Archive for julio, 2015


por Eugenio Sánchez Arrate

A veces la sensación de que los demás tienen la misma sensibilidad que una chancleta para mi es terrible. Uno los percibe duros y rígidos, anestesiados, como bloques de cemento. Incapaces de darse cuenta o percibir montones de cosas que les suceden. Viven una vida atenuada, con umbrales de percepción mucho más bajos que los que yo percibo… y se pierden tantas y tantas cosas. Es como gente que ve solo dos canales de televisión en vez de cientos, miles.

Pero lo peor es cuando sientes que el otro es tan sensible como tu pero vive su vida completamente de espaldas a esa sensibilidad. Tiene una pareja insensible, una vida rodeado/a de insensibles y en un entorno donde su verdadero yo no puede crecer, florecer ni ser feliz.

Originally posted by viewpointofdreams

Ser un PAS (Persona Altamente Sensible) es un Don, no una carga, siempre que uno sea consciente de su verdadera naturaleza y aprenda a relacionarse con sus semejantes. Los estudios aún no se ponen de acuerdo respecto al procentaje de personas que responden a ésta denominación (se habla de entre un 10 y un 20 por ciento de la población). Yo no creo que alcancen ni siquiera el 10 por ciento.

Los PAS suelen ser creativos, excelentes artistas, grandes terapeutas y consejeros, personas hiperempáticas, compasivas y muy receptivos a multitud de estímulos y situaciones.

Mi experiencia (porque, por si no lo habíais adivinado, soy PAS) me dice que a la larga termino estando más a gusto con otras personas altamente sensibles como yo.

No es que las otras no me interesen, es que me siento menos a gusto con ellas porque no puedo compartir muchas cosas y sobre todo porque esa rigidez, esa dureza, esa especie de robotización e idiocia emocional que detecto en ellos, me resulta dolorosa.

Uno no es más ni menos que nadie siendo PAS, sencillamente es diferente y lo primero que debe hacer es aprender a protegerse de las agresiones del mundo y de los demás. Si los otros no se dan cuenta del daño que nos hacen, que se hacen y hacen a otros, es su problema y responsabilidad. La nuestra, como PAS, es protegernos y minimizar el daño. También hemos de aprender a vivir con la culpa, el malestar y tantas emociones como se nos despiertan siendo una Persona de Alta Sensibilidad.

Si eres un/una PAS te gustará éste enlace. Y escríbeme, me encantará saber de ti y de tu vida.

procedente del blog La Mente es maravillosa,  http://lamenteesmaravillosa.com/ os presentamos éste artículo escrito por Valeria Sabater.

personas altamente sensibles

Los 4 dones de las personas altamente sensibles (PAS)

Cuando uno se ve en minoría frente a la gran mayoría, la primera sensación es sentir desventaja y miedo. ¿Por qué percibo las cosas de un modo diferente? ¿Por qué sufro más que el resto? ¿Por qué encuentro alivio en mi propia soledad? ¿Por qué observo y siento cosas que los demás suelen pasar por alto?

Ser parte de eso 20% de la población que se reconoce a sí misma como una persona altamente sensible (PAS) no es una desventaja, ni te etiqueta como “diferente”. Es muy posible que a lo largo de tu vida, y en especial durante tu infancia, fueras muy consciente de esa distancia emocional, y de como en ocasiones, tenías la sensación de vivir en una especie de burbuja de extrañeza y soledad.

La alta sensibilidad es un don, una herramienta que te permite poder profundizar y empatizar más con las cosas. Pocas personas tienen la capacidad de llegar a este punto de aprendizaje vital.

Fue Elaine N. Aron quien a principios de los 90, ahondando en la personalidad introvertida, detalló con minuciosidad los rasgos de una nueva dimensión no descrita hasta entonces, y que reflejaba una realidad social: la de las personas altamente sensibles, reflexivas, empáticas y a la vez, reactivas emocionalmente.

