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compararse con otros para perder

Siempre queremos ser otro

Un artículo de Eugenio Sánchez Arrate

No te empeñes en ser quien no eres, no te empeñes en lo que no es

Ya he escrito muchas veces sobre ese asunto de que siempre queremos ser otro diferente del que somos, lo que Claudio Naranjo denomina “El Juego de Calce” (Es decir, tratar de que calcemos dentro del molde mental establecido que tenemos sobre cómo deberíamos ser).

Claudio vestido de Azafrán

Claudio Naranjo

Siempre queremos ser otro más alto, más guapo, más listo, más delgado, más corpulento, más exitoso, más rico, más creativo, más inteligente, más valiente, más ecuánime o más lo que sea…

Y mientras consumimos todas las energías de nuestra vida en intentar serlo, o en contener la frustración de no poder serlo, la vida se nos pasa con un gran pesar.

No podemos ser quienes no somos.

Da lo mismo los cursos a los que te apuntes, las conferencias a las que acudas, el dinero que te gastes en terapeutas, en coaching, en terapias y en meditación.

Nada te salvará de la verdad. Eres quien eres, con tus talentos, con tus flaquezas, con tus defectos y virtudes.

Y solo siendo quien eres serás feliz.

Ser uno mismo

Eres el que eres y de cómo te aceptes y quieras dependerá todo. Porque incluso para cambiar y mejorar como persona, solo desde la aceptación se produce el cambio.

Si eres un cabrón y no lo reconoces o no lo asumes/aceptas, jamás podrás dejar de serlo. Si lo rechazas o no te lo perdonas, tampoco podrás transformarlo.

Además, eso de que tu puedes ser quien quieras es un bolo chirimbolo de la autoayuda americana que solo te conducirá a la frustración y al malestar.

Tu no puedes ser Rafa Nadal ni aunque lo intentes (en todo caso serías tu, jugando al tenis como mejor sepas o puedas… lo mismo hasta eres muy buen@), no puedes ser Paris Hilton ni Angelina Jolie, no puedes ser pivot de baloncesto en la NBA midiendo 1.56.

No señor, no puedes.

De aceptar las limitaciones de la vida depende mucha de tu felicidad futura. Que no te vendan la moto.

mujer piensa y piensa

Yo quiero ser ésto y aquello (y mientras tanto no soy yo)

Puedes ser y alcanzar muchas metas, materializar muchos sueños, pero muchos otros no, por más que te empeñes.

Asúmelo, no pasa nada. No importa. Tu felicidad no depende de ello.

Tu eres quien eres y eso es extraordinario.

¿Que te ves gorda? ¿Y qué, si eres estupenda? A los hombres les encantan las mujeres gordas. ¿Qué te ves poco atractivo? ¿Y qué? Eres genial, una gran persona. Alguien se fijará en lo maravilloso que eres, con independencia de tu falta de carisma o tu timidez.

Lo que de verdad echa a la gente para atrás cuando se acerca a nosotros es la falta de confianza y de amor por uno mismo que nos tenemos.

El que no nos gustamos, eso es lo que espanta de verdad al otro.

Pero nada de lo que somos es malo o indigno. Tan solo son inadecuadas muchas de las cosas que hacemos con lo que somos (dañar a otros y dañarnos, por ejemplo, eso no debemos permitirlo).

Tu eres tu… y no te empeñes en otra cosa.

gatito se cree león

lo que quisiéramos ser

Tu puedes ser quien tu eres… y punto.

Se trata de que lo descubras, porque mucha gente ni lo sabe o tan solo cree saberlo y actúa como quien no es, o tratando de ser otro que nunca ha sido.

Porque ese o esa que tu ya eres es maravilloso y puede hacer grandes cosas en el mundo y será muy feliz aceptando y viviendo su vida tal como es, sin pretender que sea otra cosa.

¿Cómo saber quien soy?

