Category: Psicoterapia


compararse con otros para perder

Siempre queremos ser otro

Un artículo de Eugenio Sánchez Arrate

No te empeñes en ser quien no eres, no te empeñes en lo que no es

Ya he escrito muchas veces sobre ese asunto de que siempre queremos ser otro diferente del que somos, lo que Claudio Naranjo denomina “El Juego de Calce” (Es decir, tratar de que calcemos dentro del molde mental establecido que tenemos sobre cómo deberíamos ser).

Claudio vestido de Azafrán

Claudio Naranjo

Siempre queremos ser otro más alto, más guapo, más listo, más delgado, más corpulento, más exitoso, más rico, más creativo, más inteligente, más valiente, más ecuánime o más lo que sea…

Y mientras consumimos todas las energías de nuestra vida en intentar serlo, o en contener la frustración de no poder serlo, la vida se nos pasa con un gran pesar.

No podemos ser quienes no somos.

Da lo mismo los cursos a los que te apuntes, las conferencias a las que acudas, el dinero que te gastes en terapeutas, en coaching, en terapias y en meditación.

Nada te salvará de la verdad. Eres quien eres, con tus talentos, con tus flaquezas, con tus defectos y virtudes.

Y solo siendo quien eres serás feliz.

Ser uno mismo

Eres el que eres y de cómo te aceptes y quieras dependerá todo. Porque incluso para cambiar y mejorar como persona, solo desde la aceptación se produce el cambio.

Si eres un cabrón y no lo reconoces o no lo asumes/aceptas, jamás podrás dejar de serlo. Si lo rechazas o no te lo perdonas, tampoco podrás transformarlo.

Además, eso de que tu puedes ser quien quieras es un bolo chirimbolo de la autoayuda americana que solo te conducirá a la frustración y al malestar.

Tu no puedes ser Rafa Nadal ni aunque lo intentes (en todo caso serías tu, jugando al tenis como mejor sepas o puedas… lo mismo hasta eres muy buen@), no puedes ser Paris Hilton ni Angelina Jolie, no puedes ser pivot de baloncesto en la NBA midiendo 1.56.

No señor, no puedes.

De aceptar las limitaciones de la vida depende mucha de tu felicidad futura. Que no te vendan la moto.

mujer piensa y piensa

Yo quiero ser ésto y aquello (y mientras tanto no soy yo)

Puedes ser y alcanzar muchas metas, materializar muchos sueños, pero muchos otros no, por más que te empeñes.

Asúmelo, no pasa nada. No importa. Tu felicidad no depende de ello.

Tu eres quien eres y eso es extraordinario.

¿Que te ves gorda? ¿Y qué, si eres estupenda? A los hombres les encantan las mujeres gordas. ¿Qué te ves poco atractivo? ¿Y qué? Eres genial, una gran persona. Alguien se fijará en lo maravilloso que eres, con independencia de tu falta de carisma o tu timidez.

Lo que de verdad echa a la gente para atrás cuando se acerca a nosotros es la falta de confianza y de amor por uno mismo que nos tenemos.

El que no nos gustamos, eso es lo que espanta de verdad al otro.

Pero nada de lo que somos es malo o indigno. Tan solo son inadecuadas muchas de las cosas que hacemos con lo que somos (dañar a otros y dañarnos, por ejemplo, eso no debemos permitirlo).

Tu eres tu… y no te empeñes en otra cosa.

gatito se cree león

lo que quisiéramos ser

Tu puedes ser quien tu eres… y punto.

Se trata de que lo descubras, porque mucha gente ni lo sabe o tan solo cree saberlo y actúa como quien no es, o tratando de ser otro que nunca ha sido.

Porque ese o esa que tu ya eres es maravilloso y puede hacer grandes cosas en el mundo y será muy feliz aceptando y viviendo su vida tal como es, sin pretender que sea otra cosa.

¿Cómo saber quien soy?

Es un trabajo de años, de autobservación, de conciencia y de dejarse sentir mucho, conectado con un@ mism@. Elige el camino que quieras, la terapia, la lectura, un sendero espiritual, la autoexperiencia…

Por ejemplo, sabes que estás obrando como aquel que tu eres cuando sacas lo mejor de ti, cuando te sientes extraordinariamente bien haciendo lo que haces, cuando no intentas empujar ni forzar nada porque todo te sale naturalmente y a tu ritmo.

Porque quiero que sepas una cosa: Tu, seas quien seas, y vengas de donde vengas, por ser ya quien eres, te mereces todo el amor y la consideración del mundo.

La mía la tienes, desde luego, ahora se trata de que tengas la tuya.

No te empeñes en ser otro u otra que no eres.

Empéñate tan solo en ser y en vivir con ganas lo que tiene que ser vivido a través de tu maravillosa persona.

Y sobre todo, no te compares con los demás. Ya vale de jugar a éste juego tan doloroso.

Ellos no son tu, tu no eres ellos. No hay comparación posible.

Compararse con otros que no han vivido lo que tu, no han pasado por lo que has pasado tu, otros que no son tu ni saben lo que es ser tu… es una fuente terrible de infelicidad porque siempre va a haber alguien más alto, más listo, más guapo, más rico, más sabio, más ésto o aquello que tu… siempre ….

(y también va a haber alguien peor que tu en muchos aspectos, que no se te olvide, porque tendemos a olvidarlo y solo compararnos para lo peor… menos los narcisistas, que se comparan para salir ganando siempre y hacen todo lo contrario, en lo que son peores, apartan la vista y no se comparan para no perder, ese es su juego).

Pero sobre todo no juegues a la Comparación porque mientras te comparas con otros, te desconectas de ti mismo, de lo que sientes y de lo que eres.

Y la solución a todos tus problemas reside en estar y permanecer en ti, darte lo que necesitas y hacer lo que te gusta.

¿Te atreves a ser tu mismo?

¿Te atreves a buscarte y encontrarte suponiendo que aún no sepas quien eres? El camino puede ser largo, pero muy gratificante.

Nota final del Editor:

Nos acercamos a las 200.000 visitas y os estoy muy agradecido por éstos años de apoyo, colaboración y por hacer que éste blog, que atiendo con intermitencia pero que nunca olvido, merezca la pena.

Ha sido un largo camino hasta aquí y espero que me siga resultando tan gratificante como hasta hoy compartirlo con vosotros. Me encanta que años después de haber escrito un artículo la gente me siga comentando cosas acerca de él y de como le ayudó en algo importante en su vida.

A menudo busco en la red y contemplo como en otras webs han reblogueado contenidos y citado muchos párrafos de temas sobre los que escribí en su día.

Es una satisfacción seguirlo haciendo.

Esto es VerDeVerdad y juntos, haciendo cada uno nuestra parte, vamos a cambiar el mundo.

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Mensajero real

Matar al mensajero

por Eugenio Sánchez Arrate

No solo en terapia, también en la vida, las personas nos encontramos con éste curioso fenómeno que consiste en enfadarse con el portador de malas noticias, con aquel que nos devuelve la visión de una amarga realidad en la que vivimos instalados, puede que desde hace mucho tiempo.

Cuando le decimos a alguien algo que no desea escuchar, cuando pecamos de exceso de sinceridad, cuando damos nuestra opinión sobre algo doloroso de la otra persona, probablemente encontraremos una resistencia importante en aquel que escucha.

Es habitual no querer escuchar, estar cerrado a la verdad, porque la verdad muchas veces duele. Todos cometemos errores y tenemos puntos ciegos, cosas que no vemos en nuestra vida, mentiras que nos contamos para sobrevivir.

Las personas, además, tenemos cierta tendencia a estar instaladas en la Zona de Confort, (a veces infelizmente instaladas), una relación de pareja insatisfactoria, un trabajo alienante, una vida triste y vacía… y cualquier mensaje que tienda a abrirnos los ojos de una vez, a enfrentarnos con la realidad, genera en nosotros una subida de las defensas, cuando no, directamente un cabreo mayúsculo y un enfado que se termina pagando con aquel que nos ha dicho aquello que no deseábamos oír.

decir la verdad

dar malas noticias

Por ejemplo, son frecuentes los casos de mujeres y hombres que dejan de hablar al amigo o amiga que les informa de que su pareja o cónyuge les está engañando con otra persona.

A veces es más fácil dejar de hablar a un amigo sincero que comprobar si eso que nos ha dicho es la verdad, la dolorosa verdad de nuestra vida en pareja.

¿Qué hacer en terapia con la amarga realidad?

Con los clientes/pacientes en terapia sucede lo mismo. El terapeuta debe tener mucho cuidado con las devoluciones que hace en consulta, pues a menudo quien las recibe no está preparado para procesarlas y actuar en consecuencia desde una posición de adulto.

Revelar hechos dolorosos sobre los padres del paciente, su vida, su familia cercana, puede generar tal resistencia que la persona abandona su proceso de terapia, coaching, counseling o acompañamiento..

Este dolor es más profundo y genera más tristeza, enfado y resistencia conforme la herida que tocamos es mayor.

Cuando, por ejemplo, la revelación hace que el paciente, cliente o persona a la que se acompaña o asesora, descubre que se ha equivocado completamente en la vida, cuanto más grande ha sido el autoengaño, más dolor provocaremos en el individuo y más esfuerzo tendrá que hacer éste para encajarlo todo.

Aquí debemos jugar con el tacto, la diplomacia y permitir que sea la propia persona la que se de cuenta de en qué se ha equivocado y donde está instalada.

ser compasivo

compasión

No forzar las cosas, dejar que el otro haga su propio aprendizaje.

Y sin embargo, yo soy partidario de no mentir nunca, de no ocultar información a la persona que tenemos delante.

Si ves que se equivoca, que se autoengaña, debes decírselo con cuidado, pero decírselo al fin y al cabo. Esa es tu misión. Te pagan para ser auténtico, no para poner paños calientes y apoyar la locura, la neurosis o las mentiras en las que vive encajado el que ha venido pedirte ayuda.

Con tacto y diplomacia, las cosas funcionan mejor. Pero que eso nunca te haga obviar, omitir o faltar a la verdad.

Una buena dosis de mundo real no le hace mal a nadie.

Quizá el paciente, o el amigo se lo tome a mal, quizá abandone la terapia, pero el mensaje ya ha sido entregado y ahora es el individuo quien debe procesarlo y asumir la dura realidad de su vida.

Con el tiempo, puede que incluso agradezca la crudeza con que fuiste honesto con ella o con él. Yo no me caracterizo precisamente por mentir a los amigos, los cuido, los trato lo mejor que se y los aprecio… y precisamente porque los aprecio soy sincero con ellos.

Eso si, con tacto, con diplomacia. Mientras que un paciente te paga para que seas sincero, un amigo te tiene que dar primero su permiso para que le des tu opinión.

No es conveniente decirle a nadie opiniones o dar consejos sobre temas que no te ha pedido con antelación.

Y si, finalmente, ese amigo, el paciente, el cliente o el asesorado decide matar al mensajero porque lo que le has dicho no le ha gustado, si la toma contigo, no se lo tomes muy en consideración.

Quitarte a ti de en medio es su estrategia. Justificarse, seguirse contando la película de que está haciendo las cosas bien… esa es su forma de defenderse del dolor.

No le funcionará mucho tiempo ahora que ya sabe la verdad. Eso debes tenerlo en cuenta.

Y, quién sabe, quizá eso que le dijiste un día le ayude a afrontar su vida dentro de un tiempo.

Mi experiencia es que suele ser así.

Ser sincero no hace mal a nadie. Pero sincero con precauciones, con respeto por la otra persona, con empatía y afecto por su dolor, con un cuidado extremo.

Pese a todo, debes estás preparado, tanto si eres paciente como terapeuta.

Los seres humanos solemos matar al mensajero cuando nos trae malas noticias.

mujer reza compungida

Acompañar a un enfermo

Por Eugenio Sánchez Arrate

Hace unos meses una conocida, cuya pareja de muchos años padece un trastorno mental, me preguntaba angustiada si podía ayudarla, pues llevaba tiempo intentado averiguar si su pareja la amaba.

-Yo le pregunto y el no sabe qué decirme, Eugenio. – Me contaba.

-¿Y tu que es lo que sientes? ¿Le amas?

-Durante mucho tiempo, si, le he amado. Años, décadas. Pero es difícil sostener el amor cuando no sientes que te correspondan.

-Entiendo… ¿Y te sientes querida?

-No, yo lo que me siento es necesitada.

-Ajá, contesté. Necesitar no es amar. Ese es uno de los primeros temas que debemos tener claros con parejas con trastorno mental. Ellos generalmente te necesitan. No está tan claro que te puedan querer.

-Ya, Eugenio, yo noto que hay algo tremendamente muerto dentro de él. Noto vacío y desde luego no me siento amada, no noto amor. Y eso me hace sentir fatal.

Entonces la contesté que en la mayoría de los casos de trastorno mental de una cierta gravedad no hay un yo, una identidad definida dentro del individuo desde la que amar. No hay nada consistente o suficientemente estructurado en su interior capaz de manifestar amor tal y como lo conocemos.

Por tanto, sentir amor, amar como ama el resto no es algo que éstas personas con enfermedad mental grave puedan hacer.

Rara vez se aborda el tema del amor y de las emociones desde un punto de vista claro y cercano en los manuales de salud mental. Por eso hoy lo traigo a colación en éste artículo/testimonio.

¿Puede amar una persona aquejada de trastorno mental grave?

emociones fingidas

alteraciones emocionales

Esta pregunta casi nadie sabe responderla. Consultados muchos profesionales, todos coinciden en lo siguiente.

Estas personas, aquejadas de diversas patologías severas, sentir sienten cosas, desde luego que si, a menudo intensas, pueden manifestar afecto sincero por seres cercanos… pero con muchísima frecuencia carecen de la suficiente consistencia y estabilidad como para ser consideradas algo firme o fiable.

Desde luego no suele ser un amor conyugal satisfactorio para una persona sin trastorno.

¿Entonces, porqué muchas personas se quedan enganchadas a éste tipo de amor vacío o insuficiente?

Seguimos hablando sobre el tema mi conocida y yo.

-¿Para qué estás en esa relación?- la dije-¿Para qué sigues con esa persona si no te sientes querida y correspondida?

-Supongo que a veces espero un milagro. Espero que él pueda quererme algún día.

-Eso es un error. ¿Lo sabes, no? En todo caso el podría fingir que te quiere o decírtelo sin sentirlo de veras, para que no le abandones o para obtener algo de ti. Pero es evidente que si no notas que te quiera, es porque no te quiere. Y no porque no quiera hacerlo, quizá hasta le gustaría saber cómo… pero es que no te puede querer. No puede querer a nadie. No tiene esa capacidad dentro de si.

corazón enjaulado

Ella puso cara de alivio, porque comprendía, pero también sentía cierta tristeza.

-Entonces… ¿nunca me ha querido?- dijo agachando la mirada.

-Cuando alguien te quiere, lo notas. ¿Tu lo has notado?

-Yo creo que me quise creer que me quería.

-Entiendo. ¿Y para qué sigues tu ahí, mujer?- proseguí- ¿Para qué no te has marchado aún a un sitio mejor? ¿No te gustaría tener una relación con alguien que si te corresponda?¿Crees que no te mereces algo mejor que ser la cuidadora/enfermera/vigilante 24 horas de tu pareja? Es triste, él está enfermo, pero lo lógico es que se encarguen los servicios de salud y su familia… ¿Porqué has de ser tu quien lleve la carga si eso solo te trae infelicidad? ¿Para qué quedarte en un barco que se está hundiendo, que nunca ha flotado ni navegado?¿Qué obtienes de seguir ahí?

Ella me dijo que estaba acostumbrada al desamor, que lo había vivido desde niña en casa con sus padres. Que, además, tenía hijos en común con esa persona y que, en fin, cambiar a éstas alturas de la vida se la hacía muy complicado.

  • La expliqué que a veces hay un componente de masoquismo, de dependencia, de culpa y de aferrarse a la nada, en las parejas de personas con trastorno mental.
  • En algunos casos uno se siente muy importante, muy útil y muy salvador siendo necesario para el otro.
  • Otras veces es la costumbre (muchos acompañantes y parejas de personas con patologías mentales tuvieron un padre o madre también enfermo y no han conocido otra cosa).
  • Hay un cuarto grupo de personas que han vivido en familias poco afectivas y por tanto, saben de primera mano lo que es esa frialdad y falta de amor, entonces repiten patrón, enganchándose a la carencia afectiva, eligiendo inconscientemente una pareja por la que no son amados ni correspondidos
  • Un penúltimo grupo está compuesto por personas hiperresponsables, bastante desconectadas emocionalmente, que siempre hacen lo que deben, lo que se espera y que cumplen con lo que creen su deber aunque su deber los esté matando y llevando al abismo.
  • Y finalmente están los codependientes, gente que no sabe estar sola… a menudo pueden pertenecer a cualquiera de los grupos anteriores.

La contesté que en la mayoría de los casos de trastorno mental de una cierta gravedad no hay un yo, una identidad definida dentro del individuo que lo padece, desde la que se pueda amar.

No hay nada consistente o suficientemente estructurado en su interior como para hablar de amor dentro de ellos.

Si que es cierto que manifiestan algo de afecto y agradecimiento, a veces de una forma muy aparatosa y teatral (por ejemplo, los Trastorno Límite de Personalidad que pueden ser puro drama, escenario, ficción, intensidad hueca o pasajera) pero no son capaces de hacer mucho más.

Su amor es evanescente, unas veces fingido, otras volátil. A veces intenso, obsesivo y posesivo, pero amarte en verdad no te aman.

A menudo dentro de ellos tan solo hay emociones desatadas, estados de ánimo transitorios que vienen y van como el viento.

En general, en éstas personas se aprecia poca consistencia en su sentir como para construir algo sólido y estable a su lado.

Hay casi siempre un componente de masoquismo, de dependencia e hiperresponsabilidad en sus parejas.

Y eso es algo que deben tomar en consideración todas las parejas individuos con trastorno mental de cierta consideración.

Por tanto, sentir amor, como lo sentimos los demás, darlo y recibirlo, no es algo que éstas personas puedan hacer habitualmente. De hecho, hay profesionales que opinan que no es posible que lo hagan.

Sentir sienten cosas, eso está claro, cosas a veces muy extremas, pero carecen de la suficiente consistencia y estabilidad como individuos para ser consideradas algo firme o fiable.

También debemos tener en cuenta que, a menudo, la pareja de la persona con trastorno padece a su vez su propio trastorno mental asociado, quizá de gravedad menor, pero casi siempre presente.

hombre que se esfuerza

viviendo la carga

Estas parejas, que en algunas páginas web se definen erróneamente como personas muy fuertes por aguantar junto al enfermo – en realidad no son nada fuertes… al revés, son bastante dependientes, o bastante masoquistas, o bastante ciegas, o patológicamente hiperresponsables cuando, por estar para el enfermo, descuidan su propia felicidad y la de sus hijos.

No hay fuerza alguna en aguantar a toda costa apretando los dientes cuando lo más sano es no hacerlo y buscar la felicidad en otro lado.

En éstas actitudes hay dependencia, esclavitud, servidumbre…. Eso no es ser fuerte en absoluto.

¿Porqué? Porque cualquiera en su lugar ya hubiera buscado una salida hacia la salud y la nutrición afectiva en otra parte.

Entendamos que quedarse donde no te quieren no es sano para nadie…

Y quedarse por un mal entendido sentido del deber hacia el enfermo, es algo también bastante enfermo.

Pero a menudo, cargadas de responsabilidad, las parejas/cuidadoras del que padece el trastorno, por no abandonar al otro, por sentir culpa o una mal entendida lealtad que no las nutre ni las llena, o por sentir un amor enfermo que en realidad es adicción a la intensidad, a la pelea, al desamor etc… no se separan del enfermo y no buscan un amor más nutritivo y satisfactorio al lado de las personas que si pueden darlo.

hombre atormentado

caos mental y emocional

¿Cómo lo vive el enfermo?

Algunas personas con trastorno mental ignoran por completo toda ésta dinámica, lógicamente.

Bastante tienen con sobrellevar su enfermedad y los duros episodios aquejados a ella.

Otro grupo de personas con trastorno, muy conscientes de que pueden ser abandonados en cualquier momento por su pareja, fingen amar al cónyuge en un “como si” falso y embaucador encaminado a impedir que se aleje.

De éste modo evitan la ruptura a toda costa.

Otras veces, en el enfermo ni siquiera hay un deseo de no ser abandonado, porque la persona se encuentra tan anestesiada o deteriorada psíquicamente que sencillamente la da lo mismo que sigan a su lado o no. Es algo secundario. No tiene energía, recursos ni capacidad para plantearse éstas cosas.

¿Qué hacer entonces?

En cualquier caso, la dije a mi conocida, lo importante es que tu, como pareja de una persona con trastorno mental y persona responsable de su propia vida, no te autoengañes y sepas muy bien lo que quieres y dónde estás.

Del mismo modo que tu pareja debe ser atendido por los servicios de salud y tener una vigilancia constante de psiquiatras y psicólogos, pide ayuda profesional para ti si la necesitas.

Sobrellevar ciertas cargas es excesivo para una sola persona. Y sobre todo, se muy consciente de que tu mereces que te amen y ser feliz al lado de una persona que si pueda dar amor.

Ya es bastante triste que tu pareja padezca una enfermedad mental con tan mal pronóstico como para que encima tu la sigas hasta el fin del mundo en su infelicidad si eso no te hace bien.

Todo el mundo merece ser feliz y, si ama, merece ser correspondido.  

mujer mirándose al espejo

Un artículo de Eugenio Sánchez Arrate

Vivimos en una cultura narcisista, se sobrevalora la autoimagen, el yo, el individualismo, el ego.

Eso también afecta a las diversas terapias que existen, da lo mismo su orientación.

Nadie está libre de su propia porción de narcisismo. Y quien diga lo contrario se está mintiendo.

Pero de un tiempo a ésta parte se observa el abuso de la imagen, las fotos, los vídeos y, en general, todo lo relativo al ombligo de los/las terapeutas, todo mostrado o exhibido de cierta forma narcisista, para, de un modo bastante inconsciente (en general), obtener la mirada del otro, sobre todo en el mundo del Desarrollo y Crecimiento Personal.

Son éstos los terapeutas de cartel y foto, de vídeo y peluquería, de micrófono y escenario… todo retocado, cuidadísimo y guay… gente de la que sería bueno desconfiar.

Fundamentalmente porque, consciente o inconscientemente éstos terapeutas, coaches, psicólogos y gurús, dan talleres y sesiones para obtener atención y admiración para sí mismos, pero tienen realmente bien poco que ofrecer a los demás más allá de cierto humo envolvente.

Imparten enseñanzas, formación, terapia, para demostrarse a si mismos su gran valía o su merecimiento.

Es decir, usan al paciente, cliente o público para validarse a si mismos y engordarse el ego.

Aquí un excelente artículo de Marko Vlahovic sobre éste asunto que os recomiendo que leáis. Trata sobre la autenticidad, la verdad y las prácticas tan comunes que estamos comentando.

http://markovlahovic.com/es/terapia-de-verdad-vs-terapia-narcisista/

Las causas del narcisismo: La Carencia

El abuso de la autoimagen, suele proceder de una necesidad desproporcionada de ser visto, admirado y reconocido.

Cuando alguno de nuestros papás no nos hizo ni caso, o no se preocupó de saber quiénes éramos realmente, solemos sobrecompensar la carencia con una necesidad desproporcionada de admiración y atención externa.

Entonces buscamos la mirada ajena. Entonces seducimos.

Tratamos de buscar fuera esa falta de mirada y reconocimiento que no nos damos a nosotros mismos porque nunca aprendimos a hacerlo.

Algunos llegan al punto de exponer su vida e intimidades al público en una especie de confesión íntima que nadie les ha pedido, pues invaden de algún modo el espacio del otro.

Haciendo ésto son el ombligo, el centro… disfrazan de (ésto que yo comparto lo hago para que otros aprendan con mi ejemplo, para que les sirva) de altruismo, cuando en realidad sigue siendo una forma de captar la atención del otro y usarle como público propiciatorio.

La carencia es la fuente de esa necesidad desproporcionada de éxito, logros, poder… cuando no nos sentimos suficientes, buscamos obtener de fuera para sentirnos alguien digno o respetable.

La carencia es también la causa del narcisismo. Un narcisista necesita creerse que es mejor de lo que es… porque en realidad no se siente ni le hicieron sentir gran cosa.

En el fondo es una desesperada (y a menudo inconsciente) búsqueda del amor que no nos dieron de niños ni nos damos nosotros ahora.

Estos terapeutas seducen a sus clientes inconscientemente, los consideran una masa amorfa de gente con problemas, o con dinero, o clientes potenciales a los que explotar.

narcisista

narcisismo y autoestima

Tratan un poco mejor a aquellos que, habiendo asistido a sus talleres, contratan sesiones individuales, pero básicamente estamos ante un fenómeno de ordeñamiento diferido del público explotable.

O te sacan la pasta, o te sacan tu atención y mirada… a cambio de humo, de apenas nada, de menos de lo que tu les das.

De tal suerte que los telespectadores de sus vídeos y fotos son en realidad público, admiradores, la cla, los palmeros que aplauden su triste espectáculo que solo les funciona a ellos. Solo buscan seguidores, solo buscan me gusta en sus redes sociales, solo buscan gente a la que explotar y de la que servirse, solo buscan ser estrellas.

Incluso algunos/as terapeutas fantasean con la idea de que su público tenga fantasías sexuales con ellos… son así de tristes en su interpretación de la realidad.

