por Eugenio Sánchez Arrate

A veces la sensación de que los demás tienen la misma sensibilidad que una chancleta para mi es terrible. Uno los percibe duros y rígidos, anestesiados, como bloques de cemento. Incapaces de darse cuenta o percibir montones de cosas que les suceden. Viven una vida atenuada, con umbrales de percepción mucho más bajos que los que yo percibo… y se pierden tantas y tantas cosas. Es como gente que ve solo dos canales de televisión en vez de cientos, miles.

Pero lo peor es cuando sientes que el otro es tan sensible como tu pero vive su vida completamente de espaldas a esa sensibilidad. Tiene una pareja insensible, una vida rodeado/a de insensibles y en un entorno donde su verdadero yo no puede crecer, florecer ni ser feliz.

Originally posted by viewpointofdreams

Ser un PAS (Persona Altamente Sensible) es un Don, no una carga, siempre que uno sea consciente de su verdadera naturaleza y aprenda a relacionarse con sus semejantes. Los estudios aún no se ponen de acuerdo respecto al procentaje de personas que responden a ésta denominación (se habla de entre un 10 y un 20 por ciento de la población). Yo no creo que alcancen ni siquiera el 10 por ciento.

Los PAS suelen ser creativos, excelentes artistas, grandes terapeutas y consejeros, personas hiperempáticas, compasivas y muy receptivos a multitud de estímulos y situaciones.

Mi experiencia (porque, por si no lo habíais adivinado, soy PAS) me dice que a la larga termino estando más a gusto con otras personas altamente sensibles como yo.

No es que las otras no me interesen, es que me siento menos a gusto con ellas porque no puedo compartir muchas cosas y sobre todo porque esa rigidez, esa dureza, esa especie de robotización e idiocia emocional que detecto en ellos, me resulta dolorosa.

Uno no es más ni menos que nadie siendo PAS, sencillamente es diferente y lo primero que debe hacer es aprender a protegerse de las agresiones del mundo y de los demás. Si los otros no se dan cuenta del daño que nos hacen, que se hacen y hacen a otros, es su problema y responsabilidad. La nuestra, como PAS, es protegernos y minimizar el daño. También hemos de aprender a vivir con la culpa, el malestar y tantas emociones como se nos despiertan siendo una Persona de Alta Sensibilidad.

Si eres un/una PAS te gustará éste enlace. Y escríbeme, me encantará saber de ti y de tu vida.

procedente del blog La Mente es maravillosa,  http://lamenteesmaravillosa.com/ os presentamos éste artículo escrito por Valeria Sabater.

personas altamente sensibles

Los 4 dones de las personas altamente sensibles (PAS)

Cuando uno se ve en minoría frente a la gran mayoría, la primera sensación es sentir desventaja y miedo. ¿Por qué percibo las cosas de un modo diferente? ¿Por qué sufro más que el resto? ¿Por qué encuentro alivio en mi propia soledad? ¿Por qué observo y siento cosas que los demás suelen pasar por alto?

Ser parte de eso 20% de la población que se reconoce a sí misma como una persona altamente sensible (PAS) no es una desventaja, ni te etiqueta como “diferente”. Es muy posible que a lo largo de tu vida, y en especial durante tu infancia, fueras muy consciente de esa distancia emocional, y de como en ocasiones, tenías la sensación de vivir en una especie de burbuja de extrañeza y soledad.

La alta sensibilidad es un don, una herramienta que te permite poder profundizar y empatizar más con las cosas. Pocas personas tienen la capacidad de llegar a este punto de aprendizaje vital.

Fue Elaine N. Aron quien a principios de los 90, ahondando en la personalidad introvertida, detalló con minuciosidad los rasgos de una nueva dimensión no descrita hasta entonces, y que reflejaba una realidad social: la de las personas altamente sensibles, reflexivas, empáticas y a la vez, reactivas emocionalmente.

