un artículo de Eugenio Sánchez Arrate

veneno

Hay personas tan acostumbradas a vivir en ambientes tóxicos y envenenados desde su infancia, en vidas insanas, áridas emocionalmente, con poco o ningún amor, e incluso maltrato, que ni saben que su vida es insana y que no les hace ningún bien.

A veces reconocer que nuestros padres nos han maltratado, abandonado o querido poco o nada, es tan duro que uno prefiere seguir engañándose toda la vida.

Estas personas, criadas en ambientes tóxicos repiten patrones y acaban emparejándose con parejas similares a sus progenitores maltratadores o poco afectivos, o con escaso acceso a sus emociones.

Con los años, llegan a pensar que están cómodos ahí, que su vida es ideal y que eso es vivir la vida, un acostumbrarse a la insatisfacción constante.

No se dan permiso para ser felices y no saben que no se lo están dando.

 

ACOSTUMBRARSE A LO QUE NOS DAÑA

Es como haber estado comiendo veneno toda la vida y haberse acostumbrado tanto a é,l que uno ya cree que ese es el sabor de la buena comida.

Y hazte una pregunta, lector, lectora:

¿Si jamás te hubieras comido un buen plato de comida, cómo sabrías que es bueno? ¿Cómo sabes que algo es bueno si no has tenido con qué comparar, si no has podido probar, si siempre has comido la misma bazofia?

Porque mucha gente eso es lo único que ha tenido ocasión de comer, bazofia emocional.

Es así de duro. Y reconocérselo a uno mismo no es fácil.

Perdonar a padres y familiares es una de las más complicadas tareas en la vida de una persona.

 

Posiblemente crees que esos platos que tu te has comido durante años, esos platos que te comes hoy, eran y son buenos, que esas parejas que has tenido y tienes son ideales o suficientes para ti… pero muchas, muchísimas personas jamás se han comido un buen plato emocional de comida, jamás han sido amados de verdad, tratados con verdadero cariño y respeto, jamás han sido cuidados con amor por los otros, sin manipulaciones, sin engaños ni arideces emocionales… y viven engañados, creyendo que eso que ellos viven es algo bueno y les hace realmente felices.

Hay personas que están emparejadas con un cuidador, uno que las protege y se hace cargo de todo y que las trata como si fuera una posesión, un niño o un objeto que no sabe valerse por si mismo.

Algunas parejas se sostienen más por la necesidad, por el miedo a la soledad que por el amor.

Otras personas viven en desiertos emocionales donde los sentimientos y la sensibilidad se evitan o reprimen.

Otras viven en parejas donde las broncas y malas contestaciones, el maltrato verbal es constante.

 

Yo he vivido situaciones de pareja insatisfactorias que me hacían creer que aquello era bueno para mi, eso necesitaba creerme porque el temor a romper y buscar algo mejor, una vida buena para mi, era mayor que mi capacidad para aceptar la verdad.

 

Hay personas que han recibido tan poquito amor que tienen una incapacidad crónica para darlo y recibirlo de otros.

El resultado suele ser maltrato en alguna de sus muchas fórmulas.

De ellos y ellas hacia otros, de los otros hacia ellos y de ellos y ellas hacia sí mismos, con una elevada exigencia, juicios desproporcionados hacia sí mismos y hacia los otros etc…

 

A veces se necesita dar un paso atrás para mirar con distancia la propia vida.

 

Y luego hace falta valor para separarse de aquel/aquella o aquellos que nos dañan.

LA SABIDURÍA DEL CUERPO

A veces solo sentiremos una vaga añoranza interior de que en la vida debe haber otra cosa, algo mejor, distinto, algo que nos haga más felices. Esta señal suele ser bastante recurrente y poderosa, pero los humanos solemos ignorar ésta clase de señales de nuestra alma, que trata de orientarnos al amor y la salud.

Sin embargo tenemos una guía que nunca falla respecto a la toxicidad y ella es nuestro cuerpo.

El cuerpo nunca miente y, si somatizamos y sentimos constantes molestias, dolores y enfermedades, podemos estar seguros de que algo no marcha bien en nuestra vida.

Con toda seguridad nos estamos engañando y tenemos que averiguar respecto a qué.

La respuesta llegará clara a nosotros si nos permitimos escucharla.

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