Recordemos que el narcisismo no ofrece nada al que lo admira y engrandece…

Tu los miras, los admiras, los idealizas, a veces hasta los adoras e idolatras… ellos no te dan prácticamente nada. Aunque te hacen creer que si.

COMO PROTEGERSE DE ELLOS

Ojo con éste tipo de terapeutas. Abundan en el mundillo más de lo que suponemos y sería bueno que conociésemos algunas particularidades de su forma de actuar y del modo de defendernos de ellos.

Lo primero: tu no les importas, aunque te hagan creer lo contrario, aunque algunos se quieran creer que si… tu solo eres aquel, aquella a quienes van a exprimir para validarse.

En función de ese principio, tu solo eres valioso si pueden sacar algo de ti (aunque solo sea tu admiración hacia ellos).

Por ejemplo, en estos talleres/shows de un día o una tarde, monotemáticos, tu recibes un pelotazo emocional durante el mismo, te vas a casa y sigues en las mismas que estabas antes, acaso sintiéndote más culpable, porque con lo fácil que te lo han pintado en el taller/show que te han montado (a veces son la misma cosa esos talleres y shows) eres medio tonto por no poner los consejos en práctica en tu vida cotidiana. Con lo fácil que es cambiar, tu no puedes y eso es porque eres tonto, porque eres inútil, o porque te faltan más talleres o sesiones.

El terapeuta narcisista se muestra en éstos talleres de autoexhibición divino, perfecto, sanado e integrado… se muestra para ser visto.

Poco le importa cómo estés tu…date cuenta de que tu no eres el objetivo de su escenificación, tu solo eres el que mira y aplaude.

Y a menudo, el que paga.

En otros talleres el terapeuta abusa de su posición de poder para acostarse con las asistentes, o para sacarles el dinero, o para explotarles de algún modo (embaucándoles para que sean sus ayudantes, o para que les cedan gratis en la próxima ocasión su casa, su local, su finca para celebrar otro evento, u ofreciéndoles un pírrico empleo de cocinero, o de coordinador, o de secretario o ayudante en prácticas por un mísero sueldo… tu siempre por debajo de ellos, inmensamente por debajo).

Algunas versiones mejoradas del narcisismo muestran a un terapeuta sobre el escenario o en pantalla que confiesa doliente como ha sufrido, que se duele ante las cámaras o los espectadores, que hasta llora si es preciso por sus muchos quebrantos… pero que se rehace y lucha por su vida aplicando sus mágicas soluciones y sus acertados consejos… para que veas lo mucho que se han esforzado por lograr llegar a donde han llegado…. y para los admires.

Porque explícita o implícitamente, todo termina en que TU LES ADMIRES, LES PRESTES ATENCIÓN, LES VALORES Y LES HAGAS SENTIR MEJOR DE LO QUE POR DENTRO SE SIENTEN.

    Y SI PUEDE SER, QUE ENCIMA LES PAGUES POR ELLO.

 

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Narcisismo, de Alexander Lowen

 

 

Estas versiones mejoradas del narcisismo no son más que autoengaños a los que el propio terapeuta narcisista se somete. La falta de humildad, de conciencia y de trabajo personal y terapeútico con uno mismo les delatan.

También la creencia, que se intenta instaurar desde tantos lugares, de que con tres patadas y unas pocas sesiones ya resuelves tu vida, es bastante norteamericana y forma parte de la cultura del “facilismo” y las soluciones mágicas que nos están vendiendo últimamente.

Yo creo en los cambios de paradigmas, de creencias, en que atraes aquello en lo que vibras (de hecho publico muchas cosas sobre éstos temas en el blog)… pero también se y por experiencia de años (con pacientes y grupos de todo tipo) que los cambios no son tan fáciles ni radicales como nos los quieren pintar.

Y también se, lo he comprobado experiencialmente, que hay gente a la que le cuesta muchísimo aplicar esos principios y merece nuestra ayuda, apoyo y empatía… lo que no se merece cada persona, desde luego, es que la vendamos la moto y que la tratemos como un pobre espectador, admirador, adorador de nosotros mismos en consulta o en nuestros talleres.

Ellos importan, ellos son lo más importante.

La terapia, nos guste o no, a menudo es zapa, es trabajo duro o gozoso (depende) y siempre es un proceso más o menos largo.

A veces es muy corto (pocas veces), a veces dura mucho más tiempo, pero desde luego no se afronta montando un show que en realidad me tiene a mi mismo como estrella/terapeuta, junto a mis adláteres ayudantes y que usa a los demás como boquiabierto público aplaudidor, o como masa explotable de mis apetencias sexuales o económicas, emocionales, o afectivas.

Ellos, los que escuchan, los clientes, los pacientes, son más importantes que yo durante el proceso terapeútico y se merecen toda mi empatía, cuidado, atención y compasión… se merecen TODO MI RESPETO.

No se merecen, desde luego, ser tratados como una masa anónima de telespectadores, radioyentes, televidentes, lectores, admiradores, o harén al uso.

Y no se merecen que yo trate de validarme a su costa.

La sanación de la persona desde luego no es algo que se resuelva en una catárquica charla o show de pelotazo emocional lleno de frases baratas extraídas de libros de autoayuda o espiritualidad, que el propio terapeuta no se aplica, a la vista de lo que uno ve en esos vídeos u observa en sus actos cotidianos.

Hay algunos de éstos terapeutas que parecen sacos de frases sacadas del budismo, del Advaita, de Krishnamurti, de Osho o de Paulo Coelho. Pero que, más allá de la palabrería, no son gran cosa como facilitadores, ayudadores o acompañantes terapeúticos.

Eso si… se venden estupendamente, funcionan divinamente como marca… pero ¿Como buenos profesionales?…

Recordemos que no todo lo que se vende bien es bueno… al revés, a veces lo bueno es el marketing empleado para venderlo.

La falta de preparación clínica, terapeútica, y experiencial de coaches, terapeutas e incluso psicólogos en temas de autotrabajo y autoconocimiento, las pocas o ninguna horas de terapia personal que llevan encima para trabajarse lo suyo (condición indispensable antes de trabajar con los demás, digan lo que digan ciertos paradigmas de la psicología o la espiritualidad) les delatan.

Y si hablo de éste tema es por la mucha experiencia, los muchos años de trabajo personal que llevo conmigo mismo y con gente, pacientes, grupos, personas… años en los que he comprobado cómo funcionan las cosas, en los que me he autobservado y observado a los demás y en los que no he perseguido otra cosa que la autenticidad. Y sigo en ello.

No os penséis que me doy ya por sanado, curado, resuelto o iluminado… Me queda mucho camino por recorrer, muchísimo. Por eso se de la tremenda responsabilidad que es tener a alguien en consulta o en un taller. No podemos actuar a la ligera y no podemos tener ciertas actitudes ante las personas desde nuestra posición de poder, que es la de terapeuta.

Sencillamente, hay límites a lo que un terapeuta puede y no puede hacer..

El narcisismo abunda, es dañino, suele ser inconsciente y últimamente produce monstruos de la terapia, el counseling y el acompañamiento de personas que dan bastante miedo.

En fin… es la cultura en la que vivimos.

Tan solo os pido que seáis selectivos a la hora de elegir un terapeuta, que no os dejéis deslumbrar por fuegos artificiales, por palabrería barata, por imagen atractiva o promesas evanescentes, que desconfiéis de las charlas o shows que prometen resolveros la vida, el amor, la abundancia, la familia, la autoestima, o cualquier otro tema en una charla, una tarde o un par de jornadas, o cinco sesiones con pack de masaje y spa incluidos.

Desconfiad de las estrellas.

Un buen terapeuta no necesita ser estrella de nada, ni venderse como un caramelo o una marca de refrescos… tan solo ha de hacer bien su trabajo.

un hombre abre los brazos en un escenario

Sentirse una estrella

Desconfiad de los talleres de Abundancia que solo atraen abundancia a los que los imparten (y te cobran a veces una pastón por asistir), desconfiad de las soluciones de Perogrullo de coaches, terapeutas y psicoterapeutas mediáticos que en una charla se embolsan un pastizal y consiguen menear y hacer hasta bailar al auditorio, pero que en realidad no tienen la menor preocupación por los problemas individuales de cada asistente… y si los tienen, solo es previo pago de un dineral por hora de sesión, de dinero prestado para sus propios fines, de local cedido, de trabajo gratis, casa gratis, o de cuerpo entregado y luego adiós muy buenas.

Un terapeuta se caracteriza por la presencia, la escucha, la empatía, la compasión… y por asegurarse de que aquello que hace, funciona de verdad en la gente, pero sobre todo se caracteriza por la autenticidad y los muchos años y esfuerzos que ha dedicado a resolverse y trabajarse a sí mismo como paciente antes de trabajar con otros.

Y sobre todo se caracteriza por la autenticidad, por ser verdadero y honesto.

Es ahí donde los descubriréis y sabréis de quien fiaros y de quien no.

Y tened en cuenta el polo contrario, que también hay gente desempoderada, carente y tendente siempre a la admiración del otro, gente que suele epatarse ante el poder del otro, el logro del otro; gente fuera de su centro que necesita gurús de los que colgarse y maestros a la que seguir como borregos, que precisan de gente a la que admirar y envidiar, ante la incapacidad de hacerse responsables de su propia vida, un tema que trataré en un próximo artículo.

  • Para ilustraros más sobre el tema de éste artículo os recomiendo un libro excelente:

Narcisismo, una enfermedad de nuestro tiempo. Alexander Lowen

hola-cambio-rana

Como muchos lectores, amigos y conocidos me lo habíais pedido, he escrito para VerDeVerdad un artículo sobre el controvertido y complejo tema de la Felicidad, un concepto que a todos nos interesa, quizá porque no es tan abundante en las personas como nos gustaría creer.

¿Cómo puedes ser más feliz? Aquí se presentan algunas claves y conceptos importantes sobre Felicidad. Pincha abajo y abre la presentación.

 

Reproducimos ésta entrevista que Inma Sanchís realizó para la Vanguardia en 2011 a Christian Flèche, el creador de Descodificación Biológica Original.

El creador del sistema del que aprendieron tantos y tantos terapeutas, hoy sigue siendo un profesional puntero en el tratamiento y abordaje de la enfermedad.

http://www.lavanguardia.com/lacontra/20110530/54163306905/cada-organo-danado-responde-a-un-sentimiento.html#.U5DYdZVrSnE.facebook

 

“Cada órgano dañado responde a un sentimiento”

30/05/2011 – 00:00

"Cada órgano dañado responde a un sentimiento"

 

Las enfermedades son una tentativa de autocuración, una reacción biológica de supervivencia frente a un acontecimiento emocionalmente incontrolable, de manera que cualquier órgano dañado corresponde a un sentimiento preciso y tiene una relación directa con las emociones y los pensamientos. Junto al doctor Philippe Levy, Flèche creó nuevos protocolos para organizar un método de diagnóstico original emocional y una nueva forma de terapia breve que busca en las emociones el origen y la solución a las enfermedades. Tiene publicados 17 libros sobre la descodificación biológica, cuatro de ellos traducidos al español. El cuerpo como herramienta de curación (Obelisco) ha vendido tres ediciones

 

El cuerpo es nuestra herramienta de curación?

 Yo era enfermero en un hospital de Normandía y observe que pacientes con la misma enfermedad, tratamiento y doctor evolucionaban de manera muy di#7;ferente.

 

Bueno, cada uno es cada cual…

 Exacto, mi hipótesis es que las enfermedades son una metáfora de las necesidades físicas y emocionales de nuestro cuerpo. Cuando no hay una solución exterior a esa necesidad, hay una solución interior.

 

¿Eso es para usted la enfermedad?

 Sí, una solución de adaptación. Cada órgano del cuerpo quiere satisfacer su propia función, es decir, atrapar oxígeno, alimentos… Si el cuerpo quiere comer, pero en el exterior hay guerra y no lo consigue en un plazo razonable, se produce un shock.

 

¿Nace el conflicto?

 Sí, el inconsciente inventa una vía suplementaria de supervivencia: un síntoma, que es una solución o una tentativa de solución inconsciente e involuntaria a ese shock vivido. En ese caso, el miedo a morir de inanición atacaría el hígado.

 

Póngame otro ejemplo.

 Una persona que siempre tiene prisa puede desarrollar un nódulo en el tiroides, que envía más tiroxina y aumenta el metabolismo del cuerpo, eso la hará más rápida.

 

Pero tener prisa es psicológico.

 Todo lo que captamos a través de los cinco sentidos, de los captadores neurovegetativos que vienen del interior del cuerpo, lo que pensamos o imaginamos, se traduce en realidad biológica.

 

¿Y provoca un síntoma?

 Si no hay una solución concreta y consciente, sí. De manera que si escuchamos algo muy desagradable que nos afecta podemos tener acidez de estómago. Y hay algo muy importante que tener en cuenta.

 

Dígame.

 El cerebro no distingue entre lo real o lo imaginario. Un trozo de limón en la boca o la idea de un trozo de limón en la boca provocan la misma salivación. En función del sentimiento particular, el shock afecta a una zona precisa del cerebro, visible por el escáner, a un órgano y a una realidad energética.

 

¿Realidad energética?

 Somos una unidad compuesta de cuatro realidades inseparables: orgánica, cerebral, psíquica y energética. No hay ni una sola célula del cuerpo que escape al control del cerebro, y este no escapa al control del pensamiento, consciente o inconsciente; de manera que ni una célula del cuerpo escapa al psiquismo. Un shock siempre va acompañado de un sentimiento personal que repercute en los cuatro niveles biológicos.

 

¿Y es irreversible?

 Cuando encontramos la solución esos cuatro niveles sanan simultáneamente. Una paciente tenía dolor en el hombro. “¿Desde cuándo?”, le pregunté. “La primera vez estabas sola con mis hijos” “Si estas con tus hijos, no estás sola, ¿quién falta?” “Mi marido que nunca está, yo necesito estar arropada”. Cuando lo reconoció, el dolor desapareció.

 

A lo largo de un día no satisfacemos todas nuestras necesidades fundamentales.

Cuando no las satisfacemos, nace una emoción. Si esa emoción se libera en el exterior bajo una forma artística, a través de la palabra, el baile o los sueños… todo va bien. Cuando el acontecimiento no está expresado, queda impreso y el cuerpo será el último teatro de ese evento.

 

¿Todo conflicto provoca enfermedad?

 No, es necesario que sea dramático, imprevisto, vivido en soledad y sin solución. Cuando se dan estos cuatro criterios, el trauma se manifestará a través de la biología.

 

¿Distintas emociones corresponden a distintos órganos del cuerpo?

 Sí, todo lo que tiene que ver con la epidermis responde a conflictos de separación; el esqueleto, a una desvalorización; la vejiga corresponde a conflictos de territorio. Para las mujeres diestras, problemas en el seno y hombro izquierdos corresponden a problemas con los hijos y viceversa para las zurdas; los desajustes en el seno y hombro derechos corresponden para las diestras a problemas con la pareja y viceversa.

 

¿Estómago e intestino?

 No tener lo que se quiere y no poder digerir lo que se tiene corresponde al duodeno y estómago. El colon corresponde a un conflicto asqueroso, podrido. En el recto están los problemas de identidad: “No me respetan y me dejan de lado”. Los riñones es la pérdida de puntos de referencia. Los huesos: grave conflicto de desvalorización…

 

¿Lo adecuado para estar sano?

 Revalorizar las emociones, ser consciente de las emociones y expresarlas, es decir: bailar más a menudo. La gente está mucho tiempo en lo emocional pero son emociones procuradas: fútbol, cine… Un malestar compartido disminuye a la mitad, continúa compartiéndolo y acabará desapareciendo. Una felicidad compartida se multiplica por dos.

 

La ira y la violencia se expresan a sus anchas.

 Un hombre tiene miedo, el miedo produce rabia, y la descarga enfadándose con su mujer. Cuando estamos en contacto con la emoción auténtica, se transforma; cuando lo estamos con la emoción de superficie, no hay cambio. Si el hombre se dice: “Lo que tengo es miedo”, su miedo disminuye a la mitad. Hay que tomar conciencia de uno mismo.

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Para todos los lectores de VerDeVerdad, aquí traemos una nueva reflexión del siempre lúcido Jeff Foster.
Fuente: http://presenciaconsciente.tumblr.com/
Traducción Tarsila Murguia.

No trates de abrir tu corazón en este momento. Eso sería un sutil movimiento de agresión hacia tu experiencia encarnada inmediata.

Nunca le digas a un corazón cerrado que debería abrirse un poco más; se cerrará con más fuerza para protegerse, al sentir tu resistencia. Un corazón se despliega sólo cuando las condiciones son adecuadas; tu exigencia de abrirse invita a que se cierre aún más. Esta es la suprema inteligencia del corazón.

En su lugar, honra al corazón en su presente estado. Si está cerrado, deja que así sea; santifica que esté cerrado. Hazle sentir que está a salvo, a salvo incluso para sentirse en completo peligro. Confía en que, cuando el corazón esté listo, y ni un minuto antes, se abrirá como una flor ante la calidez del sol. No hay ninguna prisa para el corazón.

Confía en su apertura y en su cerrazón, también; en la expansión y en la contracción; esta es la forma en la que el corazón respira; en la seguridad, en la inseguridad, en la seguridad, en la inseguridad; en la preciosa fragilidad del ser humano; y todo es bienvenido en el amor más perfecto.

– Jeff Foster

Un artículo de Eugenio Sánchez Arrate

dos caras

Tener dos Caras

 

Miente constantemente.

Lleva tanto dolor dentro que nada ni nadie la importan.

Pero ella no lo sabe, ha anestesiado su corazón para no sentir lo que la sucede realmente, ha fabricado una coraza defensiva en su pecho para que la existencia no la duela tanto.

Y sin embargo, esa coraza se resquebraja a menudo y entonces ella conecta con su vacío y con una infinita tristeza. Eso es lo que está debajo de la armadura con la que se protege, vacío y tristeza.

Toda su vida es un constante fingir, simular, hacer cómo si.

Hace como si fuera una madre.

Hace como si fuera un ama de casa

Hace como si fuera la pareja de alguien

Hace como si fuera la hermana de sus hermanos y la amiga de sus amigos.

Ella hace como… Pero hacer como no es SER, es fingir que se es.

Quizá la hicieron mucho daño en el pasado, quizá la destrozaron a una edad en la que lo que más necesitamos es el afecto y el apoyo incondicional de los demás. Quizá hasta fué muy constante y recurrente el daño y la locura a su alrededor y ella no pudo construirse ni afianzarse como ser humano. Quién sabe.

Desde entonces, casi toda su vida, vive interpretando papeles, fingiendo emociones, adaptándose a los otros, intentando ser lo que los demás esperan de ella para ser aceptada y tolerada, porque ella no se acepta ni se tolera, de hecho, ella no sabe ni quién es.

Cada vez que se hace éste tipo de preguntas entra en confusión, se pierde, se descentra.

Ese es otro de sus mecanismos de defensa, el confundirse.

Ella a veces imagina ser esa que llora o que se enfada con tanta intensidad y que organiza broncas y peleas…

No sabe que esas son las reacciones asociadas a tanto sufrimiento como tiene negado en su interior.

Pues cuando uno siente mucho vacío, todo es dolor y tristeza.

Ella está disociada… Alejada de su ser real, cuya existencia y naturaleza en el fondo desconoce.

Sin embargo, anhela ser vista desesperadamente por el otro, vista en lo que realmente es… Porque cuando los otros la ven, ella tiene cierta sensación de identidad, ella siente que es ALGUIEN REAL, así ella siente que existe. Lo siente cuando los otros la reconocen.

Pero ¿Cómo van a reconocerla si la que ella muestra normalmente no es la que ella es?

¿Cómo van a mirarla realmente si ni siquiera ella se mira y sabe lo que lleva dentro?

Su vida es un simple drama, una obra de teatro.

Por supuesto, lo que la sucede es uno de los estados más dolorosos de eso que llamamos locura.

La despersonalización, vivir haciendo que uno es otra persona u otras personas.

Eso que en psicoanálisis se denomina falso Self o Falso Yo y en psicoterapia Gestalt se conoce como “Hacer un Como Si”…

mentiroso con careta

Tener dos Caras

 

Falsa Identidad

Esto que acabo de narrar es un caso real de una persona a la que conozco y de la que, por profiláxis y autopreservación me he alejado, una persona aquejada de un trastorno mental muy preocupante.

Alguien que, queriendo o sin querer, hace daño y se hace daño de una forma atroz de manera constante. Alguien muy necesitada de ayuda profesional pero que, paradójicamente, no se deja ayudar y escapa de los terapeutas una y otra vez.

Y tampoco es que, una vez realizado el engaño, causado el daño a otros, la importe demasiado, ese, quizás es su tremendo drama, la incapacidad para sentir amor y compasión por nadie, ni siquiera por ella o por otros.

¿Puede uno estar más alejado de la luz y de la salud que de éste modo? No sentir es estar muerto en vida. Una de las peores formas de sufrimiento que existen.

pinocho mentiroso.jpg

EL FALSO SELF

En psicoanálisis, y explicado de un modo llano para que todo el mundo lo entienda, se denominan enfermedades de Falso Self (podríamos traducirlo por Falso Yo) a todas las patologías que desarrollan las personas cuando no han podido construir una personalidad en su interior y viven emulando ser otro.

Estas personas experimentan un gran vacío, interpretan personajes, se adaptan al entorno, hacen como si fueran otros, pero no SON.

De hecho, a menudo no saben ni quienes son.

Construir y cimentar la verdadera personalidad del individuo es una una labor que tarda años (no en vano, los seres humanos necesitamos décadas para madurar, saber quiénes somos y reconocer nuestra verdadera naturaleza).

Pero hay gente que no ha conseguido realizar éste proceso y que por diversas circunstancias traumáticas, así como carencias afectivas en algún momento de su pasado, no tiene una personalidad estructurada.

Algunas de esas personas cursan enfermedades mentales como Trastornos Límites de Personalidad, algunas Bipolaridades, Esquizofrenias, psicopatías o diversas patologías que se consideran estados graves de salud mental.

A veces la persona tiene un Trastorno de Personalidad Múltiple, y está disociada por dentro en varios personajes, muchas veces contradictorios, que toman el control de la persona según las circunstancias.

No hay una personalidad fuerte y arraigada que de consistencia al individuo, no hay una estructura, solo una cáscara, una coraza, una defensa exterior.

Pero esa defensa es solo la chaqueta, el traje que llevamos puesto para protegernos, no es el SER real.

mentirosa

Mentirosa

 

¿Qué sucede cuando padecemos de Falso Self?

Lo primero que puede decirse es que, sin tratamiento, con independencia de la patología desarrollada, éstas personas no mejoran ni se curan.

Lo segundo es que el tratamiento es largo, a veces implica atravesar lugares dolorosos de nuestro pasado o nuestro ser, y el proceso siempre precisa de atención y vigilancia profesional constante, algo que muchos enfermos de Falso self tratan de evitar a toda costa por miedo, resistencia, paranoias, o porque llevan tanto tiempo fingiendo y haciendo como que son otros, que ya hasta han empezado a creerse su propia mentira.

Winicott y el concepto de Madre suficientemente buena

Pero ¿Porqué se desencadena un proceso de Falso Yo?

Una de las primeras causas es lo que el psicoanalista y pediatra inglés Alfred Winnicott definió con el concepto de Madre Suficiente

winicott

Alfred Winnicott

 

Una madre suficientemente buena es aquella que es capaz de dar cabida al desarrollo del verdadero yo del niño, la que acoge su gesto espontáneo, en el sentido de lo que el niño quiere expresar, e interpreta su necesidad para luego devolvérsela como gratificación.

En otras palabras, una madre suficientemente buena permite al niño expresarse tal cual es, sin intentar imponerle sus criterios o presionarle para que se comporte de ésta o aquella manera. Sencillamente le deja ser… Y lo hace desde edad muy temprana, hablamos de meses. Frustrando suavemente aquellos comportamientos dañinos o lesivos, o aquellas conductas perjudiciales para el niño o los demás.

En términos de aprendizaje ésto puede hacerse extensivo en una edad más adulta a los dos padres del niño, no solo a la madre. Unos padres que han provocado caos emocional o incoherencia, padres con una actitud demasiado invasiva, coercitiva, sopreprotectora o gratificadora para los comportamientos aceptables según ellos, reprimiendo los inaceptables, hace que algunos niños crezcan sobreadaptándose a las necesidades de sus familiares y de los demás.

Intentando ser lo que los padres desean, intentando ser lo que los demás desean.

De hecho, hay personalidades especializadas en ser lo que los demás anhelan. Especialmente los individuos más narcisistas y vanidosos de todo el espectro de caracteres del eneagrama.

El resultado, por trauma o sobreadaptación, de construir una personalidad falsa, es el tremendo vacío que se experimenta.

Uno vive como si fuera otro… Y se paga un altísimo precio por vivir así, se sea consciente de ello o no.

Mentir a los demás y mentirnos, autoengañarnos supone vivir una vida que no está hecha para nosotros y, por ende, acaba produciendo una gran insatisfacción e infelicidad.

niña abrazada

Para algunos, la personalidad fingida es la única estructura sólida posible ante un vacío interior que encubre una personalidad difusa, por construir o inexistente.

Otros creen ser alguien horrible, inaceptable, lleno de defectos, envidioso, hiperexigente y difícil de soportar (ésto, sobre todo lo aseguran las personas diagnosticadas con Trastorno Límite de la Personalidad), aunque se equivocan.

Confunden los síntomas (el enfado, la tristeza que les provoca vivir una vida falsa) con el yo, pues están sobreidentificados con esos síntomas de la pena y el enfado que periódicamente les asaltan por sentirse tan solos, tan vacíos y tan tristes.