Si es tu caso, si te sientes identificado/a con esos rasgos que la doctora Aron nos dejó en su libro “The Highly Sensitive Person”, es importante que te convenzas también de que la alta sensibilidad no es un motivo para sentirte extraño o diferente. Al contrario, debes sentirte afortunado por contar con estos 4 dones.

1. El don del conocimiento emocional

Ya desde la infancia, el niño con alta sensibilidad va a percibir aspectos en su día a día que le van a ofrecer una mezcla de angustia, contradicción y fascinante curiosidad. Sus ojos captaran aspectos que ni los adultos tienen en cuenta.

Esa mueca de frustración en sus maestros, la expresión de preocupación en su madre… Serán capaces de percibir cosas que otros niños no ven, y ello, les enseñará desde muy pequeños que la vida es a veces difícil y contradictoria. Verán el mundo con la mirada de niño que se abre tempranamente al mundo de las emociones sin saber aún que las guía, que las hace vibrar o qué afila el sufrimiento adulto.

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El conocimiento de las emociones es una arma de callado poder. Nos acerca más a las personas para entenderlas, pero a su vez, también nos hace más vulnerables al dolor.

La sensibilidad es como una luz que resplandece, pero a su vez, nos hace más vulnerables al comportamiento de los demás, a las mentiras piadosas, a los desengaños, a las ironías… ¡Es que todo te lo coges a la tremenda! te dirán a menudo,¡Es que eres muy sensible! te comentarán otros.

Y así es, pero eres lo que eres. Un don exige una alta responsabilidad, tu conocimiento sobre las emociones te exige también saber protegerte. Saber cuidarte.

2. El don de disfrutar de la soledad

Las personas altamente sensible encuentran cierto placer en sus instantes de soledad.Son rincones que buscan con anhelo para llevar a cabo sus tareas, sus aficiones. Son personas creativas que disfrutan de la música, de la lectura… Y aunque ello no quita de que disfruten también de la compañía de otros, es en soledad cuando más satisfacción encuentran.

soledad

Las personas altamente sensibles no temen a la soledad. Son esos instantes en que pueden conectar más íntimamente con ellos mismos, con sus pensamientos, libres de apegos, lazos y miradas ajenas.

3. El don de una existencia desde el corazón

La alta sensibilidad es vivir desde el corazón. Nadie vive más intensamente el amor, nadie se deleita más con los pequeños gestos cotidianos, con la amistad, con el cariño…

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A la hora de hablar de las personas altamente sensibles, se les asocia a menudo al sufrimiento. A su tendencia a las depresiones, a la tristeza, a sentirse vulnerables frente a los estímulos externos, frente al comportamiento de la gente. No obstante, hay algo que el resto no sabe: pocas emociones se viven con tanta intensidad como el amar y ser amado…

Y no hablamos solo de relaciones afectivas, la amistad, el cariño cotidiano, o el sencillo acto de experimentar la belleza de un cuadro, de un paisaje o de una melodía, es para la persona altamente sensible una vivencia intensa. Enraizada en el propio corazón.

4. El don del crecimiento interior

La alta sensibilidad no se cura. Uno viene al mundo con ello, con esa particularidad, con ese don que ya se puede ver claramente desde que un niño es bien pequeño. Sus preguntas, su intuición, su tendencia al perfeccionista, su umbral al dolor físico, sus molestias ante luces o olores fuertes, su vulnerabilidad emocional

No es fácil vivir con este don. No obstante, una vez uno reconoce lo que es y lo que nos puede aportar, llega el momento en que debemos aprender a gestionar muchos de esos detalles. No debes dejar que las emociones negativas te desborden en ciertos momentos.

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Debes aprender también que los demás, van a otro ritmo, que no tienen tu umbral emocional. Que no vivirán ciertas cosas con tu misma intensidad, no obstante, ello no significa, por ejemplo, te quieran menos. Respétalos, entiéndelos. Entiéndete a ti.