Es un trabajo de años, de autobservación, de conciencia y de dejarse sentir mucho, conectado con un@ mism@. Elige el camino que quieras, la terapia, la lectura, un sendero espiritual, la autoexperiencia…

Por ejemplo, sabes que estás obrando como aquel que tu eres cuando sacas lo mejor de ti, cuando te sientes extraordinariamente bien haciendo lo que haces, cuando no intentas empujar ni forzar nada porque todo te sale naturalmente y a tu ritmo.

Porque quiero que sepas una cosa: Tu, seas quien seas, y vengas de donde vengas, por ser ya quien eres, te mereces todo el amor y la consideración del mundo.

La mía la tienes, desde luego, ahora se trata de que tengas la tuya.

No te empeñes en ser otro u otra que no eres.

Empéñate tan solo en ser y en vivir con ganas lo que tiene que ser vivido a través de tu maravillosa persona.

Y sobre todo, no te compares con los demás. Ya vale de jugar a éste juego tan doloroso.

Ellos no son tu, tu no eres ellos. No hay comparación posible.

Compararse con otros que no han vivido lo que tu, no han pasado por lo que has pasado tu, otros que no son tu ni saben lo que es ser tu… es una fuente terrible de infelicidad porque siempre va a haber alguien más alto, más listo, más guapo, más rico, más sabio, más ésto o aquello que tu… siempre ….

(y también va a haber alguien peor que tu en muchos aspectos, que no se te olvide, porque tendemos a olvidarlo y solo compararnos para lo peor… menos los narcisistas, que se comparan para salir ganando siempre y hacen todo lo contrario, en lo que son peores, apartan la vista y no se comparan para no perder, ese es su juego).

Pero sobre todo no juegues a la Comparación porque mientras te comparas con otros, te desconectas de ti mismo, de lo que sientes y de lo que eres.

Y la solución a todos tus problemas reside en estar y permanecer en ti, darte lo que necesitas y hacer lo que te gusta.

¿Te atreves a ser tu mismo?

¿Te atreves a buscarte y encontrarte suponiendo que aún no sepas quien eres? El camino puede ser largo, pero muy gratificante.

Nota final del Editor:

Nos acercamos a las 200.000 visitas y os estoy muy agradecido por éstos años de apoyo, colaboración y por hacer que éste blog, que atiendo con intermitencia pero que nunca olvido, merezca la pena.

Ha sido un largo camino hasta aquí y espero que me siga resultando tan gratificante como hasta hoy compartirlo con vosotros. Me encanta que años después de haber escrito un artículo la gente me siga comentando cosas acerca de él y de como le ayudó en algo importante en su vida.

A menudo busco en la red y contemplo como en otras webs han reblogueado contenidos y citado muchos párrafos de temas sobre los que escribí en su día.

Es una satisfacción seguirlo haciendo.

Esto es VerDeVerdad y juntos, haciendo cada uno nuestra parte, vamos a cambiar el mundo.

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cambioLos budistas lo tienen muy claro. La vida es un cambio constante.

¿Entonces, para qué aferrarnos a nada? Ni a un trabajo, ni a una pareja, ni a una vida establecida y cómoda. La práctica del desapego se impone. Soltar, abandonar, dejar caer los brazos, no luchar contra lo inevitable.

Mi amigo Ibrahim, arquero de tiro tradicional de setenta y un años, asegura que en la vida son más importantes los accidentes que lo que tu has planeado para tu futuro. Porque todo se acaba derrumbando, torciendo, yendo por otro lado.

Si tal es así – y con años he ido comprobando que lo que dice el bueno de Ibra es cierto- ¿A que aferrarse? Lo que tenga que suceder, sucederá.

Sin embargo, para desapegarse de algo o de alguien, hace falta haberse apegado antes y uno comprueba que los que más fácilmente realizan los cambios, suelen hacerlo por su dificultad para los apegos, pues nunca estuvieron realmente unidos a nada ni a nadie con la suficiente profundidad.

Cambiar es dejar de hacer lo que uno ha hecho hasta ahora. Dejar de dar vueltas en círculos, o de escapar cuando uno sale de los baches siempre de la misma manera.

