por Eugenio Sánchez Arrate

Nunca te quedes donde no hay calor, no te quedes donde no hay ternura, donde no hay apertura.

No te quedes nunca al lado de quien no te lo pone fácil, de quien no es capaz de dar ni de recibir ese calor que tanto repara y que se llama Amor.

Hay personas que tienen una guerra en su interior y, o no lo saben o no les importa, o están atrapados en su película de desconfianza. Personas que viven en un agujero torcido donde todo son conspiraciones, adversarios, peligros y amenazas, competición y/o canguelo.

Todo es ira y frustración en sus vidas, todo es juicio y combate, enemigos, susceptibilidades, paranoia, miedos, temores, vergüenza, agresión.

Son pozos de inquietud, de angustia, de inseguridad.

Como tampoco es que sean muy capaces de empatizar demasiado con los demás, de tan mentales y cerebrales que son, o de tan cruelmente viscerales, tienden a atraer a los que son como ellos, gente seca por dentro, o fingidores, o gente con ira, con dobles intenciones, gente de poco fiar, o que parece ser una cosa y luego son otra.

El desconfiado atrae la traición como si fuera un imán a su vida.

Inconscientemente está siendo un traidor al Amor Universal que debería unirnos a todos, puesto que ni lo siente ni lo comparte con los demás.

Y los traidores se atraen unos a otros por ley Universal y se traicionan y muerden entre ellos.

Se consciente de que a ti, éste sistema neurótico tan loco que ellos tienen, te pilla de por medio solo por arrimarte a sus vidas.

Da lo mismo lo que hagas o digas.

Si la cagas porque la cagas… y si no metes la pata, porque no la metes.

Da lo mismo, no es por ti, no es por nada real que tu hayas hecho o dejado de hacer, éstas personas agreden por defecto, verbalmente, físicamente si pueden, casi siempre con actos o palabras: ellos te golpearán como sepan o puedan y aprovecharán la mínima para clavarte los dientes, con razón o sin ella.

Finalmente su mordida será desproporcionada para el suceso que la causó, eso tenlo muy claro.

Unas veces porque no hiciste nada y otras porque lo que hiciste no merecía semejante colección de mordiscos.

No te engañes: Sencillamente estabas demasiado cerca de ellos como para no resultar agredido.

Tu no deberías tomarte sus acciones demasiado en serio, pero tampoco deberías quedarte a esperar la caída de la hoja por si ellos empiezan a funcionar de un modo más afectivo. Date cuenta de que ni saben, ni pueden hacerlo distinto, a no ser que le pongan mucha conciencia.

Y no se caracterizan precisamente por ponerla.

Además, el morder lo hacen con prácticamente todo el mundo. De hecho, han construido una vida en torno a un ofendidismo más o menos justificado, a una susceptibilidad y un miedo que les encierra en su propia cárcel de limitaciones y desamor.

El otro día hablando con mi buen amigo, el profesor de música y terapeuta humanista Julio García, comentamos que la gente cariñosa, cálida y afectiva, es un valor en si misma. Es gente valiosa para la sociedad, gente que hace de éste mundo deshumanizado un lugar mejor.

Entonces ¿Porqué aguantar al lado de un pechopiedra o porqué esperar a que el pechopiedra abra su corazón y deje de serlo alguna vez?

Yo tuve varias peloteras el mes pasado con algunos de ellos, llamadas telefónicas a compañías eléctricas, mensajes a antiguos amigos del pasado y compañeros, conversaciones cara a cara… y llegué a la conclusión de que la no interacción con ellos es lo más sano y más profiláctico para mi.

No sufras por ellos.

Ellos no sufren una mierda por ti, no sufren demasiado en general por nadie, o si sufren se les pasa pronto. No tardan en encontrar otra guerra en la que seguir luchando, otro enganche con alguien o con una situación.

Están tan llenos de inseguridad y de miedo que no les queda energía para ver al otro como realmente es o para sentir algo auténtico por él.

¿Entonces? Si no te ven como eres, si nada de amor hay para ti en sus resecos corazones… ¿Qué coño haces quedándote?

Son amigos, parejas, amores, compañeros de trabajo, vecinos, familiares, gente que de primeras ya está tan lejos de ti que acercarse a ellos resulta poco menos que imposible.

No te quedes donde no hay amor que intercambiar, amor para nutrir y nutrirte, amor para crecer y ser mejor persona junto al otro… no te quedes. Nunca te quedes.

Una puerta solo está cerrada para ti si eres tan idiota de quedarte esperando eternamente a que se abra.

Las puertas abiertas que la vida tiene para ti son fáciles, son francas, en ellas no hay miedo solo afecto y ganas de tener un buen contacto humano, ganas de compartir.

El mundo ya tiene a demasiados cobardes e iracundos, a demasiados ermitaños y setas, avaros del afecto, para que pierdas tu amor y tu energía con ellos.

Date cuenta de que hay muchas otras puertas abiertas para ti, puertas de facilidad, de cariño, de apertura, puertas de amor y de coraje, donde no te ponen pegas, ni distancia, ni peros, ni desconfianza, ni miedos, puertas de cercanía y calor humano, donde no hay miedo.

Son puertas de franqueza y de verdad.

Por cada puerta cerrada para ti hay montones de puertas abiertas por las que entrar y compartir.

La gente afectiva es un valor en si misma, recuérdalo.

Lo mismo que la gente valiente y generosa.

Y esos son a los que tienes que buscar para acompañarte en la vida.

De los otros, apartarte como de la peste.

Porque corres el riesgo de contagiarte de su malestar.

No te quedes donde no hay amor ni verdad para ti.

En serio, nunca te quedes.