Cuando la personalidad no está bien constituida en muchos casos podemos hablar de psicosis.

De ahí la importancia de dar una estructura a quien verdaderamente somos, algo que uno puede conseguir si está acompañado de un profesional de la salud que nos permita ir descubriendo, avanzando y construyendo desde la base del SER.

Otro error de las personas aquejadas de falso self es identificarse con esa nada o vacío, o esa confusión que les habita.

Algunos refieren ser sombras, humo, materia evanescente y volátil. Pero se equivocan también… Eso que dicen ser es tan solo el vacío que sienten viviendo desde la coraza, la mentira y la máscara, no es ellos/as mismos. Aún no han descubierto su verdadero yo, aún no lo han construido. Y pueden tardar tiempo en lograrlo (si lo logran).

persona de humo

mujer de humo

 

Confunden los efectos con el núcleo del ser y, por tanto, siguen equivocados respecto a saber quienes son.

El vacío no es el SER y la confusión tampoco.

Otras personas tan solo fingen ser alguien, cuando en realidad no tienen la certeza de ser nadie ni ser nada… eso, en si, ya es una mentira de suficiente calibre como para que nos la tengamos que tomar muy en serio.

Sea cual sea el origen y resultado de lo que nos sucede, la realidad es la siguiente:

Si vivimos la vida fingiendo, ocultándonos, mintiendo, autoengañándonos, engañando a otros, de manera consciente o inconsciente… No llevamos un buen camino y necesitamos ayuda urgente.

El dolor que nos causamos y que provocamos a otros puede ser atroz.

Solo la honestidad, la introspección seria, la ayuda profesional adecuada y el apoyo de los que nos rodean pueden ayudarnos en ésta senda.

Los caminos del engaño y el autoengaño solo llevan al dolor y al desmoronamiento de nuestras defensas.

Porque la Verdad y la Autenticidad curan por si mismas y son muy liberadoras cuando se afrontan con valentía.

En los casos más severos, tendrán que ser personas responsables en torno a la persona quienes tomen la responsabilidad de proporcionarles la ayuda adecuada. En personas sin estructura interior, un exceso de verdad puede resultar inicialmente un auténtico shock y desencadenar un brote psicótico que derive en un ingreso hospitalario.

De ahí la necesidad de hacer las cosas con tacto y supervisión profesional adecuada.

madre tóxica

¿Ayuda familiar?

 

Es difícil detectar a alguien con una patología de Falso Self, debido a que fingen constantemente y, a menudo, lo hacen muy bien.

Incluso un terapeuta entrenado puede tardar semanas, meses, en descubrir a un mentiroso patológico.

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A veces el nivel de mentira interior y autoengaño es tan grande que uno prosigue y continúa con su farsa el resto de su vida, temeroso de que lo poco que ha conseguido con esa vida falsa que ha llevado hasta la actualidad, se desmorone.

Pero tarde o temprano se desmorona. No es posible estar mintiendo toda la vida y fingiendo siempre.

Mi recomendación es dejar de autoengañarse inmediatamente y afrontar las consecuencias de nuestros actos, sean éstas las que sean.

La Verdad nos hace libres. La mentira solo prolonga nuestro dolor y sufrimiento hasta que todo se desmorona.

careta de mentiroso

Y mi experiencia es que mintiendo, tarde o temprano todo se nos acaba cayendo encima. Nos quedamos solos, perdemos asideros, amistades, relaciones, trabajos, solidez. En fin, no se llega muy lejos mintiendo.

Como dice el refrán… La Mentira tiene las piernas muy cortas y cuando es patológica o recurrente, más aún.

Pedir ayuda cuando uno la necesita es un primer paso hacia la curación y la paz interior.

Nunca dejo de soñar ni de perseguir mis sueños.
He escuchado durante toda mi vida el discurso aburrido de tanta gente derrotada, conformándose y sin atreverse a vivir la vida que quieren, que más que un lastre o un impedimento, sus vidas han sido han sido para mi un aliciente para no ser como ellos.
Y no, no lo soy.

A todos y todas los que se conforman, los que se esconden, los que agachan la cabeza, los que escurren el bulto, los que se dejan llevar o arrastrar, gracias desde aquí. Ahora se cómo no tengo que hacer nunca las cosas.


Este vídeo me ha parecido genial.

Espero que lo disfrutéis.

Eugenio Sánchez Arrate.

 

DSM IV y V

Por Eugenio Sánchez Arrate

El Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos anuncia que abandona el DSM como texto de referencia para diagnosticar las enfermedades mentales, pues los criterios utilizados para definir los trastornos responden a las necesidades de la industria farmacéutica, no de los pacientes.

Decidí escribir éste artículo a raíz de una breve entrada que leí en el interesante blog Divaneos, de mi amiga, la psicóloga gestalista y lacaniana Marta López Monís, cuyo enlace pongo aquí

http://divaneos.com/la-crisis-post-dsm-y-el-psicoanalisis/

Para los que no lo saben, el DSM es el manual de referencia de los trastornos y enfermedades en el mundo. Se confecciona cada cierto tiempo por la American Psychiatric Association.

De unos años para acá, ha sido utilizado como método de diagnóstico por muchos paradigmas y escuelas de la psicología y se caracteriza por ser una lista de trastornos que, desde los años ochenta, no ha dejado de crecer y aumentar.

-Los psicólogos y terapeutas de orientación gestalt, como éste que les escribe, así como los terapeutas de muchas áreas de la psicología humanista, sistémica, transpersonal y de vanguardia, pues parece que los avances más punteros y los cambios en materia de psicoterapia vienen en su mayoría por éstas vías- ya hace años que cuestionamos el DSM como un texto suficientemente válido como para tomarlo como texto de referencia en el trabajo con pacientes.

Es quizá un texto orientador, de apoyo, con informaciones valiosas y descripciones útiles de síntomas, pero no va mucho más allá de eso.

El DSM V (cada DSM se caracteriza por un número, que corresponde a su última edición) incorpora toda clase de nuevas patologías y enfermedades mentales antes no contempladas, de acuerdo a su costumbre.

-Curiosamente, no incorpora patologías bastante afines al mundo anglosajón y su manera de entender la existencia, como la exitopatía (búsqueda de éxito a toda costa), la normopatía (sobreadaptación a la sociedad y al sistema, incluso si es injusto o loco) el trastorno de codicia (obsesión por el dinero y las posesiones),o el trabajolismo (adicción al trabajo), que tantos problemas causa en nuestra sociedad.

Hay eneatipos del eneagrama cuyos trastornos asociados no aparecen en el DSM y es posible que sigan sin aparecer en décadas. Estos eneatipos (en especial el 3, eneatipo nacional de los Estados Unidos y el más característico de la sociedad occidental moderna) siguen padeciendo sus propios traumas y problemas, pero no son contemplados como abordables en éste manual.

Puestos a describir trastornos y anormalidades de la conducta ¿Porqué no también esos que aquejan a los norteamericanos como sociedad?

-El DSM tiene fallas y numerosos agujeros, es evidente.

Según los más críticos, solo incorpora los trastornos que le conviene a la industria farmaceútica, a fin de que el consumo de medicamentos aumente cada año. Hay profesionales que acusan a los psiquiatras de crear trastornos ficticios a fin de aumentar el consumo de fármacos.

-Está claro que nos cuesta mirarnos al espejo con honestidad y el DSM y la APA no iban a ser una excepción.

En el DSM aparecen trastornos muy focalizados como la tanorexia (enfermedad que se caracteriza por la necesidad compulsiva de tener la piel morena y que obliga a tomar el sol obsesivamente, darse rayos UVA y tener la piel bronceada), la vigorexia (necesidad de hacer deporte y sobreidentificación con la imagen corporal musculada y en forma, para sobrecompensar problemas de autoestima e identidad) y en el DSM-V, sorprende la incorporación del trastorno por atracón (ingesta puntual de comida con arreglo a ciertos parámetros) junto a algunos otros como el trastorno de Hipersexualidad, del que hablamos aquí en VerDeVerdad hace algunos meses, pero uno, que ya lleva algunos años en ésto, sigue teniendo la sensación de que el texto del DSM es una acumulación de descripciones de síntomas… y de que mientras describimos síntomas, perdemos de vista a las personas.

Porque, por encima de todo, somos seres humanos, tengamos el trastorno y el problema que tengamos.

-Con una descripción de síntomas y la manera de atajarlos, con terapia o medicación, nunca vamos a la causa profunda del problema.

El DSM puede casar bien con paradigmas y escuelas de la psicología que trabajan de un modo superficial  poniendo parches a la vida de sus pacientes, provocando migraciones del malestar o de las somatizaciones, o suprimiéndolas, pero no resolviendo desde la raíz la patología y encarando sus causas.

Quizá por eso el DSM esté siendo tan cuestionado por tantos profesionales de la salud y las profesiones de ayuda.

-Se cuestiona, por ejemplo, que cualquier conducta sea susceptible de ser considerada un trastorno, con la consecuente estigmatización de la vida cotidiana de las personas. Todo ya es susceptible de ser un trastorno en una nueva edición del DSM… (y quizá lo sea, pues en éste mundo imperfecto, cada vez estamos más locos. Pero, por poner un ejemplo, los trastornos bipolares han aumentado un 4.000 por ciento en los últimos años).

Y puede que muchas conductas y comportamientos sean enfermos, pero, a éste paso, corremos el riesgo de que todos los comportamientos lo sean.

Te gusta el fútbol y padeces un trastorno de “balompedia aguda”, te gustan los helados y padeces “gelatopatía compulsiva”a, te gustan los bocadillos de jamón y padeces “jamonexia severa”, te encanta llevar minifalda y, por menos de un pimiento, eres una “minifaldópata obsesiva”  o una “provocópata compulsiva”. ¿Qué más trastornos vamos a inventar?

No se, pero a veces me da un poco la risa.

Hay una suerte de cosificación de los comportamientos y una sobrecatalogación o sobretiquetado de las conductas de la gente.

Y además, creo que los afectados no son enfermos, son, insisto, por encima de todo, personas.

En cambio, algunos trastornos que se describen en éstos DSM, parecen más bien síntomas patologías. Y me dan mucho qué pensar.

ansiedad

Un ejemplo de Trastorno dudoso y su cuestionamiento.

Pongamos por caso el célebre Trastorno de Ansiedad Generalizado.

El famoso TAG sigue describiéndose como un trastorno en el DSM (y muchos otros manuales), pero rara vez se aborda la ansiedad en ningún manual descriptivo como un síntoma de otra clase de enfermedad y no como un trastorno.

¿Puede un médico decirle a usted, cuando se presenta en su consulta con temperatura alta, que padece un trastorno de fiebre?

Sabemos que la fiebre es el síntoma de una enfermedad, pero no sabemos cual enfermedad hasta que no investigamos más.

Del mismo modo, cuando alguien tiene ansiedad elevada, general y recurrente, suele ser el síntoma de otra cosa, otro trastorno o problema que hay por debajo. Miedos patológicos, personalidad evitativa, huida del alguna situación o sensación corporal constante, vida estresada, problemas emocionales…

Durante años se ha sostenido y se continúa sosteniendo en muchas escuelas que la Ansiedad es en si un trastorno, de ahí que exista este Trastorno de Ansiedad Generalizado que yo cuestiono muchísimo, pues lo considero un síntoma de otra cosa.

Frecuentemente la ansiedad es la señal, el aviso de algo más profundo que hace falta explorar en la vida del paciente, como la fiebre es el aviso de que estamos enfermos de alguna cosa.

A menudo, la ansiedad se asocia a eneatipos como el 6, focalizado en el miedo, o el 3, enfermo de hiperactividad para llenar su vacío interior. Pero se obvian éstas realidades. La ansiedad puede padecerla todo el mundo, pero hay personas con mayor tendencia a sufrirla… y a menudo se les diagnostica un TAG sin mucha exploración de lo que hay por debajo.

Recuerdo hace años, una pareja que tuve, que padecía de ansiedad elevada e hiperactividad. Su diagnóstico, según la psicóloga cognitiva-conductual a la que acudía entonces, fue Trastorno de Ansiedad Generalizado.

La mujer la colocó el trastorno tirando del DSM-IV, vigente entonces y se quedó tan a gusto.

La ansiedad de mi ex pareja posíblemente provenía del miedo, de la necesidad de huir y escapar del vacío interior y de emociones que mi pareja de entonces no deseaba afrontar… emociones que jamás se afrontaron durante la terapia, encaminada a suprimir los síntomas, no a detectar las causas para un cambio profundo en el paciente (entre otras cosas porque tuve la sensación de que la psicóloga también padecía de ansiedad elevada e hiperactividad, necesidad de llenar su vacío con acción constante y ambas, paciente y terapeuta, se reforzaban la una a la otra en terapia, en vez de resolver el problema).

El caso es que no podemos seguir etiquetando y colgando carteles, describiendo patologías y considerando solo la sintomatología de los problemas.

Los pacientes, por encima de todo, y no me cansaré de repetirlo, son personas, no enfermitos etiquetables con un trastorno asociado a síntomas.

Todos somos humanos, pacientes y terapeutas, pues en su día yo también fui paciente durante mi propio proceso terapéutico y eso no me hace mejor ni peor que nadie, es más, no descarto, a lo largo de mi vida, seguir avanzando en éste camino de autoindagación y crecimiento. Una y otra vez, por épocas, regreso a terapia, forma parte de mi camino de sanación.

Un terapeuta competente y serio no deja de hacer terapia consigo mismo nunca y tampoco deja de ser el paciente de otros muchos terapeutas que le ayudan en su camino de crecimiento.

-Ser terapeuta y no hacer terapia ni haberla hecho nunca es una contradicción.

Y si eres terapeuta y ni haces ni has hecho terapia jamás o en tu paradigma o escuela eso no se contempla… mal asunto, porque un terapeuta no se puede permitir pasear sus problemas de un modo ciego e irresponsable por la consulta.

Y todos estamos neuróticos en mayor o menor grado, ésta es una realidad insoslayable.

manos-con-luz

Los cambios en la terapia del futuro

-El mundo ha cambiado… la forma de afrontar los problemas y la salud, también lo han hecho.

La dicotomia sano- enfermo, doctor-paciente… cambia también en éste mundo que se nos avecina.

En muchas escuelas de psicología -entre las que la gestalt, que yo practico, se encuentra- se parte de una base: todos tenemos problemas y estamos en el camino para resolverlos. Todos padecemos algún trastorno leve o severo. El mundo no se divide en los sanos y los enfermos.

Las cosas no son así.

-Esta superioridad tradicional y estúpida del médico, el terapeuta, sobre su protegido, pupilo, y enfermito que acude a ser curado, se ha terminado.

La gente se cura sola… los terapeutas solo colaboramos en el proceso, pero curar no curamos a nadie. Dejémonos de presunciones. La sanación, sucede… y nosotros asistimos a ella, la facilitamos y propiciamos con acciones concretas, pero las cicatrices cierran solas, los organismos se autorreparan y autorregulan tras la intervención, la gente sana… solo ayudamos, no somos dioses que sanemos a nadie.

Caminamos hacia un nuevo futuro, donde la manera de trabajar con los pacientes (paciente viene de paciencia… porque muchos necesitan mucha paciencia para sobrellevar a sus falibles terapeutas, dueños también de enormes egos, problemas, quebrantos y dolencias de todo tipo, como humanos que son… como humanos que somos), cambiará radicalmente.

Un mundo donde no habrá barreras tan claras entre sanos y enfermos, porque todos estamos ya un poco enfermos para sobrevivir a éste mundo de locos en el que vivimos; donde, por encima de todo, un proceso terapéutico se definirá por la relación de apoyo y acompañamiento entre dos personas, sin etiquetas, sin estigmas de enfermo o trastornado, de yo soy mejor que tu o estoy más sano que tu.

El terapeuta quizá sabe algo más, se ha formado y trabajado durante años, pero tan solo conoce algunos mapas del camino y se los muestra al paciente/cliente, a quien acompaña de un modo responsable y honesto, con profesionalidad pero sin superioridad ninguna sobre ella o él.

Por eso, porque soplan vientos de cambio, si el DSM, gran enciclopedia de trastornos, evoluciona en su modo de enfocar la enfermedad y la psicoterapia, sobrevivirá.

Y si no lo hace, sus días estarán, literalmente, contados.

Gracias a todos, desde VerDeVerdad, por el gran apoyo demostrado..

Un artículo de Eugenio Sánchez Arrate

Para información más exhaustiva sobre el cuestionamiento y los problemas a los que se enfrenta el DSM-V, aquí está un documentado artículo de Ronaldo Pellegrini.

http://www.elcisne.org/noticia/iquest-final-dsm/3142.html

manos encadenadas

por Eugenio Sánchez Arrate

Según el principio hermético de polaridad atraemos lo que somos, o justo lo contrario de lo que somos, lo que tenemos reprimido y negado, que entonces nos es devuelto por los demás a modo de reflejo.

Alguien muy estricto y rígido da con alguien que está completamente suelto y desatado. Alguien muy disciplinado encuentra a un rey o reina del caos más absoluto. Alguien obsesivamente ordenado, enfermo de orden y pulcritud, da con un caótico, alguien muy responsable con alguien muy irresponsable, alguien muy emocional con alguien muy árido y desapegado.

Lamentablemente es así. El universo trae lo semejante (dos que se parecen mucho, que también es habitual) y también lo opuesto.

Encontramos al loco o la loca que se acopla a nuestra locura sin hacer grandes esfuerzos, a no ser que, con conciencia y normalmente años de terapia, salgamos de ese patrón y busquemos una relación más sana.

puzzle acople

En casos más extremos, las parejas de personas con trastorno de personalidad también suelen padecer el trastorno asociado que encaja con el de su pareja.

Del mismo modo que las neurosis y patologías se acoplan (el obsesivo y el histérico suelen ir juntos, el maltratador y la víctima también, el narcisista y el adorador, el manipulador y el engañado) las personas que padecen un trastorno de personalidad suelen tener por regla general parejas codependientes, capaces de aguantar y soportar los altibajos y complicaciones que la convivencia con un trastornado supone, debido a que son incapaces de buscar una pareja más sana o saludable. 

Codependencia, un trastorno que a menudo olvidamos

La codependencia es en si misma otro trastorno, una enfermedad poco visible, no tipificada como importante en los manuales de psicopatología, que se padece de una forma gris y en silencio.

A menudo no es fácil ni de detectar ni de observar.

De hecho, el codependiente a menudo ni siquiera sabe que lo es.

Un codependiente es alguien que no puede estar solo, que no es capaz de dejar una relación tóxica y enferma que no le hace feliz, relación que le erosiona y le hace sufrir o vivir en un constante abandono, rechazo, o sensación de pérdida o carencia respecto a su cónyuge o familiares cercanos. Los codependientes casi siempre sienten culpa al pensar en abandonar a su pareja tóxica o enferma, han tenido progenitores similares, de afecto inconstante, lejanos, ambiguos, que también les hacían sufrir y están acostumbrados al abuso, por eso permanecen en él sin poder alejarse, es como una adicción.

Muchos tienen un concepto inflado del deber y la responsabilidad que no se corresponde con la salud ni con lo realmente nutritivo para ellos.

Cuando hemos tenido padres abandónicos, buscamos parejas abandónicas, cuando hemos tenido padres maltratadores, buscamos parejas maltratadoras.

Los codependientes se enamoran a menudo de personas que no les convienen, personas que les ignoran, que les rechazan, que no les aman, les engañan, les agreden, les mienten o sencillamente que están y no están…

En el fondo, bajo una apariencia de fortaleza como muestran algunos (que no siempre es evidente), en el codependiente hay un tremendo miedo al abandono y a la soledad. Por eso uno se conforma y aguanta y aguanta.

A veces no dejamos a nuestra pareja conflictiva por lástima, porque nos damos cuenta de que, sin nosotros, no podría valerse por si misma.

La tortuosa relación entre Cuidador y Cuidado

Otras veces porque padecemos una especie de síndrome del cuidador y necesitamos sentirnos importantes y necesarios para otros… nuestro ego obtiene mucha autoestima en situaciones así en las que otros dependen de nosotros.

Hay maridos, por ejemplo, que alimentan su ego sintiendose “El Proveedor” de la familia, el que da de comer a los hijos y mantiene a una mujer que no podría o sabría mantenerse por sí sola. Ellos pagan las facturas, obtienen un gran nivel económico, se sienten tremendamente importantes funcionando como el Macho Alfa (y ya hemos hablado del los famosos machos alfalfa en otro artículo de éste blog… https://vivirahora333eugeniosar.wordpress.com/2015/02/27/eres-un-macho-alfalfa-o-estas-emparejad-con-uno-de-ellos/

La Toxicidad en pareja

Hay parejas que viven en una constante toxicidad de discusiones y peleas entre si, encuentros y desencuentros. Otras mantienen una relación de enfermito y cuidador muy dolorosa para ambos.

Da la sensación de que a menudo, trastornado y codependiente se necesitan mucho más de lo que se quieren o aman.

Lo peor no es esto, lo peor es cuando a veces complican a terceras personas en éstos triángulos de desamor enfermo, emponzoñando la vida de los demás.

Como es frecuente que el trastornado y el codependiente estén insatisfechos y tremendamente infelices en sus relaciones, acaban buscando fuera de la pareja lo que no encuentran dentro… pero como el temor a separarse y el enganche de una unión tóxica es muy grande, dificilmente se pueden alejar uno del otro, complicando la vida a todos aquellos a los que introducen en la dinámica de su vida conyugal quebrada.

A algunas parejas, incluso, parece que les va la marcha, la relación responde a patrones de agresión constante entre ambos, peleas, reencuentros, perdones y vuelta a empezar.

A menudo la autoestima del que acompaña a la persona con el trastorno puede parecer superficialmente buena, pero en el fondo está completamente erosionada y es por eso que aguanta y aguanta y sigue aguantando los ataques de ira, las faltas de respeto, las humillaciones, abandonos, agresiones, o numeritos que le monta el otro.

A veces el cuidador siente lástima por su pareja y no es capaz de dejarla.

A veces una superficial autoestima, superinflada o falsamente estable, encubre una gran fragilidad, que es negada por parte de la pareja del trastornado.

Debemos incidir en que los trastornos de personalidad son algo muy serio, que debe ser tratado con extremo cuidado con terapia adecuada y vigilancia constante.

Son procesos que implican a familiares y personas del entorno y que no pueden abordarse de una forma aislada como si solo fueran el problema de la persona que padece el trastorno.

cerebro enfermo

Por ese motivo, la pareja de una persona con trastorno diagnosticado también necesita casi siempre asistencia, asesoría y, la mayor parte de las veces, bastantes horas de terapia para poner conciencia a lo que está sucediendo dentro de él o ella, para así manejar la situación mucho mejor.

Aquella frase de Dios los cría y ellos se juntan, en materia de neurosis y psicósis es cierta.

O como dice cierto refrán de los terapeutas: “dime de qué padeces y te diré lo que tiene la persona con la que estás”.

 

Procedente del blog El Rincón del Tíbet, varias personas me enviaron éste post que aquí reproducimos.

http://rincondeltibet.com/blog/p-relaciones-toxicas-que-deberiamos-evitar-6184

relaciones toxicas

Las relaciones tóxicas nos rodean en nuestro día a día y en ocasiones no nos damos cuenta. Relaciones tóxicas que nos consumen, que nos agarran y de las que es muy difícil que nos libremos.

Aunque nos demos cuenta de que estamos en una relación tóxica es muy difícil salir de ella. Esta relación tóxica puede sucederse con nuestra pareja, con alguien de la familia o con nuestros amigos. Cualquier relación que tengamos puede ser una relación tóxica, ¿estás preparado para descubrirlas y evitarlas?

Aléjate de la compañía que te desgasta emocionalmente. Tomar distancia de las relaciones tóxicas no significa que seas egoísta, es solamente una acción que protege tu salud emocional.

Tipos de relaciones tóxicas

Para saber discernir cuando una relación es tóxica y cuando no, debemos conocer los tipos de relaciones con las que nos podemos encontrar. Una vez las conozcamos podremos determinar si nos encontramos en una relación tóxica o no.

  • Relaciones donde solo una persona decide. Esta persona siempre quiere tener el control de todo y de todos, no escucha las opiniones de los demás, pues tan solo la suya es válida. Asimismo, mientras esta persona crece intenta hundir a los demás.
  • Relaciones que intentan suplir un vacío. Son aquellas en las que nos sentimos vacíos y necesitamos a otra persona para intentar suplir ese vacío que sentimos. Un vacío que realmente no es solventado de esta manera, pues necesitamos sentirnos completos nosotros mismos, sin nadie más.

realaciones toxicas

  • Relaciones co-dependientes, en las que dos personas se necesitan mutuamente para poder ser felices. Son personas pasivas, no saben lo que es la individualidad y necesitan de la opinión externa para sentirse bien y actuar. No saben tomar decisiones sin aprobación externa.
  • Relaciones idealizadas, en las que parece que todo es perfecto. En estas relaciones se ve una perfección que difícilmente se alcanzará, pues como humanos cometemos errores y somos de todo menos perfectos. Aquí es donde surgen las decepciones.
  • Relaciones basadas en la mentira. La mentira nunca va a ser beneficiosa en una relación, pues tarde o temprano estas mentiras salen a la luz delatando al mentiroso y siendo como una bomba de relojería para la relación. La confianza es algo imposible de crear.
  • Relaciones basadas en un continuo perdón que ya no tiene sentido alguno. Muchas personas utilizan la palabra “perdón” como se dice “hola”. No hay pretensiones de reparar el daño realizado, se cree que con un perdón ya está todo solucionado.
  • Relaciones pasivo-agresivas. En estas relaciones las indirectas y los prejuicios son constantes. La actitud que se muestra siempre es hostil y el diálogo es casi imposible, pues siempre hay que tener la antena de “captación de indirectas” activado.