Para algunas personas, sumergidas en periódicos cambios, precísamente lo fácil es cambiar: cambiar de pareja, de casa, de vida, de sitio, de amigos…

Para ellos, el cambio significativo sería dejar de cambiar, quedarse donde están, no luchar, no aferrarse a ninguna solución mágica, experimentar el estado emocional en el que viven y transitarlo para aprender, crecer y superarlo.

La historia de mi vida

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A éstas alturas de la vida, el que les escribe ha cambiado radicalmente de vida unas cuantas veces como para saber de lo que habla. En otras facetas de la existencia – por desgracia más de las que me gustaría- soy un absoluto ignorante, pero en materia de cambios, yo podría dar conferencias, escribir libros y crear una enciclopedia ilustrada.

Una conjunción Plutón Urano en casa ocho, opuesta a un Saturno en la dos (la casa de las transformaciones opuesta a la casa del dinero y las finanzas, los amantes de la astrología lo comprenden) hacen que las crisis sean mi modo natural de avanzar en la vida. Y os aseguro que uno se hace muy fuerte con un aspecto planetario así.

Comencemos con el relato.

-A mi madre, su familia no la dejaba casarse con mi padre. Debido a la culpa y a haber tenido que enfrentarse al clan y abandonarlo, mientras estaba embarazada de mi, se deprimió. En su barriga sufrí mi primera crisis. Ella no deseaba tenerme y me iba a dejar morir. Estuve a punto de fallecer en la barriga de mi madre. Algo bajó desde el cielo, una presencia de luz femenina, para evitar que yo muriera. Años después, en visualizaciones, sintonizaciones de reiki ect… éste recuerdo volvería a mi conciencia con tanta fuerza que he tardado años en procesarlo.

Pasé mi primera depresión infantil con siete años. En mi casa nadie se enteró.

Mi segunda depresión con once. Tampoco se enteraron.

Mi familia estaba demasiado ocupada trabajando (mi padre es trabajólico) y discutiendo entre ellos para darse cuenta de nada.

Me tuve que recomponer yo solo desde que tengo uso de razón.

Tengo problemas para pedir ayuda porque desde que soy niño a nivel afectivo NO HABÍA NADIE A QUIEN PEDIRLE NADA.

-Con veintiún años me diagnosticaron Distimia, un trastorno similar a una depresión crónica, suave y sostenida en el tiempo. La superé.

-Cuando me hice psicoterapeuta tuve que aprender a llorar, porque me había hecho tan duro, tan insensible a causa del dolor, que no sabía hacerlo. La tristeza se me atascaba en el pecho y apenas era capaz de derramar lágrimas.

-Hace muchos años, al abandonar la multinacional de publicidad en la que trabajaba como investigador de audiencias, afronté mi primer cambio laboral importante dejando un empleo estable y tranquilo para irme a trabajar con la famlia. Buscaba seguridad… solo encontré más crisis y más cambios con aquellos que más quebraderos de cabeza me han dado en la vida.

-Afronté otro cambio radical años después, al hacerme psicoterapeuta y abandonar ese puesto seguro y bien remunerado junto a mis parientes, hecho éste que provocó casi la salida por la puerta de atrás del clan familiar.

-Añadamos a ésto, entre medias, dos separaciones de pareja bastante traumáticas, que dejaron cicatrices en mi alma y entonces comprenderéis que de cambios y rupturas uno sabe bastante, de hecho, la vida me ha convertido en un experto en giros bruscos de existencia, cambios de profesión, de rumbo y de modo de vida.

Desde que estoy en éste mundo, he sufrido toda clase de agresiones, las más dolorosas procedentes de mis parientes y personas más cercanas. Me han intentado pegar, engañar, confundir, me han puesto los cuernos, me han mentido, humillado, ignorado… Lejos de hundirme, cada vejación y dificultad me ha hecho más sabio y más fuerte, más tierno, más empático y mejor persona.

Soy el hombre de los cambios y éstos aún no han terminado.

Ya no confío en la estabilidad. Hoy se que estoy aquí… mañana quién sabe.

