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Manipulación

un artículo de Eugenio Sánchez Arrate

Vivimos en una cultura muy mentirosa y también muy borderline, de justificación de todo lo que sucede, de ausencia de límites y de falta de respeto por los demás.

En el reciente congreso de la ATG (Asociación de Terapia Gestalt celebrado en Málaga) fué una de las conclusiones más certeras a las que se llegó por consenso a lo largo de varias ponencias y mesas.

Eso que llamamos postverdad, que muchos de nuestros políticos han impuesto y que no es otra cosa que cinismo disfrazado de todo vale, de yo miento porque todo el mundo miente, todos somos igual de mentirosos, ladrones, o sinvegüenzas, se extiende a todos los órdenes de la vida…

Lo peor es que la gente ha llegado a creérselo y a dar por bueno lo inaceptable.

El mentiroso, el ladrón, el abusador, el que daña, trata así de escurrir el bulto y escapar de las consecuencias de sus actos, tratando de convencer a la sociedad de que todos somos iguales, cosa en la que se equivoca.

En derechos y en algunas otras facetas los seres humanos somos iguales, pero ni de lejos somos iguales en la forma de comportarnos.

Todos tenemos nuestras sombras e imperfecciones, pero hay una inmensa diferencia de grado entre unas personas y otras.

Hay gente muy dañina para todos y/o para si misma, y también gente mucho más ética y justa con sus semejantes… ésta es una realidad que nunca debemos olvidar.

Cuando la mentira se institucionaliza, la pérdida de valores y de ética asociadas van unidas y afectan a toda la sociedad.

En ésta época sin valores y en la que tenerlos se asocia a una mentalidad anticuada (una manipulación más para justificar lo injustificable). El resultado es que muchas personas han perdido toda referencia de comportamiento ético y no saben cómo actuar, o bien imaginan que se puede ir por el mundo sin ningún tipo código de comportamiento responsable.

gurú hippie

Todo vale

A menudo se utiliza la Espiritualidad y el concepto de NO JUZGAR para manipular… y se hace repitiendo la coletilla “no juzgues” provocando las siguientes consecuencias:

-Si no puedo juzgar, no puedo poner límites a los abusos, agresiones, mentiras, ataques o actos dolosos de los demás.

-Si no puedo juzgar, me veo obligado a tragar con todo (y a ser abusado por ello sin derecho a poderme defender -porque no hay que juzgar y todo vale-).

-Entonces me siento culpable por tener una opinión propia acerca de la gente y de las cosas, cuando éstas no me gustan o me hacen daño (Algo a lo que tengo legítimo derecho, sobre todo frente a delitos, o para la protección de mi propia vida y la de otros).

-Si la gente con la que he negociado o contratado servicios, la gente con la que he llegado a pactos en acuerdos legales, formales, de amistad o de pareja, no cumple sus acuerdos, desde ésta nueva óptica parece que la culpa es mía por tener expectativas respecto a lo que acordé en mi compromiso con el otro.

-El agresor/abusador justifica sus actos con un “no me juzguéis”… y así puede hacer lo que le da la gana sin hacerse responsable de sus acciones y, lo que es aún peor, sin afrontar las consecuencias (a veces legales) de las mismas.

Otra forma de manipulación es utilizar coletillas o frases hechas asociadas a religión, sistemas de creencias, sistemas morales etc… Desde la represiva moral católica decían ésto, desde la castradora moral musulmana dicen ésto otro, desde la moral ésta o aquella trataban de convencernos de ésto o aquello… Por tanto, seamos libres y no juzguemos.

Para empezar, religión, ideología, ética y moralismo no son las mismas cosas.

Claudio Naranjo, el gran psicólogo y abanderado del géstalt aboga a menudo por una ética sin moralismos.

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Claudio Naranjo

Uno no necesita ser budista, católico, pagano, mahometano o de cualquier  otro credo, para reconocer un abuso, una agresión o una injusticia.

Traicionar a una pareja, a un amigo, a un semejante, no es cuestión de imposiciones puestas por catolicismos, feminismos, machismos, budismos, agnosticismos ni ismos de ningún tipo… es un acto deleznable y contrario a la ética de respetar al otro, se sea de la religión y el credo que sea… aquí las ideologías tienen poco que ver.

Un ser humano sabe de sobra y demasiado bien, tenga el sistema de creencias que tenga, que matar a otro, mentirle, estafarle, o aprovecharse de él, por poner algunos ejemplos, son actos que provocan daño en nuestros semejantes y por tanto tienen consecuencias.

Utilizar, en fin, la espiritualidad para negar todo ésto sumergiéndonos en un universo bonancible e idealizado (y por tanto fantasioso) de bondad universal, de todos somos buenos, de todos lo hacemos todo bien, de que no hay maldad, rastrerismo, o mezquindad dentro de las personas, nos disocia de lo que realmente ha sucedido y de los hechos concretos y dolorosos.

También nos disocia de nosotros mismos y de nuestras partes no tan luminosas y honestas. Negarlas es un autoengaño e ir por la vida sin trabajárnoslas (el trabajo con la sombra, que se puede afrontar en terapia, en crecimiento personal y realizando prácticas espirituales de todo tipo) es pasear la propia neurosis y la ceguera por el mundo, como si nada importara.

La manipulación y el autoengaño han llegado a tal extremo hoy, que cuando alguien señala o denuncia públicamente un acto de violencia, abuso, maltrato o agresión, sacamos la coletilla “no juzguemos” para tratar de suprimir de raíz cualquier exposición de la verdad o de nuestra verdad, que también debe hacerse oír y debe ser expuesta en voz alta.

 

El juicio existe dentro del ser humano porque es necesario, nos permite poner límites, defendernos y marcar fronteras.

Otra cosa es que lo utilicemos mal.

Un juicio mal usado nos lleva al exceso de exigencia y autoexigencia, a crucificar a los demás y crucificarnos a nosotros mismos constantemente.

juicio, crítica

tu tienes la culpa

-Pero la total ausencia del mismo nos lleva a una total falta de principios, normas, ética y referencias a la hora de comportarnos y actuar en la vida… porque todo es válido, todo cuela y todo está bien.

Ni al excesiva exigencia ni la autocomplacencia son buenas normas de comportamiento. Sencillamente son extremos.

Convendría entender que tanto el no juicio como el exceso de exigencia son los dos polos de una misma cosa, una distorsión de la realidad en la que, o las cosas son blancas o totalmente negras.

Tan malo es juzgarlo todo y condenarlo (y condenarme), como no hacerlo en absoluto y permitir cualquier clase de atrocidad o abuso.

Desde un extremismo neurótico de no juicio puedo justificar cualquier clase de delito o conducta lesiva, puedo justificarme siempre sin afrontar la realidad de mis actos.

Por contra, desde un extremismo neurótico de juicio constante me paso la vida señalando a los demás y culpándome también yo por los errores cometidos y por mis imperfecciones.

La clave para resolver éste dilema está en hallar un término medio en el que yo me comporte con impecabilidad, evitando dañarme y dañar a otros todo lo que pueda durante el proceso.

Usar la Espiritualidad como herramienta de manipulación de las personas se ha convertido en uno de los actos más lamentables en los que puede incurrir un ser humano.

A menudo vamos del blanco al negro con sorprendente facilidad y entonces pasamos de permitirlo todo a buscar culpables a los que crucificar.

La espiritualidad es, además, como cualquier otra área de la vida, un nicho de mercado y eso afecta al modo en que se trabaja con ella en nuestros días.

Ahora el concepto está muy de moda y se utiliza para ganar dinero, es casi una marca, una etiqueta para ser utilizada en el marketing de ventas.

el materialismo disfrazado de misticismo

El negocio de la espiritualidad

El problema de mercantilizarla hasta el extremo de hacerla perder toda su esencia de pureza, es que mucha gente termina, queriendo o sin querer, ordeñando a los clientes, pacientes, asistentes a cursos y conferencias como si fueran vacas de las que sacar un beneficio jugoso.

Se exprime a la gente sin tenerla en consideración.

Como los extremos se tocan, tanto los que no juzgan y no ponen límites, como los que lo hacen en exceso están incurriendo en el mismo error.

Del mismo modo, usar a los interesados en la espiritualidad sin tenerles el menor respeto, solo para sacarles el dinero, es otra forma de manipularlos.

¿Cómo evitar manipular?

-¿Juzgas mucho a los otros, te juzgas mucho a ti… o por el contrario permites y te permites hacer cualquier cosa sin importarte el daño que causas?

-¿Respetas a los demás?

-¿Te respetas a ti mism@?

-¿Cómo pones límites?

-¿Dejas que los otros abusen de ti?

-¿Abusas tu de los demás?

-¿Te conoces lo suficiente para saber los verdaderos motivos por los que actúas?

-¿Tratas de aprovecharte de los otros?

-¿Dejas que se aprovechen de ti?

Estas son las preguntas que debemos respondernos para combatir la manipulación y la automanipulación.

Como siempre, la respuesta está en autobservarse con total apertura y sinceridad… y reconocer que no somos tan maravillosos como creemos, aceptar nuestras carencias, trabajarlas y seguir adelante.

