Un artículo de Eugenio Sánchez Arrate

Este post va de especialismo, o de cómo utilizamos cualquier cosa que tengamos a mano para sentirnos más o mejor que los demás, especiales.

O también peor que los otros (y luego explicaré porqué).

Leonardo Di Caprio alza la copa

soy lo más

Todo vino a raíz de que mi amigo escritor, José Antonio Del Valle, publicó, entre sorprendido y perplejo, en su muro de facebook un lamentable post de un crítico literario, Zakarías Zafra, aparecido en el portal Letras Libres cuyo enlace os dejo aquí abajo.

http://www.letraslibres.com/espana-mexico/literatura/la-verguenza-del-lector-stephen-king#.Wdgpu9-3NKc.twitter?platform=hootsuite

Digo lamentable porque Zafra el autor, se retrata él solo, poco menos que sugiriendo que leer a Stephen King, un escritor narrativamente (no literariamente) muy superior a la mayoría, puede ser una vergüenza porque King no es un literato (según él).

En ese post, el autor utiliza lo que sabe o cree saber sobre literatura, sobre el paradigma literario imperante (muy discutible, por cierto, pues prepondera lo literario sobre lo narrativo, como si una cosa fuera mucho mejor que la otra, que eso está por ver) para tratar de sentirse superior a otros lectores, según él peor formados y que deberían avergonzarse de leer a gente como Stephen King y, supongo, por extensión a otros autores populares que venden muchos más libros que los aburridos escritores de Alta Literatura.

Stephen King

Stephen King

Con ésta actitud perdonavidas el autor se despacha contra King y sus lectores, acabando el artículo.

Años de terapeuta gestalt me han demostrado que éste tipo de actitudes pedantes (calidad de los libros aparte) rayan el ombliguismo y delatan una personalidad que trata de creerse especial y mejor que los demás (sin tener porqué).

Resulta que yo en esos días, hará ya un par de semanas, estaba leyendo un libro muy entretenido sobre gustos musicales titulado Música de Mierda, de Carl Wilson, publicado por la editorial Blackie Books. Os resumo de que va, pegando aquí abajo el texto de contraportada porque tiene mucho que ver con el tema que expongo.

Tarareamos canciones que decimos detestar.

Solo nos emocionamos cantando cuando nadie nos ve.

Lloramos con baladas de las que nos hemos burlado antes.

Mentimos sobre lo que nos gusta para que nos acepten.

Y decimos que los demás tienen muy mal gusto.

Considerado uno de los mejores ensayos estéticos sobre el gusto musical de la década, Música de mierda investiga el mal gusto y la sensiblería musical a partir de una contradicción: ¿por qué la persona que más discos vende es de la que más gente se ríe? Carl Wilson quiso hacer una investigación sobre el éxito de Céline Dion pero se descubrió escribiendo un ensayo maravilloso sobre el amor (a la música), el esnobismo como coraza y la capacidad de emoción en tiempos de cinismo.

Portada de Blackie Books

Uno de los grandes libros del crítico Carl Wilson

Y aquí debajo pego dos citas del libro que me han parecido extaordinarias.

Cita 1:

-La interpretación de Bourdieu fue que los gustos eran herramientas estratégicas. Si bien los gustos de la clase trabajadora parecían poco menos que una opción por defecto (que servía como mucho para expresar pertenencia de grupo y solidaridad), para los demás el gusto no era solo un producto del propio trasfondo económico y educativo, sino que, en la medida en que se desarrollaba a lo largo de la vida, representaba también una fuerza que se movilizaba como parte del deseo de mejorar el estatus social (o, para usar el término de Bourdieu, poder simbólico).

-Cita 2:

Lo que hemos acordado llamar gustos, decía, son en realidad una serie de asociaciones simbólicas que usamos tanto para distinguirnos de quienes ostentan un estatus social inferior al nuestro, como para aspirar al estatus que creemos merecer. El gusto es una forma de diferenciarnos de los demás, de perseguir la distinción. Y su producto final es la perpetuación y la reproducción de la estructura de clases.

foto del crítico Carl Wilson

Carl Wilson

Es decir, utilizamos nuestra cultura, nuestros gustos en ropa, música, libros, comida, costumbres, para distinguirnos de los demás, para sentirnos mejores que ellos, más profundos, más inteligentes, mejor formados, más exquisitos, sofisticados, especiales.

