Juzgar dedo

¡No Juzgues!

un artículo de Eugenio Sánchez Arrate

 

No es la primera vez que escribo sobre éste tema.

El concepto No Juzgar (una prohibición, por cierto) lo habréis oído y escuchado montones de veces de boca de personas que se sienten muy libres diciéndolo, pero lo hacen en circunstancias en las que su juicio previo acerca de los demás las ha dominado por completo antes de decir la frase. Y sobre todo en un momento en que están imponiendo un modo de comportamiento a otras personas prohibiéndoles hacer o decir nada respecto a cierto tema.

No juzgues es un término tan común en el mundo de la Espiritualidad que ya se ha convertido en una coletilla recurrente y tediosa desprovista de todo su sentido místico profundo, una frase que todo el mundo utiliza o dice (desde el juicio) para no ser juzgado (por algo a menudo reprobable o doloso contra los demás), o que se dice cuando las palabras de otro no te cuadran o te parecen mal o no convenientes (otro juicio más, ejercido desde un punto ciego y sin conciencia).

Es una especie de “cállate la boca” pero en plan profundo con el que quedas muy bien y muy divino en un conversación... pero cada vez que lo dices rara vez eres consciente desde qué lugar lo dices (y ésto se hace, casi siempre, desde un juicio previo).

No Juzgar es extremadamente difícil.

Las personas estamos juzgando continuamente, ésto es bonito, ésto es feo, ésto me gusta, ésto no me gusta… qué belleza, qué poco me agrada, que bueno, que malo, qué regular… qué vestido más feo, qué comida más rica, que hombre más pesado, que niña más guapa…

Los humanos estamos diseñados para juzgar y tener opiniones al respecto de las cosas y de la vida. Somos así. Esas opiniones nos permiten elegir y dirigirnos hacia aquello que nos agrada o nos hace bien.

Luego, el Juicio y las opiniones propias son muy útiles.

Desde esa condenación del juicio por defecto porque es poco espiritual juzgar, al final la gente siente culpa de tener reacciones perfectamente humanas y perfectamente válidas ante personas, situaciones o hechos desagradables, peligrosos o tóxicos.

Que una violación, un robo o un delito nos parezcan horribles es un Juicio, si, pero también es humano y muy saludable que tomemos medidas al respecto.

Y a un nivel místico profundo es cierto que deberíamos trascender la dualidad, pero no sin haberla experimentado antes con conciencia, que es lo que habitualmente la gente no sabe hacer, ni siquiera muchos gurús que se pasan la vida hablando de éste tema, abordándolo desde lo mental, sin haber entrado en la vivencia profunda y haberla procesado.

Y básicamente éstas cosas suceden a menudo porque no es posible no juzgar. No en un vivir cotidiano. Si a ratos (y escasos) en momentos de silencio, de inactividad, de meditación y contemplación desapegada. Pero cuando uno se pone en actividad y se sumerge en el tráfago de la vida, no juzgar es casi imposible. En el momento que algo te agrada o te deja de agradar, ya hay jucio, es así de sencillo.

La mente discriminante, nuestra cabeza, alimentada tanto por emociones como por sensaciones y reacciones corporales, emite constantes juicios y opiniones acerca de las cosas y de las personas, de los acontecimientos, a fin de preservar nuestra integridad y conducir nuestra vida por buenos derroteros.

Si no juzgáramos, si no tuviéramos opinión sobre las cosas, que nos roben, que maten a un ser querido, que nos hagan daño o se lo hagan a otros, nos daría lo mismo.

Recuerdo el caso de un profesor de Tantra y yoga, en una clase de relajación, que hablaba de la libertad, de los condicionamientos sociales y el discurso habitual antisistema para justificar los cuernos que le ponía a su pareja con las participantes de sus talleres, a las que acosaba o seducía, porque él se sentía muy libre  quebrantando el respeto facilitador/Terapeuta – cliente/paciente, que por ética y deontología profesional debe siempre existir. (Estando en una posición de poder, como la que ejerce alguien que imparte un taller, no se debe abusar de ella para los propios intereses).

Ben Kingsley como Falso gurú

Falso Gurú

Cuando los asistentes le manifestábamos a éste hombre el lógico rechazo que nos provocaba su actitud o le confesábamos que aquello nos parecía muy poco honesto, el se defendía con la coletilla No Juzgar.

No me juzguéis, venía a decirnos.

El tipo engañaba a su mujer con otras mujeres constantemente. Partamos de la base de que él ya había juzgado a su propia esposa como no merecedora del respeto necesario de no ser mentida, traicionada y engañada de una forma reiterada. Luego el primero que había establecido un juicio era el mismo sujeto que nos pedía a los demás que no le juzgáramos.

El había juzgado a su mujer no merecedora de una relación sana, auténtica y sin mentiras. Y merecedora de constantes agresiones en forma de infidelidades.

Y nos pedía a nosotros lo que no era capaz de darle a su esposa.

Una forma muy ciega e inconsciente (pero a la vez bastante habitual) de funcionar en la vida.

Así que, cuando alguien te diga eso de No Juzgues, contéstale tranquilamente, porque tu lo digas…

Porque probablemente ese No Juzgues nació de un juicio previo consciente o inconsciente por parte de la persona que te lo dijo.

Y si la regla de No Juzgar se te ha de aplicar a ti… ten por seguro que también se le debería aplicar al otro con la misma firmeza.

Tener opiniones sobre las cosas no está ni bien ni mal… sencillamente sucede y es.

Y usar esas opiniones para actuar y protegernos y proteger a otros de las situaciones o la gente que nos hace daño, eso si es realmente saludable.