Si es tu caso, si te sientes identificado/a con esos rasgos que la doctora Aron nos dejó en su libro “The Highly Sensitive Person”, es importante que te convenzas también de que la alta sensibilidad no es un motivo para sentirte extraño o diferente. Al contrario, debes sentirte afortunado por contar con estos 4 dones.

1. El don del conocimiento emocional

Ya desde la infancia, el niño con alta sensibilidad va a percibir aspectos en su día a día que le van a ofrecer una mezcla de angustia, contradicción y fascinante curiosidad. Sus ojos captaran aspectos que ni los adultos tienen en cuenta.

Esa mueca de frustración en sus maestros, la expresión de preocupación en su madre… Serán capaces de percibir cosas que otros niños no ven, y ello, les enseñará desde muy pequeños que la vida es a veces difícil y contradictoria. Verán el mundo con la mirada de niño que se abre tempranamente al mundo de las emociones sin saber aún que las guía, que las hace vibrar o qué afila el sufrimiento adulto.

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El conocimiento de las emociones es una arma de callado poder. Nos acerca más a las personas para entenderlas, pero a su vez, también nos hace más vulnerables al dolor.

La sensibilidad es como una luz que resplandece, pero a su vez, nos hace más vulnerables al comportamiento de los demás, a las mentiras piadosas, a los desengaños, a las ironías… ¡Es que todo te lo coges a la tremenda! te dirán a menudo,¡Es que eres muy sensible! te comentarán otros.

Y así es, pero eres lo que eres. Un don exige una alta responsabilidad, tu conocimiento sobre las emociones te exige también saber protegerte. Saber cuidarte.

2. El don de disfrutar de la soledad

Las personas altamente sensible encuentran cierto placer en sus instantes de soledad.Son rincones que buscan con anhelo para llevar a cabo sus tareas, sus aficiones. Son personas creativas que disfrutan de la música, de la lectura… Y aunque ello no quita de que disfruten también de la compañía de otros, es en soledad cuando más satisfacción encuentran.

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Las personas altamente sensibles no temen a la soledad. Son esos instantes en que pueden conectar más íntimamente con ellos mismos, con sus pensamientos, libres de apegos, lazos y miradas ajenas.

3. El don de una existencia desde el corazón

La alta sensibilidad es vivir desde el corazón. Nadie vive más intensamente el amor, nadie se deleita más con los pequeños gestos cotidianos, con la amistad, con el cariño…

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A la hora de hablar de las personas altamente sensibles, se les asocia a menudo al sufrimiento. A su tendencia a las depresiones, a la tristeza, a sentirse vulnerables frente a los estímulos externos, frente al comportamiento de la gente. No obstante, hay algo que el resto no sabe: pocas emociones se viven con tanta intensidad como el amar y ser amado…

Y no hablamos solo de relaciones afectivas, la amistad, el cariño cotidiano, o el sencillo acto de experimentar la belleza de un cuadro, de un paisaje o de una melodía, es para la persona altamente sensible una vivencia intensa. Enraizada en el propio corazón.

4. El don del crecimiento interior

La alta sensibilidad no se cura. Uno viene al mundo con ello, con esa particularidad, con ese don que ya se puede ver claramente desde que un niño es bien pequeño. Sus preguntas, su intuición, su tendencia al perfeccionista, su umbral al dolor físico, sus molestias ante luces o olores fuertes, su vulnerabilidad emocional

No es fácil vivir con este don. No obstante, una vez uno reconoce lo que es y lo que nos puede aportar, llega el momento en que debemos aprender a gestionar muchos de esos detalles. No debes dejar que las emociones negativas te desborden en ciertos momentos.

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Debes aprender también que los demás, van a otro ritmo, que no tienen tu umbral emocional. Que no vivirán ciertas cosas con tu misma intensidad, no obstante, ello no significa, por ejemplo, te quieran menos. Respétalos, entiéndelos. Entiéndete a ti.

Una vez hayas descubierto tu propio ser y tus facultades, encuentra tu equilibrio y fomenta tu crecimiento personal. Eres único y vives desde el corazón. Anda en paz, anda en seguridad, y sé feliz.

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