Evitar personas no es hacer enemigos, sino purificar relaciones

¿Te has sentido identificado con alguna de estas relaciones? Si es así es importante que le pongas solución desde hoy mismo. Estas relaciones no harán más que volverte una persona gris, quizás llena de odio, con una autoestima destrozada.

Aléjate de todas esas relaciones que no son satisfactorias para ti. Como bien hemos dicho, es difícil salir de una situación como esta, pero no es imposible. Con fuerza de voluntad todo se puede y es necesario cambiar. A veces cambiar una situación nos hace pensar que esta puede ir a peor. La verdad es que esto es totalmente incierto.

relaciones

Nos da miedo cambiar, nos da miedo dar un paso y que suponga un cambio en nuestra vida. La incerteza y no saber cómo se desenvolverán las cosas tras la toma de una decisión nos da miedo.

También ese miedo puede darse por la propia relación en la que nos vemos sometidos y no tenemos claros si será peor el remedio o la enfermedad.

¿Nuestro consejo? No tengas miedo al cambio y aléjate de toda relación tóxica como las ya mencionadas que no te traerán nada bueno, sino todo lo contrario.

Tomar distancia y alejarse de personas complicadas ¡mejora la salud!

¿Y si algunas enfermedades mentales no lo fueran?
¿Y si se tratara de umbrales para un salto de conciencia o reajustes del cerebro?

Hiperia, un nuevo Paradigma Psiquiátrico sostenido por el Doctor en Pisquiatría F.J. Alvarez.

Origen: HIPERIA. Un nuevo paradigma psiquiátrico

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Trastorno:

por Eugenio Sánchez Arrate

Hace poco una amiga compañera del curso DPOP que imparte CIVSEM en Madrid, se molestó porque publiqué en mi muro de Facebook un chiste sobre personas con trastorno bipolar y ella tiene un familiar muy cercano que lo padece. La comprendí enseguida.

Lo que ella no sabía (ni tenía porqué) es que un amigo bipolar me lo había contado para desdramatizar una situación personal que a veces le hace sufrir mucho (y a los de alrededor también). No es el único amigo bipolar que tengo y confieso que con ambos me llevo bastante bien. A veces tomarse con algo de humor las cosas ayuda a manejarlas. Por eso decidí colgar el chiste. Ni fué una falta de respeto, ni una frivolización hecha sin conciencia sobre un problema que es doloroso para tantas personas.

Quise enfocar el trastorno de otra manera, tal y como había hecho mi amigo bipolar.

Ante cualquier trastorno es importante:

-Conocer en profundidad los síntomas y efectos que provoca el trastorno en la vida de la persona y los allegados.
-Obtener un diagnóstico preciso. A veces una persona no tiene un único trastorno, sino varios solapados.
-Recurrir a la medicación si es necesaria y a terapia de apoyo, tanto para el que padece el trastorno, como para los familiares y allegados. De otro modo puede hacerse difícil manejar la situación.
-Tratar de sobrellevarlo sin dramatizar, con la mayor calma posible. Y a veces, si se puede, hasta con humor y alegría.
-Empatizar, comprender, ponerse en el lugar del otro hasta donde uno pueda.
-Nunca rendirse

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 También es importante no considerar el trastorno ni como un estigma ni como una lacra. La persona que lo padece es, por encima de todo, un ser humano y debe ser contemplada, reconocida y aceptada como tal.

Y tener, por ejemplo, un trastorno bipolar, es algo tan singular o frecuente como pueda serlo el ser rubio rojizo, tener los ojos verdes o ser muy oscuro de piel. La diferencia es que el trastorno hace sufrir mucho.

Hay trastornos de personalidad muy extendidos que padece un porcentaje elevado de la población.

Algunas estadísticas

-Una de cada cuatro personas padece alguna enfermedad mental a lo largo de su vida.

-Unos 450 millones de personas en todo el mundo padecen alguna enfermedad mental.

-Un tercio de los años vividos con discapacidad pueden atribuirse a trastornos neuropsiquiátricos. Globalmente, el 12% de ellos se deben únicamente a la depresión.

-Las enfermedades mentales suponen el 40% de las enfermedades crónicas y la mayor causa de los años vividos con discapacidad.

-El impacto de los trastornos mentales en la calidad de vida es superior al de las enfermedades crónicas como la artritis, la diabetes o las enfermedades cardiacas y respiratorias.

-Se espera que en 2020 la depresión sea la causa de enfermedad número uno en el mundo desarrollado.

-Según datos de la Asociación Mundial de Psiquiatría el 83% de la población general desconocería qué es la esquizofrenia.

Pero, por encima de todo, recordar que un trastorno hace sufrir mucho al que lo tiene y a menudo a los que están cerca.

Como hijo de una persona con un trastorno de personalidad sin diagnosticar, algo se de éstas cosas. He crecido y me he formado con ellas. Estoy acostumbrado (aunque a veces esa costumbre también toca viejas heridas que me hacen sobrerreaccionar ante ciertas personas y acciones… soy humano).

La situación con un trastorno ya es lo suficientemente grave. Reír un poco, disfrutar, no viene mal siempre que se pueda.

Y debo decir que me encantó cuando mi amigo, al que he visto sufrir algunas veces como no os imagináis, me contó el chiste sobre el trastorno bipolar… me pareció tan valiente, tan esperanzador y tan hermoso que me dieron ganas de reír, de llorar, de abrazarle, pero no pude, porque no vive cerca de mi.

Espero que cuando lea ésto se de por abrazado.

Y recordad, Hay Esperanza, Siempre hay Esperanza.

Como seguro que me acabéis pidiendo que publique el Chiste, aquí lo tenéis. Disculpad las palabrotas. No son habituales en ninguno de mis blogs.

-Muy buenas, señorita ¿Es ésta la Asociación de Bipolares, cacho cabrona?
-Entre si es tan amable, hijo de puta.
-Oiga, no me hable así que le suelto una hostia, cariño.

Gestatl creatividad

un artículo de Eugenio Sánchez Arrate

¿Cómo es el proceso en Terapia Gestalt? ¿Es la Terapia Gestalt excesivamente dura, una terapia de infarto como aseguran algunas personas?

A lo largo de la historia, la Terapia Gestalt, ha acumulado sobre sí cierto estigma de terapia agresiva, dura y e implacable con el paciente, de terapia que resuelve los problemas a ladrillazos, mediante la acción directa.

Curiosamente, hay pacientes que refieren justo lo contrario relativo a sus experiencias con éste tipo de enfoque y cuentan que su terapeuta era demasiado blando, que las sesiones eran suaves, que no había progreso aparente y todo era maravilloso, genial y sin conflicto ni avance observable.

Ambas visiones son válidas, porque la respuesta a este enigma es que la Terapia Gestalt depende sobre todo del terapeuta que uno eligió.

Luego explicaremos porqué.

La Gestalt se enmarca dentro del paradigma de la Tercera Vía o Psicología Humanista, junto a otros enfoques como la Terapia Centrada en la Persona, de Carl Rogers, la Psicosíntesis de Roberto Assagioli, algunos enfoques de la psicología Transpersonal, etc…

Tras la aparición del Psicoanálisis y más tarde de los enfoques Cognitivos Conductuales, a raíz de las limitaciones de éstos enfoques, en los años 50 y 60, surgieron en Estados Unidos nuevos modos de hacer terapia de vanguardia, más centrada en la persona, en la integración de cuerpo, mente y emociones… y en ese contexto apareció la Gestalt de Fritz Perls.

Perls

Fritz Perls

En España el enfoque Humanista está avanzando con décadas de retraso en centros y universidades, donde la resistencia al cambio es atroz, pero no así en otros lugares del mundo, donde la evolución ya se ha operado, enriqueciendo el panorama de la psicología con diversos y variados enfoques a disposición de la gente.

Dos estilos de hacer Gestalt, Costa Oeste y Costa Este

El estilo de Perls, el creador de la Gestalt, un hombre con problemas de empatía en su vida cotidiana, era directo, duro, catárquico. Incidía en el cambio de la persona y golpeaba la psique del paciente de manera rotunda, sin miramientos.

Fué lo que se conoció en Estados Unidos como estilo Costa Oeste, caracterizado por el alto impacto de las sesiones individuales y grupales, la catársis, lo que se conoce, hablando en plata, como terapia de pelotazo. Era el estilo característico del Instituto Esalen, representado por  terapeutas como Isadore From, Paul Goodman, Paul Weiss, Elliot Shapiro y el propio Perls.

Paul Goodman

Paul Goodman

En Costa Oeste de algún modo, se provocaba la toma de conciencia en la persona de un modo áspero, sin paños calientes, mediante la acción directa y técnicas duras que las personas experimentaban como agresivas.

¿Pero era así la Gestalt como movimiento general?

En absoluto. Así era el estilo de Perls y de algunos de sus seguidores.

Por contra, el estilo Costa Este, (representado por el New York Institute, el grupo de Cleveland, Gary Yontef y Laura Perls entre otros) se caracteriza por ser más suave, más amoroso con el paciente, más lento, pausado y menos confrontativo en las sesiones.

Laura Perls

Laura Perls

¿Es la gestalt de ésta forma? Tampoco lo es.

Porque la Gestalt no es dura ni suave, no es agresiva ni amorosa, depende siempre del estilo personal del terapeuta.

Hay terapeutas más amorosos y acogedores, terapeutas más duros y confrontativos, los hay más racionales, más metódicos, más creativos y artísticos, más chamánicos… el abanico de personas dentro de la profesión es amplio y muy diverso.

Gary Yontef

Gary Yontef

¿Cómo es un Terapeuta Gestalt?

Gran Incógnita. ¿Hay un único tipo de Terapeuta Gestalt?

Yo mismo soy Costa Este con algunos pacientes y Costa Oeste con otros, depende de lo que cada uno necesite. Puedo ser muy directo y confrontativo o muy suave y acogedor. Puedo ser un chamán o puedo ser un artista, puedo ser máspsicoanalítico y escuchar mucho cuando la ocasión lo requiere, puedo recoger y contener, puedo ser amoroso, o puedo ser absolutamente puñetero y directo en determinados casos.

En Gestalt no existe, como en otros enfoques, un método de trabajo más o menos cerrado y estricto. Se parte de la autenticidad del terapeuta. En Gestalt (como en psicoanálisis) el terapeuta ya ha hecho su propio recorrido personal en terapia como paciente durante unos cuantos años, ya se ha mirado por dentro (eso no significa que todo lo tenga resuelto, pero sí que ya sabe lo que es estar en el lugar del paciente), está conectado con lo que siente, se hace responsable de su vida y de sus estados de ánimo, de su Aquí y Ahora y, a partir de ahí, acompaña al paciente en el proceso de terapia.

El terapeuta es un acompañante, un apoyo, un facilitador y solo eso.

El que realiza el camino es el propio paciente. El terapeuta posee mapas que pueden ayudar a encontrar el sendero, pero el camino lo realiza cada persona.

niño pintura manos

Cada ser humano es un mundo, cada eneatipo (eneagrama) también lo es, lo mismo que cada estilo de trabajo en terapia. El tipo de personalidad de cada hombre y mujer será materia para otra serie de artículos.

En Gestalt hay un método de trabajo, si, pero es un método abierto, que permite a cada terapeuta ser él mismo, hacer las cosas a su manera y a su estilo personal, adaptándolas a la situación, a cada paciente, cada persona. Hay multitud de técnicas y dinámicas para trabajar, e incluso pueden crearse otras nuevas a discrección del profesional.

Hay gestaltistas educadores, que trabajan en escuelas, universidades y centros de formación.

Gestaltistas terapeutas, que trabajan con pacientes en terapia individual o de grupo.

Gestaltistas formadores, que dan cursos y clases dentro del estilo gestalt.

Gestaltistas escritores, pintores, actores, artistas, deportistas, que usan el estilo terapeútico para su actividad profesional.

Gestaltistas dedicados a cualquier tipo de actividad laboral o personal en oficinas, despachos, fábricas, centros de trabajo.

Porque ser gestaltista es un estilo de vida, una forma de estar en el mundo, no solo significa ser terapeuta.

De hecho, muchos gestaltistas no ejercen como terapeutas.

Los que si lo hacemos, nos adaptamos al paciente, escuchamos, resonamos y elegimos técnica.

Yo he llegado a escribir cuentos para pacientes concretos en terapia, he creado rituales, he realizado toda clase de improvisaciones y técnicas adaptadas a lo que el paciente o el grupo demandaban en cada momento. En grupos he utilizado la creatividad, la escritura o el tarot para operar los cambios que cada persona necesitaba. En sesiones individuales he escuchado, he contenido, he confrontado, he hecho sillas vacías. No siempre lo he hecho bien, he cometido a veces errores, he rectificado, soy humano, como todos los terapeutas.

Cada persona y ocasión necesitaba algo diferente.

Y cada terapeuta gestalt es libre de hacer lo mismo. Está formado, conoce el procedimiento, sabe que tiene que estar enrraizado y anclado en su centro para acompañar al otro a hacer su cambio… y lo demás consiste en confiar y fluir, no hay otro camino.

En terapia, lo importante es la Autenticidad, estar presente en la consulta y delante del otro, estar en contacto real con el paciente, ser como uno es y no pretender ser otra cosa ante él o ella.

A veces hay que frustrar (y mucho), al paciente, con el riesgo de que éste salga huyendo y abandone la terapia para siempre (los caracteres más rígidos y narcisistas, con menos capacidad de encajar, o más baja tolerancia a la frustración, son los peores en éste sentido).

A veces hay que contener, hay que dar suelo, o dar apoyo. Del equilibrio entre la frustración y el apoyo surge todo. Poner límites, alentar, sostener, contener, frenar… todo un juego de actitudes ante la terapia.

Paco Domínguez

Paco Domínguez

Paco Domínguez, uno de mis terapeutas y formador en la escuela donde aprendí, el IPG de Madrid, decía siempre que las técnicas existían más para dar seguridad al terapeuta que para ayudar al paciente en su camino.

Y con los años he visto que es cierto.

En gestalt se utilizan juegos y dinámicas muy diversos. Los hay ya creados y tradicionales, como la famosa Silla Caliente o Silla Vacía…(una de las técnicas estrella del movimiento) y otros que surgen nuevos a discrección del terapeuta. Dinámicas de teatro, juegos corporales, escribir, pintar, visualizaciones creativas, actos mágicos… cualquier técnica es susceptible de ser incorporada a una sesión si se estima oportuno.

En gestalt se utiliza el arte, los cuentos, el teatro, la dramatización, la corporalidad, los rituales, la música, el canto, la percusión, el baile, cualquier cosa disponible que esté en nuestra mano, para provocar la toma de conciencia del paciente, el insight y el cambio posterior.

En el Insight, el Darse Cuenta, se producen avances, se realiza la transformación personal. Porque, cuando me doy cuenta de lo que siento, lo acepto, me responsabilizo de ello, lo asumo y después se opera el cambio. Algo tendré que hacer con eso que siento y que me pasa… aceptarlo, asumirlo o realizar una acción. Es mi responsabilidad.

educación artística

LA TERAPIA ES UN CAMINO

Queremos soluciones rápidas, pero la vida no es rápida, es un proceso. El mundo actual está demasiado cargado de conceptos como eficacia y resultadismo… pero los resultados duraderos a veces no son rápidos, requieren tiempo.

Del mismo modo que las cosas maduran a un ritmo, las personas también lo hacen y en terapia, mi experiencia es que lo rápido no está bien asentado con bases firmes.

A veces el primer terapeuta que eliges, como la primera novia, la primera pareja, el primer trabajo, tu primera casa o tu primer coche, no es el bueno. Yo hice un largo recorrido por varios terapeutas y estilos de psicoterapia antes de encontrar un camino que me sirviera. Y os animo a probar, a hacer vuestro propio recorrido hasta que las cosas se os arreglen por dentro un poco.

Primero tuve una psicoanalista, luego una psicóloga coginitiva conductual (vista en distancia, una de las peores experiencias terapeúticas de mi vida) y finalmente encontré un terapeuta gestalt excelente, Paco Dominguez y el apoyo de muchos otros terapeutas grupales de alto nivel durante la formación en mi escuela, el IPG de Madrid.

Hay muchas otras escuelas de gestalt y muchos grandes profesionales en Madrid, en España y en el mundo. Buscad y encontrad.

Yo sencillamente encontré el lugar que necesitaba. No fué un camino sencillo, en terapia sufrí, lloré, ardí de rabia, me conmoví, luché, perdí, gané, me resistí, fuí dejando que mis barreras interiores se fueran cayendo, aprendí a conocerme, a quererme como soy… y llegué al centro de mi mismo cuando menos me lo esperaba, puedo decir que incluso con la terapia ya  terminada, tiempo después de haber abandonado mi proceso individual en gestalt, al que no descarto volver cuando la ocasión lo requiera.

Desde entonces, han aparecido en mi vida toda clase de terapeutas, no solo gestálticos (también sistémicos, consteladores, biodescodificadores, terapeutas energéticos), de los que he ido aprendiendo grandes cosas. Uno nunca deja de crecer y de mejorar, de avanzar y conocerse.

A veces uno no lo consigue ni a la primera, ni a la segunda, ni a la tercera intentona. Pero no darse por vencido es importante en el camino terapeútico. La terapia es un proceso, un camino. Puede durar años o décadas. Se abandona, se regresa, se cambia, se crece… Cada terapeuta te aporta algo bueno y algo nuevo en tu avance.

Y tarde o temprano uno descubre un día que, de repente, se encuentra mucho mejor, en paz con la vida y con el mundo y que el camino se hace mucho mucho más fácil.

Un camino de mil pasos se logra dando el siguiente paso.

Y si el siguiente paso que has de dar es hacer terapia, eso nadie lo sabe mejor que tu.

P.D.

Recientemente el Blog ha superado las 100.000 visitas. No tengo palabras para agradeceros el apoyo que habéis demostrado en todo éste tiempo. El Blog crece en seguidores, crece en lectores y me llena de emoción saber que lentamente el cambio en las conciencias de las personas va transformando el mundo.

Gracias por vuestros mensajes, gracias por vuestros testimonios, gracias por vuestros emails, por vuestro afecto, vuestra participación y un millón de agradecimientos más a todos por estar siempre ahí en los mejores y los peores momentos.

Esto es VerDeVerdad… y entre tod@s, vamos a cambiar el Mundo.

por Eugenio Sánchez Arrate

A veces la sensación de que los demás tienen la misma sensibilidad que una chancleta para mi es terrible. Uno los percibe duros y rígidos, anestesiados, como bloques de cemento. Incapaces de darse cuenta o percibir montones de cosas que les suceden. Viven una vida atenuada, con umbrales de percepción mucho más bajos que los que yo percibo… y se pierden tantas y tantas cosas. Es como gente que ve solo dos canales de televisión en vez de cientos, miles.

Pero lo peor es cuando sientes que el otro es tan sensible como tu pero vive su vida completamente de espaldas a esa sensibilidad. Tiene una pareja insensible, una vida rodeado/a de insensibles y en un entorno donde su verdadero yo no puede crecer, florecer ni ser feliz.

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Ser un PAS (Persona Altamente Sensible) es un Don, no una carga, siempre que uno sea consciente de su verdadera naturaleza y aprenda a relacionarse con sus semejantes. Los estudios aún no se ponen de acuerdo respecto al procentaje de personas que responden a ésta denominación (se habla de entre un 10 y un 20 por ciento de la población). Yo no creo que alcancen ni siquiera el 10 por ciento.

Los PAS suelen ser creativos, excelentes artistas, grandes terapeutas y consejeros, personas hiperempáticas, compasivas y muy receptivos a multitud de estímulos y situaciones.

Mi experiencia (porque, por si no lo habíais adivinado, soy PAS) me dice que a la larga termino estando más a gusto con otras personas altamente sensibles como yo.

No es que las otras no me interesen, es que me siento menos a gusto con ellas porque no puedo compartir muchas cosas y sobre todo porque esa rigidez, esa dureza, esa especie de robotización e idiocia emocional que detecto en ellos, me resulta dolorosa.

Uno no es más ni menos que nadie siendo PAS, sencillamente es diferente y lo primero que debe hacer es aprender a protegerse de las agresiones del mundo y de los demás. Si los otros no se dan cuenta del daño que nos hacen, que se hacen y hacen a otros, es su problema y responsabilidad. La nuestra, como PAS, es protegernos y minimizar el daño. También hemos de aprender a vivir con la culpa, el malestar y tantas emociones como se nos despiertan siendo una Persona de Alta Sensibilidad.

Si eres un/una PAS te gustará éste enlace. Y escríbeme, me encantará saber de ti y de tu vida.

procedente del blog La Mente es maravillosa,  http://lamenteesmaravillosa.com/ os presentamos éste artículo escrito por Valeria Sabater.

personas altamente sensibles

Los 4 dones de las personas altamente sensibles (PAS)

Cuando uno se ve en minoría frente a la gran mayoría, la primera sensación es sentir desventaja y miedo. ¿Por qué percibo las cosas de un modo diferente? ¿Por qué sufro más que el resto? ¿Por qué encuentro alivio en mi propia soledad? ¿Por qué observo y siento cosas que los demás suelen pasar por alto?

Ser parte de eso 20% de la población que se reconoce a sí misma como una persona altamente sensible (PAS) no es una desventaja, ni te etiqueta como “diferente”. Es muy posible que a lo largo de tu vida, y en especial durante tu infancia, fueras muy consciente de esa distancia emocional, y de como en ocasiones, tenías la sensación de vivir en una especie de burbuja de extrañeza y soledad.

La alta sensibilidad es un don, una herramienta que te permite poder profundizar y empatizar más con las cosas. Pocas personas tienen la capacidad de llegar a este punto de aprendizaje vital.

Fue Elaine N. Aron quien a principios de los 90, ahondando en la personalidad introvertida, detalló con minuciosidad los rasgos de una nueva dimensión no descrita hasta entonces, y que reflejaba una realidad social: la de las personas altamente sensibles, reflexivas, empáticas y a la vez, reactivas emocionalmente.

Si es tu caso, si te sientes identificado/a con esos rasgos que la doctora Aron nos dejó en su libro “The Highly Sensitive Person”, es importante que te convenzas también de que la alta sensibilidad no es un motivo para sentirte extraño o diferente. Al contrario, debes sentirte afortunado por contar con estos 4 dones.

1. El don del conocimiento emocional

Ya desde la infancia, el niño con alta sensibilidad va a percibir aspectos en su día a día que le van a ofrecer una mezcla de angustia, contradicción y fascinante curiosidad. Sus ojos captaran aspectos que ni los adultos tienen en cuenta.

Esa mueca de frustración en sus maestros, la expresión de preocupación en su madre… Serán capaces de percibir cosas que otros niños no ven, y ello, les enseñará desde muy pequeños que la vida es a veces difícil y contradictoria. Verán el mundo con la mirada de niño que se abre tempranamente al mundo de las emociones sin saber aún que las guía, que las hace vibrar o qué afila el sufrimiento adulto.

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El conocimiento de las emociones es una arma de callado poder. Nos acerca más a las personas para entenderlas, pero a su vez, también nos hace más vulnerables al dolor.

La sensibilidad es como una luz que resplandece, pero a su vez, nos hace más vulnerables al comportamiento de los demás, a las mentiras piadosas, a los desengaños, a las ironías… ¡Es que todo te lo coges a la tremenda! te dirán a menudo,¡Es que eres muy sensible! te comentarán otros.

Y así es, pero eres lo que eres. Un don exige una alta responsabilidad, tu conocimiento sobre las emociones te exige también saber protegerte. Saber cuidarte.

2. El don de disfrutar de la soledad

Las personas altamente sensible encuentran cierto placer en sus instantes de soledad.Son rincones que buscan con anhelo para llevar a cabo sus tareas, sus aficiones. Son personas creativas que disfrutan de la música, de la lectura… Y aunque ello no quita de que disfruten también de la compañía de otros, es en soledad cuando más satisfacción encuentran.

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Las personas altamente sensibles no temen a la soledad. Son esos instantes en que pueden conectar más íntimamente con ellos mismos, con sus pensamientos, libres de apegos, lazos y miradas ajenas.

3. El don de una existencia desde el corazón

La alta sensibilidad es vivir desde el corazón. Nadie vive más intensamente el amor, nadie se deleita más con los pequeños gestos cotidianos, con la amistad, con el cariño…

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A la hora de hablar de las personas altamente sensibles, se les asocia a menudo al sufrimiento. A su tendencia a las depresiones, a la tristeza, a sentirse vulnerables frente a los estímulos externos, frente al comportamiento de la gente. No obstante, hay algo que el resto no sabe: pocas emociones se viven con tanta intensidad como el amar y ser amado…

Y no hablamos solo de relaciones afectivas, la amistad, el cariño cotidiano, o el sencillo acto de experimentar la belleza de un cuadro, de un paisaje o de una melodía, es para la persona altamente sensible una vivencia intensa. Enraizada en el propio corazón.

4. El don del crecimiento interior

La alta sensibilidad no se cura. Uno viene al mundo con ello, con esa particularidad, con ese don que ya se puede ver claramente desde que un niño es bien pequeño. Sus preguntas, su intuición, su tendencia al perfeccionista, su umbral al dolor físico, sus molestias ante luces o olores fuertes, su vulnerabilidad emocional

No es fácil vivir con este don. No obstante, una vez uno reconoce lo que es y lo que nos puede aportar, llega el momento en que debemos aprender a gestionar muchos de esos detalles. No debes dejar que las emociones negativas te desborden en ciertos momentos.

