mujer furiosa

un artículo de Eugenio Sánchez Arrate

 

Escribo éste artículo pensando en personas conocidas más o menos lejanas de mi propia vida.  Algunas de ellas son lo que, hablando en plata, se podría denominar como víboras o bichos.

Todos hemos conocido personas así alguna vez, las tenemos más o menos cerca.

A menudo detectamos que esas personas se tienen en mejor consideración de la que debieran. Otras veces nos damos cuenta de que no se hacen responsables del daño que causan.

Finalmente, si en tu vida detectas que la gente te rehuye, que te terminas quedando un poco solo (cuesta trabajo reconocer ésto) quizá la gente te esté evitando por algo.

Pero aceptarlo puede ser duro.

Y es que todos, por estadística, nos consideramos mucho mejores personas de lo que somos. (Incluidos tu, que estás leyendo éste artículo y yo, que lo estoy escribiendo).

Es una realidad, en general (salvo aquellos que hacen todo lo contrario y se culpan por todo y creen que son personas no merecedoras y se flagelan constantemente por ésto y por aquello, viviendo inmersos en una culpa desproporcionada) todos tendemos a tener una imagen confundida e idealizada de nosotros mismos.

Sorprende mucho, por ejemplo, cuando las personas inician un camino de autoconocimiento vía Eneagrama, y de repente chocan contra sí mismos y descubren las esquinas y oscuridades de su ego. O cuando la gente descubre en terapia que no es tan estupenda como creía y que lleva toda la vida haciéndose daño y haciéndoselo a los demás de las maneras más retorcidas e insospechadas (y casi siempre sin darse cuenta).

Los procesos de decepción son impresionantes. No somos tan maravillosos como pensábamos.

 

NO SOMOS TAN BUENOS

En budismo hay una frase: El camino de la iluminación comienza con decepcionarse con uno mismo.

Decepción, es un buen comienzo, un buen punto de partida para empezar a caminar.

No se trata de culparse, se trata de asumir, de reconocernos, de aceptar, para poder crecer.

Hay montones de personas que no inician un camino de crecimiento personal para no llevarse el disgusto, el soponcio de descubrir que llevan a un pequeño hijo de puta dentro de sí mism@s.

Para no tener que aceptar que somos envidiosos, coléricos, manipuladores, mentirosos, egoístas, caraduras, narcisistas, ególatras, memos… evitamos mirarnos con honestidad en el espejo.

Pero cuando lo hacemos e iniciamos un camino de crecimiento personal honesto y profundo, de repente descubrimos nuestra propia mezquindad, nuestro propio victimismo, nuestra propia manipulación, nuestra propia envidia, avaricia, codicia, soberbia, vanidad, orgullo, pereza, lujuria (no en el sentido bíbilico sino en el sentido de las escuelas sufíes de conocimiento). Y solo aceptando y perdonando podemos trascenderlas y superarlas.

Y solo cuando las perdonemos en nosotros, podremos perdonarlas en los demás.

 

La realidad es que, si fuéramos tan estupendos, tan magníficos, honestos, completos y bienintencionados, no estaríamos inmersos en el proceso de reencarnación, la rueda del samsara que nos domina.

No estaríamos en ésta esfera de manifestación, sufriendo a ratos, viviendo vidas a veces duras, insatisfactorias o llenas de dificultades y pruebas.

Tenemos cierta tendencia a idealizarnos y la ideología Nueva Era no nos ayuda a crecer cuando sostiene esa visión happyflower de la vida en la que nada importa y todo es perfecto.

Que sea perfecto no significa que no tengamos que hacer nada.

Desde ésta visión florida del universo, mucho gurú, terapeuta y chamán de chicha y nabo se permite toda clase de abusos y excesos contra los demás (pues en su torcida forma de ver las cosas, todo está justificado, no hay límites ni respeto por los otros, puedo robarles energía, abusar de mi posición de terapeuta, manipular, aprovecharme, embaucar, enredar, confundir, sacar el dinero, obtener favores sexuales, cualquier cosa, todo vale, todo está bien).

Y unas narices está bien.

Vale que somos seres de Luz, vale que nuestra esencia es amor, vale que en el fondo de nosotros hay un alma inmortal inalterable.

Pero en el aquí y ahora, vivimos en un mundo de sombras y tenemos sombras dentro de nosotros, defectos, oscuridades que hemos de resolver y aclarar para crecer y conseguir dejar de hacernos daño y hacer daño a otros.

Venimos a poner más luz al mundo y también más luz dentro de nosotros mismos. Venimos a dejar caer las máscaras, a adelgazar el ego (no a extinguirlo, porque sin ego -la coraza que nos protege y tantas veces nos limita- en ésta esfera no se puede vivir).

Y para ello, hemos de admitir que a veces no somos tan compasivos como creemos, tan altruistas y amorosos como pensamos, tan buena gente como nos gustaría creer.