DSM IV y V

Por Eugenio Sánchez Arrate

El Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos anuncia que abandona el DSM como texto de referencia para diagnosticar las enfermedades mentales, pues los criterios utilizados para definir los trastornos responden a las necesidades de la industria farmacéutica, no de los pacientes.

Decidí escribir éste artículo a raíz de una breve entrada que leí en el interesante blog Divaneos, de mi amiga, la psicóloga gestalista y lacaniana Marta López Monís, cuyo enlace pongo aquí

http://divaneos.com/la-crisis-post-dsm-y-el-psicoanalisis/

Para los que no lo saben, el DSM es el manual de referencia de los trastornos y enfermedades en el mundo. Se confecciona cada cierto tiempo por la American Psychiatric Association.

De unos años para acá, ha sido utilizado como método de diagnóstico por muchos paradigmas y escuelas de la psicología y se caracteriza por ser una lista de trastornos que, desde los años ochenta, no ha dejado de crecer y aumentar.

-Los psicólogos y terapeutas de orientación gestalt, como éste que les escribe, así como los terapeutas de muchas áreas de la psicología humanista, sistémica, transpersonal y de vanguardia, pues parece que los avances más punteros y los cambios en materia de psicoterapia vienen en su mayoría por éstas vías- ya hace años que cuestionamos el DSM como un texto suficientemente válido como para tomarlo como texto de referencia en el trabajo con pacientes.

Es quizá un texto orientador, de apoyo, con informaciones valiosas y descripciones útiles de síntomas, pero no va mucho más allá de eso.

El DSM V (cada DSM se caracteriza por un número, que corresponde a su última edición) incorpora toda clase de nuevas patologías y enfermedades mentales antes no contempladas, de acuerdo a su costumbre.

-Curiosamente, no incorpora patologías bastante afines al mundo anglosajón y su manera de entender la existencia, como la exitopatía (búsqueda de éxito a toda costa), la normopatía (sobreadaptación a la sociedad y al sistema, incluso si es injusto o loco) el trastorno de codicia (obsesión por el dinero y las posesiones),o el trabajolismo (adicción al trabajo), que tantos problemas causa en nuestra sociedad.

Hay eneatipos del eneagrama cuyos trastornos asociados no aparecen en el DSM y es posible que sigan sin aparecer en décadas. Estos eneatipos (en especial el 3, eneatipo nacional de los Estados Unidos y el más característico de la sociedad occidental moderna) siguen padeciendo sus propios traumas y problemas, pero no son contemplados como abordables en éste manual.

Puestos a describir trastornos y anormalidades de la conducta ¿Porqué no también esos que aquejan a los norteamericanos como sociedad?

-El DSM tiene fallas y numerosos agujeros, es evidente.

Según los más críticos, solo incorpora los trastornos que le conviene a la industria farmaceútica, a fin de que el consumo de medicamentos aumente cada año. Hay profesionales que acusan a los psiquiatras de crear trastornos ficticios a fin de aumentar el consumo de fármacos.

-Está claro que nos cuesta mirarnos al espejo con honestidad y el DSM y la APA no iban a ser una excepción.

En el DSM aparecen trastornos muy focalizados como la tanorexia (enfermedad que se caracteriza por la necesidad compulsiva de tener la piel morena y que obliga a tomar el sol obsesivamente, darse rayos UVA y tener la piel bronceada), la vigorexia (necesidad de hacer deporte y sobreidentificación con la imagen corporal musculada y en forma, para sobrecompensar problemas de autoestima e identidad) y en el DSM-V, sorprende la incorporación del trastorno por atracón (ingesta puntual de comida con arreglo a ciertos parámetros) junto a algunos otros como el trastorno de Hipersexualidad, del que hablamos aquí en VerDeVerdad hace algunos meses, pero uno, que ya lleva algunos años en ésto, sigue teniendo la sensación de que el texto del DSM es una acumulación de descripciones de síntomas… y de que mientras describimos síntomas, perdemos de vista a las personas.

Porque, por encima de todo, somos seres humanos, tengamos el trastorno y el problema que tengamos.

-Con una descripción de síntomas y la manera de atajarlos, con terapia o medicación, nunca vamos a la causa profunda del problema.

El DSM puede casar bien con paradigmas y escuelas de la psicología que trabajan de un modo superficial  poniendo parches a la vida de sus pacientes, provocando migraciones del malestar o de las somatizaciones, o suprimiéndolas, pero no resolviendo desde la raíz la patología y encarando sus causas.

Quizá por eso el DSM esté siendo tan cuestionado por tantos profesionales de la salud y las profesiones de ayuda.

-Se cuestiona, por ejemplo, que cualquier conducta sea susceptible de ser considerada un trastorno, con la consecuente estigmatización de la vida cotidiana de las personas. Todo ya es susceptible de ser un trastorno en una nueva edición del DSM… (y quizá lo sea, pues en éste mundo imperfecto, cada vez estamos más locos. Pero, por poner un ejemplo, los trastornos bipolares han aumentado un 4.000 por ciento en los últimos años).

Y puede que muchas conductas y comportamientos sean enfermos, pero, a éste paso, corremos el riesgo de que todos los comportamientos lo sean.

Te gusta el fútbol y padeces un trastorno de “balompedia aguda”, te gustan los helados y padeces “gelatopatía compulsiva”a, te gustan los bocadillos de jamón y padeces “jamonexia severa”, te encanta llevar minifalda y, por menos de un pimiento, eres una “minifaldópata obsesiva”  o una “provocópata compulsiva”. ¿Qué más trastornos vamos a inventar?

No se, pero a veces me da un poco la risa.

Hay una suerte de cosificación de los comportamientos y una sobrecatalogación o sobretiquetado de las conductas de la gente.

Y además, creo que los afectados no son enfermos, son, insisto, por encima de todo, personas.

En cambio, algunos trastornos que se describen en éstos DSM, parecen más bien síntomas patologías. Y me dan mucho qué pensar.

ansiedad

Un ejemplo de Trastorno dudoso y su cuestionamiento.

Pongamos por caso el célebre Trastorno de Ansiedad Generalizado.

El famoso TAG sigue describiéndose como un trastorno en el DSM (y muchos otros manuales), pero rara vez se aborda la ansiedad en ningún manual descriptivo como un síntoma de otra clase de enfermedad y no como un trastorno.

¿Puede un médico decirle a usted, cuando se presenta en su consulta con temperatura alta, que padece un trastorno de fiebre?

Sabemos que la fiebre es el síntoma de una enfermedad, pero no sabemos cual enfermedad hasta que no investigamos más.

Del mismo modo, cuando alguien tiene ansiedad elevada, general y recurrente, suele ser el síntoma de otra cosa, otro trastorno o problema que hay por debajo. Miedos patológicos, personalidad evitativa, huida del alguna situación o sensación corporal constante, vida estresada, problemas emocionales…

Durante años se ha sostenido y se continúa sosteniendo en muchas escuelas que la Ansiedad es en si un trastorno, de ahí que exista este Trastorno de Ansiedad Generalizado que yo cuestiono muchísimo, pues lo considero un síntoma de otra cosa.

Frecuentemente la ansiedad es la señal, el aviso de algo más profundo que hace falta explorar en la vida del paciente, como la fiebre es el aviso de que estamos enfermos de alguna cosa.

A menudo, la ansiedad se asocia a eneatipos como el 6, focalizado en el miedo, o el 3, enfermo de hiperactividad para llenar su vacío interior. Pero se obvian éstas realidades. La ansiedad puede padecerla todo el mundo, pero hay personas con mayor tendencia a sufrirla… y a menudo se les diagnostica un TAG sin mucha exploración de lo que hay por debajo.

Recuerdo hace años, una pareja que tuve, que padecía de ansiedad elevada e hiperactividad. Su diagnóstico, según la psicóloga cognitiva-conductual a la que acudía entonces, fue Trastorno de Ansiedad Generalizado.

La mujer la colocó el trastorno tirando del DSM-IV, vigente entonces y se quedó tan a gusto.

La ansiedad de mi ex pareja posíblemente provenía del miedo, de la necesidad de huir y escapar del vacío interior y de emociones que mi pareja de entonces no deseaba afrontar… emociones que jamás se afrontaron durante la terapia, encaminada a suprimir los síntomas, no a detectar las causas para un cambio profundo en el paciente (entre otras cosas porque tuve la sensación de que la psicóloga también padecía de ansiedad elevada e hiperactividad, necesidad de llenar su vacío con acción constante y ambas, paciente y terapeuta, se reforzaban la una a la otra en terapia, en vez de resolver el problema).

El caso es que no podemos seguir etiquetando y colgando carteles, describiendo patologías y considerando solo la sintomatología de los problemas.

Los pacientes, por encima de todo, y no me cansaré de repetirlo, son personas, no enfermitos etiquetables con un trastorno asociado a síntomas.

Todos somos humanos, pacientes y terapeutas, pues en su día yo también fui paciente durante mi propio proceso terapéutico y eso no me hace mejor ni peor que nadie, es más, no descarto, a lo largo de mi vida, seguir avanzando en éste camino de autoindagación y crecimiento. Una y otra vez, por épocas, regreso a terapia, forma parte de mi camino de sanación.

