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mujer reza compungida

Acompañar a un enfermo

Por Eugenio Sánchez Arrate

Hace unos meses una conocida, cuya pareja de muchos años padece un trastorno mental, me preguntaba angustiada si podía ayudarla, pues llevaba tiempo intentado averiguar si su pareja la amaba.

-Yo le pregunto y el no sabe qué decirme, Eugenio. – Me contaba.

-¿Y tu que es lo que sientes? ¿Le amas?

-Durante mucho tiempo, si, le he amado. Años, décadas. Pero es difícil sostener el amor cuando no sientes que te correspondan.

-Entiendo… ¿Y te sientes querida?

-No, yo lo que me siento es necesitada.

-Ajá, contesté. Necesitar no es amar. Ese es uno de los primeros temas que debemos tener claros con parejas con trastorno mental. Ellos generalmente te necesitan. No está tan claro que te puedan querer.

-Ya, Eugenio, yo noto que hay algo tremendamente muerto dentro de él. Noto vacío y desde luego no me siento amada, no noto amor. Y eso me hace sentir fatal.

Entonces la contesté que en la mayoría de los casos de trastorno mental de una cierta gravedad no hay un yo, una identidad definida dentro del individuo desde la que amar. No hay nada consistente o suficientemente estructurado en su interior capaz de manifestar amor tal y como lo conocemos.

Por tanto, sentir amor, amar como ama el resto no es algo que éstas personas con enfermedad mental grave puedan hacer.

Rara vez se aborda el tema del amor y de las emociones desde un punto de vista claro y cercano en los manuales de salud mental. Por eso hoy lo traigo a colación en éste artículo/testimonio.

¿Puede amar una persona aquejada de trastorno mental grave?

emociones fingidas

alteraciones emocionales

Esta pregunta casi nadie sabe responderla. Consultados muchos profesionales, todos coinciden en lo siguiente.

Estas personas, aquejadas de diversas patologías severas, sentir sienten cosas, desde luego que si, a menudo intensas, pueden manifestar afecto sincero por seres cercanos… pero con muchísima frecuencia carecen de la suficiente consistencia y estabilidad como para ser consideradas algo firme o fiable.

Desde luego no suele ser un amor conyugal satisfactorio para una persona sin trastorno.

¿Entonces, porqué muchas personas se quedan enganchadas a éste tipo de amor vacío o insuficiente?

Seguimos hablando sobre el tema mi conocida y yo.

-¿Para qué estás en esa relación?- la dije-¿Para qué sigues con esa persona si no te sientes querida y correspondida?

-Supongo que a veces espero un milagro. Espero que él pueda quererme algún día.

-Eso es un error. ¿Lo sabes, no? En todo caso el podría fingir que te quiere o decírtelo sin sentirlo de veras, para que no le abandones o para obtener algo de ti. Pero es evidente que si no notas que te quiera, es porque no te quiere. Y no porque no quiera hacerlo, quizá hasta le gustaría saber cómo… pero es que no te puede querer. No puede querer a nadie. No tiene esa capacidad dentro de si.

corazón enjaulado

Ella puso cara de alivio, porque comprendía, pero también sentía cierta tristeza.

-Entonces… ¿nunca me ha querido?- dijo agachando la mirada.

-Cuando alguien te quiere, lo notas. ¿Tu lo has notado?

-Yo creo que me quise creer que me quería.

-Entiendo. ¿Y para qué sigues tu ahí, mujer?- proseguí- ¿Para qué no te has marchado aún a un sitio mejor? ¿No te gustaría tener una relación con alguien que si te corresponda?¿Crees que no te mereces algo mejor que ser la cuidadora/enfermera/vigilante 24 horas de tu pareja? Es triste, él está enfermo, pero lo lógico es que se encarguen los servicios de salud y su familia… ¿Porqué has de ser tu quien lleve la carga si eso solo te trae infelicidad? ¿Para qué quedarte en un barco que se está hundiendo, que nunca ha flotado ni navegado?¿Qué obtienes de seguir ahí?

Ella me dijo que estaba acostumbrada al desamor, que lo había vivido desde niña en casa con sus padres. Que, además, tenía hijos en común con esa persona y que, en fin, cambiar a éstas alturas de la vida se la hacía muy complicado.