Hemos de admitir que nos queda aún un recorrido largo hacia la iluminación, hacia la ascensión y hacia la realización como seres humanos completos.

Además, habréis comprobado que el mundo está fatal y que desde la pasividad no podemos cambiarlo. La pasividad es permisividad y aquiescencia. Es consentir, ocultar la cabeza y mirar hacia otro lado.

Sentados no vamos a mejorar lo que está estropeado.

No hay nadie más dañino que alguien que puede arreglar las cosas, alguien que puede ayudar a cambiar el mundo y se queda de brazos cruzados y no lo hace, o vive su vida en un ombliguismo de autobienestar y convenciones sociales almibaradas, o que huye del mundo y se refugia en un monasterio sin aceptar que lo que sucede es que está socialmente inadaptado y no hace nada por transformar las cosas.

Siguiendo el carril o lo que la familia y la sociedad espera de ti, no necesariamente estarás haciendo tu propio camino.

Yo mismo viví muchos años asi, dormido, anestesiado, viviendo la vida inercial que mi familia y las convenciones me habían impuesto, hasta que me di cuenta de que no podía seguir dándole la espalda a la gente, al universo, a mi propósito en la vida.

Yo había venido a ayudar, a hacer algo por el mundo. Y entonces todo cambió.

 

NO BASTA CON SER BUENA PERSONA

No basta con ser buena persona. Aquí en la Tierra hay mucho trabajo que hacer. Mucha gente a la que ayudar, muchas estructuras sociales que transformar, mucha pobreza, injusticia y desequilibrios que corregir. Muchas guerras que terminar, muchos abusos que impedir. Mucha vida que mejorar. Mucha oscuridad que iluminar y combatir.

Y hay que hacerlo Hoy, Ahora.

No mañana ni en otra vida.

¿A qué esperamos?

¿Cómo haces tú para mejorar el mundo que te rodea? ¿Te escondes en tu cueva doméstica? ¿Te refugias en tu seguridad familiar, en tu casita aislada, en la comodidad de los tuyos… o te entregas al mundo y a lo que has venido a hacer reconociendo tus talentos y poniéndolos al servicio de la vida?

Hombre malo

Si solo orbitas en la esfera de tu familia y allegados, no estás haciendo las cosas bien.

Si mucho de lo que haces está orientado a mantener tu estatus y posición, o a mejorarla, pero nada haces por el resto del mundo, no estás haciendo las cosas bien.

Y si te limitas a vivir una vida convencional de familia y trabajo, pero nada haces por el colectivo, no estás haciendo las cosas bien.

La Fuente, el Uno, La Diosa, El Dios, El Creador no te pide que para estar al SERVICIO hagas cosas que te sean extremadamente penosas o que te cueste muchísimo llevar a cabo, te pide que hagas cosas que ya sabes hacer, cosas que se te dan bien, cosas que son naturales en ti y que te hace feliz poner a disposición de otros.

Hay personas que cocinan estupendamente, otras son buenas escuchando y dando consuelo, otras son capaces de organizar y liderar, otras pueden aportar fuerza física, o ternura, o sensibilidad, o creatividad y arte a la vida de otros… Yo escribo, doy cursos y sesiones de terapia y sanación espiritual… pero otros arreglan averías, curan enfermos, plantan árboles, protegen el entorno, cuidan ancianos, salvan animales, ayudan en zonas de hambre o conflicto, crean empresas para mejorar la vida de la gente…

¿Qué haces tu para mejorar el mundo que te rodea?

Si las capacidades y talentos que el Creador te ha dado, no las estás poniendo en juego para nada, si no ayudas a los desfavorecidos, si no das lo mejor de ti de manera entregada y desprendida, si no estás en el SERVICIO de los demás, no estás haciendo las cosas bien.

Bajaste a hacer de éste lugar, éste mundo tan injusto y desequilibrado, un sitio mejor.

Y cuando descubras como te defiendes, te ocultas, escurres el bulto, te aprovechas de otros, te escondes y proteges, como evitas, como medras, como buscas solo el bien de ti y quizá los tuyos, como te limitas a pagar facturas, marcharte de vacaciones, cuidar de tus hijos o familiares, pero sin cuidar de los demás, de los hijos de los demás, los familiares de los demás, toda esa gente que también se merece respeto, amor, solidaridad y cuidado, descubrirás como no eres tan estupend@ como tu te crees… y si encima un día conectas con el tremendo daño que posiblemente te haces y haces a otros, a menudo sin saberlo y desde la ignorancia (sin maldad), si lo descubres sobre todo durante un profundo y transformador proceso terapéutico, te decepcionarás de ti mismo, lo pasarás fatal y dirás aquello de Yo no puedo ser tan Hij@ Puta.

Pero ¿que pasaría si resulta que si lo eres?

Todos lo somos o lo hemos sido durante un tiempo. Pero no podemos permitirnos seguirlo siendo.

El mundo y la gente nos necesitan.

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