Un terapeuta competente y serio no deja de hacer terapia consigo mismo nunca y tampoco deja de ser el paciente de otros muchos terapeutas que le ayudan en su camino de crecimiento.

-Ser terapeuta y no hacer terapia ni haberla hecho nunca es una contradicción.

Y si eres terapeuta y ni haces ni has hecho terapia jamás o en tu paradigma o escuela eso no se contempla… mal asunto, porque un terapeuta no se puede permitir pasear sus problemas de un modo ciego e irresponsable por la consulta.

Y todos estamos neuróticos en mayor o menor grado, ésta es una realidad insoslayable.

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Los cambios en la terapia del futuro

-El mundo ha cambiado… la forma de afrontar los problemas y la salud, también lo han hecho.

La dicotomia sano- enfermo, doctor-paciente… cambia también en éste mundo que se nos avecina.

En muchas escuelas de psicología -entre las que la gestalt, que yo practico, se encuentra- se parte de una base: todos tenemos problemas y estamos en el camino para resolverlos. Todos padecemos algún trastorno leve o severo. El mundo no se divide en los sanos y los enfermos.

Las cosas no son así.

-Esta superioridad tradicional y estúpida del médico, el terapeuta, sobre su protegido, pupilo, y enfermito que acude a ser curado, se ha terminado.

La gente se cura sola… los terapeutas solo colaboramos en el proceso, pero curar no curamos a nadie. Dejémonos de presunciones. La sanación, sucede… y nosotros asistimos a ella, la facilitamos y propiciamos con acciones concretas, pero las cicatrices cierran solas, los organismos se autorreparan y autorregulan tras la intervención, la gente sana… solo ayudamos, no somos dioses que sanemos a nadie.

Caminamos hacia un nuevo futuro, donde la manera de trabajar con los pacientes (paciente viene de paciencia… porque muchos necesitan mucha paciencia para sobrellevar a sus falibles terapeutas, dueños también de enormes egos, problemas, quebrantos y dolencias de todo tipo, como humanos que son… como humanos que somos), cambiará radicalmente.

Un mundo donde no habrá barreras tan claras entre sanos y enfermos, porque todos estamos ya un poco enfermos para sobrevivir a éste mundo de locos en el que vivimos; donde, por encima de todo, un proceso terapéutico se definirá por la relación de apoyo y acompañamiento entre dos personas, sin etiquetas, sin estigmas de enfermo o trastornado, de yo soy mejor que tu o estoy más sano que tu.

El terapeuta quizá sabe algo más, se ha formado y trabajado durante años, pero tan solo conoce algunos mapas del camino y se los muestra al paciente/cliente, a quien acompaña de un modo responsable y honesto, con profesionalidad pero sin superioridad ninguna sobre ella o él.

Por eso, porque soplan vientos de cambio, si el DSM, gran enciclopedia de trastornos, evoluciona en su modo de enfocar la enfermedad y la psicoterapia, sobrevivirá.

Y si no lo hace, sus días estarán, literalmente, contados.

Gracias a todos, desde VerDeVerdad, por el gran apoyo demostrado..

Un artículo de Eugenio Sánchez Arrate

Para información más exhaustiva sobre el cuestionamiento y los problemas a los que se enfrenta el DSM-V, aquí está un documentado artículo de Ronaldo Pellegrini.

http://www.elcisne.org/noticia/iquest-final-dsm/3142.html

Gestatl creatividad

un artículo de Eugenio Sánchez Arrate

¿Cómo es el proceso en Terapia Gestalt? ¿Es la Terapia Gestalt excesivamente dura, una terapia de infarto como aseguran algunas personas?

A lo largo de la historia, la Terapia Gestalt, ha acumulado sobre sí cierto estigma de terapia agresiva, dura y e implacable con el paciente, de terapia que resuelve los problemas a ladrillazos, mediante la acción directa.

Curiosamente, hay pacientes que refieren justo lo contrario relativo a sus experiencias con éste tipo de enfoque y cuentan que su terapeuta era demasiado blando, que las sesiones eran suaves, que no había progreso aparente y todo era maravilloso, genial y sin conflicto ni avance observable.

Ambas visiones son válidas, porque la respuesta a este enigma es que la Terapia Gestalt depende sobre todo del terapeuta que uno eligió.

Luego explicaremos porqué.

La Gestalt se enmarca dentro del paradigma de la Tercera Vía o Psicología Humanista, junto a otros enfoques como la Terapia Centrada en la Persona, de Carl Rogers, la Psicosíntesis de Roberto Assagioli, algunos enfoques de la psicología Transpersonal, etc…

Tras la aparición del Psicoanálisis y más tarde de los enfoques Cognitivos Conductuales, a raíz de las limitaciones de éstos enfoques, en los años 50 y 60, surgieron en Estados Unidos nuevos modos de hacer terapia de vanguardia, más centrada en la persona, en la integración de cuerpo, mente y emociones… y en ese contexto apareció la Gestalt de Fritz Perls.

Perls

Fritz Perls

En España el enfoque Humanista está avanzando con décadas de retraso en centros y universidades, donde la resistencia al cambio es atroz, pero no así en otros lugares del mundo, donde la evolución ya se ha operado, enriqueciendo el panorama de la psicología con diversos y variados enfoques a disposición de la gente.

Dos estilos de hacer Gestalt, Costa Oeste y Costa Este

El estilo de Perls, el creador de la Gestalt, un hombre con problemas de empatía en su vida cotidiana, era directo, duro, catárquico. Incidía en el cambio de la persona y golpeaba la psique del paciente de manera rotunda, sin miramientos.

Fué lo que se conoció en Estados Unidos como estilo Costa Oeste, caracterizado por el alto impacto de las sesiones individuales y grupales, la catársis, lo que se conoce, hablando en plata, como terapia de pelotazo. Era el estilo característico del Instituto Esalen, representado por  terapeutas como Isadore From, Paul Goodman, Paul Weiss, Elliot Shapiro y el propio Perls.

Paul Goodman

Paul Goodman

En Costa Oeste de algún modo, se provocaba la toma de conciencia en la persona de un modo áspero, sin paños calientes, mediante la acción directa y técnicas duras que las personas experimentaban como agresivas.

¿Pero era así la Gestalt como movimiento general?

En absoluto. Así era el estilo de Perls y de algunos de sus seguidores.

Por contra, el estilo Costa Este, (representado por el New York Institute, el grupo de Cleveland, Gary Yontef y Laura Perls entre otros) se caracteriza por ser más suave, más amoroso con el paciente, más lento, pausado y menos confrontativo en las sesiones.

Laura Perls

Laura Perls

¿Es la gestalt de ésta forma? Tampoco lo es.

Porque la Gestalt no es dura ni suave, no es agresiva ni amorosa, depende siempre del estilo personal del terapeuta.

Hay terapeutas más amorosos y acogedores, terapeutas más duros y confrontativos, los hay más racionales, más metódicos, más creativos y artísticos, más chamánicos… el abanico de personas dentro de la profesión es amplio y muy diverso.

Gary Yontef

Gary Yontef

¿Cómo es un Terapeuta Gestalt?

Gran Incógnita. ¿Hay un único tipo de Terapeuta Gestalt?

Yo mismo soy Costa Este con algunos pacientes y Costa Oeste con otros, depende de lo que cada uno necesite. Puedo ser muy directo y confrontativo o muy suave y acogedor. Puedo ser un chamán o puedo ser un artista, puedo ser máspsicoanalítico y escuchar mucho cuando la ocasión lo requiere, puedo recoger y contener, puedo ser amoroso, o puedo ser absolutamente puñetero y directo en determinados casos.

En Gestalt no existe, como en otros enfoques, un método de trabajo más o menos cerrado y estricto. Se parte de la autenticidad del terapeuta. En Gestalt (como en psicoanálisis) el terapeuta ya ha hecho su propio recorrido personal en terapia como paciente durante unos cuantos años, ya se ha mirado por dentro (eso no significa que todo lo tenga resuelto, pero sí que ya sabe lo que es estar en el lugar del paciente), está conectado con lo que siente, se hace responsable de su vida y de sus estados de ánimo, de su Aquí y Ahora y, a partir de ahí, acompaña al paciente en el proceso de terapia.

El terapeuta es un acompañante, un apoyo, un facilitador y solo eso.

El que realiza el camino es el propio paciente. El terapeuta posee mapas que pueden ayudar a encontrar el sendero, pero el camino lo realiza cada persona.

niño pintura manos

Cada ser humano es un mundo, cada eneatipo (eneagrama) también lo es, lo mismo que cada estilo de trabajo en terapia. El tipo de personalidad de cada hombre y mujer será materia para otra serie de artículos.

En Gestalt hay un método de trabajo, si, pero es un método abierto, que permite a cada terapeuta ser él mismo, hacer las cosas a su manera y a su estilo personal, adaptándolas a la situación, a cada paciente, cada persona. Hay multitud de técnicas y dinámicas para trabajar, e incluso pueden crearse otras nuevas a discrección del profesional.