  • La expliqué que a veces hay un componente de masoquismo, de dependencia, de culpa y de aferrarse a la nada, en las parejas de personas con trastorno mental.
  • En algunos casos uno se siente muy importante, muy útil y muy salvador siendo necesario para el otro.
  • Otras veces es la costumbre (muchos acompañantes y parejas de personas con patologías mentales tuvieron un padre o madre también enfermo y no han conocido otra cosa).
  • Hay un cuarto grupo de personas que han vivido en familias poco afectivas y por tanto, saben de primera mano lo que es esa frialdad y falta de amor, entonces repiten patrón, enganchándose a la carencia afectiva, eligiendo inconscientemente una pareja por la que no son amados ni correspondidos
  • Un penúltimo grupo está compuesto por personas hiperresponsables, bastante desconectadas emocionalmente, que siempre hacen lo que deben, lo que se espera y que cumplen con lo que creen su deber aunque su deber los esté matando y llevando al abismo.
  • Y finalmente están los codependientes, gente que no sabe estar sola… a menudo pueden pertenecer a cualquiera de los grupos anteriores.

La contesté que en la mayoría de los casos de trastorno mental de una cierta gravedad no hay un yo, una identidad definida dentro del individuo que lo padece, desde la que se pueda amar.

No hay nada consistente o suficientemente estructurado en su interior como para hablar de amor dentro de ellos.

Si que es cierto que manifiestan algo de afecto y agradecimiento, a veces de una forma muy aparatosa y teatral (por ejemplo, los Trastorno Límite de Personalidad que pueden ser puro drama, escenario, ficción, intensidad hueca o pasajera) pero no son capaces de hacer mucho más.

Su amor es evanescente, unas veces fingido, otras volátil. A veces intenso, obsesivo y posesivo, pero amarte en verdad no te aman.

A menudo dentro de ellos tan solo hay emociones desatadas, estados de ánimo transitorios que vienen y van como el viento.

En general, en éstas personas se aprecia poca consistencia en su sentir como para construir algo sólido y estable a su lado.

Hay casi siempre un componente de masoquismo, de dependencia e hiperresponsabilidad en sus parejas.

Y eso es algo que deben tomar en consideración todas las parejas individuos con trastorno mental de cierta consideración.

Por tanto, sentir amor, como lo sentimos los demás, darlo y recibirlo, no es algo que éstas personas puedan hacer habitualmente. De hecho, hay profesionales que opinan que no es posible que lo hagan.

Sentir sienten cosas, eso está claro, cosas a veces muy extremas, pero carecen de la suficiente consistencia y estabilidad como individuos para ser consideradas algo firme o fiable.

También debemos tener en cuenta que, a menudo, la pareja de la persona con trastorno padece a su vez su propio trastorno mental asociado, quizá de gravedad menor, pero casi siempre presente.

hombre que se esfuerza

viviendo la carga

Estas parejas, que en algunas páginas web se definen erróneamente como personas muy fuertes por aguantar junto al enfermo – en realidad no son nada fuertes… al revés, son bastante dependientes, o bastante masoquistas, o bastante ciegas, o patológicamente hiperresponsables cuando, por estar para el enfermo, descuidan su propia felicidad y la de sus hijos.

No hay fuerza alguna en aguantar a toda costa apretando los dientes cuando lo más sano es no hacerlo y buscar la felicidad en otro lado.

En éstas actitudes hay dependencia, esclavitud, servidumbre…. Eso no es ser fuerte en absoluto.

¿Porqué? Porque cualquiera en su lugar ya hubiera buscado una salida hacia la salud y la nutrición afectiva en otra parte.

Entendamos que quedarse donde no te quieren no es sano para nadie…

Y quedarse por un mal entendido sentido del deber hacia el enfermo, es algo también bastante enfermo.

Pero a menudo, cargadas de responsabilidad, las parejas/cuidadoras del que padece el trastorno, por no abandonar al otro, por sentir culpa o una mal entendida lealtad que no las nutre ni las llena, o por sentir un amor enfermo que en realidad es adicción a la intensidad, a la pelea, al desamor etc… no se separan del enfermo y no buscan un amor más nutritivo y satisfactorio al lado de las personas que si pueden darlo.

hombre atormentado

caos mental y emocional

¿Cómo lo vive el enfermo?