Somos veganos y nos sentimos mejores, más elevados que los vulgares y zafios comedores de carne.

Hacemos yoga, o meditación, psicología, o terapia del tipo que sea, o practicamos alguna disciplina espiritual  o deporte y lo usamos para sentirnos más que los demás.

Vivimos en tal ciudad o barrio y nos sentimos más que los de otros.

Somos gestaltistas y nos creemos más elevados y trabajados por dentro que los demás.

Leemos muchos libros, sabemos de cine, lo conocemos todo sobre los entresijos de la economía, la ciencia, la informática, la historia, la política, la cultura, o la medicina natural o el chamanismo… y nos sentimos diferentes y más que los demás por ello.

Cultivamos eso que los budistas llaman el Especialismo.

Usamos todas esas cosas para tratar de creernos mejores que los otros y obtener señas de identidad o ponernos por encima de las otras personas.

A menudo también usamos nuestra raza, estatura, color de ojos, perspipacia, inteligencia, poder adquisitivo, belleza, sensibilidad, títulos académicos, buen humor, conocimientos científicos, buena forma física, o cualquier otra cosa para creernos más y más que los otros.

Es una trampa más del ego, de las muchas que éste nos tiende a cada momento.

El ego presume de lo que cree que tiene y lo usa a su favor y en contra de los demás, presume de ser más guapo, más espiritual, más lúcido y con conciencia, mejor formado, más rico, más alto o poderoso, más inteligente, más cultivado, más delgado o más apuesto, más noble y altruista que los otros, más abnegado y sacrificado, más sufrido, mejor padre o madre, mejor amigo que los demás, mejor ciudadano, más solidario, más importante, más laureado y reconocido… así es el ego.

También presume de ser más desgraciado. ¿En serio? ¿Desgraciado? ¿Se puede presumir de eso? Pues si, señores, algunas personas viven enrocadas en la desgracia y poseen lo que se denomina un ego víctima… y a ellas, a sufrir y a ser unas pobrecitas de la vida, unas sufridoras que se esfuerzan y se matan a padecer, a eso no las gana nadie.

llorica

Qué desgraciado soy

También hay mucho poder en las víctimas, señalando culpables en su vida o maldiciendo al destino por la cruel existencia que les ha tocado vivir.

Y también hay mucho ego por no hacerse responsables de si mismos y del daño que se hacen y se dejan hacer.

El ego víctima es una de las muchas formas de ego que existen, tan buena o mala como cualquier otra.

Hay egos miedosos, egos vanidosos, egos orgullosos, egos iracundos, perezosos, lujuriosos, avariciosos… egos de bastantes tipos.

El mío es bastante orgulloso, a veces me siento más lúcido, sensible y profundo que los demás, otras veces más culto, inteligente, más divertido, más guay o mejor persona… y para muestra, un botón ridículo; me he pasado el verano tarareando la canción Despacito al afeitarme y luego burlándome del pegadizo tema de Luis Fonsi y Daddy Yankee, colgando post y memes en mi facebook. Pero lo cierto es que no he parado de cantarla.

Creerse mejor que otros o creerse una basura podrida solo es ego

Todos merecemos amor, todos somos dignos, suficientes, insustituibles.

Pero la verdad, también, es que todos respiramos el mismo aire y, en el fondo, muy en el fondo, somos muy parecidos, pese a nuestra individualidad que nos distingue y hace únicos, pero no mejores ni peores que los demás.

Así que… ¿De qué modo usas tu lo que haces, eres o sabes para sentirte especial y mejor que los otros?

Es sobre eso, por encima de cualquier otra cosa, sobre lo que has venido a trabajar en ésta vida.

Y déjate de especialismos que esos nunca le hicieron bien a nadie.

Anuncios