Son, además, tiempos inestables en el mundo, demasiado cambiantes como para aceptar que las cosas van a durar siempre.

Ya no hay trabajos para toda la vida, ni parejas, ni lugares, ni situaciones que duren siempre. El mundo va demasiado rápido como para aferrarse a nada seguro.

La necesidad de seguridad y suelo bajo los pies

Los budistas hablan de varios maras o infiernos en los que los hombres caen a lo largo de su vida.

Uno de los más poderosos es el Skhanda Mara, o la Necesidad de tener un suelo bajo los piés.

De éste Infierno o Mara yo también podría dar alguna clase a los lectores de éste blog.

Cuando estamos en el Skhanda Mara sufrimos por tener seguridad, algo que nos sustente o sujete y nos de tranquilidad.

Cuando abandoné la empresa familiar por la puerta de atrás, sufriendo una especie de acoso y derribo del clan familiar, mobbing y conductas parecidas, confieso que el mundo se me vino abajo.

Sin pacientes suficientes para poder vivir de mi trabajo como psicoterapeuta, sin empleo, sin nada a lo que aferrarme, la vida se había convertido en un oscuro callejón sin salida.

El paro se me terminó tras dos años de buscar por todas partes sin encontrar empleo y sin que los pacientes, con el país en crísis, llegaran a mi consulta en número suficiente… y hubo un momento en que me vi en la calle y casi sin dinero para pagar siquiera la hipoteca de la casa.

No estaba acostumbrado a vivir con lo justo, e incluso con menos de lo justo.

Durante varias semanas solo comí pan. Era barato y yo no podía permitirme gastar dinero, tenía que ahorrar como fuera. Estaba muerto de miedo. Un miedo denso, atroz, que años después regresaría por circunstancias parecidas.

Por las noches me despertaba angustiado, sudando, tembloroso, sin saber qué hacer. Todavía padecía las secuelas del duelo por mi última separación de pareja. Un constante mensaje recriminatorio aparecía en mi mente: Eugenio, tío, con la edad que tienes deberías estar haciendo algo provechoso con tu vida y mira donde estás, no tienes nada.

Era verdad, no tenía nada.

Y sin embargo, tardé algún tiempo- y sufrimiento- en darme cuenta de que lo tenía todo.

Tenía mi vida, mi salud (algo que solo se valora cuando se pierde), mis amigos (los mejores que un hombre pueda desear), mi casa soleada en un barrio que me encanta, mis gatos amorosos, mis casi cuatro mil libros repartidos en estanterías, mi lucidez, que me ha sacado de tantos agujeros… mi capacidad para reirme y ser feliz, mi coraje, mi honestidad, mi compasión, mi entrega… tenía tantas y tantas cosas… pero sobre todo tenía algo que me hacía estar en el sitio exacto y en el momento justo: Tenía Libertad.

Sin ataduras de ningún tipo, sin servidumbres ni esclavitud, a empresas, parejas o situaciones personales de desamparo, yo podía reconstruir mi vida y reconstruirme con rapidez sin depender de otros.

Era el comienzo de mi nueva vida.

Pasé miedo, tuve insomnio, me angustié.

La de noches que dí vueltas entre las sábanas, sin saber por donde escapar, a quien recurrir o a donde ir.

atormentado 2

El miedo a padecer miseria, a perder mi casa, a no tener donde dormir o qué comer, se hizo muy sólido y lo compartí con el de cientos de miles de personas que, en España y otros lugares del mundo, viven situaciones críticas de necesidad actualmente. Me solidarizo con ellos desde aquí, pues se lo que es pensar que mañana no vas a poder sobrevivir ni vas a tener donde caerte muerto.

De vez en cuando, mis familiares, sintiéndose culpables por el modo en que se habían desarrollado las cosas con mi marcha de la empresa, me metían dinero en la cuenta. Dinero que me costaba aceptar, pues yo vivía éstas donaciones como limosnas y no me gustaban.

Ana Cano, una amiga terapeuta, me habló un día de la culpa inconsciente y de que les permitiera que me ayudaran para aliviar su conciencia.