Algunas personas con trastorno mental ignoran por completo toda ésta dinámica, lógicamente.

Bastante tienen con sobrellevar su enfermedad y los duros episodios aquejados a ella.

Otro grupo de personas con trastorno, muy conscientes de que pueden ser abandonados en cualquier momento por su pareja, fingen amar al cónyuge en un “como si” falso y embaucador encaminado a impedir que se aleje.

De éste modo evitan la ruptura a toda costa.

Otras veces, en el enfermo ni siquiera hay un deseo de no ser abandonado, porque la persona se encuentra tan anestesiada o deteriorada psíquicamente que sencillamente la da lo mismo que sigan a su lado o no. Es algo secundario. No tiene energía, recursos ni capacidad para plantearse éstas cosas.

¿Qué hacer entonces?

En cualquier caso, la dije a mi conocida, lo importante es que tu, como pareja de una persona con trastorno mental y persona responsable de su propia vida, no te autoengañes y sepas muy bien lo que quieres y dónde estás.

Del mismo modo que tu pareja debe ser atendido por los servicios de salud y tener una vigilancia constante de psiquiatras y psicólogos, pide ayuda profesional para ti si la necesitas.

Sobrellevar ciertas cargas es excesivo para una sola persona. Y sobre todo, se muy consciente de que tu mereces que te amen y ser feliz al lado de una persona que si pueda dar amor.

Ya es bastante triste que tu pareja padezca una enfermedad mental con tan mal pronóstico como para que encima tu la sigas hasta el fin del mundo en su infelicidad si eso no te hace bien.

Todo el mundo merece ser feliz y, si ama, merece ser correspondido.  

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manos encadenadas

por Eugenio Sánchez Arrate

Según el principio hermético de polaridad atraemos lo que somos, o justo lo contrario de lo que somos, lo que tenemos reprimido y negado, que entonces nos es devuelto por los demás a modo de reflejo.

Alguien muy estricto y rígido da con alguien que está completamente suelto y desatado. Alguien muy disciplinado encuentra a un rey o reina del caos más absoluto. Alguien obsesivamente ordenado, enfermo de orden y pulcritud, da con un caótico, alguien muy responsable con alguien muy irresponsable, alguien muy emocional con alguien muy árido y desapegado.

Lamentablemente es así. El universo trae lo semejante (dos que se parecen mucho, que también es habitual) y también lo opuesto.

Encontramos al loco o la loca que se acopla a nuestra locura sin hacer grandes esfuerzos, a no ser que, con conciencia y normalmente años de terapia, salgamos de ese patrón y busquemos una relación más sana.

puzzle acople

En casos más extremos, las parejas de personas con trastorno de personalidad también suelen padecer el trastorno asociado que encaja con el de su pareja.

Del mismo modo que las neurosis y patologías se acoplan (el obsesivo y el histérico suelen ir juntos, el maltratador y la víctima también, el narcisista y el adorador, el manipulador y el engañado) las personas que padecen un trastorno de personalidad suelen tener por regla general parejas codependientes, capaces de aguantar y soportar los altibajos y complicaciones que la convivencia con un trastornado supone, debido a que son incapaces de buscar una pareja más sana o saludable. 

Codependencia, un trastorno que a menudo olvidamos

La codependencia es en si misma otro trastorno, una enfermedad poco visible, no tipificada como importante en los manuales de psicopatología, que se padece de una forma gris y en silencio.

A menudo no es fácil ni de detectar ni de observar.

De hecho, el codependiente a menudo ni siquiera sabe que lo es.

Un codependiente es alguien que no puede estar solo, que no es capaz de dejar una relación tóxica y enferma que no le hace feliz, relación que le erosiona y le hace sufrir o vivir en un constante abandono, rechazo, o sensación de pérdida o carencia respecto a su cónyuge o familiares cercanos. Los codependientes casi siempre sienten culpa al pensar en abandonar a su pareja tóxica o enferma, han tenido progenitores similares, de afecto inconstante, lejanos, ambiguos, que también les hacían sufrir y están acostumbrados al abuso, por eso permanecen en él sin poder alejarse, es como una adicción.