Hay gestaltistas educadores, que trabajan en escuelas, universidades y centros de formación.

Gestaltistas terapeutas, que trabajan con pacientes en terapia individual o de grupo.

Gestaltistas formadores, que dan cursos y clases dentro del estilo gestalt.

Gestaltistas escritores, pintores, actores, artistas, deportistas, que usan el estilo terapeútico para su actividad profesional.

Gestaltistas dedicados a cualquier tipo de actividad laboral o personal en oficinas, despachos, fábricas, centros de trabajo.

Porque ser gestaltista es un estilo de vida, una forma de estar en el mundo, no solo significa ser terapeuta.

De hecho, muchos gestaltistas no ejercen como terapeutas.

Los que si lo hacemos, nos adaptamos al paciente, escuchamos, resonamos y elegimos técnica.

Yo he llegado a escribir cuentos para pacientes concretos en terapia, he creado rituales, he realizado toda clase de improvisaciones y técnicas adaptadas a lo que el paciente o el grupo demandaban en cada momento. En grupos he utilizado la creatividad, la escritura o el tarot para operar los cambios que cada persona necesitaba. En sesiones individuales he escuchado, he contenido, he confrontado, he hecho sillas vacías. No siempre lo he hecho bien, he cometido a veces errores, he rectificado, soy humano, como todos los terapeutas.

Cada persona y ocasión necesitaba algo diferente.

Y cada terapeuta gestalt es libre de hacer lo mismo. Está formado, conoce el procedimiento, sabe que tiene que estar enrraizado y anclado en su centro para acompañar al otro a hacer su cambio… y lo demás consiste en confiar y fluir, no hay otro camino.

En terapia, lo importante es la Autenticidad, estar presente en la consulta y delante del otro, estar en contacto real con el paciente, ser como uno es y no pretender ser otra cosa ante él o ella.

A veces hay que frustrar (y mucho), al paciente, con el riesgo de que éste salga huyendo y abandone la terapia para siempre (los caracteres más rígidos y narcisistas, con menos capacidad de encajar, o más baja tolerancia a la frustración, son los peores en éste sentido).

A veces hay que contener, hay que dar suelo, o dar apoyo. Del equilibrio entre la frustración y el apoyo surge todo. Poner límites, alentar, sostener, contener, frenar… todo un juego de actitudes ante la terapia.

Paco Domínguez

Paco Domínguez

Paco Domínguez, uno de mis terapeutas y formador en la escuela donde aprendí, el IPG de Madrid, decía siempre que las técnicas existían más para dar seguridad al terapeuta que para ayudar al paciente en su camino.

Y con los años he visto que es cierto.

En gestalt se utilizan juegos y dinámicas muy diversos. Los hay ya creados y tradicionales, como la famosa Silla Caliente o Silla Vacía…(una de las técnicas estrella del movimiento) y otros que surgen nuevos a discrección del terapeuta. Dinámicas de teatro, juegos corporales, escribir, pintar, visualizaciones creativas, actos mágicos… cualquier técnica es susceptible de ser incorporada a una sesión si se estima oportuno.

En gestalt se utiliza el arte, los cuentos, el teatro, la dramatización, la corporalidad, los rituales, la música, el canto, la percusión, el baile, cualquier cosa disponible que esté en nuestra mano, para provocar la toma de conciencia del paciente, el insight y el cambio posterior.

En el Insight, el Darse Cuenta, se producen avances, se realiza la transformación personal. Porque, cuando me doy cuenta de lo que siento, lo acepto, me responsabilizo de ello, lo asumo y después se opera el cambio. Algo tendré que hacer con eso que siento y que me pasa… aceptarlo, asumirlo o realizar una acción. Es mi responsabilidad.

educación artística

LA TERAPIA ES UN CAMINO

Queremos soluciones rápidas, pero la vida no es rápida, es un proceso. El mundo actual está demasiado cargado de conceptos como eficacia y resultadismo… pero los resultados duraderos a veces no son rápidos, requieren tiempo.

Del mismo modo que las cosas maduran a un ritmo, las personas también lo hacen y en terapia, mi experiencia es que lo rápido no está bien asentado con bases firmes.

A veces el primer terapeuta que eliges, como la primera novia, la primera pareja, el primer trabajo, tu primera casa o tu primer coche, no es el bueno. Yo hice un largo recorrido por varios terapeutas y estilos de psicoterapia antes de encontrar un camino que me sirviera. Y os animo a probar, a hacer vuestro propio recorrido hasta que las cosas se os arreglen por dentro un poco.

Primero tuve una psicoanalista, luego una psicóloga coginitiva conductual (vista en distancia, una de las peores experiencias terapeúticas de mi vida) y finalmente encontré un terapeuta gestalt excelente, Paco Dominguez y el apoyo de muchos otros terapeutas grupales de alto nivel durante la formación en mi escuela, el IPG de Madrid.

Hay muchas otras escuelas de gestalt y muchos grandes profesionales en Madrid, en España y en el mundo. Buscad y encontrad.

Yo sencillamente encontré el lugar que necesitaba. No fué un camino sencillo, en terapia sufrí, lloré, ardí de rabia, me conmoví, luché, perdí, gané, me resistí, fuí dejando que mis barreras interiores se fueran cayendo, aprendí a conocerme, a quererme como soy… y llegué al centro de mi mismo cuando menos me lo esperaba, puedo decir que incluso con la terapia ya  terminada, tiempo después de haber abandonado mi proceso individual en gestalt, al que no descarto volver cuando la ocasión lo requiera.

Desde entonces, han aparecido en mi vida toda clase de terapeutas, no solo gestálticos (también sistémicos, consteladores, biodescodificadores, terapeutas energéticos), de los que he ido aprendiendo grandes cosas. Uno nunca deja de crecer y de mejorar, de avanzar y conocerse.

A veces uno no lo consigue ni a la primera, ni a la segunda, ni a la tercera intentona. Pero no darse por vencido es importante en el camino terapeútico. La terapia es un proceso, un camino. Puede durar años o décadas. Se abandona, se regresa, se cambia, se crece… Cada terapeuta te aporta algo bueno y algo nuevo en tu avance.

Y tarde o temprano uno descubre un día que, de repente, se encuentra mucho mejor, en paz con la vida y con el mundo y que el camino se hace mucho mucho más fácil.

Un camino de mil pasos se logra dando el siguiente paso.

Y si el siguiente paso que has de dar es hacer terapia, eso nadie lo sabe mejor que tu.

P.D.

Recientemente el Blog ha superado las 100.000 visitas. No tengo palabras para agradeceros el apoyo que habéis demostrado en todo éste tiempo. El Blog crece en seguidores, crece en lectores y me llena de emoción saber que lentamente el cambio en las conciencias de las personas va transformando el mundo.

Gracias por vuestros mensajes, gracias por vuestros testimonios, gracias por vuestros emails, por vuestro afecto, vuestra participación y un millón de agradecimientos más a todos por estar siempre ahí en los mejores y los peores momentos.

Esto es VerDeVerdad… y entre tod@s, vamos a cambiar el Mundo.

A veces la gente es golpeada por la vida (duelos, grandes pérdidas, desgracias personales) y desde el budismo, el advaita, la meditación zen, el hinduísmo o cualquier escuela de espiritualidad, se habla del desapego, el amor y la compasión en términos bastante fríos y poco conectados con la emoción, poco reales y acogedores para éstas personas.

Tu vida se acaba de caer a pedazos y el discurso que recibes desde ciertos enfoques del mundo espiritual es: tranquilo, todo está bien, aprende tus lecciones de vida, hay un plan, un principio ordenador de todo y aunque tu existencia esté hecha migas, no has de preocuparte, pasa lo que tiene que pasar y ésto lo mejor para ti.

gurú zen

Te sueltan frases de éste tipo (que no dudo que sean reales) pero allá te mueras, porque eso es todo lo que vas a recibir de ellos.

Si acaso la invitación a un curso de yoga o meditación para que lo practiques (y les llenes el bolsillo a los desapegados o les barras el templo).

La gente sufre y lo mejor que somos capaces de hacer es recitarles tres frases bonitas, dos conceptos, endiñarles tres perlas espirituales, darles cuatro palmadas en la espalda, pasarles la mano por el lomo y despacharlos y quitárnoslos de encima con toda la elegancia que nuestro método de espiritualidad nos permita.

Que si todo es ilusión, que si hay que trascender, que si el sufrimiento no es real…

A ciertos niveles esto es cierto… pero ¿es esa una buena forma de acompañar al otro en su malestar aquí y ahora?¿Le va a servir de algo saberlo a nivel teórico, cuando su estado presente no le permite experimentarlo?

Si alguien viene sufriendo, que le hablemos de que su sufrimiento es ilusión no va a ayudarle demasiado a salir de ahí… comprobado… no funciona.

Nunca funciona.

A veces confundimos desapego con distancia, frialdad, lejanía y abandono del otro.