Una vez hayas descubierto tu propio ser y tus facultades, encuentra tu equilibrio y fomenta tu crecimiento personal. Eres único y vives desde el corazón. Anda en paz, anda en seguridad, y sé feliz.

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Un Artículo de Eugenio Sánchez Arrate

violencia doméstica

Una de las formas más comunes de maltrato es la que realizan las personas con trastornos mentales a sus allegados, amigos, familiares y gente cercana. A veces no hay la voluntariedad de causar daño y a veces si la hay. A veces la persona ni siquiera está diagnosticada de un trastorno y otras veces la persona no va a terapia ni tiene el seguimiento profesional adecuado para ayudarla a controlar su conducta.

Pero lo cierto es que a menudo éstas personas que padecen una patología y entran en conductas de agresión, ni siquiera se disculpan, piden perdón o tratan de reparar el daño causado en los otros.

Además existe una especie de tabú social que justifica siempre al enfermo en su actitud (se le disculpa), pero que no empatiza nada con aquellos que tienen que lidiar y convivir con ellos cada día.

Me preguntaban recientemente si debemos tener cierta tolerancia con la agresividad de éstas personas por el hecho de que padecen una enfermedad. Y la respuesta es que la enfermedad no justifica ni exime de responsablidades a nadie, no te da carta blanca para abusar de otros y faltar al respeto a los demás.

Gritar es faltar al respeto.

Hablar de manera agresiva es faltar al respeto.

La violencia física es faltar al respeto.

Mentir es faltar al respeto (lo es, porque mintiendo consideramos que el otro no tiene derecho a conocer la verdad, le escamoteamos la realidad, le manipulamos o tomamos por tonto y  no le tomamos en consideración).

Incluso me he preguntado a menudo, a la luz de ciertos acontecimientos de mi vida pasada, dónde éstá la frontera de lo que uno debe permitir que le hagan y lo que no… y la respuesta es que nadie se merece ser maltratado por otra persona, nadie… da igual que el agresor tenga la enfermedad mental que tenga… No tenemos porqué aguantar malas formas, gritos o violencia, del tipo que sea, de nadie de nuestro entorno.

Tener un trastorno mental no autoriza al que lo padece a maltratar a los demás.

Y dejarnos maltratar no es la opción.

Y sobre todo, cuando uno se ama y respeta a si mismo, no debe permitir ni consentir que le traten de ciertas maneras.

Recientemente, hace más de un mes, tuve que interrumpir todo contacto o relación con una persona tóxica.

Ella no solo no va a terapia, sino que se permitió el lujo de mentirme, negar actos y frases que ella misma había pronunciado y además gritarme por teléfono.

Yo no llevo nada bien la violencia verbal (ni ninguna otra) he estado desde niño expuesto a ésta clase de maltrato en casa por parte de mis padres (algo demasiado frecuente en muchas familias) y ya no lo tolero en mi vida, porque hacerlo sería una falta de respeto hacia mi mismo que no puedo permitir.

La respuesta al maltrato es siempre no.

Solución, a esa persona le dije hasta siempre, colgué el teléfono y no he vuelto a hablar con ella desde entonces y no hablaré con ella en tanto no haya una disculpa por su parte, cosa que, por otra parte, no espero.

Ella no me parece que tenga la humildad suficiente como para pedir perdón y reconocer sus ofensas. Para pedir perdón hace falta mucha entereza y coraje.

No es algo que a ella le sobre.

COMO SE MANEJA UN MALTRATO

Si la otra persona grita, se le pide que deje de hacerlo y se le dice que se conversará con tranquilidad cuando él/ella sea capaz de expresarse en un tono normal y con respeto hacia nosotros.

Si no lo hace, se la abandona en la habitación y se interrumpe el contacto con ella/él de manera inmediata, no dándole opción a que siga haciendo lo que hace.

Ni gritos, ni, por supuesto, violencia física.