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Debes aprender también que los demás, van a otro ritmo, que no tienen tu umbral emocional. Que no vivirán ciertas cosas con tu misma intensidad, no obstante, ello no significa, por ejemplo, te quieran menos. Respétalos, entiéndelos. Entiéndete a ti.

Una vez hayas descubierto tu propio ser y tus facultades, encuentra tu equilibrio y fomenta tu crecimiento personal. Eres único y vives desde el corazón. Anda en paz, anda en seguridad, y sé feliz.

Un Artículo de Eugenio Sánchez Arrate

violencia doméstica

Una de las formas más comunes de maltrato es la que realizan las personas con trastornos mentales a sus allegados, amigos, familiares y gente cercana. A veces no hay la voluntariedad de causar daño y a veces si la hay. A veces la persona ni siquiera está diagnosticada de un trastorno y otras veces la persona no va a terapia ni tiene el seguimiento profesional adecuado para ayudarla a controlar su conducta.

Pero lo cierto es que a menudo éstas personas que padecen una patología y entran en conductas de agresión, ni siquiera se disculpan, piden perdón o tratan de reparar el daño causado en los otros.

Además existe una especie de tabú social que justifica siempre al enfermo en su actitud (se le disculpa), pero que no empatiza nada con aquellos que tienen que lidiar y convivir con ellos cada día.

Me preguntaban recientemente si debemos tener cierta tolerancia con la agresividad de éstas personas por el hecho de que padecen una enfermedad. Y la respuesta es que la enfermedad no justifica ni exime de responsablidades a nadie, no te da carta blanca para abusar de otros y faltar al respeto a los demás.

Gritar es faltar al respeto.

Hablar de manera agresiva es faltar al respeto.

La violencia física es faltar al respeto.

Mentir es faltar al respeto (lo es, porque mintiendo consideramos que el otro no tiene derecho a conocer la verdad, le escamoteamos la realidad, le manipulamos o tomamos por tonto y  no le tomamos en consideración).

Incluso me he preguntado a menudo, a la luz de ciertos acontecimientos de mi vida pasada, dónde éstá la frontera de lo que uno debe permitir que le hagan y lo que no… y la respuesta es que nadie se merece ser maltratado por otra persona, nadie… da igual que el agresor tenga la enfermedad mental que tenga… No tenemos porqué aguantar malas formas, gritos o violencia, del tipo que sea, de nadie de nuestro entorno.

Tener un trastorno mental no autoriza al que lo padece a maltratar a los demás.

Y dejarnos maltratar no es la opción.

Y sobre todo, cuando uno se ama y respeta a si mismo, no debe permitir ni consentir que le traten de ciertas maneras.

Recientemente, hace más de un mes, tuve que interrumpir todo contacto o relación con una persona tóxica.

Ella no solo no va a terapia, sino que se permitió el lujo de mentirme, negar actos y frases que ella misma había pronunciado y además gritarme por teléfono.

Yo no llevo nada bien la violencia verbal (ni ninguna otra) he estado desde niño expuesto a ésta clase de maltrato en casa por parte de mis padres (algo demasiado frecuente en muchas familias) y ya no lo tolero en mi vida, porque hacerlo sería una falta de respeto hacia mi mismo que no puedo permitir.

La respuesta al maltrato es siempre no.

Solución, a esa persona le dije hasta siempre, colgué el teléfono y no he vuelto a hablar con ella desde entonces y no hablaré con ella en tanto no haya una disculpa por su parte, cosa que, por otra parte, no espero.

Ella no me parece que tenga la humildad suficiente como para pedir perdón y reconocer sus ofensas. Para pedir perdón hace falta mucha entereza y coraje.

No es algo que a ella le sobre.

COMO SE MANEJA UN MALTRATO

Si la otra persona grita, se le pide que deje de hacerlo y se le dice que se conversará con tranquilidad cuando él/ella sea capaz de expresarse en un tono normal y con respeto hacia nosotros.

Si no lo hace, se la abandona en la habitación y se interrumpe el contacto con ella/él de manera inmediata, no dándole opción a que siga haciendo lo que hace.

Ni gritos, ni, por supuesto, violencia física.

Si no es posible escapar del lugar o habitación y estamos siendo intimidados físicamente, en cuanto sea posible se pide ayuda a los Servicios Sociales y se solicitará la intervención de profesionales adecuados (servicios sociosanitarios, policía, fuerzas de seguridad del lugar o país en el que residimos etc…) posiblemente, dependiendo del país y la legislación vigente, existe la posibilidad de que se dice una orden de alejamiento, o se pedirá que esa persona sea controlada por personal de seguridad o personal médico.

No debemos admitir jamás un solo grito, un solo insulto, malos modales, y sobre todo nada de violencia física hacia nosotros, porque nos perderíamos el respeto como seres humanos de hacerlo así.

Finalmente, a la mínima agresión constatada, procedemos a extinguir la conducta agresiva del otro bloqueándola.

O nos vamos lejos, o cerramos la puerta, o le dejamos con la palabra en la boca, o nos alejamos para evitar más daño verbal o físico.

Entrar en una escalada de violencia verbal o física no sirve de nada y nos pone a la altura del agresor..

Algunas formas habituales de maltrato (no todas se reconocen normalmente como tales):

-gritar a otro

-insultarle

-ejercer contra él violencia física

-ignorarle, ningunearle o no prestarle atención

-humillarle

-no escucharle, no empatizar

-burlarse de ella/él

-serle infiel

-mentirle

Todos éstos actos son formas de agresión que van de lo más explícito y directo a lo más sutil. Algunas aún no se reconocen socialmente como maltrato, pero lo son, unas más sutiles, otras más evidentes.

Se que a veces, cuando uno está demasiado acostumbrado al maltrato físico, verbal o emocional porque en su familia de orígen lo ha vivido como algo normal, cuesta mucho romper con el maltratador/a y no caer en patrones de maltrato constantes repitiendo parejas y relaciones con personas maltratadoras.

Muchas veces el maltratado padece una patología (codependencia emocional, miedo a la soledad, incapacidad para romper, necesidad de afecto) asociada, que debe también ser tratada en consulta.

En cualquier caso, el maltrato (mucho más frecuente de lo que imaginamos… de hecho, cuando gritamos a otro o le insultamos, lo estamos maltratando) es siempre INACEPTABLE.

Pero el consejo es que nunca os dejéis maltratar y que tampoco maltratéis a vuestros semejantes.

Un maltratador rara vez se reconoce como tal ni admite que es esa persona tóxica que realmente es.

Vosotros podéis ser esa persona que maltrata a sus semejantes y reconocerlo y hacer algo al respecto es un acto de gran humildad.

Del mismo modo, reconocer que uno está siendo maltratado a veces trae aparejada mucha vergüenza y hay miedo a confesarlo y pedir ayuda.  Pero solo si pedimos ésta ayuda, la ayuda llegará a nosotros.

Esto es VerDeVerdad y Vamos a Cambiar el Mundo.

bloqueo del escritor

A veces la Felicidad (ese concepto tan sobrevalorado) nos cuesta.

Nos educan para sobrevivir, pero nadie nos enseña a ser felices.

Escribiendo ésta semana para el reto #CampNanoWriMo (la página para escritores que periódicamente inicia actividades comunes y retos de escritura para amantes de la literatura)

http://campnanowrimo.org/

he tenido que cambiar de proyecto literario varias veces. Algunos recordaréis que iba a escribir una novela corta titulada Maldita tu eres entre todas las mujeres, dedicada a cierta mujer que llegó a mi vida para hacerme un roto hace unos meses. Cuando comenzaba a escribir la novela me daba cuenta de que, lejos de ayudarme a procesar el dolor que la situación me ha provocado, escribir sobre éste tema me hacía muchísimo daño. Así que lo abandoné y reemplacé el proyecto por un libro de cuentos, pero también me atasqué y finalmente he usado el procedimiento de la página para terminar una historia policíaca con humor que comencé hace meses y que quiero concluir y publicar, Bueno lanzando cosas.

A veces te pones a crear y te atascas, te bloqueas y no puedes escribir, nada te sale. He tenido ratos en ésta historia de no saber cómo continuar.

Steven Dos Santos, uno de los autores que apoyan el proyecto NanoWrimo enviaba hoy un consejo a los escritores a través de la página.

Steven dice que somos nuestros peores saboteadores, que nos atascamos en una palabra, una página, una frase y no somos capaces de seguir. Para desbloquearse el propone una solución… darse permiso para hacerlo mal, darse el permiso para ser un principiante, para ser malo y, sencillamente seguir escribiendo, avanzando, marchando hacia delante, pues estamos en el primer borrador y ya habrá tiempo para corregir.

Darse permiso para vomitar palabras sin procesar, para avanzar y avanzar sin pensar ni corregir mucho.

Este consejo es muy bueno y deberíamos aplicarlo también a la vida… no necesitamos hacerlo perfecto, necesitamos hacerlo, ya lo corregiremos después si se puede. Si nunca comenzamos, nunca terminaremos.

¿Cuando nos atascamos?

He comprobado que a menudo no puedes escribir, cuando quieres hacerlo tan bien, tan correcto y tan perfecto, que no te sale.

Entonces se produce el bloqueo.

Por mi experiencia facilitando talleres de El Camino del Artista, el método de Julia Cameron, se que un bloqueo está a menudo relacionado con la falta de confianza en una mismo y con las altas expectativas puestas en el resultado final porque:

1.- No creemos que seamos capaces de hacerlo o que nos vaya a salir bien.


2-Queremos hacerlo tan tan estupendo que nos cargamos de presión y eso nos bloquea.

3-Tenemos alguna lealtad familiar invisible, consciente o inconsciente, al fracaso o sufrimiento de algún pariente o ancestro. Y si él no lo logró, nosotros tampoco nos lo permitimos.

Si hablamos de lealtades, detectarlas mediante procesos de terapia sistémica, constelaciones familiares o terapia individual o grupal es prioritario.

Si hablamos de los dos primeros puntos, Creer en nosotros y Desapegarse del resultado ayuda mucho, y disfrutar del proceso, también.

Esto sucede también en la vida… el miedo a fracasar, a hacer daño, a perder, al abandono, a la soledad o a equivocarse es tan grande que nos asusta vivir esa vida verdadera que deberíamos estar viviendo.

El arte y la vida son una misma cosas y hay un arte del buen vivir que deberíamos intentar aprender.

Si nunca te permites hacerlo mal, jamás empezarás el trabajo, sea éste el que sea… jamás empezarás a pintar, a escribir, a cantar, a esculpir, jamás lo intentarás. Hay que perder el sentido del ridículo, hay que dejar de juzgarse, hay que permitirse errar.

Si no te permites ser un principiante, hacerlo mal, equivocarte, si no corres riesgos, jamás vivirás una vida satisfactoria.

Si no te perdonas por los errores cometidos, tampoco moverás un dedo.

Y si no te arriesgas, jamás cambiarás tu vida, jamás dejarás tu relación de pareja insatisfactoria, jamás cambiarás de empleo, jamás le dirás a esa persona especial que quieres estar con ella, jamás te atreverás a hacer algo diferente, jamás saldrás de tu madriguera, donde vives infelizmente cómodo, o a veces ni siquiera eso.

Vivir es arriesgarse, salir de la zona de confort. 

Y escribir también es arriesgarse y no pretender hacerlo todo el tiempo bien, basta con ir haciéndolo, ya mejoraremos lo que se pueda más adelante, ya corregiremos, arreglaremos, improvisaremos. Muchas de las decisiones que tomamos no son a vida o muerte a blanco o negro, permiten modificaciones, se pueden corregir y enmendar.

El mayor fracaso es esconderse, no intentarlo, no echarle valor.

Leí hace poco en la página de facebook de una amiga la siguiente frase:

Elige la opción que te haga más felíz no la que te haga sentir más cómodo.

¿Y sabeis que? Tiene toda la razón.

A veces la gente es golpeada por la vida (duelos, grandes pérdidas, desgracias personales) y desde el budismo, el advaita, la meditación zen, el hinduísmo o cualquier escuela de espiritualidad, se habla del desapego, el amor y la compasión en términos bastante fríos y poco conectados con la emoción, poco reales y acogedores para éstas personas.

Tu vida se acaba de caer a pedazos y el discurso que recibes desde ciertos enfoques del mundo espiritual es: tranquilo, todo está bien, aprende tus lecciones de vida, hay un plan, un principio ordenador de todo y aunque tu existencia esté hecha migas, no has de preocuparte, pasa lo que tiene que pasar y ésto lo mejor para ti.

gurú zen

Te sueltan frases de éste tipo (que no dudo que sean reales) pero allá te mueras, porque eso es todo lo que vas a recibir de ellos.

Si acaso la invitación a un curso de yoga o meditación para que lo practiques (y les llenes el bolsillo a los desapegados o les barras el templo).

La gente sufre y lo mejor que somos capaces de hacer es recitarles tres frases bonitas, dos conceptos, endiñarles tres perlas espirituales, darles cuatro palmadas en la espalda, pasarles la mano por el lomo y despacharlos y quitárnoslos de encima con toda la elegancia que nuestro método de espiritualidad nos permita.

Que si todo es ilusión, que si hay que trascender, que si el sufrimiento no es real…

A ciertos niveles esto es cierto… pero ¿es esa una buena forma de acompañar al otro en su malestar aquí y ahora?¿Le va a servir de algo saberlo a nivel teórico, cuando su estado presente no le permite experimentarlo?

Si alguien viene sufriendo, que le hablemos de que su sufrimiento es ilusión no va a ayudarle demasiado a salir de ahí… comprobado… no funciona.

Nunca funciona.

A veces confundimos desapego con distancia, frialdad, lejanía y abandono del otro.

He visto casos de personas que llegan a su guía, gurú, profesor, maestro o instructor de turno con un problema gordo y el hombre o la mujer que dan la clase agarran la capa mística de torear y le dan tres pases a la persona y lo dejan igual que estaba o peor. Porque en el fondo lo han abandonado, no le han acompañado, no se han hecho cargo de lo que traía, ni le han recogido, y encima el tipo o la mujer con su pena, les tiene que estar agradecidos por la tremenda enseñanza espiritual que han recibido.

Te dejan tirado y encima se lo agradeces.

Luego te queda esa rara sensación de que, si sufres, es porque eres tonto y no miras por debajo de la ilusión que lo impregna y subyace en todo.

A mi me parece que cuando uno sufre y se le trata así, se le dan palabritas y conceptos, en realidad se le somete a un abandono en toda regla.

Una cosa es que haya un plan, un principio ordenador y que todo suceda como tiene que suceder, una cosa es que todo sea ilusión y el sufrimiento no sea real en según que forma y modo…  y otra cosa es que a la persona que viene no se la recoja, acompañe, muestre afecto y ternura, se la escuche y se la demuestre de manera real ese amor del que tanto se habla.

Vivimos un amor de boquilla, el amor de palabra pero no demostrado de una manera efectiva y real en nuestras acciones.

Hablamos del amor, escribimos libros sobre el amor, pero dentro de nosotros, amor poquito.

Se habla del amor y de la compasión de una forma desapasionada y bastante lejana, poco tierna, poco humana y poco real.

A menudo, la manera más cómoda de no empatizar con el otro, no hacerme cargo de acompañarle ni estar a su lado es decir que lo que trae es suyo y él se lo tiene que gestionar.

Esto es cierto solo en parte… la verdad es que así encubrimos nuestra poca capacidad para dar, para recoger y para acompañar.

Conceptos como recoger, acoger, escucha activa y contacto cálido y real parecen muy alejados y olvidados hoy.

En el mundo espiritual es frecuente encontrar a personas que venden humo muy bien (hasta se lo creen) y hablan de cosas que no han experimentado.

Los detectas porque corporalmente muestran signos de anestesia y de vivir en la cabeza, en el concepto, en la razón y no en el corazón.

Son grandes egos y cabezas con patas, cerebro, razones, mente… nada de corporalidad cálida y de emociones verdaderas.

Ya son años haciendo observaciones como para no darme cuenta.

Hablan de cosas que han aprendido o leído en cursos y libros, bellas frases, koans, principios, sutras, pero nunca se los han paseado por el cuerpo ni los han interiorizado. Hablan del amor, pero no te parece que lo estén sintiendo hacia los demás en ese momento en que lo dicen.

Es lo que yo llamo el amor como concepto.

Se habla de él, se filosofa sobre él, pero no se experimenta con calidez, ternura y contacto real con el otro.

En gestalt, hablar acerca de las cosas sin experimentarlas se denomina hacer Bla-Bla-Bla.

Hay tres tipos de Bla-Bla-Bla.

1-Caca de pollo (son esas frases de compromiso que decimos cuando vamos en el ascensor… ¿Que tal todo? Parece que va a mejorar el tiempo. ¿La familia que tal? Bien, todo bien… y con las que nos relacionamos de manera poco auténtica con nuestros vecinos. Frases de compromiso, fórmulas fáciles.

2-Caca de vaca. Son las excusas explicaciones y porqués que nos damos para autoengañarnos cada día. Hice ésto por ésta razón, ésto me lo hizo fulano por ésta otra…. Se trata de los porqués, que son interpretaciones, pero no son la realidad.

3-Caca de elefante. Es cuando teorizamos y filosofamos sobre la vida, el universo, el sentido de todo, sin haber experimentado nada de lo que decimos o habiéndolo experimentado solo desde lo mental o lo corporal, pero no con todo nuestro ser.

En gestalt, lo que no se experimenta es que no se ha vivido y hablar de ello no es hablar con autenticidad ni conocimiento de causa.

Solo sabes de aquello que tu has vivido, de lo otro, puedes hablar, teorizar y hacer la caca verbal que quieras… no es real para ti… porque no lo has atravesado.

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Pues bien, mucho de lo que leo en materia espiritual en tantos libros, blogs y lugares últimamente me parece caca de elefante.

Gente hablando de cosas que no ha experimentado, gente viviendo desde la cabeza, sin ternura, sin afectividad, sin atravesar estados emocionales intensos, hablando del amor sin sentir amor, de la compasión sin ser compasivos, del desapego siendo distantes y fríos  con los demás… confundiendo abandono con desapego, frialdad con desapego, incapacidad de dar al otro con desapego y ecuanimidad.

Y unas narices.

abrazos

A veces, en vez de hablar tanto, de teorizar tanto, lo único que tenemos que hacer por el otro es abrazarle. Tan solo eso.

A veces, solo necesitamos un abrazo, un gesto sencillo y sincero, entregado, que es mucho más poderoso que todas las técnicas, meditaciones, discursos y palabrería mística que seamos capaces de elaborar, leer, asimilar o escribir.

Dar y recibir un abrazo es experimentar el amor en estado puro. Dejarse de conceptos, de razones, de mente y pasar al acción de la mejor manera que existe… con afecto y amor.

Alguien viene con un problema, viene con una herida, está sufriendo… y le abrazamos y nos dejamos de tonterías.

La mente es un servidor excelente, pero como jefe, reconozcamos que deja bastante que desear.

A veces, un abrazo sin palabras es la mayor muestra de compañía, compasión, afecto y ternura que podemos demostrar al otro.

Abrazar es una de las muchas formas del amor.

Abrazar bien es todo un arte… pero si lo hacemos con todo nuestro corazón no cometeremos errores y el otro sabrá que estamos presentes en su vida.

Asi que, más abrazos, más amor, menos palabras… y sobre todo más ternura.

deprimida

Procedente del blog Presencia Consciente http://presenciaconsciente.tumblr.com/ volvemos a traer un artículo de Jeff Foster, ésta vez hablando sobre la depresión desde un punto de vista totalmente novedoso, cuyos postulados a veces son sostenidos por bastantes miembros de la comunidad terapeútica humanista, entre los que me incluyo.

Solemos anestesiar la depresión con medicamentos.

No se trata de que la gente sufra sin objeto, pero si anestesiamos con fármacos los síntomas, el paciente no escucha el mensaje de la depresión y no actúa en consecuencia.

A veces nos deprimimos porque nuestra vida no nos satisface y tenemos que cambiarla, si nos medicamos mecánicamente y adormecemos esa sensación, jamás cambiaremos de vida… y ese justo es el sentido que tiene el malestar que estamos sufriendo, hacernos tomar conciencia de que algo no marcha.

Parcialmente de acuerdo con Jeff Foster (en casos extremos, sigo pensando que la medicación puede resultar imprescindible para evitar un sufrimiento innecesario en la persona o incluso para anticiparse a tentativas de suicidio) lo cierto es que siempre he creído que cuando uno se deprime por un tiempo prolongado, no está escuchando el mensaje que esa dolencia está enviando y hay resistencia al cambio.

A veces hay que cambiar de vida, hacer reestructuraciones y movimientos, a veces hay que dejar de fingir, a veces hay que afrontar verdades que nos cuesta muchísimo encarar.

La depresión es una señal más, un indicador de que algo no funciona en nuestra existencia.

Apagar ese indicador no solucionará el problema.

Y dicho ésto… os dejo el excelente texto de Jeff Foster.

Eugenio Sánchez Arrate

 

El LLAMADO DE LA DEPRESIÓN

Jeff Foster

La depresión no es lo que crees. Se trata de una ruptura sumamente necesaria de todo aquello que es de segunda mano en tu vida, de todo aquello que no has comprobado, de todo aquello que has dado por hecho. Es una invitación para que te contactes con lo Nuevo. Para que te arriesgues. Para que vivas. Para que ames en una forma que sabes que es posible para ti. Para que dejes de fingir.
Se trata de la oportunidad, de perder la fe en todos los significados que se te dieron, en todos los valores de segunda mano, en todas las creencias que alguna vez usaste para protegerte de tu experiencia inmediata, íntima, y una invitación para que te encuentres cara a cara con la vida, al desnudo. Es una oportunidad para sentirte dispuesto a perderlo todo.
Palabras como ‘compromiso’, ‘relaciones’, ‘deber’, ‘amor’, ‘iluminación’, incluso ‘felicidad’, de pronto suenan demasiado vacías, demasiado lejanas de nuestra experiencia de vida. Ellas siempre fueron algo distantes, éste es el secreto:Siempre estuviste viviendo de PALABRAS, tomaste las PALABRAS como dioses o como metas, y en realidad nunca tocaste la vida que sabías que era posible.

¡Esa era la ‘depresión’!… tu imaginada separación con todo lo que está vivo dentro de tu corazón.

Pero recuerda que la vida viene antes que las palabras, amigo. El mundo de las palabras, pensamientos, significados, debe disolverse. Se trata de un mundo falso, un mundo dual, un mundo vacío y falto de amor. Este mundo jamás fue tu verdadero hogar.
Así que ¡aflígete por este mundo perdido! ¡Llora por el fallecimiento de tu falso hogar, sí! Pero sabe que no hay nada malo contigo – son sólo sueños lo que está muriendo, sólo fantasías que se están consumiendo en el fuego de la Verdad, y una nueva vida, una vida mucho más creativa está emergiendo de las cenizas de todo lo viejo.
La depresión no es una patología, date cuenta, no es algo ‘negativo’, y ciertamente no es algo que esté ‘mal’ (porque el universo nunca comete errores), es más bien el incomprendido camino de los valientes. Es un camino espiritual que exige todo de nosotros. Necesita que nos detengamos, que realmente hagamos un alto, y que veamos la vida de frente. Que nos cuestionemos todo, absolutamente todo, y que no creamos nada que no esté vivo dentro de nosotros. Que descubramos lo que en realidad somos, más allá de todas las historias. Que terminemos esa dependencia fundada en el temor a las autoridades externas y que confiemos en nosotros mismos por primera vez. Que recordemos nuestra verdadera naturaleza y que dejemos de estarnos disculpando por todo aquello que está vivo en nosotros.
No mediquemos nuestra ‘depresión’, adormeciéndonos y haciéndonos cada día más dependientes de lo que ya somos. ¡No somos ningunos esclavos! Dejémonos abrir, permitamos que el estatus quo se desmorone y abrámonos a una experiencia plena de vida, incluso si esto duele. Abracemos la alegría y el dolor de la existencia, la seguridad y la duda, la felicidad y el aburrimiento.

Permitámonos ser la inmensidad en donde todo puede surgir y desaparecer. Descansemos del agotador juego de buscar algo que jamás podremos encontrar en el tiempo o en el espacio, y dejemos de pretender que la ‘depresión’ es algo más que una cierta clase de conversación con la vida.
Entendamos el profundo llamado de la depresión y terminemos con el miedo que algún día le tuvimos, de una vez por todas.

Felicidad

Eugenio Sánchez Arrate

Odio las listas de recetas. También las listas de consejos y sobre todo esos artículos o libros del tipo, las 10 leyes para el éxito, los 12 pasos hacia la felicidad, las 20 cosas imprescindibles que mejorarán tu vida, o los 13 principios de la mente superior y creativa.

Las odio, sencillamente. Contienen un aroma de superioridad, transmiten esa rara sensación de que, leche, si resulta que es muy fácil ser feliz, ser rico, ser abundante, vivir una vida sana, pero como yo soy medio gilipollas, no me había dado cuenta y vivo hecho un desgraciado.

Entonces nos entra la culpa, no solo no lo estamos haciendo bien, no solo estamos llevando una vida de mierda, sino que encima… encima nos restriegan que somos imbéciles porque la solución es muy fácil y estaba ahí, al alcance de la mano.

Son muy norteamericanos éstos procedimientos de la felicidad en pastillas y principios fáciles, la riqueza al alcance de todos siguiendo tres pautas y dos consejos.

