más importante de todos: el de ser auténtico. No me impongo la obligación de soportar situaciones y convenciones sociales que agotan y fastidian, que disgustan y que no deseo. Ya no me esforzaré por ser complaciente. Si alguien intenta presionarme para que haga algo que mi cuerpo y mi mente no quieren hacer, me afirmo tranquila y firmemente diciendo que no. Acostumbrarse a decir «¡No!» es algo sencillo y liberador.

A partir de hoy elijo sólo lo que me da salud y vitalidad. Me siento más fuerte y más sereno cuando expreso mis decisiones como una forma de decir lo que quiero y lo que no quiero; y no como una forma de aceptar las elecciones que otros hacen. No me justificaré: si estoy alegre, lo estoy; si estoy menos alegre, lo estoy; si un día señalado del calendario es socialmente obligatorio sentirse feliz, yo estaré como me dé la gana.

Me doy permiso para estar en una forma en la que me sienta bien conmigo mismo y no como me ordenan las costumbres, las tradiciones o como quieren que me sienta los que me rodean. De aquí en adelante, lo normal y lo anormal que se manifieste en mis estados emocionales, lo establezco yo.

Joaquín Argente

extracto del libro Me doy permiso para… Ed. Obelisco.

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