Acepté esa ayuda y sobre todo fuí tirando como pude, con el paro, los subsidios – que fuí agotando por completo-, con trabajos ocasionales o alimenticios.

Debía dinero a mi primo Alberto, debía dinero a Paco Domínguez, mi terapeuta… aún se lo debo.

La situación se hizo crítica y tuve que desarrollar nuevas capacidades personales y talentos dormidos. Volví a echar el tarot, después de años de tenerlo abandonado, encontré centros donde ejercer de tarotista y también donde dar clases de tarot terapeútico con excelentes resultados y cambios vitales en los participantes. Más tarde me hice Maestro en Lectura de Registros Akáshicos, comencé a dar y recibir cursos y formación en terapias alternativas, me convertí en Terapeuta Floral, regresé durante un año a la radio, trabajando para la Agencia para el Empleo del Ayuntamiento de Madrid y encontré vías, soluciones para ir tirando en una época en la que sobrevivir no está garantizado para nadie. Me hice más espiritual, más sabio, menos dependiente, menos apegado a lo material. Más auténtico y valiente.

Soy, por encima de todo, un superviviente.

A fecha de hoy mi situación fluctúa. A veces tengo dinero para vivir, a veces me falta. Pero eso no cambia mi estado interior de calma, que ha sido la mayor ganancia obtenida en éste tiempo.

El mundo podría derrumbarse, yo se que sobreviviré.

La gente, en general, vive más o menos tranquila con sus vidas asentadas, aferrados a parejas, trabajos, casas, situaciones fijas que les reportan seguridad.

¿Serían capaces de hacerlo en mi situación?

Y si mi vida ha sido complicada, deberíais ver las vidas de personas en países del Tercer Mundo y en Vías de Desarrollo… ellos si que pueden darnos una clase a todos sobre navegar frente a la adversidad.

Descubrir que no necesito tantas cosas para vivir cómodamente, recuperar valores perdidos en mi interior, aprender lo que de verdad importa, volverme más ahorrador, menos despilfarrador, aceptar que nunca jamás habrá seguridad suficiente en ninguna de las áreas de mi existencia. Saber que es un autoengaño pensar que algo es seguro y más engaño aún vender tu alma, tu existencia por un gramo de seguridad, a una empresa, a una pareja, a una situación insatisfactoria.

Muchas personas hipotecan su existencia para garantizarse la supervivencia económica… les cuesta

Con la edad he comprobado que el valor para cambiar de situación se pierde y los caminos se estrechan. Es mucho más fácil saltar al vacío siendo joven, con otra capacidad de recuperación, cuando el mundo lleno de oportunidades y hay más facilidad para encontrar pareja y trabajo, que con sesenta o setenta años y la vida hecha y ya encajada. Y sin embargo hay gente que se atreve a hacer grandes cambios incluso a esa edad.

Nunca es tarde para saltar.

Tengo cuarenta y ocho años, me suelen echar diez o doce menos. Pese a los cambios voy envejeciendo bien. Gente con diez, doce y quince años menos, está mucho más cascada que yo a su edad.

Sencillamente, ya no llegarán a los cuarenta y ocho en mi estado.

Y si alguien piensa que he perdido el miedo al cambio en todo este tiempo se equivoca….CADA VEZ TENGO MÁS MIEDO. PERO CADA VEZ TENGO TAMBIÉN MÁS CORAJE PARA SUPERARLO.

 De algo podemos estar seguros todos… nuestra vida va a cambiar. Unas veces lo provocaremos nosotros, otras el cambio vendrá de fuera. Será un cambio felíz o será traumático.

Nuestra vida puede derrumbarse en cualquier momento.

Abandonar la zona de seguridad, la cómoda zona en la que nos movemos a veces, se impone. Dejar de luchar y de aferrarse, dejar de buscar soluciones para no encajar nuestro estado emocional, también.