Creo, desde el corazón, que si una sola de esas listas funcionara bien, no haría falta seguir escribiendo más listas parecidas. También opino lo mismo de los libros de autoayuda… su funcionamiento es relativo.

Pero sobre todo odio ésta clase de listas porque no creo en dar consejos, no creo en dar recetas y creo que cada persona tiene necesidades e impulsos diferentes, un camino diferente y una forma diferente de vivir. Cada persona necesita algo distinto para despertar la conciencia y ser más feliz.

¿Quiénes somos nosotros para dar consejos?.

Dicho ésto, solo puedo contaros aquello que a mi me ha funcionado bien de unos años para acá. Aquello que ha hecho de mi vida un lugar mejor. Advierto: son mis trucos… para nada pretendo que sean los trucos que deba seguir todo el mundo.

Agradecimiento: Agradecer todo lo que tenemos, lo que disfrutamos, la comida que comemos -sea buena o mala, mucha o poca-, la gente con la que hablamos, las oportunidades que aparecen en nuestra vida, las experiencias que vivimos, las buenas, las malas, las regulares. Valorar que tenemos casa, techo, comida, comodidades, que estamos sanos, que podemos respirar, reir, caminar, que tenemos gente que nos quiere, que estamos facultados para querer con toda nuestra alma a las personas que vengan a nosotros.

Perdonarse y perdonar (lo cual no significa que los demás te puedan tomar por tonto) A los que tengas que poner límites o decir las cosas muy claras… debes hacerlo. A los que tengas que expulsar de tu vida, expulsarlos sin contemplaciones. No venimos a ser ONG´s del afecto. Si no nos aman, aire. Tratemos a los demás como ellos nos tratan a nosotros. Da mucho poder y sensación de alivio dar puerta a alguien que solo nos ha hecho daño o que abusa de nosotros.

Ver el lado amoroso de las personas. Una mirada torcida hacia la gente y nosotros mismos, ver los defectos y solo los defectos de todo y todos, nos hará muy desgraciados. Ver el lado amoroso de la gente implica vernos a nosotros amorosamente. Nosotros también somos gente. También merecemos una mirada amable. Merecemos amor.

Aprendizaje: Considerar cada experiencia de vida no como una desgracia o una bendición, sino como un aprendizaje.

Sencillez: Recrearse en las cosas sencillas de la vida. Aprender a disfrutar del silencio, de un paseo, de un atardecer. Las mejores cosas de la existencia no son las más caras o las más rotundas, intensas o excesivas. Vivir agitado o pasado de vueltas es vivir en un estado de excitación anormal e insano que implica que algo dentro de nosotros no marcha bien. Si tenemos que chutarnos adrenalina, es porque quizá estamos un poco muertos por dentro. Lo cotidiano ya contiene experiencias poderosas para nosotros siempre y cuando estamos en un estado total de presencia.

Escuchar al propio cuerpo. Si enfermamos o somatizamos, es porque algo en nuestra vida no marcha bien. Ya hay exhaustivas listas de correspondencias entre dolencias y enfermedades y su correspondiente problema emocional asociado. (recomiendo, por ejemplo La Enfermedad busca sanarme, de Phillippe Dransart. Editorial Luciérnaga, pero hay muchos otros libros) Investigad, escuchad al cuerpo, aprended lo que os está diciendo cada dolor, cada enfermedad, cada problema de salud.

(Esta es una de mis favoritas, atentos)…

Ligereza: Si cuesta mucho, no es para ti. Si te tienes que esforzar un montón para lograrlo, si conservar una relación o tu vida actual te pesa… esa no es tu verdadera vida. La vida de uno, la que está destinado a vivir, es fácil, ligera, no se hace pesada ni molesta, no cuesta grandísimos esfuerzos, no aburre, no aturde, no atonta, no estresa, no cansa ni agota, no te hace sentir que serías más feliz en otra parte. Al contrario, te llena de energía e ilusión. Cada día.

Desapego y límites: Si algo o alguien no te nutre, abandónalo, no es para ti. Todo y todos los que estén en tu vida han de estar para proporcionarte la mayor felicidad posible. Eso no significa que puedas aprovecharte de ellos, pero si que debes aprender a disfrutar de lo que te dan. Pon límites a los que te dañan, aléjate de los que no te aman o te hacen daño. No tienes porqué aguantar a nadie. En ningún lugar está escrito que tu te tengas que llevar bien con todo el mundo.

Felicidad: Aprender qué es lo que te hace feliz a ti. Lo que a una persona la hace feliz, para otra puede ser un infierno.

Conocerte: saber qué te apasiona e ilusiona y empezar a hacerlo ahora, ya y sin excusas. Esa es la tarea más importante que has de llevar a cabo de manera inmediata. Los debos y los tengos no sirven de nada. Tu no tienes ni debes hacer nada… tu obligación primera es ser feliz y compartirlo con los tuyos, contagiarlo al mundo.

Se creativo: Recupera al artista que llevas dentro. Cursos como el Camino del Artista, de Julia Cameron (que yo imparto como facilitador, pero que pueden hacerse en solitario) o cursos de creatividad, arteterapia, bellas artes etc… te ayudarán a rehabilitar al creador que llevas dentro. Porque, no se si lo sabes, cuando creas, te pareces a la Deidad, te vuelves luminoso, divino y también más feliz.

Todo el mundo es creativo. Se puede ser creativo hasta cuadrando balances o fregando los platos, no necesitas ser un artista en el sentido más estricto del término para trabajar y explorar tu creatividad.

Entusiásmate: … entusiasmo viene de la palabra Entheos (estar en Dios).

Recupera a tu niño interior: Sanar sus viejas heridas, hacer los duelos pendientes, perdonarse y perdonar viejos agravios, traumas y heridas. Para ello, imprescindible hacer terapia. Sin terapia, todo queda sepultado bajo capas de aparente normalidad… pero solo aparente. El dolor está ahí debajo… SIEMPRE. Por mucho que lo ignores o niegues, está teniendo un efecto perjudicial en tu vida a no ser que lo sanes y limpies por completo. Mucha gente cree estar sana pero no lo está. Sin terapia el camino de crecimiento se hace mucho más arduo.

Apertura: Estar abierto y dispuesto al crecimiento interior y el trabajo personal constante. No lo sabemos todo, no somos divinos ni perfectos. La disposición a crecer nos hace grandes.

Escucha: Sin escucha a los otros, a la vida, a uno mismo, uno no recibe los mensajes de la existencia ni aprende lo que tiene que aprender de todo lo que nos pasa. Escuchar significa a veces oír cosas de nosotros o los demás que no nos gustan… y de nuestra capacidad para encajar depende todo.

Empatía y compasión: Empatizar con uno mismo y los otros. Compasión, compasión y compasión. Los demás no son nuestros enemigos, a menudo son grandisimos aliados.

Pasión: Y una variante muy buena… con pasión, con pasión, y con pasión… haz cosas que te apasionan, apasiónate. La gente que no es capaz de apasionarse, debe trabajar sus miedos y corazas exteriores, pues por debajo de ellas lo que existe es el espíritu, el fuego interior que nos hace vibrar con la vida, que nos sacude y agita para entregarnos a la experiencia.

Experiencias intensas: Buscad experiencias cumbre, experiencias de total implicación y conexión con lo que estéis haciendo… ésto solo se consigue haciendo lo que a uno le gusta. Una experiencia intensa no significa que uno se tenga que arrojar desde un puente, circular a trescientos kilómetros por hora o luchar con un león a brazo partido. La intensidad es otra cosa muy distinta desde la quietud, la calma y el estar centrado en uno mismo.

Meditar, pasear y caminar con frecuencia: Algo de ejercicio físico (senderismo, bicicleta… en mi caso, además, tiro con arco) ayuda. Machacarse y autotorturarse con el ejercicio tiene un componente importante de masoquismo o adicción a las endorfinas a causa de un estado emocional que casi siempre muestra cierta tendencia a la depresión. Es propio de los caracteres rígidos, hiperresponsables y encorsetados. Si tu ya eres feliz con tu vida cotidiana, no necesitas chutarte ejercicio para no venirte abajo o apagarte como una vela sin cera. Deporte sano y sin exigencia, que éste no sea una adicción ni una tortura. Que sea un regalo.

Contacto con la naturaleza: Pisar la hierba descalzo nos reconecta con la Fuente, la Deidad, el Creador y el propósito de nuestra alma. Hacedlo con frecuencia, es sanador.

Vivir las emociones sin negarlas, reprimirlas ni rechazarlas. Ser fuerte no es ir de fuerte por la vida (a menudo se confunde ésto). Alguien fuerte llora si tiene que llorar, se desmorona si se tiene que desmoronar, va a terapia si tiene que ir, no niega los problemas, no asegura tenerlo todo controlado y es capaz de atravesar todos los estados de ánimo sin negarlos o bloquearlos porque puede caminar a través de ellos sin sentirse amenazado.

Soledad y Compañía: Pasa ratos de soledad e introspección (para centrarse y no perderse en los otros) y ratos de compartir con los amigos, con buenos amigos. Comparte el tiempo con gente que te quiere, con animales, con personas lindas y luminosas.

-Tener una buena disposición y consideración hacia uno mismo. Tratarse con afecto, con respeto, con ternura. Mirarse con ojos amables en el espejo. Reconocer los propios errores, perdonarse por ellos, pedir perdón a otros si se los hiere u ofende, reparar el daño causado siempre.

No forzar los acontecimientos, fluir con la vida, no pelearse con lo que no nos sale, lo que no es para nosotros, no nos llega o no sucede. Lo que ha de pasarnos, nos pasará, lo que ha de llegarnos, llegará. Todo está contemplado en el plan de nuestra alma.

No esperar el momento adecuado e idóneo para hacer lo que uno desea hacer, estar con quien uno desea estar o llevar la vida que uno quiere y sabe qué le hará feliz. El momento es Ahora, el instante es Ya. Postoponer es aplazar… ¿Cuándo será el momento idóneo para hacer eso que siempre quisiste hacer? La respuesta es hoy… Ahora. Solo tenemos el presente y nada más. La vida pasa deprisa.

Olvida las listas, las recetas, los consejos: E insisto, como punto final del listado, no hacerme a mi mucho caso, no seguir a maestros ni gurús, ignorar las listas como ésta (incluida también ésta si os parece bien)… buscad vuestras propias recetas. Las mías son las que os he contado y puede que no todas os sirvan. Usad las que os vengan bien, añadid otras y, si os apetece, compartidlas conmigo, porque me encantará escucharos y saber lo que os hace felices ya que, posiblemente, también me ayude a mi y ayude a muchos otros a ser más felices.

Esto es VerdeVerdad y, entre todos, vamos a cambiar el mundo.

mujer furiosa

un artículo de Eugenio Sánchez Arrate

 

Escribo éste artículo pensando en personas conocidas más o menos lejanas de mi propia vida.  Algunas de ellas son lo que, hablando en plata, se podría denominar como víboras o bichos.

Todos hemos conocido personas así alguna vez, las tenemos más o menos cerca.

A menudo detectamos que esas personas se tienen en mejor consideración de la que debieran. Otras veces nos damos cuenta de que no se hacen responsables del daño que causan.

Finalmente, si en tu vida detectas que la gente te rehuye, que te terminas quedando un poco solo (cuesta trabajo reconocer ésto) quizá la gente te esté evitando por algo.

Pero aceptarlo puede ser duro.

Y es que todos, por estadística, nos consideramos mucho mejores personas de lo que somos. (Incluidos tu, que estás leyendo éste artículo y yo, que lo estoy escribiendo).

Es una realidad, en general (salvo aquellos que hacen todo lo contrario y se culpan por todo y creen que son personas no merecedoras y se flagelan constantemente por ésto y por aquello, viviendo inmersos en una culpa desproporcionada) todos tendemos a tener una imagen confundida e idealizada de nosotros mismos.

Sorprende mucho, por ejemplo, cuando las personas inician un camino de autoconocimiento vía Eneagrama, y de repente chocan contra sí mismos y descubren las esquinas y oscuridades de su ego. O cuando la gente descubre en terapia que no es tan estupenda como creía y que lleva toda la vida haciéndose daño y haciéndoselo a los demás de las maneras más retorcidas e insospechadas (y casi siempre sin darse cuenta).

Los procesos de decepción son impresionantes. No somos tan maravillosos como pensábamos.

 

NO SOMOS TAN BUENOS

En budismo hay una frase: El camino de la iluminación comienza con decepcionarse con uno mismo.

Decepción, es un buen comienzo, un buen punto de partida para empezar a caminar.

No se trata de culparse, se trata de asumir, de reconocernos, de aceptar, para poder crecer.

Hay montones de personas que no inician un camino de crecimiento personal para no llevarse el disgusto, el soponcio de descubrir que llevan a un pequeño hijo de puta dentro de sí mism@s.

Para no tener que aceptar que somos envidiosos, coléricos, manipuladores, mentirosos, egoístas, caraduras, narcisistas, ególatras, memos… evitamos mirarnos con honestidad en el espejo.

Pero cuando lo hacemos e iniciamos un camino de crecimiento personal honesto y profundo, de repente descubrimos nuestra propia mezquindad, nuestro propio victimismo, nuestra propia manipulación, nuestra propia envidia, avaricia, codicia, soberbia, vanidad, orgullo, pereza, lujuria (no en el sentido bíbilico sino en el sentido de las escuelas sufíes de conocimiento). Y solo aceptando y perdonando podemos trascenderlas y superarlas.

Y solo cuando las perdonemos en nosotros, podremos perdonarlas en los demás.

 

La realidad es que, si fuéramos tan estupendos, tan magníficos, honestos, completos y bienintencionados, no estaríamos inmersos en el proceso de reencarnación, la rueda del samsara que nos domina.

No estaríamos en ésta esfera de manifestación, sufriendo a ratos, viviendo vidas a veces duras, insatisfactorias o llenas de dificultades y pruebas.

Tenemos cierta tendencia a idealizarnos y la ideología Nueva Era no nos ayuda a crecer cuando sostiene esa visión happyflower de la vida en la que nada importa y todo es perfecto.

Que sea perfecto no significa que no tengamos que hacer nada.

Desde ésta visión florida del universo, mucho gurú, terapeuta y chamán de chicha y nabo se permite toda clase de abusos y excesos contra los demás (pues en su torcida forma de ver las cosas, todo está justificado, no hay límites ni respeto por los otros, puedo robarles energía, abusar de mi posición de terapeuta, manipular, aprovecharme, embaucar, enredar, confundir, sacar el dinero, obtener favores sexuales, cualquier cosa, todo vale, todo está bien).

Y unas narices está bien.

Vale que somos seres de Luz, vale que nuestra esencia es amor, vale que en el fondo de nosotros hay un alma inmortal inalterable.

Pero en el aquí y ahora, vivimos en un mundo de sombras y tenemos sombras dentro de nosotros, defectos, oscuridades que hemos de resolver y aclarar para crecer y conseguir dejar de hacernos daño y hacer daño a otros.

Venimos a poner más luz al mundo y también más luz dentro de nosotros mismos. Venimos a dejar caer las máscaras, a adelgazar el ego (no a extinguirlo, porque sin ego -la coraza que nos protege y tantas veces nos limita- en ésta esfera no se puede vivir).

Y para ello, hemos de admitir que a veces no somos tan compasivos como creemos, tan altruistas y amorosos como pensamos, tan buena gente como nos gustaría creer.

Hemos de admitir que nos queda aún un recorrido largo hacia la iluminación, hacia la ascensión y hacia la realización como seres humanos completos.

Además, habréis comprobado que el mundo está fatal y que desde la pasividad no podemos cambiarlo. La pasividad es permisividad y aquiescencia. Es consentir, ocultar la cabeza y mirar hacia otro lado.

Sentados no vamos a mejorar lo que está estropeado.

No hay nadie más dañino que alguien que puede arreglar las cosas, alguien que puede ayudar a cambiar el mundo y se queda de brazos cruzados y no lo hace, o vive su vida en un ombliguismo de autobienestar y convenciones sociales almibaradas, o que huye del mundo y se refugia en un monasterio sin aceptar que lo que sucede es que está socialmente inadaptado y no hace nada por transformar las cosas.

Siguiendo el carril o lo que la familia y la sociedad espera de ti, no necesariamente estarás haciendo tu propio camino.

Yo mismo viví muchos años asi, dormido, anestesiado, viviendo la vida inercial que mi familia y las convenciones me habían impuesto, hasta que me di cuenta de que no podía seguir dándole la espalda a la gente, al universo, a mi propósito en la vida.

Yo había venido a ayudar, a hacer algo por el mundo. Y entonces todo cambió.

 

NO BASTA CON SER BUENA PERSONA

No basta con ser buena persona. Aquí en la Tierra hay mucho trabajo que hacer. Mucha gente a la que ayudar, muchas estructuras sociales que transformar, mucha pobreza, injusticia y desequilibrios que corregir. Muchas guerras que terminar, muchos abusos que impedir. Mucha vida que mejorar. Mucha oscuridad que iluminar y combatir.

Y hay que hacerlo Hoy, Ahora.

No mañana ni en otra vida.

¿A qué esperamos?

¿Cómo haces tú para mejorar el mundo que te rodea? ¿Te escondes en tu cueva doméstica? ¿Te refugias en tu seguridad familiar, en tu casita aislada, en la comodidad de los tuyos… o te entregas al mundo y a lo que has venido a hacer reconociendo tus talentos y poniéndolos al servicio de la vida?

Hombre malo

Si solo orbitas en la esfera de tu familia y allegados, no estás haciendo las cosas bien.

Si mucho de lo que haces está orientado a mantener tu estatus y posición, o a mejorarla, pero nada haces por el resto del mundo, no estás haciendo las cosas bien.

Y si te limitas a vivir una vida convencional de familia y trabajo, pero nada haces por el colectivo, no estás haciendo las cosas bien.

La Fuente, el Uno, La Diosa, El Dios, El Creador no te pide que para estar al SERVICIO hagas cosas que te sean extremadamente penosas o que te cueste muchísimo llevar a cabo, te pide que hagas cosas que ya sabes hacer, cosas que se te dan bien, cosas que son naturales en ti y que te hace feliz poner a disposición de otros.

Hay personas que cocinan estupendamente, otras son buenas escuchando y dando consuelo, otras son capaces de organizar y liderar, otras pueden aportar fuerza física, o ternura, o sensibilidad, o creatividad y arte a la vida de otros… Yo escribo, doy cursos y sesiones de terapia y sanación espiritual… pero otros arreglan averías, curan enfermos, plantan árboles, protegen el entorno, cuidan ancianos, salvan animales, ayudan en zonas de hambre o conflicto, crean empresas para mejorar la vida de la gente…

¿Qué haces tu para mejorar el mundo que te rodea?

Si las capacidades y talentos que el Creador te ha dado, no las estás poniendo en juego para nada, si no ayudas a los desfavorecidos, si no das lo mejor de ti de manera entregada y desprendida, si no estás en el SERVICIO de los demás, no estás haciendo las cosas bien.

Bajaste a hacer de éste lugar, éste mundo tan injusto y desequilibrado, un sitio mejor.

Y cuando descubras como te defiendes, te ocultas, escurres el bulto, te aprovechas de otros, te escondes y proteges, como evitas, como medras, como buscas solo el bien de ti y quizá los tuyos, como te limitas a pagar facturas, marcharte de vacaciones, cuidar de tus hijos o familiares, pero sin cuidar de los demás, de los hijos de los demás, los familiares de los demás, toda esa gente que también se merece respeto, amor, solidaridad y cuidado, descubrirás como no eres tan estupend@ como tu te crees… y si encima un día conectas con el tremendo daño que posiblemente te haces y haces a otros, a menudo sin saberlo y desde la ignorancia (sin maldad), si lo descubres sobre todo durante un profundo y transformador proceso terapéutico, te decepcionarás de ti mismo, lo pasarás fatal y dirás aquello de Yo no puedo ser tan Hij@ Puta.

Pero ¿que pasaría si resulta que si lo eres?

Todos lo somos o lo hemos sido durante un tiempo. Pero no podemos permitirnos seguirlo siendo.

El mundo y la gente nos necesitan.

Consultas de Registro Akáshico

un artículo de Eugenio Sánchez Arrate

veneno

Hay personas tan acostumbradas a vivir en ambientes tóxicos y envenenados desde su infancia, en vidas insanas, áridas emocionalmente, con poco o ningún amor, e incluso maltrato, que ni saben que su vida es insana y que no les hace ningún bien.

A veces reconocer que nuestros padres nos han maltratado, abandonado o querido poco o nada, es tan duro que uno prefiere seguir engañándose toda la vida.

Estas personas, criadas en ambientes tóxicos repiten patrones y acaban emparejándose con parejas similares a sus progenitores maltratadores o poco afectivos, o con escaso acceso a sus emociones.

Con los años, llegan a pensar que están cómodos ahí, que su vida es ideal y que eso es vivir la vida, un acostumbrarse a la insatisfacción constante.

No se dan permiso para ser felices y no saben que no se lo están dando.

 

ACOSTUMBRARSE A LO QUE NOS DAÑA

Es como haber estado comiendo veneno toda la vida y haberse acostumbrado tanto a é,l que uno ya cree que ese es el sabor de la buena comida.

Y hazte una pregunta, lector, lectora:

¿Si jamás te hubieras comido un buen plato de comida, cómo sabrías que es bueno? ¿Cómo sabes que algo es bueno si no has tenido con qué comparar, si no has podido probar, si siempre has comido la misma bazofia?

Porque mucha gente eso es lo único que ha tenido ocasión de comer, bazofia emocional.

Es así de duro. Y reconocérselo a uno mismo no es fácil.

Perdonar a padres y familiares es una de las más complicadas tareas en la vida de una persona.

 

Posiblemente crees que esos platos que tu te has comido durante años, esos platos que te comes hoy, eran y son buenos, que esas parejas que has tenido y tienes son ideales o suficientes para ti… pero muchas, muchísimas personas jamás se han comido un buen plato emocional de comida, jamás han sido amados de verdad, tratados con verdadero cariño y respeto, jamás han sido cuidados con amor por los otros, sin manipulaciones, sin engaños ni arideces emocionales… y viven engañados, creyendo que eso que ellos viven es algo bueno y les hace realmente felices.

Hay personas que están emparejadas con un cuidador, uno que las protege y se hace cargo de todo y que las trata como si fuera una posesión, un niño o un objeto que no sabe valerse por si mismo.

Algunas parejas se sostienen más por la necesidad, por el miedo a la soledad que por el amor.

Otras personas viven en desiertos emocionales donde los sentimientos y la sensibilidad se evitan o reprimen.

Otras viven en parejas donde las broncas y malas contestaciones, el maltrato verbal es constante.

 

Yo he vivido situaciones de pareja insatisfactorias que me hacían creer que aquello era bueno para mi, eso necesitaba creerme porque el temor a romper y buscar algo mejor, una vida buena para mi, era mayor que mi capacidad para aceptar la verdad.

 

Hay personas que han recibido tan poquito amor que tienen una incapacidad crónica para darlo y recibirlo de otros.

El resultado suele ser maltrato en alguna de sus muchas fórmulas.

De ellos y ellas hacia otros, de los otros hacia ellos y de ellos y ellas hacia sí mismos, con una elevada exigencia, juicios desproporcionados hacia sí mismos y hacia los otros etc…

 

A veces se necesita dar un paso atrás para mirar con distancia la propia vida.

 

Y luego hace falta valor para separarse de aquel/aquella o aquellos que nos dañan.

LA SABIDURÍA DEL CUERPO

A veces solo sentiremos una vaga añoranza interior de que en la vida debe haber otra cosa, algo mejor, distinto, algo que nos haga más felices. Esta señal suele ser bastante recurrente y poderosa, pero los humanos solemos ignorar ésta clase de señales de nuestra alma, que trata de orientarnos al amor y la salud.

Sin embargo tenemos una guía que nunca falla respecto a la toxicidad y ella es nuestro cuerpo.

El cuerpo nunca miente y, si somatizamos y sentimos constantes molestias, dolores y enfermedades, podemos estar seguros de que algo no marcha bien en nuestra vida.

Con toda seguridad nos estamos engañando y tenemos que averiguar respecto a qué.

La respuesta llegará clara a nosotros si nos permitimos escucharla.

leona amor incondicional

un artículo de Eugenio Sánchez Arrate

Es uno de los grandes retos del ser humano desde que el mundo es mundo, sobre todo porque el amor incondicional es escaso en la vida cotidiana y nos cuesta darlo y recibirlo de los demás.

Amor incondicional es amar al otro, incluso cuando el otro no es capaz de amarse a sí mismo.

Quererle incluso cuando él no se quiere. Quererle incluso cuando no nos quiere.

Darle amor incluso cuando no se deja, no nos lo permite o cree no merecerlo y se aparta de nosotros, nos agrede, nos teme, nos juzga, se juzga y se enreda con nosotros en las formas más peregrinas.

Amarlo y amarlo así, sin esperar nada.

Esa es la clase de amor que deberíamos intentar dar al otro, pero no siempre es posible.

A mi, por ejemplo, me cuesta mucho. Soy humano y muchas veces conecto con el enfado, el abandono por parte del otro, o la tristeza.

Y descubro que no soy tan amoroso como quisiera, que no puedo querer tanto como me gustaría.

A veces uno tiene que poner límites para protegerse del maltrato… a veces el abandono, la agresión, o la falta de empatía hacia nosotros por parte del otro es también una forma de maltrato… y uno tiene que poner distancia.

Otras veces cargamos al otro con nuestras excesivas expectativas, esperando que se comporte de ésta o esa manera, que nos quiera así o asá, que sea de éste o ese modo.