He visto casos de personas que llegan a su guía, gurú, profesor, maestro o instructor de turno con un problema gordo y el hombre o la mujer que dan la clase agarran la capa mística de torear y le dan tres pases a la persona y lo dejan igual que estaba o peor. Porque en el fondo lo han abandonado, no le han acompañado, no se han hecho cargo de lo que traía, ni le han recogido, y encima el tipo o la mujer con su pena, les tiene que estar agradecidos por la tremenda enseñanza espiritual que han recibido.

Te dejan tirado y encima se lo agradeces.

Luego te queda esa rara sensación de que, si sufres, es porque eres tonto y no miras por debajo de la ilusión que lo impregna y subyace en todo.

A mi me parece que cuando uno sufre y se le trata así, se le dan palabritas y conceptos, en realidad se le somete a un abandono en toda regla.

Una cosa es que haya un plan, un principio ordenador y que todo suceda como tiene que suceder, una cosa es que todo sea ilusión y el sufrimiento no sea real en según que forma y modo…  y otra cosa es que a la persona que viene no se la recoja, acompañe, muestre afecto y ternura, se la escuche y se la demuestre de manera real ese amor del que tanto se habla.

Vivimos un amor de boquilla, el amor de palabra pero no demostrado de una manera efectiva y real en nuestras acciones.

Hablamos del amor, escribimos libros sobre el amor, pero dentro de nosotros, amor poquito.

Se habla del amor y de la compasión de una forma desapasionada y bastante lejana, poco tierna, poco humana y poco real.

A menudo, la manera más cómoda de no empatizar con el otro, no hacerme cargo de acompañarle ni estar a su lado es decir que lo que trae es suyo y él se lo tiene que gestionar.

Esto es cierto solo en parte… la verdad es que así encubrimos nuestra poca capacidad para dar, para recoger y para acompañar.

Conceptos como recoger, acoger, escucha activa y contacto cálido y real parecen muy alejados y olvidados hoy.

En el mundo espiritual es frecuente encontrar a personas que venden humo muy bien (hasta se lo creen) y hablan de cosas que no han experimentado.

Los detectas porque corporalmente muestran signos de anestesia y de vivir en la cabeza, en el concepto, en la razón y no en el corazón.

Son grandes egos y cabezas con patas, cerebro, razones, mente… nada de corporalidad cálida y de emociones verdaderas.

Ya son años haciendo observaciones como para no darme cuenta.

Hablan de cosas que han aprendido o leído en cursos y libros, bellas frases, koans, principios, sutras, pero nunca se los han paseado por el cuerpo ni los han interiorizado. Hablan del amor, pero no te parece que lo estén sintiendo hacia los demás en ese momento en que lo dicen.

Es lo que yo llamo el amor como concepto.

Se habla de él, se filosofa sobre él, pero no se experimenta con calidez, ternura y contacto real con el otro.

En gestalt, hablar acerca de las cosas sin experimentarlas se denomina hacer Bla-Bla-Bla.

Hay tres tipos de Bla-Bla-Bla.

1-Caca de pollo (son esas frases de compromiso que decimos cuando vamos en el ascensor… ¿Que tal todo? Parece que va a mejorar el tiempo. ¿La familia que tal? Bien, todo bien… y con las que nos relacionamos de manera poco auténtica con nuestros vecinos. Frases de compromiso, fórmulas fáciles.

2-Caca de vaca. Son las excusas explicaciones y porqués que nos damos para autoengañarnos cada día. Hice ésto por ésta razón, ésto me lo hizo fulano por ésta otra…. Se trata de los porqués, que son interpretaciones, pero no son la realidad.

3-Caca de elefante. Es cuando teorizamos y filosofamos sobre la vida, el universo, el sentido de todo, sin haber experimentado nada de lo que decimos o habiéndolo experimentado solo desde lo mental o lo corporal, pero no con todo nuestro ser.

En gestalt, lo que no se experimenta es que no se ha vivido y hablar de ello no es hablar con autenticidad ni conocimiento de causa.

Solo sabes de aquello que tu has vivido, de lo otro, puedes hablar, teorizar y hacer la caca verbal que quieras… no es real para ti… porque no lo has atravesado.

elefante cagando

Pues bien, mucho de lo que leo en materia espiritual en tantos libros, blogs y lugares últimamente me parece caca de elefante.

Gente hablando de cosas que no ha experimentado, gente viviendo desde la cabeza, sin ternura, sin afectividad, sin atravesar estados emocionales intensos, hablando del amor sin sentir amor, de la compasión sin ser compasivos, del desapego siendo distantes y fríos  con los demás… confundiendo abandono con desapego, frialdad con desapego, incapacidad de dar al otro con desapego y ecuanimidad.

Y unas narices.

abrazos

A veces, en vez de hablar tanto, de teorizar tanto, lo único que tenemos que hacer por el otro es abrazarle. Tan solo eso.

A veces, solo necesitamos un abrazo, un gesto sencillo y sincero, entregado, que es mucho más poderoso que todas las técnicas, meditaciones, discursos y palabrería mística que seamos capaces de elaborar, leer, asimilar o escribir.

Dar y recibir un abrazo es experimentar el amor en estado puro. Dejarse de conceptos, de razones, de mente y pasar al acción de la mejor manera que existe… con afecto y amor.

Alguien viene con un problema, viene con una herida, está sufriendo… y le abrazamos y nos dejamos de tonterías.

La mente es un servidor excelente, pero como jefe, reconozcamos que deja bastante que desear.

A veces, un abrazo sin palabras es la mayor muestra de compañía, compasión, afecto y ternura que podemos demostrar al otro.

Abrazar es una de las muchas formas del amor.

Abrazar bien es todo un arte… pero si lo hacemos con todo nuestro corazón no cometeremos errores y el otro sabrá que estamos presentes en su vida.

Asi que, más abrazos, más amor, menos palabras… y sobre todo más ternura.

Vivimos la vida con sensación de esfuerzo, de conflicto, de lucha. Levantarse, trabajar, ir y volver a casa, pagar facturas, resolver problemas y acostarse agotados. No nos queda tiempo para ser felices, para hacer las cosas que deseamos, apenas para respirar.

Vivimos toda la vida queriendo ser más felices, tener más dinero, ser más altos, más guapos, más creativos, más libres, más realizados, más exitosos, más famosos, más espirituales, más ricos, más elevados.

Mi consejo es Deja de luchar.

Baja los brazos, no empujes, no te resistas, no trates de ser quien no eres, no te fuerces a cosas que no deseas, a vivir una vida que no quieres, no intentes ser otra persona, o comportarte como alguien distinto.

No frecuentes a personas con las que nada te une. No te alejes de tu esencia y de lo que amas… probablemente hace mucho que olvidaste quien eres y ya ni te atreves a seguir tu sendero.

Contémplate, acéptate y transfórmate desde esa aceptación incondicional, pues cuando la consigas, provendrá del cariño más puro hacia tí mismo.

En psicoterapia y otro tipo de disciplinas se parte a veces de una premisa errónea respecto al paciente.

La idea de que uno está roto o estropeado, de que hay que arreglar o reparar a las personas o a uno mismo, el mandato de que uno tiene que ser distinto de como es para convertirse en alguien más sólido, entero, responsable, cabal, eficaz, sensato etc…

Es lo que Claudio Naranjo, el gran difusor de la Gestalt, denomina el Juego de Calce (jugamos a encajar en un molde, a calzar como un zapato en la idea que tenemos de lo que es ser una persona sana o ideal). Pero es que no somos personas ideales, tan solo personas imperfectas.

Maravillosamente imperfectas, por cierto.

Y resulta que la mayoría de los problemas que tenemos provienen de no aceptarnos, no amarnos así, incondicionalmente, con nuestros defectos e imperfecciones. 

El amor todo lo cura y yo aseguro y juro, desde el corazón del escritor y terapeuta que soy, aquí y ahora, que en verdad no somos juguetes rotos, sino seres de luz de una belleza infinita.

Puede que seamos imperfectos en nuestras vidas, puede que a veces lo pasemos mal, que suframos, pero con amor y ternura, con aceptación y perdón, con cariño, todo se lleva mejor y (esa es mi experiencia) prácticamente casi todo se termina curando si hay amor suficiente.

Y ese es el problema, nos falta AMOR, amor a nosotros mismos, a los demás, a la vida…

Tengo el convencimiento de que la mayoría de las patologías provienen de la falta de amor hacia uno mismo (y de amor de los demás hacia nosotros y también hacia ellos mismos), porque, cuando uno se quiere, sencillamente se trata bien, elige la mejor vida posible para él y los suyos, no se fuerza a nada, fluye, va hacia las cosas que ama, está con aquellos a los que quiere y le hacen feliz, no vive en medio de constantes tensiones y conflictos, o desbordado por la apatía, el vacío y el aburrimiento, no se conforma con vidas de consolación o directamente insuficientes, se dirige hacia lo que le hace feliz… y todo ello sin que nos cueste un tremendo esfuerzo.