Si no es posible escapar del lugar o habitación y estamos siendo intimidados físicamente, en cuanto sea posible se pide ayuda a los Servicios Sociales y se solicitará la intervención de profesionales adecuados (servicios sociosanitarios, policía, fuerzas de seguridad del lugar o país en el que residimos etc…) posiblemente, dependiendo del país y la legislación vigente, existe la posibilidad de que se dice una orden de alejamiento, o se pedirá que esa persona sea controlada por personal de seguridad o personal médico.

No debemos admitir jamás un solo grito, un solo insulto, malos modales, y sobre todo nada de violencia física hacia nosotros, porque nos perderíamos el respeto como seres humanos de hacerlo así.

Finalmente, a la mínima agresión constatada, procedemos a extinguir la conducta agresiva del otro bloqueándola.

O nos vamos lejos, o cerramos la puerta, o le dejamos con la palabra en la boca, o nos alejamos para evitar más daño verbal o físico.

Entrar en una escalada de violencia verbal o física no sirve de nada y nos pone a la altura del agresor..

Algunas formas habituales de maltrato (no todas se reconocen normalmente como tales):

-gritar a otro

-insultarle

-ejercer contra él violencia física

-ignorarle, ningunearle o no prestarle atención

-humillarle

-no escucharle, no empatizar

-burlarse de ella/él

-serle infiel

-mentirle

Todos éstos actos son formas de agresión que van de lo más explícito y directo a lo más sutil. Algunas aún no se reconocen socialmente como maltrato, pero lo son, unas más sutiles, otras más evidentes.

Se que a veces, cuando uno está demasiado acostumbrado al maltrato físico, verbal o emocional porque en su familia de orígen lo ha vivido como algo normal, cuesta mucho romper con el maltratador/a y no caer en patrones de maltrato constantes repitiendo parejas y relaciones con personas maltratadoras.

Muchas veces el maltratado padece una patología (codependencia emocional, miedo a la soledad, incapacidad para romper, necesidad de afecto) asociada, que debe también ser tratada en consulta.

En cualquier caso, el maltrato (mucho más frecuente de lo que imaginamos… de hecho, cuando gritamos a otro o le insultamos, lo estamos maltratando) es siempre INACEPTABLE.

Pero el consejo es que nunca os dejéis maltratar y que tampoco maltratéis a vuestros semejantes.

Un maltratador rara vez se reconoce como tal ni admite que es esa persona tóxica que realmente es.

Vosotros podéis ser esa persona que maltrata a sus semejantes y reconocerlo y hacer algo al respecto es un acto de gran humildad.

Del mismo modo, reconocer que uno está siendo maltratado a veces trae aparejada mucha vergüenza y hay miedo a confesarlo y pedir ayuda.  Pero solo si pedimos ésta ayuda, la ayuda llegará a nosotros.

Esto es VerDeVerdad y Vamos a Cambiar el Mundo.

bloqueo del escritor

A veces la Felicidad (ese concepto tan sobrevalorado) nos cuesta.

Nos educan para sobrevivir, pero nadie nos enseña a ser felices.

Escribiendo ésta semana para el reto #CampNanoWriMo (la página para escritores que periódicamente inicia actividades comunes y retos de escritura para amantes de la literatura)

http://campnanowrimo.org/

he tenido que cambiar de proyecto literario varias veces. Algunos recordaréis que iba a escribir una novela corta titulada Maldita tu eres entre todas las mujeres, dedicada a cierta mujer que llegó a mi vida para hacerme un roto hace unos meses. Cuando comenzaba a escribir la novela me daba cuenta de que, lejos de ayudarme a procesar el dolor que la situación me ha provocado, escribir sobre éste tema me hacía muchísimo daño. Así que lo abandoné y reemplacé el proyecto por un libro de cuentos, pero también me atasqué y finalmente he usado el procedimiento de la página para terminar una historia policíaca con humor que comencé hace meses y que quiero concluir y publicar, Bueno lanzando cosas.

A veces te pones a crear y te atascas, te bloqueas y no puedes escribir, nada te sale. He tenido ratos en ésta historia de no saber cómo continuar.