Pero incluso cuando el otro no es lo que esperamos, podemos amarle de corazón.

En terapia, la aceptación incondicional del paciente es fundamental, como lo es en la vida. Aceptar a nuestros amigos, a nuestras parejas, a nuestros seres cercanos y lejanos. Aceptarlos en lo que son, quererlos así, sin esperar que sean diferentes, sin esperar que cambien o sean mejores o distintos, o estén más sanos o sean mejores de lo que ya son.

Eso es amor.

Y cuando la relación a su lado se hace insoportable, mejor alejarse, separarse, quererlos de otra manera en la distancia o incluso dejar de quererlos si eso nos daña, porque también hemos de querernos nosotros.

En ningún lugar pone escrito que tengamos que sacrificarnos, inmolarnos o querer muchísimo a todo el mundo durante todo el tiempo a costa de nuestra salud e integridad emocional.

Hay gente que sencillamente no se deja querer, otra que no es capaz de correspondernos… ese es su problema, no el nuestro.

Si después de haberlo intentado, intentado con ganas, no lo conseguimos, separémonos, será lo mejor.

Se que no es fácil… sobre todo porque a veces el que tenemos al lado nos lo pone fatal (sobre todo si nos agrede, ignora o maltrata… o vivimos enganchados en una trama de lealtad ciega, dependencia o agradecimiento que nos puede consumir la vida).

En caso de maltrato o agresión, los límites han de ser muy claros.

Aquí el amor incondicional se suprime, porque también nos debemos amor a nosotros mismos y dejarnos maltratar por los demás no es amarse como uno debería.

Aceptar al otro supone amarlo con todo el pack de defectos e inseguridades, con toda su neurósis o su psicósis.

Quererlo cuando menos se merece que lo quieran.

Quiéreme cuando menos lo merezca, porque es cuando más lo necesito.

Esta frase me encanta y es tan cierta como que hay un cielo y un sol cada mañana.

La persistente manía de querer arreglar al otro

Pero en terapia (y no solo en terapia, sino en la vida) a menudo caemos en el error de pensar que, como psicólogos, terapeutas, sanadores, tenemos que arreglar al otro (como si fuera un juguete estropeado), que tenemos que curarlo o sanarlo o cambiarlo o hacerle algún apaño para que mejore y sea al fin un paciente adecuado y digno de ser dado de alta en consulta, digno de ser amado y aceptado.

Pero no siempre contemplamos que las personas tienen su momento y sus propias dificultades. Que están viviendo un proceso. Que quizá no pueden, no saben, no lo logran o no llegan.

Que están bloqueadas, que no saben hacerlo mejor, incluso que no es su momento para la terapia y quizá nunca lo sea.

Aceptar que no podemos curar a todo el mundo, que no tenemos que curar a nadie, que incluso después de mucho esfuerzo, muchos pacientes no mejoran, o no se dejan ayudar, o abandonan la terapia o no desean seguir, es uno de los retos del terapeuta.

Amar al otro por lo que es, apreciarlo y dejarlo ser, dejarle existir, elegir, equivocarse, tropezar y levantarse… eso son verdaderos actos de amor que muchos terapeutas excesivamente directivos e interventivos, no logran realizar por sus pacientes.

Para ello es fundamental respetar los tiempos de la persona, su momento personal, su capacidad de entrega y su capacidad para confiarse al otro, así como su capacidad para autosanarse y cambiar, si es que deben hacerlo.

Respetar sus decisiones, aunque nos parezcan erradas, respetar su identidad personal, sus gustos, sus querencias, respetarlos aunque no los compartamos, aunque nos duelan, aunque choquen frontalmente con nuestro sistema de creencias o incluso aunque estemos constatando que son errores garrafales… el otro debe aprender por si mismo, no somos quien para inmiscuirnos.

Hay gente que, dada la naturaleza de su patología, no es dueña de si misma a la hora de confiarse al otro, de entregarse.

Hay gente que de momento no puede, gente que tendrá que esperar o que se enfrenta a grandes obstáculos y frenos interiores.

Obcecarse en empujar, en que se esfuercen más, es perder el tiempo y no respetarles, es hacerles incluso daño.

Las cosas deben fluir solas o si no, no funcionarán.

Aceptar al otro como es.

Y, ya de paso, aceptar que no podemos salvar a todo el mundo, porque no somos salvadores de nadie.

Aceptar que no podemos influir en el proceso de las personas, que no curamos a nadie (que la gente se cura sola mientras los acompañamos), que no somos nosotros los que sanamos al paciente, que la sanación sucede (o no), que la gente se sana y cura sola (o no) y que somos meros asistentes al proceso personal de los pacientes, a su propio camino.

Que acaso podemos darles algún mapa de ruta, algún consejo o sugerencia, alguna técnica o destreza que les ayude, e incluso el amor y aceptación que no han recibido en otras partes o por parte de otras personas… pero que la responsabilidad siempre es del propio paciente.

Del mismo modo, nos convendría aceptar que en la vida no hemos venido para cambiar y arreglar a nadie, porque todo está bien, la gente es como es y, de partida, nadie tiene que ser arreglado.

Y, o los queremos tal y como son, o mejor que nos apartemos de su lado.

Y sobre todo amarnos a nosotros mismos y aceptarnos en nuestros errores, atascos, bajezas, mezquindades, meteduras de pata…

Aprendemos a amar no cuando encontramos a la persona perfecta, sino cuando aprendemos a ver con amor a una persona imperfecta.

Y a veces esa persona imperfecta, somos nosotros mismos.

pareja encadenada

un artículo de Eugenio Sánchez Arrate

Llamo Canto del Cisne a esos intentos loables pero inútiles de muchas personas de reflotar una pareja cuando ésta no funciona.

Internamente uno sabe, ha sabido siempre, que aquello no es para durar. Por dentro, de alguna forma, una parte de ti se está marchando o no se ha llegado a entregar y comprometer con el otro.

Cuando una relación está muerta, los intentos por reflotarla en plan huida hacia delante son peligrosos.

Cuando nos va mal o no demasiado bien, solemos hacer una serie de cosas que solo servirán para empeorar la situación:

Tenemos un hijo

Hacemos una escapada

Nos vamos de viaje

Nos mudamos de casa

Nos hipotecamos

Nos vamos a vivir juntos

Nos casamos para ver si la cosa mejora

Muchas vivencias juntos, esa lealtad mal entendida que nos hace ser leales a muerte al otro (pero no a la verdad ni a nosotros mismos) prolongan lo inevitable.

A veces nos sentimos poderosamente atraídos por otra persona, a veces queremos escapar… son síntomas de que algo sucede.

Uno puede luchar, engañarse, reenamorarse del otro, apretar los dientes y esforzarse por reavivar un cadáver de pareja ya tocado y más muerto que la abuela del Hombre de Atapuerca.

Pero lo cierto es que no funcionará.

¿Cuánto tardará en acabar de romperse? Puede que unos meses, unos años o, si uno se resiste a la verdad, incluso unas décadas.

Depende de nosotros el prolongar la agonía o la apatía en la que vivimos.

A veces no es que las cosas vayan mal, es que solo van regular, o a rachas o ni fu ni fa.

A veces nos puede la culpa, o la sensación de que le debemos mucho al otro porque siempre estuvo ahí cuando nos hizo falta.

El agradecimiento no es suficiente para prolongar una relación.

A veces, incluso, con nuestra pareja hay un cierto acuerdo y entendimiento… entonces es probable que los intereses comunes mantengan una asociación artificial en la que ya el amor es escaso y solo queda respeto, afecto y respeto por el otro y lo mucho que hizo por nosotros…

Muchas parejas que hay en el mundo se sostienen de éste modo y permanecen unidas toda la vida en una alianza de intereses que por debajo no tiene nada más. Hijos, casa, empresa, proyecto de vida…

Las rachas de bien y mal no son un buen síntoma para una pareja.

Hablan de falta de entendimiento y de un intento debeísta por parte de uno o de ambos miembros (Debeísmo: el deber, el hacer lo correcto, el esforzarse por lo conveniente) de prolongar algo que no funciona.

Las cosas que funcionan son fáciles… incluso cuando hay fricciones, todo fluye y avanza.

Aquí hay una máxima: Si te cuesta mucho esfuerzo, no estás en el buen camino.

Miedo a después.

Como decía Jorge Luis Borges, a veces no nos une el amor sino el espanto.

A veces es tal el miedo a la soledad, la incertidumbre, a no poder vivir solo, a no encontrar a otra persona, a no saber cómo sostenerme en el mundo sin ayuda, al vacío, a la carencia, que uno es capaz de hacer cualquier cosa y vivir con cualquier persona, aguantar cualquier situación antes que afrontarlo.

Tememos abandonar nuestra distancia de seguridad y solemos autoengañarnos con mucha frecuencia.

Y la verdad es que opino que uno y una tienen todo el derecho del mundo a intentar todos los Cantos del Cisne que les de la gana, tener los hijos que quieran, para ver si así resucita la cosa, mudarse o comprarse una casa nueva, hipotecarse, cambiar de país, de hábitos de vida… en fin… que si alguien siente que ha de hacerlo, debe luchar (los caracteres con mayor exigencia aquí lo tienen complicado porque lo harán durante mucho tiempo antes de reconocer la verdad).

Pero existen problemas graves: si tenemos otro hijo y mi pareja y yo no nos amamos, el hijo lo pagará caro. Si no nos separamos cuando debemos hacerlo, el hijo sufrirá de más; y ver a sus padres unidos sin amor durante años será un ejemplo nefasto que, de adulto, le hará repetir relaciones y prolongarlas innecesariamente cuando todo se ha terminado ya.

Nuestro ejemplo en los hijos es importantísimo.

Si un niño ve a sus padres tratarse con frialdad, maltratarse o ignorarse, no será bueno para su vida adulta de pareja. Seguirá patrones inconscientes.

Si nos mudamos, nos hipotecamos, o nos cambiamos de trabajo, las consecuencias serán de tipo más material, pero también lo pagaremos caro si lo hacemos como huída hacia delante.

Pese a todo, insisto, cada cual debe intentarlo como sepa o pueda, porque si uno se va de una relación con culpa, no podrá perdonarse jamás.

Lo que se sobre relaciones que se prolongan innecesariamente

Yo tuve un Canto del Cisne en mi primera relación larga. 15 años en total, de los que sobraron quizá los últimos 6 o 7 de la relación.

Pero en esos últimos 6 o 7, intentando no cometer un error fatal, no perder a la que podía ser la mujer de mi vida, quemar todas mis naves, hacer todo lo posible, me reenamoré de mi pareja, incluso, enamorado de ella (reenamorado más bien), me casé con ella y al año y pico todo volvió a ser lo de siempre. Un constante desencuentro entre ambos.

Mi pareja de entonces y yo nunca debimos superar esos siete primeros años juntos y sin embargo, yo me obcequé, necesitaba hacerlo para poder irme después con la conciencia tranquila. Que no se dijera que no lo había intentado.

El problema es que a menudo uno está en un Canto del Cisne y no sabe que lo está.

Porque el Canto del Cisne no es tal, no funciona, si uno tiene plena conciencia de que, en cuanto acabe el plazo, la relación habrá terminado.

El Canto del Cisne puede durar poco o mucho tiempo, depende de nosotros y nuestra resistencia a la verdad, a nuestra verdad interior.

A veces tenemos demasiado miedo a mirar dentro y reconocer lo que nos pasa.

A veces es solo que hay amores que no duran siempre y nos cuesta reconocerlo.

A veces cuesta demasiado admitir la verdad.

Pero recordad, solo la Verdad nos hará felices a largo plazo.

¿Cuál es vuestra Verdad?

Vivimos la vida con sensación de esfuerzo, de conflicto, de lucha. Levantarse, trabajar, ir y volver a casa, pagar facturas, resolver problemas y acostarse agotados. No nos queda tiempo para ser felices, para hacer las cosas que deseamos, apenas para respirar.

Vivimos toda la vida queriendo ser más felices, tener más dinero, ser más altos, más guapos, más creativos, más libres, más realizados, más exitosos, más famosos, más espirituales, más ricos, más elevados.

Mi consejo es Deja de luchar.

Baja los brazos, no empujes, no te resistas, no trates de ser quien no eres, no te fuerces a cosas que no deseas, a vivir una vida que no quieres, no intentes ser otra persona, o comportarte como alguien distinto.

No frecuentes a personas con las que nada te une. No te alejes de tu esencia y de lo que amas… probablemente hace mucho que olvidaste quien eres y ya ni te atreves a seguir tu sendero.

Contémplate, acéptate y transfórmate desde esa aceptación incondicional, pues cuando la consigas, provendrá del cariño más puro hacia tí mismo.

En psicoterapia y otro tipo de disciplinas se parte a veces de una premisa errónea respecto al paciente.

La idea de que uno está roto o estropeado, de que hay que arreglar o reparar a las personas o a uno mismo, el mandato de que uno tiene que ser distinto de como es para convertirse en alguien más sólido, entero, responsable, cabal, eficaz, sensato etc…

Es lo que Claudio Naranjo, el gran difusor de la Gestalt, denomina el Juego de Calce (jugamos a encajar en un molde, a calzar como un zapato en la idea que tenemos de lo que es ser una persona sana o ideal). Pero es que no somos personas ideales, tan solo personas imperfectas.

Maravillosamente imperfectas, por cierto.

Y resulta que la mayoría de los problemas que tenemos provienen de no aceptarnos, no amarnos así, incondicionalmente, con nuestros defectos e imperfecciones. 

El amor todo lo cura y yo aseguro y juro, desde el corazón del escritor y terapeuta que soy, aquí y ahora, que en verdad no somos juguetes rotos, sino seres de luz de una belleza infinita.

Puede que seamos imperfectos en nuestras vidas, puede que a veces lo pasemos mal, que suframos, pero con amor y ternura, con aceptación y perdón, con cariño, todo se lleva mejor y (esa es mi experiencia) prácticamente casi todo se termina curando si hay amor suficiente.

Y ese es el problema, nos falta AMOR, amor a nosotros mismos, a los demás, a la vida…

Tengo el convencimiento de que la mayoría de las patologías provienen de la falta de amor hacia uno mismo (y de amor de los demás hacia nosotros y también hacia ellos mismos), porque, cuando uno se quiere, sencillamente se trata bien, elige la mejor vida posible para él y los suyos, no se fuerza a nada, fluye, va hacia las cosas que ama, está con aquellos a los que quiere y le hacen feliz, no vive en medio de constantes tensiones y conflictos, o desbordado por la apatía, el vacío y el aburrimiento, no se conforma con vidas de consolación o directamente insuficientes, se dirige hacia lo que le hace feliz… y todo ello sin que nos cueste un tremendo esfuerzo.

De hecho, cuando sentimos que la vida es un gran esfuerzo, que todo nos pesa o nos cuesta mucho, que tenemos que empujar constantemente, bregar con lo cotidiano para salvar el día, o que nos falta algo y no estamos satisfechos; es que estamos nadando contra corriente, no a favor del río, no a favor de lo que la vida nos trae y es en verdad para nosotros, sino nadando en las aguas del ego que nos dice mensajes del tipo:

Confórmate

Escóndete

Acepta lo insuficiente

Acepta tu infelicidad (podría ser aún peor)

La vida es peligrosa

No corras riesgos

No persigas tus sueños

No lo vas a conseguir

La felicidad no es para ti

y similares…

Cuando nuestros miedos y nuestro ego intervienen, toman el control de nuestra vida y nos meten en callejones de los que se hace difícil salir.

Con el paso de los años nos metemos en profesiones, hipotecas, relaciones, trabajos, familias y situaciones que tienen muy mala salida.

En su momento el miedo, el conformismo o la inercia hablaron y se apoderaron de todo… entonces apareció el control.

Cuando controlamos no dejamos que sucedan las cosas, no dejamos que se cumpla nuestro destino… muchas personas viven vidas que no son suyas, tan solo porque les ha faltado la energía, el valor y la determinación suficiente como para oponerse a la inercia de unos acontecimientos que les estaban poniendo a prueba y les llevaban por lugares donde han tenido que aceptar un cierto esfuerzo inútil, pues una vida que no es la de uno, no merece la pena que gastemos un solo gramo de energía en mantenerla.

Algunos piensan que las cosas cambiarán, que vendrá algo o alguien y los sacará del atolladero, no se responsabilizan de tomar una determinación firme, esperan, esperan y siguen esperando a que algo cambie y la vida de un volantazo a su favor.

La mala noticia es que, cuando tu no eliges, la vida elige por ti y empeora… te arrastra y a veces te lleva a lugares muy muy dolorosos con gente que no te hace feliz, en sitios donde escapar se hace complicado.

El fallecido Steve Jobs, Presidente de la compañía Apple, decía lo siguiente relativo a la búsqueda de la propia felicidad:

“Si tu no trabajas para cumplir tus sueños, acabarás trabajando para cumplir los sueños de otro.”

Lo sueños de otro pueden ser los de tu jefe, tu familia, tu pareja, tus amigos, tus vecinos… ¿Pero, son los tuyos?

Porque, lamentablemente, amig@s lector@s, si no nos amamos, nos vendemos al mejor postor (un jefe, una pareja, unos amigos) por un plato de lentejas (Seguridad, tranquilidad, comodidad) y entonces no dejamos que sucedan las cosas, no nos dejamos ser, no nos dejamos estar y no nos dejamos en paz… ni a nosotros mismos, ni a los demás.

La única solución ante ésta interrupción del ego es dejar de luchar, aceptar la verdad que llevamos dentro y ser consecuentes con ella. Hemos venido a la vida para algo, somos alguien, con unos talentos y unas pulsiones, pasiones, deseos… acaso una vocación…  y debemos ser consecuentes con todo ello.

Insisto y lo repetiré millones de veces: HAZ LO QUE AMAS. HAZ SIEMPRE LO QUE AMAS.

En éste sentido, como complemento a éste artículo y debido al éxito del anterior texto de Jeff Foster titulado el Corazón del Trauma, que podéis leer también aquí y en mi blog personal El Guasinton Post, http://psicotaipan.tumblr.com/, reblogueamos para VerDeVerdad un nuevo ensayo de éste excelente divulgador de la filosofía Advaita que es un honor y un privilegio publicar en éstas páginas.

Jeff Foster (muchos ya lo habréis notado) me encanta y me parece un autor de referencia al que seguir de manera obligada.

Para aquellos que nos han preguntado sobre el Advaita, la filosofía que Foster difunde, diremos que se trata de una rama del hinduismo que asegura que todo está unido y conectado entre si, que no hay separación entre los seres y tampoco entre cada ser y el Todo, la Deidad.

Todo es uno y todo sucede porque ha de suceder.

Solo la resistencia provoca dolor. Solo tratar de defenderse de lo que es.

Solo pretender controlar en vez de seguir el curso natural de acontecimientos que nos lleva a la felicidad.

Si tu la dejas, tu vida no puede salir mal. Si te empeñas, si te esfuerzas, si luchas, si no elijes tu propio camino, la vida te acaba dejando en la cuneta.

No luches.

Algunas muy buenas noticias

Jeff Foster

(reblogueado del blog PresenciaConsciente  http://presenciaconsciente.tumblr.com/)

1. No necesitas todas las respuestas en este momento.

Justo aquí, justo ahora, en este momento, no necesitas ‘averiguar’ el resto de tu vida, independientemente de lo que digan los demás.

No necesitas todas las respuestas. Éstas llegarán, a tiempo, o no, o quizás es que las preguntas innecesarias simplemente se desvanecerán.

No hay ninguna prisa. La vida no tiene ningún apuro. Sé como las estaciones. El invierno nunca intenta convertirse en verano. La primavera no se apresura hacia el otoño. La yerba crece a su propio ritmo.

Las elecciones que habrán de hacerse se harán, y no tienes poder de elección en eso. Las decisiones que habrán de tomarse se tomarán, los acontecimientos se darán, pero en este momento, tal vez, no necesitas saber las soluciones o los resultados, o cuál sería la mejor forma de proceder. Quizás el no saber es un invitado especial al banquete de la vida. Quizás la apertura a toda posibilidad es un muy querido amigo. Quizás hasta la confusión podría venir a descansar aquí.

Y de esta manera, en lugar de tratar de ‘componer’ nuestras vidas, en lugar de tratar de resolver perfectamente lo irresoluble y rápidamente completar la historia épica de un ‘yo’ ficticio, simplemente podemos relajarnos en un absoluto no-saber, hundiéndonos profundamente en el cálido abrazo del misterio, sumergiéndonos en lo más hondo de este momento, saboreándolo completamente, con toda su singularidad y con toda su maravilla.

Y después, quizás, sin ningún esfuerzo, sin lucha ni estrés, sin que haya un ‘tú’ involucrándose en nada, las respuestas verdaderas surjan en su propio y dulce tiempo.

2. No hay nada de malo en ti, y jamás lo hubo.

Amigo, desde el principio, nunca estuviste mal.

No naciste para ser pecador. Nunca estuviste destinado a ser basura espiritual. Nunca hubo una falta fundamental en tu vida.

Tan sólo fuiste enseñado a pensar eso. Otros trataron de convencerte de que no eras lo suficientemente bueno, por el simple hecho de que ellos tampoco se han sentido lo suficientemente buenos. En tu inocencia, y sin ninguna evidencia de lo contrario, les creíste. Así que invertiste todos esos años tratando de arreglarte, purificarte y perfeccionarte a ti mismo. Buscaste poder, riqueza, fama e incluso iluminación para probar que eras un ‘yo’ valioso. Te comparaste con otras versiones de un ‘yo’, y siempre te sentiste o superior o inferior, y todo eso se convirtió en algo sumamente agotador; trataste de lograr metas inalcanzables, trataste de vivir a la altura de una imagen en la que ni tú realmente creías anhelando siempre tu propio descanso.

Pero como podrás darte cuenta, siempre fuiste perfecto, desde un principio. Perfecto en tu total imperfección. Tus imperfecciones, tus manías, tus defectos, tus rarezas, tus muy singulares sabores era lo que te hacía tan adorable, tan humano, tan real, tan fácil de identificarte. Incluso en tu imperfección, siempre fuiste una perfecta expresión de vida, un amado hijo del universo, una completa obra de arte, única en el mundo y digno de todas las riquezas de la vida.

Nunca se trató de que construyeras un perfecto ‘yo’. Siempre se trató de que estuvieras, fueras, perfectamente Aquí, perfectamente tú mismo, en toda tu divina extrañeza.

“Olvida tu oferta de perfección”, Leonard Cohen canta. “Hay una grieta en todo. Así es como entra la luz.”

3. La Iluminación no es un Destino.

No hay un camino fijo hacia la iluminación.

La iluminación no es una meta, el lugar de descanso al final de un largo viaje – esa es sólo la versión mental de la iluminación.

La iluminación es colmar de luz el lugar en donde te encuentras justo en este momento.

Esta es una muy buena noticia. Esto significa que absolutamente nadie es la autoridad en tu camino – ningún maestro, ningún gurú, ningún líder religioso. Esto significa que absolutamente nadie puede decirte cuál es el ‘camino’ correcto para ti. Esto significa que no puedes equivocarte, incluso si crees que alguna vez te has equivocado. Significa que nada de lo que ha pasado puede sacarte del camino, porque el camino es cualquier cosa que esté pasando, sin excepción. Nada puede alejarte del milagro de la vida, o acercarte a él, ya que el milagro está por todos lados, brillando en todo su esplendor, en forma de cada pensamiento, sensación, imagen, sentimiento, aroma, sonido, y como el profundo milagro del Uno que está consciente de todo.

Sé esta consciencia, brillando en cada momento, independientemente del contenido. Duda, miedo, tristeza, enojo, intensa confusión – quizás, sólo quizás, estos no sean ni enemigos, ni obstáculos para la iluminación, sino expresiones de una inteligencia mucho más profunda. La misma incomprensible inmensidad y despierta inteligencia que da nacimiento a las estrellas y mueve las mareas de los océanos y envía a todas y cada una de las cosas hacia su viaje paradójico buscando su propio ser.

Sal de la historia del tiempo, el espacio y del progreso hacia metas futuras y confía en este momento sagrado. Toma cada momento. Todo momento completamente. Este momento. Porque cualquier momento es un punto de acceso.

Nunca hay obstáculos – sólo puntos de acceso.

Tú no eres ninguna entidad separada realizando un viaje hacia una futura completud.

Tú Eres poesía pura.

4. Tu vida no puede salir mal.

En realidad, tu mundo está configurado de tal modo que nunca te pasa nada, sino que todo-pasa-para-ti… Todo pasa para tu despertar, para tu crecimiento, para tu inspiración, para tu exploración. Incluso si lo olvidas, o si en ocasiones eres incapaz de notarlo, o si te distraes o entras en la desesperación.

Cuando no hay ningún destino fijo, no puedes perder tu destino, así que nunca puedes perder tu camino. De este modo, nunca pasa nada en tu vida que sea capaz de sacarte del camino. Tu camino ES lo que sucede, y lo que sucede ES tu camino. No hay de otra.

Todo es un regalo en este inquebrantable camino que llamas vida – las risas, las lágrimas, los momentos de gran tristeza, las experiencias de profunda pérdida, el dolor, la confusión, los momentos en que crees que nunca lo vas a lograr, hasta la inmensa angustia del amor – incluso si lo olvidas, si no puedes darte cuenta de ello o si pierdes absolutamente toda la fe en este espectáculo.

Pero incluso la pérdida de la fe en todo este espectáculo es parte del espectáculo, y hasta la escena en donde ‘todo sale mal’ no es indicativa de que el espectáculo esté saliendo mal. Y así, entonces, es que siempre estás exactamente donde necesitas estar, lo creas o no… aunque no lo creas.