Y para ello solo puedo recomendar coraje, calma, fe… y un libro magistral que siempre me ha ayudado en éstos tránsitos, un libro compasivo, valiente, que no ofrece caramelos ni promesas, que acompaña mientras atravesamos momentos muy duros.

Se trata de Cuando todo se Derrumba, de la monja budista norteamericana Pema Chödrön.

 Pema Chodron

Que tengáis felices cambios.

Y que si no lo son, aprendáis de ellos y os hagan mucho más fuertes.

Desde VerDeVerdad, un saludo a todos los lectores y mi más sincero abrazo y solidaridad para los que sufren.

Entre todos Vamos a Cambiar el Mundo.

La estadounidense Cherie Cater-Scott era una actriz de teatro y en determinado momento de su carrera se sintió perdida. El tiempo que ella pasaba angustiada, pendiente del teléfono, de una llamada que la ofreciera algún trabajo, la agotaba. Eran meses y meses de inactividad, a la espera de una oportunidad que no llegaba.

Harta de consumirse, de tener que vivir así, le pidió al Universo una señal y durante 90 días esperó que por sincronicidad ésta se manifestara. Llegaron tres mensajes durante ese periodo: “Eres un catalizador” “Trabajas en el crecimiento y el desarrollo” y “Tienes un don para trabajar con la gente”.

Escuchando éstas tres señales Cherie Cater-Scott cambió de rumbo y se convirtió en una de las conferenciantes y didactas de la Nueva Era más populares de la órbita anglosajona. Salvando las habituales cautelas que me surgen siempre a la hora de evaluar el trabajo de alguien en quien el marketing se nota tanto, rescato desde éste blog aquellos conceptos y aportaciones que pueden ayudarnos de verdad a construir una vida más plena.

Cherie Cater-Scott hoy entrena a la gente, la enseña a vivir de una forma nueva, confiando en el universo, escuchando las señales, abriéndose a recibir los mensajes que la Fuente nos manda a cada instante.

Su libro mas conocido es,  Si la vida es un juego, éstas son las reglas. Algunas de sus obras han sido publicadas en español por la editorial Océano.

Extraídas de éste libro he aquí las diez reglas para vivir como un Ser Humano.

1.RECIBIRÁS UN CUERPO.
Te gustará o no, pero será tuyo durante toda la vida.

2.APRENDERÁS LECCIONES.
Estas apuntado a una escuela informal a jornada completa que se llama Vida. Quizás te gustarán las lecciones o la encontrarás irrelevantes.

3.NO HAY ERRORES, SOLO LECCIONES.
La evolución es un proceso de ensayo y error, experimentación. Los experimentos “fallidos”son tan importantes en el proceso como el experimento que acaba saliendo bien.

4.UNA LECCIÓN ES REPETIDA HASTA QUE ES APRENDIDA.
Una lección será presentada a ti de diferentes maneras hasta que la hayas aprendido. Una vez aprendida, puedes pasar a la siguiente lección.

5.APRENDER LECCIONES NO TIENE FIN.
No hay ninguna parte de la vida que no tenga sus lecciones. Si estas vivo, todavía hay lección es que debes aprender.

6.”ALLÁ” NO ES MEJOR QUE “AQUÍ”.
Cuando tu “allá” se haya convertido en tu “aquí”, simplemente tendrás otro “allí” que, de nuevo, pareciera mejor que “aquí”.

7.LOS OTROS SON SIMPLEMENTE ESPEJOS DE TI MISMO.
No puedes amar u odiar algo de otra persona a no ser que esto refleje algo que tú amas u odias de ti mismo

8.LO QUE HACES CON TU VIDA DEPENDE DE TI.
Tienes todas las herramientas y recursos que necesitas. Lo que haces con estos se cosa tuya. La decisión es tuya.

9.LAS RESPUESTAS ESTÁN DENTRO TUYO.
Las respuestas a las preguntas de la vida, están dentro de ti. Todo lo que tienes que hacer es mirar, escuchar y confiar.

10. TE OLVIDARÁS DE TODO
De todo esto… pero podrás recordarlo siempre que quieras.

Autor: Cherie Cater-Scott

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