Steven Dos Santos, uno de los autores que apoyan el proyecto NanoWrimo enviaba hoy un consejo a los escritores a través de la página.

Steven dice que somos nuestros peores saboteadores, que nos atascamos en una palabra, una página, una frase y no somos capaces de seguir. Para desbloquearse el propone una solución… darse permiso para hacerlo mal, darse el permiso para ser un principiante, para ser malo y, sencillamente seguir escribiendo, avanzando, marchando hacia delante, pues estamos en el primer borrador y ya habrá tiempo para corregir.

Darse permiso para vomitar palabras sin procesar, para avanzar y avanzar sin pensar ni corregir mucho.

Este consejo es muy bueno y deberíamos aplicarlo también a la vida… no necesitamos hacerlo perfecto, necesitamos hacerlo, ya lo corregiremos después si se puede. Si nunca comenzamos, nunca terminaremos.

¿Cuando nos atascamos?

He comprobado que a menudo no puedes escribir, cuando quieres hacerlo tan bien, tan correcto y tan perfecto, que no te sale.

Entonces se produce el bloqueo.

Por mi experiencia facilitando talleres de El Camino del Artista, el método de Julia Cameron, se que un bloqueo está a menudo relacionado con la falta de confianza en una mismo y con las altas expectativas puestas en el resultado final porque:

1.- No creemos que seamos capaces de hacerlo o que nos vaya a salir bien.


2-Queremos hacerlo tan tan estupendo que nos cargamos de presión y eso nos bloquea.

3-Tenemos alguna lealtad familiar invisible, consciente o inconsciente, al fracaso o sufrimiento de algún pariente o ancestro. Y si él no lo logró, nosotros tampoco nos lo permitimos.

Si hablamos de lealtades, detectarlas mediante procesos de terapia sistémica, constelaciones familiares o terapia individual o grupal es prioritario.

Si hablamos de los dos primeros puntos, Creer en nosotros y Desapegarse del resultado ayuda mucho, y disfrutar del proceso, también.

Esto sucede también en la vida… el miedo a fracasar, a hacer daño, a perder, al abandono, a la soledad o a equivocarse es tan grande que nos asusta vivir esa vida verdadera que deberíamos estar viviendo.

El arte y la vida son una misma cosas y hay un arte del buen vivir que deberíamos intentar aprender.

Si nunca te permites hacerlo mal, jamás empezarás el trabajo, sea éste el que sea… jamás empezarás a pintar, a escribir, a cantar, a esculpir, jamás lo intentarás. Hay que perder el sentido del ridículo, hay que dejar de juzgarse, hay que permitirse errar.

Si no te permites ser un principiante, hacerlo mal, equivocarte, si no corres riesgos, jamás vivirás una vida satisfactoria.

Si no te perdonas por los errores cometidos, tampoco moverás un dedo.

Y si no te arriesgas, jamás cambiarás tu vida, jamás dejarás tu relación de pareja insatisfactoria, jamás cambiarás de empleo, jamás le dirás a esa persona especial que quieres estar con ella, jamás te atreverás a hacer algo diferente, jamás saldrás de tu madriguera, donde vives infelizmente cómodo, o a veces ni siquiera eso.

Vivir es arriesgarse, salir de la zona de confort. 

Y escribir también es arriesgarse y no pretender hacerlo todo el tiempo bien, basta con ir haciéndolo, ya mejoraremos lo que se pueda más adelante, ya corregiremos, arreglaremos, improvisaremos. Muchas de las decisiones que tomamos no son a vida o muerte a blanco o negro, permiten modificaciones, se pueden corregir y enmendar.

El mayor fracaso es esconderse, no intentarlo, no echarle valor.

Leí hace poco en la página de facebook de una amiga la siguiente frase:

Elige la opción que te haga más felíz no la que te haga sentir más cómodo.

¿Y sabeis que? Tiene toda la razón.

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