un artículo de Eugenio Sánchez Arrate

 

Fritz Perls, el creador de la Psicoterapia Gestalt, hablaba del concepto de Resistencia en terapia, como la capacidad consciente o inconsciente del individuo para oponerse al proceso terapéutico, al fluir natural de la vida y a la propia evoluciòn y crecimiento personal.

Perls

No os podéis ni imaginar las peregrinas estrategias que utilizamos para resistirnos a la verdad, a nuestra propia verdad interior.

Sobre todo porque a menudo no la conocemos bien.

Podemos pasarnos la vida entera resistiéndonos a lo que nos sucede y viviendo una vida que no es la nuestra.

De hecho, la mayoría de las personas lo hacen y lo peor es que pocas veces imaginan que lo están haciendo.

La Resistencia provoca atasco en nuestra vida, bloqueo y frustración.

O a veces nos hace creer que estamos en el buen camino, cuando en realidad nos aleja de todo aquello que somos.

Cuando nos resistimos, evitamos tomar conciencia, darnos cuenta de lo que nos pasa y hacer los cambios oportunos en nuestra vida.

Siempre tenemos excusas para no hacer lo que hemos de hacer…

En el fondo lo único que sucede es que tenemos MIEDO.

miedo

 

 

La Resistencia existe porque nos protege de algo que tememos afrontar o abordar en nuestra vida. Es necesaria y está ahí para algo… y no desaparecerá hasta que estemos preparados para desprendernos de nuestra coraza y afrontar la verdad. La única manera de sobrellevarlo es con amor, paciencia, cariño y afecto con uno mismo. Asumir que quizá de momento no podemos hacerlo distinto y tener paciencia con nuestro propio proceso.

 

Por ejemplo, un adicto al sufrimiento obtiene identidad a través de la melancolía y la tristeza constante o episódica.

Un adicto a la rabia y el enfado, necesita constantemente causas para enfadarse y personas con quien hacerlo… si encontrara personas amorosas con las que le resulta difícil discutir, su rabia no tendría sentido. Busca inconscientemente parejas y gente con la que actuar su enfado crónico.

Si a éstas personas, la sufriente o la rabiosa,  se les arrebata el sufrimiento o la rabia en la que viven instalados (a veces ambas emociones confluyen en un mismo individuo), éstas personas tendrían que reconstruirse de otra manera y aprender a vivir de un modo distinto al que no están acostumbrados. Acaso tendrían que amar y ser amados… y su dificultad profunda reside probablemente en eso.

Quizá por debajo de tanta melancolía o rabia hay un “no soy digno”, “no me lo merzco” o “quién me va a querer a mi”.

A veces esa tristeza o ese enfado dan identidad a las personas y uno teme que si perdiera eso, no le quedaría nada.

Un narcisista, por ejemplo, evitará siempre afrontar su ego inflado y se justificará en todas sus conductas explotadoras de los demás constantemente.

Un maltratador jamás admitirá que es un maltratador y que no toma en consideración a los otros.

Un salvador crónico tendrá problemas para admitir que obtiene identidad salvando a pobrecitos para sentirse importante y necesario.

 

Cada persona tiene sus propias estrategias para resistirse y ver lo que realmente es y en dónde está situado en su vida.

La pregunta es la siguiente ¿Cómo te resistes tu? ¿Qué excusas te das? ¿Qué películas te cuentas para no hacer lo que tienes que hacer, lo que evitas, lo que postpones, lo que dejas para mañana o lo que ni siquiera ves para no tener que afrontarlo?

 

caminar en círculos

 

Actuar COMO SI…

 

A menudo en terapia la persona actúa un “como si”.

Es decir, voy a hacer como si quisiera curarme, pero sigo resistiéndome y haciendo lo mismo de siempre, evitando afrontar lo que me pasa. Este doloroso dar vueltas en círculos, éste no moverse, disfrazándolo de supuesto movimiento, conduce a la Inmovilidad y el atasco… o hacia la evitación mediante rutinas, adicciones (al trabajo, a sustancias, a la gente) o actividad frenética evitativa de cómo estamos por dentro.

Uno realiza un “como si” cuando…

 

-va de terapeuta en terapeuta sin quedarse con ninguno

-siempre busca excusas para no afrontar lo que le pasa

-va de taller de crecimiento personal en taller, sin detenerse en la búsqueda para integrar lo aprendido

-se resiste al cambio obcecadamente

-se autosabotea y evita a cualquier persona o circunstancia que puede ayudarle o sanarle, considerándolos un riesgo para su persona o statu quo vital

-realiza aparentes movimientos para curarse o sanarse, pero los frustra de manera activa o pasiva.

-Habla de ir a terapia pero no lo hace

-Habla de realizar cambios pero no los lleva a cabo

-Realiza cambios menores o poco comprometidos para no afrontar los grandes cambios a los que ha de enfrentarse.

-Se entretiene con ocio, evasiones, escapadas, que le alejan de ir a los lugares de si mismo donde duele mirar.

-Cualquier excusa le aparta de hacer lo que debe hacer.

-Elige objetivos secundarios en la vida (pareja, trabajo, vocación) para no ir a por el objetivo principal que desearía.

 

A menudo el problema, la causa por la que se realizan éstas conductas es simple: los pacientes tienen problemas para entregarse y comprometerse.

manos entrelazadas

Entregarse a un terapeuta y al proceso de terapia, entregarse a una pareja, entregarse a otro supone correr riesgos.

Los miedos más profundos y arraigados emergen en la persona en el momento del verdadero contacto.

La gente, en general, teme la intimidad.

Prefiere vivir segura pero infeliz en un mundo de emociones atenuadas, rutinas, peleas, tristeza y escasa ternura porque eso es lo que ha conocido siempre o a lo que está acostumbrado.

 

O en un mundo de actividad constante que no nos deje tiempo para pensar, para sentir, para conectar con lo que llevamos dentro.

 

Por ejemplo, para alguien puede ser mucho más cómodo vivir en una frustrante infelicidad más o menos tranquila, estando con una pareja a la que no ama, viviendo una especie de vida de consolación o Plan B de objetivo secundario, que convivir con alguien a quien quieren profundamente (pero con el que corren el riesgo de ser abandonados, resultar muy heridos o sufrir una tremenda decepción amorosa si la relación sale mal).

En estos casos la resistencia nos protege de un hipotético sufrimiento.

 

Porque entregarse es confiar y hay gente patológicamente incapacitada para la entrega

 

Sin embargo, no hay felicidad sin riesgo.

 

A menudo el caso es distinto (o se solapa) y somos leales al sufrimiento de otra persona, nuestra madre, nuestro padre, un abuelo o ancestro, de una forma inconsciente.

El razonamiento interior (y reprimido, pues probablemente ni sabemos que lo estamos haciendo) es como sigue: Si tu, mamá o papá,  no has sido feliz, ¿Qué derecho tengo yo a serlo?

 

A veces la resistencia está más que justificada por las malas experiencias previas.

 

Y la realidad es la siguiente, encontrar al terapeuta adecuado puede llevarnos cierto tiempo. Porque, con un terapeuta, lo fundamental es que exista química.

Yo tardé años, y tres terapeutas de distintas disciplinas (primero psicoanálisis, luego terapia cognitivo conductual, y finalmente gestalt) para dar con uno adecuado con el que las cosas funcionaron bien.

A veces el proceso lleva tiempo, pero no por eso hay que dejar de intentarlo.

 

 

Gracias, desde VerdeVerdad por vuestra atención.

 

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