pareja encadenada

un artículo de Eugenio Sánchez Arrate

Llamo Canto del Cisne a esos intentos loables pero inútiles de muchas personas de reflotar una pareja cuando ésta no funciona.

Internamente uno sabe, ha sabido siempre, que aquello no es para durar. Por dentro, de alguna forma, una parte de ti se está marchando o no se ha llegado a entregar y comprometer con el otro.

Cuando una relación está muerta, los intentos por reflotarla en plan huida hacia delante son peligrosos.

Cuando nos va mal o no demasiado bien, solemos hacer una serie de cosas que solo servirán para empeorar la situación:

Tenemos un hijo

Hacemos una escapada

Nos vamos de viaje

Nos mudamos de casa

Nos hipotecamos

Nos vamos a vivir juntos

Nos casamos para ver si la cosa mejora

Muchas vivencias juntos, esa lealtad mal entendida que nos hace ser leales a muerte al otro (pero no a la verdad ni a nosotros mismos) prolongan lo inevitable.

A veces nos sentimos poderosamente atraídos por otra persona, a veces queremos escapar… son síntomas de que algo sucede.

Uno puede luchar, engañarse, reenamorarse del otro, apretar los dientes y esforzarse por reavivar un cadáver de pareja ya tocado y más muerto que la abuela del Hombre de Atapuerca.

Pero lo cierto es que no funcionará.

¿Cuánto tardará en acabar de romperse? Puede que unos meses, unos años o, si uno se resiste a la verdad, incluso unas décadas.

Depende de nosotros el prolongar la agonía o la apatía en la que vivimos.

A veces no es que las cosas vayan mal, es que solo van regular, o a rachas o ni fu ni fa.

A veces nos puede la culpa, o la sensación de que le debemos mucho al otro porque siempre estuvo ahí cuando nos hizo falta.

El agradecimiento no es suficiente para prolongar una relación.

A veces, incluso, con nuestra pareja hay un cierto acuerdo y entendimiento… entonces es probable que los intereses comunes mantengan una asociación artificial en la que ya el amor es escaso y solo queda respeto, afecto y respeto por el otro y lo mucho que hizo por nosotros…

Muchas parejas que hay en el mundo se sostienen de éste modo y permanecen unidas toda la vida en una alianza de intereses que por debajo no tiene nada más. Hijos, casa, empresa, proyecto de vida…

Las rachas de bien y mal no son un buen síntoma para una pareja.

Hablan de falta de entendimiento y de un intento debeísta por parte de uno o de ambos miembros (Debeísmo: el deber, el hacer lo correcto, el esforzarse por lo conveniente) de prolongar algo que no funciona.

Las cosas que funcionan son fáciles… incluso cuando hay fricciones, todo fluye y avanza.

Aquí hay una máxima: Si te cuesta mucho esfuerzo, no estás en el buen camino.

Miedo a después.

Como decía Jorge Luis Borges, a veces no nos une el amor sino el espanto.

A veces es tal el miedo a la soledad, la incertidumbre, a no poder vivir solo, a no encontrar a otra persona, a no saber cómo sostenerme en el mundo sin ayuda, al vacío, a la carencia, que uno es capaz de hacer cualquier cosa y vivir con cualquier persona, aguantar cualquier situación antes que afrontarlo.

Tememos abandonar nuestra distancia de seguridad y solemos autoengañarnos con mucha frecuencia.

Y la verdad es que opino que uno y una tienen todo el derecho del mundo a intentar todos los Cantos del Cisne que les de la gana, tener los hijos que quieran, para ver si así resucita la cosa, mudarse o comprarse una casa nueva, hipotecarse, cambiar de país, de hábitos de vida… en fin… que si alguien siente que ha de hacerlo, debe luchar (los caracteres con mayor exigencia aquí lo tienen complicado porque lo harán durante mucho tiempo antes de reconocer la verdad).

Pero existen problemas graves: si tenemos otro hijo y mi pareja y yo no nos amamos, el hijo lo pagará caro. Si no nos separamos cuando debemos hacerlo, el hijo sufrirá de más; y ver a sus padres unidos sin amor durante años será un ejemplo nefasto que, de adulto, le hará repetir relaciones y prolongarlas innecesariamente cuando todo se ha terminado ya.

Nuestro ejemplo en los hijos es importantísimo.

Si un niño ve a sus padres tratarse con frialdad, maltratarse o ignorarse, no será bueno para su vida adulta de pareja. Seguirá patrones inconscientes.

Si nos mudamos, nos hipotecamos, o nos cambiamos de trabajo, las consecuencias serán de tipo más material, pero también lo pagaremos caro si lo hacemos como huída hacia delante.

Pese a todo, insisto, cada cual debe intentarlo como sepa o pueda, porque si uno se va de una relación con culpa, no podrá perdonarse jamás.

Lo que se sobre relaciones que se prolongan innecesariamente

Yo tuve un Canto del Cisne en mi primera relación larga. 15 años en total, de los que sobraron quizá los últimos 6 o 7 de la relación.

Pero en esos últimos 6 o 7, intentando no cometer un error fatal, no perder a la que podía ser la mujer de mi vida, quemar todas mis naves, hacer todo lo posible, me reenamoré de mi pareja, incluso, enamorado de ella (reenamorado más bien), me casé con ella y al año y pico todo volvió a ser lo de siempre. Un constante desencuentro entre ambos.

Mi pareja de entonces y yo nunca debimos superar esos siete primeros años juntos y sin embargo, yo me obcequé, necesitaba hacerlo para poder irme después con la conciencia tranquila. Que no se dijera que no lo había intentado.

El problema es que a menudo uno está en un Canto del Cisne y no sabe que lo está.

Porque el Canto del Cisne no es tal, no funciona, si uno tiene plena conciencia de que, en cuanto acabe el plazo, la relación habrá terminado.

El Canto del Cisne puede durar poco o mucho tiempo, depende de nosotros y nuestra resistencia a la verdad, a nuestra verdad interior.

A veces tenemos demasiado miedo a mirar dentro y reconocer lo que nos pasa.

A veces es solo que hay amores que no duran siempre y nos cuesta reconocerlo.

A veces cuesta demasiado admitir la verdad.

Pero recordad, solo la Verdad nos hará felices a largo plazo.

¿Cuál es vuestra Verdad?

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