De hecho, cuando sentimos que la vida es un gran esfuerzo, que todo nos pesa o nos cuesta mucho, que tenemos que empujar constantemente, bregar con lo cotidiano para salvar el día, o que nos falta algo y no estamos satisfechos; es que estamos nadando contra corriente, no a favor del río, no a favor de lo que la vida nos trae y es en verdad para nosotros, sino nadando en las aguas del ego que nos dice mensajes del tipo:

Confórmate

Escóndete

Acepta lo insuficiente

Acepta tu infelicidad (podría ser aún peor)

La vida es peligrosa

No corras riesgos

No persigas tus sueños

No lo vas a conseguir

La felicidad no es para ti

y similares…

Cuando nuestros miedos y nuestro ego intervienen, toman el control de nuestra vida y nos meten en callejones de los que se hace difícil salir.

Con el paso de los años nos metemos en profesiones, hipotecas, relaciones, trabajos, familias y situaciones que tienen muy mala salida.

En su momento el miedo, el conformismo o la inercia hablaron y se apoderaron de todo… entonces apareció el control.

Cuando controlamos no dejamos que sucedan las cosas, no dejamos que se cumpla nuestro destino… muchas personas viven vidas que no son suyas, tan solo porque les ha faltado la energía, el valor y la determinación suficiente como para oponerse a la inercia de unos acontecimientos que les estaban poniendo a prueba y les llevaban por lugares donde han tenido que aceptar un cierto esfuerzo inútil, pues una vida que no es la de uno, no merece la pena que gastemos un solo gramo de energía en mantenerla.

Algunos piensan que las cosas cambiarán, que vendrá algo o alguien y los sacará del atolladero, no se responsabilizan de tomar una determinación firme, esperan, esperan y siguen esperando a que algo cambie y la vida de un volantazo a su favor.

La mala noticia es que, cuando tu no eliges, la vida elige por ti y empeora… te arrastra y a veces te lleva a lugares muy muy dolorosos con gente que no te hace feliz, en sitios donde escapar se hace complicado.

El fallecido Steve Jobs, Presidente de la compañía Apple, decía lo siguiente relativo a la búsqueda de la propia felicidad:

“Si tu no trabajas para cumplir tus sueños, acabarás trabajando para cumplir los sueños de otro.”

Lo sueños de otro pueden ser los de tu jefe, tu familia, tu pareja, tus amigos, tus vecinos… ¿Pero, son los tuyos?

Porque, lamentablemente, amig@s lector@s, si no nos amamos, nos vendemos al mejor postor (un jefe, una pareja, unos amigos) por un plato de lentejas (Seguridad, tranquilidad, comodidad) y entonces no dejamos que sucedan las cosas, no nos dejamos ser, no nos dejamos estar y no nos dejamos en paz… ni a nosotros mismos, ni a los demás.

La única solución ante ésta interrupción del ego es dejar de luchar, aceptar la verdad que llevamos dentro y ser consecuentes con ella. Hemos venido a la vida para algo, somos alguien, con unos talentos y unas pulsiones, pasiones, deseos… acaso una vocación…  y debemos ser consecuentes con todo ello.

Insisto y lo repetiré millones de veces: HAZ LO QUE AMAS. HAZ SIEMPRE LO QUE AMAS.

En éste sentido, como complemento a éste artículo y debido al éxito del anterior texto de Jeff Foster titulado el Corazón del Trauma, que podéis leer también aquí y en mi blog personal El Guasinton Post, http://psicotaipan.tumblr.com/, reblogueamos para VerDeVerdad un nuevo ensayo de éste excelente divulgador de la filosofía Advaita que es un honor y un privilegio publicar en éstas páginas.

Jeff Foster (muchos ya lo habréis notado) me encanta y me parece un autor de referencia al que seguir de manera obligada.

Para aquellos que nos han preguntado sobre el Advaita, la filosofía que Foster difunde, diremos que se trata de una rama del hinduismo que asegura que todo está unido y conectado entre si, que no hay separación entre los seres y tampoco entre cada ser y el Todo, la Deidad.

Todo es uno y todo sucede porque ha de suceder.

Solo la resistencia provoca dolor. Solo tratar de defenderse de lo que es.

Solo pretender controlar en vez de seguir el curso natural de acontecimientos que nos lleva a la felicidad.

Si tu la dejas, tu vida no puede salir mal. Si te empeñas, si te esfuerzas, si luchas, si no elijes tu propio camino, la vida te acaba dejando en la cuneta.

No luches.

Algunas muy buenas noticias

Jeff Foster

(reblogueado del blog PresenciaConsciente  http://presenciaconsciente.tumblr.com/)

1. No necesitas todas las respuestas en este momento.

Justo aquí, justo ahora, en este momento, no necesitas ‘averiguar’ el resto de tu vida, independientemente de lo que digan los demás.

No necesitas todas las respuestas. Éstas llegarán, a tiempo, o no, o quizás es que las preguntas innecesarias simplemente se desvanecerán.

No hay ninguna prisa. La vida no tiene ningún apuro. Sé como las estaciones. El invierno nunca intenta convertirse en verano. La primavera no se apresura hacia el otoño. La yerba crece a su propio ritmo.

Las elecciones que habrán de hacerse se harán, y no tienes poder de elección en eso. Las decisiones que habrán de tomarse se tomarán, los acontecimientos se darán, pero en este momento, tal vez, no necesitas saber las soluciones o los resultados, o cuál sería la mejor forma de proceder. Quizás el no saber es un invitado especial al banquete de la vida. Quizás la apertura a toda posibilidad es un muy querido amigo. Quizás hasta la confusión podría venir a descansar aquí.

Y de esta manera, en lugar de tratar de ‘componer’ nuestras vidas, en lugar de tratar de resolver perfectamente lo irresoluble y rápidamente completar la historia épica de un ‘yo’ ficticio, simplemente podemos relajarnos en un absoluto no-saber, hundiéndonos profundamente en el cálido abrazo del misterio, sumergiéndonos en lo más hondo de este momento, saboreándolo completamente, con toda su singularidad y con toda su maravilla.

Y después, quizás, sin ningún esfuerzo, sin lucha ni estrés, sin que haya un ‘tú’ involucrándose en nada, las respuestas verdaderas surjan en su propio y dulce tiempo.

2. No hay nada de malo en ti, y jamás lo hubo.

Amigo, desde el principio, nunca estuviste mal.

No naciste para ser pecador. Nunca estuviste destinado a ser basura espiritual. Nunca hubo una falta fundamental en tu vida.

Tan sólo fuiste enseñado a pensar eso. Otros trataron de convencerte de que no eras lo suficientemente bueno, por el simple hecho de que ellos tampoco se han sentido lo suficientemente buenos. En tu inocencia, y sin ninguna evidencia de lo contrario, les creíste. Así que invertiste todos esos años tratando de arreglarte, purificarte y perfeccionarte a ti mismo. Buscaste poder, riqueza, fama e incluso iluminación para probar que eras un ‘yo’ valioso. Te comparaste con otras versiones de un ‘yo’, y siempre te sentiste o superior o inferior, y todo eso se convirtió en algo sumamente agotador; trataste de lograr metas inalcanzables, trataste de vivir a la altura de una imagen en la que ni tú realmente creías anhelando siempre tu propio descanso.

Pero como podrás darte cuenta, siempre fuiste perfecto, desde un principio. Perfecto en tu total imperfección. Tus imperfecciones, tus manías, tus defectos, tus rarezas, tus muy singulares sabores era lo que te hacía tan adorable, tan humano, tan real, tan fácil de identificarte. Incluso en tu imperfección, siempre fuiste una perfecta expresión de vida, un amado hijo del universo, una completa obra de arte, única en el mundo y digno de todas las riquezas de la vida.

Nunca se trató de que construyeras un perfecto ‘yo’. Siempre se trató de que estuvieras, fueras, perfectamente Aquí, perfectamente tú mismo, en toda tu divina extrañeza.

“Olvida tu oferta de perfección”, Leonard Cohen canta. “Hay una grieta en todo. Así es como entra la luz.”

3. La Iluminación no es un Destino.

No hay un camino fijo hacia la iluminación.

La iluminación no es una meta, el lugar de descanso al final de un largo viaje – esa es sólo la versión mental de la iluminación.

La iluminación es colmar de luz el lugar en donde te encuentras justo en este momento.

Esta es una muy buena noticia. Esto significa que absolutamente nadie es la autoridad en tu camino – ningún maestro, ningún gurú, ningún líder religioso. Esto significa que absolutamente nadie puede decirte cuál es el ‘camino’ correcto para ti. Esto significa que no puedes equivocarte, incluso si crees que alguna vez te has equivocado. Significa que nada de lo que ha pasado puede sacarte del camino, porque el camino es cualquier cosa que esté pasando, sin excepción. Nada puede alejarte del milagro de la vida, o acercarte a él, ya que el milagro está por todos lados, brillando en todo su esplendor, en forma de cada pensamiento, sensación, imagen, sentimiento, aroma, sonido, y como el profundo milagro del Uno que está consciente de todo.

Sé esta consciencia, brillando en cada momento, independientemente del contenido. Duda, miedo, tristeza, enojo, intensa confusión – quizás, sólo quizás, estos no sean ni enemigos, ni obstáculos para la iluminación, sino expresiones de una inteligencia mucho más profunda. La misma incomprensible inmensidad y despierta inteligencia que da nacimiento a las estrellas y mueve las mareas de los océanos y envía a todas y cada una de las cosas hacia su viaje paradójico buscando su propio ser.