La vida es absolutamente confiable, aún cuando la confianza parezca estar a un millón de años luz… y la vida no puede salir mal, porque todo es vida, y la vida es todo. Entiende esto, compréndelo en tu corazón, y así, la espiritualidad se volverá profundamente simple, tan simple como respirar, tan natural como mirar las estrellas en la noche y caer en un asombroso silencio. El universo es mucho más hermoso de lo que te podrías imaginar.

Con amor,

– Jeff Foster

(Traducido por Tarsila Murguía desde el sitio web de Jeff Foster…http://www.lifewithoutacentre.com/es…/an-invitation-to-rest/(Imagen: Thomas By- Marian Vejcik)

Procedente del Blog Presencia consciente http://presenciaconsciente.tumblr.com/, publicamos éste excelente artículo de Jeff Foster,

 

– Jeff Foster

A veces las cosas no salen como queremos. Un ser querido muere. Un resultado inesperado surge. Una relación se desmorona en una forma que jamás podríamos haber previsto. Una infección regresa. Un negocio se disuelve de la noche a la mañana. Un ataque surge de la nada, destrozando un cuerpo o un sueño, o ambos. Algo que parecía tan firme y real ayer, y ahora resultó ser mucho menos de lo que parecía.

Y una parte de nosotros se quiebra. Por un momento, todas nuestras defensas mentales se desmoronan. Somos recién nacidos, nuevamente, dejamos de ser invulnerables a la asombrosa gloria y angustia de la creación. Enfrentamos la maravilla de nuestra propia impotencia ante la inmensidad del cosmos, sin la protección del ego. Por un momento tocamos y somos tocados por el misterio insondable que subyace a todas las cosas. La impermanencia estalla a través de los huecos de una realidad obsoleta; y la cruda sinrazón de la existencia, la naturaleza incontrolable de los acontecimientos, el desequilibrio de nuestro mundo emocional, se hacen evidentes una vez más. Nuestros ojos están abiertos. Ancestrales enseñanzas están vivas. Lo que algún día nació, debe morir. Lo que hay aquí, pronto se ha de ir. El mismo suelo en donde estamos parados podría abrirse en cualquier momento. No hay ningún lugar verdaderamente seguro para estar parado. ¿Qué es real? ¿Qué es confiable en esta vida? ¿Qué hace que valga la pena vivir?

Y damos unos pasos para atrás. Todo esto es demasiado, la experiencia es imponente. Pronto, vuelve a lo normal. Pronto, agárrate a algo firme, algo que sea manejable. Arregla algo. Busca algo. Controla algo. Aférrate a algo. Consigue una respuesta. Medícate. Haz que funcione. Distráete – con sustancias, con religión, con trivialidades, con más y más y más experiencias.

En lugar de enfrentar los inexplorados terrores que acechan en las profundidades, fijamos nuestros ojos una vez más en las superficies. Acallamos el más grande de nuestros miedos: el de una existencia incontrolable, a través de enfocarnos en las cosas de la vida sobre las cuales creemos tener control. Bloqueamos nuestro dolor y hacemos el intento de volver a la normalidad, al trabajo, a la ‘realidad.’

Pero la normalidad es el problema, no la solución, y la vieja normalidad era demasiado limitada de todos modos. La vida, en su infinita inteligencia, sólo estaba intentando abrirnos. Nos habíamos hecho demasiado pequeños, demasiado limitados, demasiado adormecidos, demasiado preocupados con nuestras propias vidas, atrapados en nuestras propias historias; nos habíamos dejado arrullar demasiado por las comodidades de la vida moderna. En nuestra búsqueda de lo positivo, enterramos todo lo que habíamos considerado como negativo – el dolor, las tristezas, los miedos, las angustias, las paradojas. Estas energías tan naturales que habíamos empujado hacia el abismo para poder funcionar, y ser productivos, y ‘encajar.’ Creímos que éramos ‘felices.’ Sin embargo nuestra felicidad se había vuelto tan circunstancial, y nuestra alegría tan dependiente, y nuestra satisfacción tan superficial. Era la clase de satisfacción que podría disolverse en cualquier momento. Y lo hizo, porque la vida procura la totalidad y nada menos.

Y ahora estamos siendo llamados a cuestionar todo. Todo.

El dolor no es un obstáculo para sanar, es más bien una puerta. La pena no es un error, es más bien un portal. Incluso la ira contiene un camino. Y nuestros anhelos más profundos no son deficiencias, sino partes de nosotros mismos que sólo quieren ser reconocidas.

Las heridas se abren para ser sanadas, acogidas, para poder recibir una atención amorosa.

Nuestro sufrimiento y el sufrimiento de quienes amamos a menudo puede parecer tan aleatorio, tan absurdo, tan sin sentido, tan cruel, tan incontrolable, y nos precipitamos para disfrazar nuestro dolor, para esconderlo, negarlo o para simplemente pretender que ya lo hemos ‘superado.’ Como buscadores espirituales, podríamos fingir que hemos llegado más allá, o que hemos trascendido, o incluso que hemos aniquilado por completo nuestra humanidad. Que somos invulnerables. Que ya no sentimos nada, excepto una felicidad interminable. Que estamos tan iluminados, y somos tan perfectos.

Pero al final del camino no puedes esconderte de ti mismo, porque en cierto nivel siempre sabes exactamente donde te has escondido. El ‘yo iluminado’ es la mayor mentira de todas. ¿Dónde se escondería el ‘yo iluminado’?

Ninguna experiencia es intrínsecamente traumática, ninguna experiencia es realmente difícil de manejar, sin embargo a veces las experiencias pueden liberar energías volcánicas en nosotros que habíamos reprimido, escondido, o que nos habíamos negado a integrar en nuestra prisa por conseguir ser un ‘yo’ congruente, fuerte y normal. Al tratar de mantenernos en una sola pieza, en realidad lo que hicimos fue desgarrarnos a nosotros mismos.

Y ahora la vida ha llegado al rescate, con su amor a la totalidad. Los horrores, las rabias, la confusión, la alegrías insondables que nunca fuimos capaces de aceptar, se han liberado. A veces la vida detona una explosión en nosotros… y nos apresuramos a contenernos de nuevo.

He aquí una invitación para no contenernos. Para ser más inconsistentes, para aceptar que a veces somos todo un lío. Hay dignidad cuando nos venimos abajo.

Inclínate ante todas las ancestrales energías que ahora fluyen a través tuyo. Una vieja vida se está viniendo abajo, una nueva vida está a punto de coagularse, y ahora estás parado en tierra santa, increíblemente impregnada de vida y posibilidad, rota pero despierta para todas esas partes olvidadas de ti, en contacto con las alegrías y los dolores que creíste que nunca volverías a sentir, energías que habías reprimido desde niño o incluso antes.

Tu sufrimiento no es un error, o un castigo, y en última instancia ni siquiera es tuyo. Todos sufrimos. Todos nos enfermamos, envejecemos y morimos, al menos en nuestra forma física; y nuestras formas físicas son sagradas. Todos experimentamos pérdida, y nos preguntamos por qué. Todos perdemos el control, o nos preguntamos si es que acaso tenemos algún control. Todos nos vemos enfrentados a situaciones que jamás hubiéramos planeado, decisiones que nunca hubiéramos querido tomar, cosas que resultan indeseables, circunstancias que simplemente se sienten como ‘inadecuadas.’

Pero en medio de eso que no nos gusta, si podemos detenernos, y respirar, y salir de la historia de “cómo se suponía que esto debería ser,” y  ponemos atención a este momento presente, podríamos encontrar cosas que están bien, incluso que habíamos deseado, cosas sagradas, e incluso sanación. Y podríamos comenzar a darnos cuenta de que no estamos solos en nuestra lucha. Que estamos conectados a toda la humanidad. Nuestro sufrimiento es un rito de paso y muchos otros han pasado por este viaje. Caminamos sobre las huellas de nuestros antepasados. Estamos siendo invitados a amarnos a nosotros mismos, incluso con más fuerza, a conectarnos más profundamente con nuestra respiración, a sentir la clase de compasión por nosotros mismos y por los demás que nunca hubiéramos sentido si las cosas hubieran seguido saliendo a ‘nuestra manera.’ ¿A la manera de quien? Y ¿Por qué esperaríamos que las cosas siguieran saliendo a nuestra manera en un mundo de impermanencia y cambio constante? ¿Realmente creímos que estábamos a cargo? ¿Puede una ola controlar la inmensidad del océano? ¿Acaso perdimos nuestra humildad, nuestro sentido de la proporción?

Nosotros no tenemos el control. Todo está muriendo desde el momento en el que nace, como enseñó el Buda. Todo está hecho de cristal. Y ahí radica nuestra mayor tristeza y nuestra más profunda depresión, pero al mismo tiempo nuestro mayor potencial para la alegría y la liberación. Aprendemos a no interponernos más en nuestro propio camino, y aceptamos las cosas tal y como son. Aprendemos a amar la vida como es y soltamos nuestras fantasías caducas. Aprendemos que la verdadera alegría no es escapar del dolor, sino estar dispuestos a sentirlo, y que la verdadera satisfacción significa abrirnos a incluso el más grande dolor. Si somos capaces de tocar nuestras propias tristezas, podemos tocar las tristezas de toda la humanidad. Esto no significa que nos abandonemos o que seamos complacientes – esto es despertar, abrir los ojos, es el nacimiento de la verdadera compasión.

Permitimos hasta nuestros traumas más profundos con el fin de aprender lo que es el amor, la compasión, la tranquilidad; para recordar lo valioso que es cada momento en la vida. Permitimos que la vida nos abra el corazón de par en par para recibir la Verdad. Todo está ardiendo, como enseñó el Buda, y aferrarnos a imágenes obsoletas de la realidad sólo engendra dolor.

Sabíamos demasiado, ahora sabemos menos, y eso no es una pérdida, es más bien nuestra libertad. Y hay algo dentro de nosotros que nunca es traumatizado, algo que está eternamente presente y es digno de nuestra confianza, algo que sobrevive a incluso las sensaciones más intensas, que acoge y libera el trauma mientras el corazón bombea su sangre…

(Traducido por Tarsila Murguía)

Sobre el autor:

Jeff Foster es un experto en Advaita, la conciencia de la no lucha y no dualidad. Aquí abajo reproducimos información sobre su figura y trabajo.

(obtenido del blog Advaita info http://www.advaitainfo.com/maestros/jeff-foster.html)

Jeff Foster

En 2001 Jeff Foster se licenció en Astrofísica por la Universidad de Cambridge. Unos años después, tras un largo periodo de depresión y enfermedad, se obsesionó con la idea deiluminación espiritual, y se embarcó en una intensa búsqueda espiritual de la verdad última de la existencia, que concluiría unos años más tarde al conseguir ver con claridad la naturaleza no-dual de todo y que lo único que existe es la Unidad.

Gracias a la claridad de dicha visión, descubrió lo extraordinario en lo ordinario y la vida volvió a ser como siempre había sido: espontánea, prístina, alegre y plenamente viva.

En la actualidad, Jeff Foster organiza encuentros y retiros en el Reino Unido y Europa, en los que aborda clara y abiertamente cuestiones como las frustraciones de la búsqueda espiritual, la naturaleza de la mente y la Claridad presente en el centro de todo. Ayuda a las personas a descubrir lo que realmente son, más allá de todos los pensamientos y juicios acerca de sí mismos, incluso en medio de la tensión y la lucha de la vida moderna y las relaciones íntimas.

Su planteamiento, independiente y repleto de humor y de compasión, arruina toda esperanza en una iluminación futura y nos descubre el despertar que, desde siempre y para siempre, está presente en nuestras vidas. Él cree que la libertad es el derecho de nacimiento de todo el mundo. No pertenece a ninguna tradición o linaje, y su enseñanza es accesible a todos.

Jeff ha publicado cinco libros en más de seis idiomas, entre los que destacan en español:

La vida sin centro. Editorial Trompa de Elefante.

Más allá del despertar. Editorial Kairós.

La revelación de la unidad. Editorial Trompa de Elefante.

Una ausencia muy presente. Editorial Kairós.

La más profunda aceptación. Editorial Sirio.

 

un artículo de Eugenio Sánchez Arrate

 

Fritz Perls, el creador de la Psicoterapia Gestalt, hablaba del concepto de Resistencia en terapia, como la capacidad consciente o inconsciente del individuo para oponerse al proceso terapéutico, al fluir natural de la vida y a la propia evoluciòn y crecimiento personal.

Perls

No os podéis ni imaginar las peregrinas estrategias que utilizamos para resistirnos a la verdad, a nuestra propia verdad interior.

Sobre todo porque a menudo no la conocemos bien.

Podemos pasarnos la vida entera resistiéndonos a lo que nos sucede y viviendo una vida que no es la nuestra.

De hecho, la mayoría de las personas lo hacen y lo peor es que pocas veces imaginan que lo están haciendo.

La Resistencia provoca atasco en nuestra vida, bloqueo y frustración.

O a veces nos hace creer que estamos en el buen camino, cuando en realidad nos aleja de todo aquello que somos.

Cuando nos resistimos, evitamos tomar conciencia, darnos cuenta de lo que nos pasa y hacer los cambios oportunos en nuestra vida.

Siempre tenemos excusas para no hacer lo que hemos de hacer…

En el fondo lo único que sucede es que tenemos MIEDO.

miedo

 

 

La Resistencia existe porque nos protege de algo que tememos afrontar o abordar en nuestra vida. Es necesaria y está ahí para algo… y no desaparecerá hasta que estemos preparados para desprendernos de nuestra coraza y afrontar la verdad. La única manera de sobrellevarlo es con amor, paciencia, cariño y afecto con uno mismo. Asumir que quizá de momento no podemos hacerlo distinto y tener paciencia con nuestro propio proceso.

 

Por ejemplo, un adicto al sufrimiento obtiene identidad a través de la melancolía y la tristeza constante o episódica.

Un adicto a la rabia y el enfado, necesita constantemente causas para enfadarse y personas con quien hacerlo… si encontrara personas amorosas con las que le resulta difícil discutir, su rabia no tendría sentido. Busca inconscientemente parejas y gente con la que actuar su enfado crónico.

Si a éstas personas, la sufriente o la rabiosa,  se les arrebata el sufrimiento o la rabia en la que viven instalados (a veces ambas emociones confluyen en un mismo individuo), éstas personas tendrían que reconstruirse de otra manera y aprender a vivir de un modo distinto al que no están acostumbrados. Acaso tendrían que amar y ser amados… y su dificultad profunda reside probablemente en eso.

Quizá por debajo de tanta melancolía o rabia hay un “no soy digno”, “no me lo merzco” o “quién me va a querer a mi”.

A veces esa tristeza o ese enfado dan identidad a las personas y uno teme que si perdiera eso, no le quedaría nada.

Un narcisista, por ejemplo, evitará siempre afrontar su ego inflado y se justificará en todas sus conductas explotadoras de los demás constantemente.

Un maltratador jamás admitirá que es un maltratador y que no toma en consideración a los otros.

Un salvador crónico tendrá problemas para admitir que obtiene identidad salvando a pobrecitos para sentirse importante y necesario.

 

Cada persona tiene sus propias estrategias para resistirse y ver lo que realmente es y en dónde está situado en su vida.

La pregunta es la siguiente ¿Cómo te resistes tu? ¿Qué excusas te das? ¿Qué películas te cuentas para no hacer lo que tienes que hacer, lo que evitas, lo que postpones, lo que dejas para mañana o lo que ni siquiera ves para no tener que afrontarlo?

 

caminar en círculos

 

Actuar COMO SI…

 

A menudo en terapia la persona actúa un “como si”.

Es decir, voy a hacer como si quisiera curarme, pero sigo resistiéndome y haciendo lo mismo de siempre, evitando afrontar lo que me pasa. Este doloroso dar vueltas en círculos, éste no moverse, disfrazándolo de supuesto movimiento, conduce a la Inmovilidad y el atasco… o hacia la evitación mediante rutinas, adicciones (al trabajo, a sustancias, a la gente) o actividad frenética evitativa de cómo estamos por dentro.

Uno realiza un “como si” cuando…

 

-va de terapeuta en terapeuta sin quedarse con ninguno

-siempre busca excusas para no afrontar lo que le pasa

-va de taller de crecimiento personal en taller, sin detenerse en la búsqueda para integrar lo aprendido

-se resiste al cambio obcecadamente

-se autosabotea y evita a cualquier persona o circunstancia que puede ayudarle o sanarle, considerándolos un riesgo para su persona o statu quo vital

-realiza aparentes movimientos para curarse o sanarse, pero los frustra de manera activa o pasiva.

-Habla de ir a terapia pero no lo hace

-Habla de realizar cambios pero no los lleva a cabo

-Realiza cambios menores o poco comprometidos para no afrontar los grandes cambios a los que ha de enfrentarse.

-Se entretiene con ocio, evasiones, escapadas, que le alejan de ir a los lugares de si mismo donde duele mirar.

-Cualquier excusa le aparta de hacer lo que debe hacer.

-Elige objetivos secundarios en la vida (pareja, trabajo, vocación) para no ir a por el objetivo principal que desearía.

 

A menudo el problema, la causa por la que se realizan éstas conductas es simple: los pacientes tienen problemas para entregarse y comprometerse.

manos entrelazadas

Entregarse a un terapeuta y al proceso de terapia, entregarse a una pareja, entregarse a otro supone correr riesgos.

Los miedos más profundos y arraigados emergen en la persona en el momento del verdadero contacto.

La gente, en general, teme la intimidad.

Prefiere vivir segura pero infeliz en un mundo de emociones atenuadas, rutinas, peleas, tristeza y escasa ternura porque eso es lo que ha conocido siempre o a lo que está acostumbrado.

 

O en un mundo de actividad constante que no nos deje tiempo para pensar, para sentir, para conectar con lo que llevamos dentro.

 

Por ejemplo, para alguien puede ser mucho más cómodo vivir en una frustrante infelicidad más o menos tranquila, estando con una pareja a la que no ama, viviendo una especie de vida de consolación o Plan B de objetivo secundario, que convivir con alguien a quien quieren profundamente (pero con el que corren el riesgo de ser abandonados, resultar muy heridos o sufrir una tremenda decepción amorosa si la relación sale mal).

En estos casos la resistencia nos protege de un hipotético sufrimiento.

 

Porque entregarse es confiar y hay gente patológicamente incapacitada para la entrega

 

Sin embargo, no hay felicidad sin riesgo.

 

A menudo el caso es distinto (o se solapa) y somos leales al sufrimiento de otra persona, nuestra madre, nuestro padre, un abuelo o ancestro, de una forma inconsciente.

El razonamiento interior (y reprimido, pues probablemente ni sabemos que lo estamos haciendo) es como sigue: Si tu, mamá o papá,  no has sido feliz, ¿Qué derecho tengo yo a serlo?

 

A veces la resistencia está más que justificada por las malas experiencias previas.

 

Y la realidad es la siguiente, encontrar al terapeuta adecuado puede llevarnos cierto tiempo. Porque, con un terapeuta, lo fundamental es que exista química.

Yo tardé años, y tres terapeutas de distintas disciplinas (primero psicoanálisis, luego terapia cognitivo conductual, y finalmente gestalt) para dar con uno adecuado con el que las cosas funcionaron bien.

A veces el proceso lleva tiempo, pero no por eso hay que dejar de intentarlo.

 

 

Gracias, desde VerdeVerdad por vuestra atención.

 

Eugenio Sánchez Arrate

Terapeuta Dios

Es uno de los conceptos peor abordados por la profesión terapeútica, pues implica un esfuerzo de autocrítica evidente que nos cuesta muchísimo hacer pero es necesario.

El terapeuta “cree saber” desde su sistema de creencias particular (que solo le sirve a él… y a menudo ni eso) lo que le pasa al paciente, lo que le conviene al paciente, lo que es mejor para el paciente y cómo debería ser la cura o que comportamiento debería ejecutar o tener el paciente para estar mejor.

Este esquema es especialmente férreo en los sistemas cognitivos conductuales que presuponen lo que a la gente le conviene hacer y no hacer para curarse y que establecen parámetros y sistemas ya prefijados, programas de curación para distintos esquemas de comportamiento (programas para la ansiedad, para la depresión, para los pensamientos negativos, para las distorsiones cognitivas etc…) cuando cada persona es un mundo y lo que es bueno para uno puede ser literalmente un infierno para otro.

Esta presunción, de lo que es bueno, es sano y es conveniente, para mi o para otros, constituye lo que se denomina la Omnipotencia del terapeuta. La frase que lo resume es:

Yo se lo que a ti te pasa y te voy a curar. ( o su variante, Yo se lo que a ti te pasa y, si haces lo que yo te digo y te recomiendo, te vas a curar).

Imponiendo éste criterio particular (que proviene de un sí mismo y una forma concreta de ver el mundo), el terapeuta no deja que las personas, sus pacientes y clientes, incluso la gente que está alrededor, sean ellos mismos y se autosanen, eligiendo las mejores soluciones y caminos para su mejora y bienestar.

Pero la realidad es la siguiente:

-Tu no sabes lo que le pasa al paciente (solo lo crees saber)

-El paciente posiblemente tampoco sabe lo que le pasa (a menudo también cree saberlo)

Y de la combinación de ambas realidades, surge un proceso terapeútico en el que dejar que suceda lo que ha de suceder, dejar al otro ser, encontrar sus propias respuestas y caminos, encontrar su rumbo, sea éste cual sea, es lo mejor que puede pasar.

Somos acompañantes, facilitadores… poco más.

chiste psicólogos dominado por su madre

Cuanto más rígido es el sistema de creencias del terapeuta, más posibilidades hay de que pretenda imponer a sus pacientes, de manera activa o soterrada, a veces inconsciente, sus ideas acerca de cómo debería comportarse, lo que es bueno o tóxico para él, lo que le beneficia y lo que no. Con quién debería estar, con quién no debería, qué le conviene y qué le hace daño.

Recuerdo un episodio del Ministerio del Tiempo, la serie española de ciencia ficción en la que los protagonistas viajan a distintos periodos de la historia a través de puertas. Uno de los protagonistas, un médico español viaja a su pasado, la época en la que él mismo tenía cinco años y, en el transcurso de la misión ve a su padre teniendo un romance con una chica en la barra del bar. El protagonista se enfada al ver la infidelidad de su padre e interviene, se hace pasar por policía (pues es un adulto y su padre no puede reconocerle) y los intimida, al día siguiente consigue abordar a la muchacha para decirle que su padre no es un hombre de fiar, que lo deje porque anda engañando a chicas ingenuas como ella, a las que promete amor pero luego abandona.

El protagonista cree que eso es lo conveniente, que si hace que su padre y la muchacha rompan, así salva la relación, el matrimonio de sus padres y todo vuelve a su ser.

Pero, al volver al presente, un día habla con su progenitor en una cafetería y éste le confiesa que el gran amor de su vida no fué su madre, como el protagonista pensaba, sino una chica a la que conoció cuando él tenía solo cinco años de edad, una chica estupenda a la que amó más que a nadie en el mundo y que le abandonó entonces de manera inexplicable cuando él – el padre del protagonista- se estaba planteando dejar a su madre para irse a vivir con ella. El padre siempre pensó que esa mujer era la mujer de su vida y confiesa que siempre se ha sentido un poco desgraciado por haberla perdido.

El protagonista, al escuchar aquellas palabras, se queda completamente aturdido porque, pretendiendo creer saber qué era lo mejor, el protagonista descubre que metió la pata hasta el fondo al separar a su padre de esa mujer, pues de alguna manera no dejó que lo que tenía que suceder entre ambos, sucediera, que su padre y esa mujer eligieran lo mejor para ellos si así lo sentían.

Esa es la clase de Omnipotencia que un terapeuta siempre debe evitar.

El único indicador que debemos tener en consideración para actuar es la felicidad futura del paciente. Si algo no le hace feliz, no es bueno para él, si le hace feliz (aunque a nosotros nos parezca inadecuado), posiblemente es lo mejor que puede hacer. Y si algo le duele inicialmente, pero le aporta verdad, autenticidad y le hace afrontar ciertas verdades, también es bueno, aunque al principio al paciente le duela. A veces una buena dósis de confrontación y de verdad no mata a nadie y nos hace ver el mundo en el que estamos inmersos.

Pero lo cierto es que no somos nadie para dictar directrices de comportamiento, para invadir la vida de las personas, para forzar a la gente o sugerirle que haga las cosas que nosotros suponemos que son buenas para ellos desde nuestra propia visión subjetiva del mundo.

Cuando un terapeuta juega a ser Dios y cree saber lo que le conviene a uno de sus pacientes… mal asunto.

Una cosa es poner límites, establecer pautas y sugerir comportamientos y otra muy distinta inducir a la gente a realizar acciones solo por el hecho de que nosotros creemos que son convenientes.

Además solemos imponer a los otros la llamada tiranía de la neurósis. Los neuróticos (que somos la gran parte de la población y nos tenemos por sanos) imponemos nuestros criterios de comportamiento y adecuación a los psicóticos (a los que consideramos locos, estigmatizados y gente a la que hay que arreglar o curar de una determinada manera que es la nuestra, la socialmente aceptada). Esto es más que discutible.

Somos terapeutas, pero ni de lejos sabemos lo que es lo mejor o lo peor para otra persona.

A veces no lo sabemos ni para nosotros mismos.

La cura para la Omnipotencia es la Humildad.

En serio, no sabemos tanto como creemos saber… y eso es una de las pocas certeza que podemos tener en terapia.

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