Muchos tienen un concepto inflado del deber y la responsabilidad que no se corresponde con la salud ni con lo realmente nutritivo para ellos.

Cuando hemos tenido padres abandónicos, buscamos parejas abandónicas, cuando hemos tenido padres maltratadores, buscamos parejas maltratadoras.

Los codependientes se enamoran a menudo de personas que no les convienen, personas que les ignoran, que les rechazan, que no les aman, les engañan, les agreden, les mienten o sencillamente que están y no están…

En el fondo, bajo una apariencia de fortaleza como muestran algunos (que no siempre es evidente), en el codependiente hay un tremendo miedo al abandono y a la soledad. Por eso uno se conforma y aguanta y aguanta.

A veces no dejamos a nuestra pareja conflictiva por lástima, porque nos damos cuenta de que, sin nosotros, no podría valerse por si misma.

La tortuosa relación entre Cuidador y Cuidado

Otras veces porque padecemos una especie de síndrome del cuidador y necesitamos sentirnos importantes y necesarios para otros… nuestro ego obtiene mucha autoestima en situaciones así en las que otros dependen de nosotros.

Hay maridos, por ejemplo, que alimentan su ego sintiendose “El Proveedor” de la familia, el que da de comer a los hijos y mantiene a una mujer que no podría o sabría mantenerse por sí sola. Ellos pagan las facturas, obtienen un gran nivel económico, se sienten tremendamente importantes funcionando como el Macho Alfa (y ya hemos hablado del los famosos machos alfalfa en otro artículo de éste blog… https://vivirahora333eugeniosar.wordpress.com/2015/02/27/eres-un-macho-alfalfa-o-estas-emparejad-con-uno-de-ellos/

La Toxicidad en pareja

Hay parejas que viven en una constante toxicidad de discusiones y peleas entre si, encuentros y desencuentros. Otras mantienen una relación de enfermito y cuidador muy dolorosa para ambos.

Da la sensación de que a menudo, trastornado y codependiente se necesitan mucho más de lo que se quieren o aman.

Lo peor no es esto, lo peor es cuando a veces complican a terceras personas en éstos triángulos de desamor enfermo, emponzoñando la vida de los demás.

Como es frecuente que el trastornado y el codependiente estén insatisfechos y tremendamente infelices en sus relaciones, acaban buscando fuera de la pareja lo que no encuentran dentro… pero como el temor a separarse y el enganche de una unión tóxica es muy grande, dificilmente se pueden alejar uno del otro, complicando la vida a todos aquellos a los que introducen en la dinámica de su vida conyugal quebrada.

A algunas parejas, incluso, parece que les va la marcha, la relación responde a patrones de agresión constante entre ambos, peleas, reencuentros, perdones y vuelta a empezar.

A menudo la autoestima del que acompaña a la persona con el trastorno puede parecer superficialmente buena, pero en el fondo está completamente erosionada y es por eso que aguanta y aguanta y sigue aguantando los ataques de ira, las faltas de respeto, las humillaciones, abandonos, agresiones, o numeritos que le monta el otro.

A veces el cuidador siente lástima por su pareja y no es capaz de dejarla.

A veces una superficial autoestima, superinflada o falsamente estable, encubre una gran fragilidad, que es negada por parte de la pareja del trastornado.

Debemos incidir en que los trastornos de personalidad son algo muy serio, que debe ser tratado con extremo cuidado con terapia adecuada y vigilancia constante.

Son procesos que implican a familiares y personas del entorno y que no pueden abordarse de una forma aislada como si solo fueran el problema de la persona que padece el trastorno.

cerebro enfermo

Por ese motivo, la pareja de una persona con trastorno diagnosticado también necesita casi siempre asistencia, asesoría y, la mayor parte de las veces, bastantes horas de terapia para poner conciencia a lo que está sucediendo dentro de él o ella, para así manejar la situación mucho mejor.

Aquella frase de Dios los cría y ellos se juntan, en materia de neurosis y psicósis es cierta.

O como dice cierto refrán de los terapeutas: “dime de qué padeces y te diré lo que tiene la persona con la que estás”.

 

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