Sal de la historia del tiempo, el espacio y del progreso hacia metas futuras y confía en este momento sagrado. Toma cada momento. Todo momento completamente. Este momento. Porque cualquier momento es un punto de acceso.

Nunca hay obstáculos – sólo puntos de acceso.

Tú no eres ninguna entidad separada realizando un viaje hacia una futura completud.

Tú Eres poesía pura.

4. Tu vida no puede salir mal.

En realidad, tu mundo está configurado de tal modo que nunca te pasa nada, sino que todo-pasa-para-ti… Todo pasa para tu despertar, para tu crecimiento, para tu inspiración, para tu exploración. Incluso si lo olvidas, o si en ocasiones eres incapaz de notarlo, o si te distraes o entras en la desesperación.

Cuando no hay ningún destino fijo, no puedes perder tu destino, así que nunca puedes perder tu camino. De este modo, nunca pasa nada en tu vida que sea capaz de sacarte del camino. Tu camino ES lo que sucede, y lo que sucede ES tu camino. No hay de otra.

Todo es un regalo en este inquebrantable camino que llamas vida – las risas, las lágrimas, los momentos de gran tristeza, las experiencias de profunda pérdida, el dolor, la confusión, los momentos en que crees que nunca lo vas a lograr, hasta la inmensa angustia del amor – incluso si lo olvidas, si no puedes darte cuenta de ello o si pierdes absolutamente toda la fe en este espectáculo.

Pero incluso la pérdida de la fe en todo este espectáculo es parte del espectáculo, y hasta la escena en donde ‘todo sale mal’ no es indicativa de que el espectáculo esté saliendo mal. Y así, entonces, es que siempre estás exactamente donde necesitas estar, lo creas o no… aunque no lo creas.

La vida es absolutamente confiable, aún cuando la confianza parezca estar a un millón de años luz… y la vida no puede salir mal, porque todo es vida, y la vida es todo. Entiende esto, compréndelo en tu corazón, y así, la espiritualidad se volverá profundamente simple, tan simple como respirar, tan natural como mirar las estrellas en la noche y caer en un asombroso silencio. El universo es mucho más hermoso de lo que te podrías imaginar.

Con amor,

– Jeff Foster

(Traducido por Tarsila Murguía desde el sitio web de Jeff Foster…http://www.lifewithoutacentre.com/es…/an-invitation-to-rest/(Imagen: Thomas By- Marian Vejcik)

Un artículo de Eugenio Sánchez Arrate

Esencia

El otro día en consulta y también a raíz de recientes acontecimientos de mi vida relacionados con una persona a la que quiero mucho (aunque me da la sensación de que ella no se lo termina de creer), tuve la ocasión de reflexionar sobre los conceptos de Forma y Esencia, dos términos de los que siempre he leído y aprendido algunas cosas, sobre todo desde un punto de vista aristotélico (que en éste artículo apenas abordaré).

Hace poco, un maestro me hizo reflexionar sobre ambos y entonces decidí escribir éste texto que vaís a leer.

FORMA es aquello que materializamos en el mundo, pero que está vacío de contenido, que no nos llena ni nos hace felices.

-un trabajo maravilloso o frustrante, pero que no nos gusta

-una vida insatisfactoria, aunque aparentemente perfecta

-una vida infeliz de la que no conseguimos escapar

-éxito financiero vacío de contenido y de servicio por los demás, vacío de alma

-logros que no nos hacen sentir plenos y nos impulsan a seguir buscando otros logros

-todo aquello que nos hace sentir infelices, insatisfechos y con la sensación de carencia, de que necesitamos otra cosa, de que necesitamos más de eso o algo mejor, o más nuevo, o más adecuado.

Como habréis deducido, los seres humanos tenemos cierta tendencia a construir en la Forma, se nos ha enseñado que eso es el éxito en la vida y que está bien.

Formamos familias en la Forma, trabajamos en la Forma, nos instalamos en el mundo asentados en la Forma, potenciamos los aspectos de nuestro físico y persona asentados en la Forma y, mientras lo hacemos, nos llenamos de insatisfacción e infelicidad porque nunca es suficiente y cuando lo es, no dura demasiado tiempo y tenemos que buscar más en otra parte.

La Forma tiene esas dos características, provoca sensación de vacío, carencia (o de satisfacción momentánea) y no permanece.

Avaro

ESENCIA, en cambio, es aquello que está conectado con la Unidad, la Fuente, con Dios, con la Diosa, con el Gran Espíritu (llamémoslo como queramos) y que, por ser auténtico y por estar conectado con nuestra alma, con el ser que realmente somos, si que permanece…

Esencia es aquello que, construido aquí abajo, en el mundo material, construido en la Forma, a la vez tiene una manifestación tangible en el mundo espiritual.

Esencia es también aquello que es cierto y que nos hace muy felices.

-Esencia es una pareja a la que amamos y nos ama, y que nos hace sentir muy bien.

-Esencia es una familia con la que estamos de verdad a gusto

-Esencia es un trabajo que nos llena y nos realiza, con independencia de lo que nos paguen por él.

-Esencia es sentirnos satisfechos con lo que somos y lo que hacemos en la vida

-Esencia es sentir que estamos conectados con nuestro propósito divino y que estamos cumpliendo nuestra misión en el mundo.

-Esencia es sentir paz y tranquilidad con independencia de las condiciones externas de la vida que estamos viviendo.

Toda Esencia permanece y produce paz y felicidad profundas y duraderas.

Esas son las dos características fundamentales de la Esencia: que perdura y que nos hace muy felices.

La Forma sola, sin contener Esencia, solo provoca en las personas un gran vacío y nos impulsa a querer más, a llenar esa carencia con nuevos éxitos, retos, logros, posesiones, personas, dinero, prestigio.

Forma es la causa de que alguien consiga un éxito y necesite otro y luego otro y después otro más para seguir llenando un vacío que no se termina ni se compensa con nada.

Forma es la causa de que un adicto al trabajo se mate a trabajar descuidando todos los demás aspectos de su vida, incluidas las personas a las que ama.

Forma también es la causa de que no nos baste con lo que tenemos, porque lo que tenemos no está conectado con quienes somos y no nos hace felices.

La vida está llena de deportistas, hombres y mujeres de negocios, personas ávidas de éxito en algún campo, (profesional, social, afectivo y también espiritual) que avanzan en pos de mayores logros, sin atender a la tremenda sensación de vacío que les queda una vez conseguidos éstos y que les obliga a necesitar más y más y luego más.

roger-federer-llorando

La Forma es como ciertas drogas… satisface momentáneamente a la persona, pero luego te obliga a comprar más de lo mismo en otro lado, para mantener ese falso estado de plenitud que no se sostiene mucho tiempo.

La Forma, es apariencia, es falsedad, es cáscara, es, básicamente, MENTIRA.

Al trabajar para ella y estar atrapados en ella, los hombres y mujeres pierden su Esencia y malgastan su vida en lugares, relaciones y empresas que no les hacen felices y les impiden compartir sus dones con los demás.

Las élites que gobiernan nuestra sociedad, por ejemplo (Imprescindible leer el libro de Jean Ziegler, “Los nuevos amos del Mundo y aquellos que se les resisten”. Ed. Destino 2003) son ricas en Forma y muy pobres en Esencia.

Si fueran ricas en Esencia, el mundo sería un lugar más justo y menos poblado de entes depredadores que lo están esquilmando.

Forma

Hay personas que son tan pobres, que solo tienen dinero.

Y no es que tener dinero esté mal (hablaremos del dinero y de todas sus connotaciones en un futuro artículo), al revés. Es que, casi siempre, tenemos dinero enfocándonos en la Forma, no en la Esencia y el resultado no nos hace mejores, ni más felices, ni más compasivos, ni más beneficiosos para las personas que nos rodean.

Sin embargo hay gente que tiene mucho dinero conectado con la Esencia, y lo que hace, básicamente, se destina a usos relacionados con el Servicio a los otros y el Amor.

¿Qué sentido tiene trabajar para la Esencia?

A efectos de crecimiento espiritual, trabajar para la Forma solo te aleja de la Fuente y retrasa tu proceso de ascensión en el camino de vuelta al cielo, a la Deidad, ese lugar del que todos procedemos.

La Forma, a nivel energético, acumula densidad y nos hace pesados, nos ancla a éste planeta y nos impide evolucionar a lo largo de las reencarnaciones.

orangután avaricioso

La Esencia, en cambio, proviene del centro de nuestra alma, es aquello que hacemos y sentimos conectados con nuestro verdadero yo interior, es aquello que te hace sentir pleno, realizado, feliz… y que no precisa de una constante codicia, avaricia o avidez por tener más, por otras cosas, otras personas, otro lugar, otra casa, otro coche, otra relación, otro trabajo u otra vida.

Mientras que la Forma deja un vacío y tristeza interior del que a veces no somos ni conscientes… o nos produce enfado y más avaricia y necesidad de llenar, la Esencia llena por completo y relaja, da paz, hace feliz, entusiasma.

La palabra Entusiasmo viene del término griego “entheos”… que significa, con Dios dentro, estar con Dios o estar “en Dios”.

Cuando estamos entusiasmados, cuando estamos conectados con nuestro Dios interior, nuestro yo esencial se manifiesta: eso es Esencia y es lo que, cuando nos toque morir y pasar al otro lado, a la otra vida, a lo que quiera que haya más allá de la muerte… permanecerá.

¿Os habéis dado cuenta de lo contentos que os ponéis cuando hacéis lo que os gusta?

Pues a eso habéis venido, a hacer lo que más os gusta, a vivir entusiasmados todo el tiempo que os sea posible, a vivir entheos siempre que podáis, con Dios en vuestro interior, construyendo Esencia.

Como habréis comprobado, por desgracia, el mundo está lleno de personas muy ricas en Forma y muy pobres en Esencia.

Y resumiendo, trabajar para la Forma, provoca insatisfacción o satisfacción eventual y efímera y trabajar para la Esencia produce Felicidad.

Mi caso particular, para lo que pueda serviros. De la Forma a la Esencia en una década.

Yo nací en una familia rica en Forma pero pobre en Esencia.

Mis padres, desde siempre, estaban enfocados solo en construir sobre aquellas cosas que no permanecen, tener más dinero, una mejor casa, un nuevo coche. Todo se sometía al imperio del dinero, las apariencias (sobre todo mi madre) y a los asuntos prácticos de una empresa familiar, que nos proporcionaba una vida rica en comodidades pero pobre en felicidad.

En mi familia, la materialidad estaba siempre por encima de las personas, no al servicio de ellas.

Tuve que aprender desde muy niño (y no sin gran dolor) a leer en mi, a buscar mi verdadero sendero y mi brújula interior y también a descondicionarme de esas ideas estúpidas relativas al triunfo social, el éxito y todo lo demás, aprendidas con mis padres y en el colegio y la vida, para darme cuenta de que solo si empezaba a construir en la Esencia, empezaría a ser feliz.

Durante décadas de mi vida, más perdido que el barco del arroz, viví en la Forma, lo confieso.

Ganaba mucho dinero en la empresa familiar, conseguía cosas, compraba cientos de libros y de ropa que luego no leía o no me ponía, me iba de vacaciones a lugares lejanos, acumulaba, hacía, iba y venía, salía mucho, gastaba dinero, cenas, cine, diversión constante… Pero, por debajo, estaba siempre la sensación de vacío e incompletud.

Un día, circunstancias de la vida me sacaron de ese eje y acabé discutiendo con mi familia. Había terminado mi formación como terapeuta gestalt y se planteaba la posibilidad de un cambio profesional con menos implicación por mi parte en el negocio familiar. Desplazado por mi hermano, que pretendía gestionar todo el negocio él solo, abandoné con dolor la empresa familiar, forzado por las circunstancias y empecé a vivir una vida distinta, más conectada con la verdad de quien soy.

Hoy día gano mucho menos dinero (y necesito también menos dinero), tengo mucho más tiempo, hago lo que me gusta y soy mucho más feliz de lo que lo era entonces.

En estos años he aprendido el valor de construir en la Esencia… y mientras tanto, observo con tristeza como la Forma, aquello que mis padres construyeron, se ha ido pudriendo, perdiendo y desmoronando lentamente en un doloroso proceso de deterioro de la empresa y las relaciones familiares… pues al final ese es el destino de aquello que es mentira, que es ego, vanidad y que no permanece. La Forma está destinada a desaparecer, por su propia naturaleza.

Yo en camara papel

Hoy miro mi vida y, sin ser perfecta, es mucho mejor de lo que nunca lo fue. Hoy escucho el testimonio o asisto al cambio personal, el progreso de muchos de mis pacientes o asistentes a mis cursos de creatividad o crecimiento interior, a gente en mi consulta de Registros Akáshicos y me emociono.

Porque me doy cuenta de que algo de lo que soy, algo de lo que puse, algo de lo que hice o transmití, sirvió para cambiarle la vida a alguien, sirvió para que alguien recuperara su dirección para que otros recordaran cual es su verdadero camino y su vida mejorara en algo.

Hoy también veo cómo muchos de esos pacientes, alumnos y amigos cambiaron mi vida y me enseñaron desde su humanidad cosas que yo debía aprender en determinado momento… y también me emociono.

Hoy escribo un cuento o un poema, recibo los comentarios de aquellos que me leen y me siento pleno y me siento muy bien, porque se que algo de lo que hice, siquiera una cosa pequeña, mereció la pena y no solo me sirvió a mi, fué útil o bello, o necesario o cierto para otras personas… y eso es Esencia.

MI GUÍA PARA VIVIR desde hace unos años para acá es la siguiente, para lo que pueda serviros:

Responsabilidades aparte (que reduzco a las más esenciales para tener una vida tranquila y cómoda y que si me desbordan procuro simplificar, compartir o delegar), si disfruto mucho haciéndolo, si pongo en ello todo lo que soy, si doy todo lo que hay dentro de mi al hacerlo, si lo hago con el corazón y si no espero nada (no me enfoco en el resultado) y me hace sentir bien, pleno y satisfecho… estoy construyendo Esencia, estoy conectado con mi Ser Superior y estoy haciendo las cosas bien.

 

Cuando las personas, lo que sienten y ellas son, no son lo primero, no estamos en la Esencia sino en la Forma. El mundo nos educa para estar en la Forma, la sociedad nos presiona para estar en la Forma, pero siempre podemos resistirnos y ser nosotros mismos.

Solo el amor es real… y eso es lo que somos todos… en Esencia.

Esperando que empecéis a ser más auténticos y a construir desde la Esencia, a amar y ser amados, a hacer lo que os hace felices, a estar donde debéis estar y con quien tenéis que estar… o que si ya lo hacéis, transmitáis a los demás esta manera de vivir que os hace mejores, me despido.

Esto es Verdeverdad… y juntos, entre todos, vamos a cambiar el mundo.

Hoy publico en VerDeVerdad ésta entrevista realizada a Claudio Naranjo sobre el tema de la Educación, aparecida en la página web Despertar integral. com

Fuente : http://www.despertarintegral.com/
 
 

Cuando uno escucha a este psiquiatra chileno de 75 años da la sensación de estar frente al Jean-Jacques Rousseau de nuestro tiempo.

Cuenta que estaba bastante dormido hasta que en los años 60 se fue a vivir a EE.UU., allí fue discípulo de Fritz Perls, uno de los grandes terapeutas del siglo XX y formaba parte del equipo del Instituto Esalen en California.

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Allí tuvo grandes experiencias en el mundo terapéutico y en el mundo espiritual. Contactó con el sufismo y se convirtió en uno de los introductores de Eneagrama en occidente. También bebió del budismo tibetano y el zen.

Claudio Naranjo ha dedicado su vida a la investigación y a la docencia en Universidades como Harvard y Berkeley. Ha fundado el programa SAT, una integración de la terapia Gestalt, el Eneagrama y la Meditación para enriquecer la formación de profesores. En este momento está lanzando un aviso muy contundente: o cambiamos la educación o este mundo se va a pique.

-Dices que para cambiar el mundo hay que cambiar la educación ¿cuál es la problemática de la educación y cuál es tu propuesta?

-La problemática en la educación no es de ninguna manera la que a los educadores les parece que es. Creen que los estudiantes ya no quieren lo que se les ofrece. A la gente se le quiere forzar a una educación irrelevante y se defiende con trastornos de la atención, con desmotivación. Yo pienso que la educación no está al servicio de la evolución humana sino de la producción o más bien de la socialización. Esta educación sirve para domesticar a la gente de generación en generación para que sigan siendo unos corderitos manipulables por los medios de comunicación. Esto es socialmente un gran daño. Se quiere usar la educación como una manera de meter en la cabeza de la gente una manera de ver las cosas que le conviene al sistema, a la burocracia. Nuestra mayor necesidad es la de una educación para evolucionar, para que la gente sea lo que podría ser.

La crisis de la educación no es una crisis más entre las muchas crisis que tenemos, sino que la educación está en el centro del problema. El mundo está en una crisis profunda porque no tenemos una educación para la conciencia. Tenemos una educación que en cierto modo le está robando a la gente su conciencia, su tiempo y su vida.

El modelo de desarrollo económico de hoy ha eclipsado el desarrollo de la persona.

-¿Cómo sería una educación para que seamos seres completos?

-La educación enseña a la gente a pasar exámenes, no a pensar por si misma. En un examen no se mide la comprensión, se mide la capacidad de repetir. ¡Es ridículo, se pierde una cantidad tan grande de energía! En lugar de una educación para la información, se necesitaría una educación que se ocupe del aspecto emocional y una educación de la mente profunda. A mi me parece que estamos presos entre una alternativa idiota, que es la educación laica y una educación autoritaria que es la educación religiosa tradicional. Está bien separar Estado e Iglesia pero, por ejemplo en España, han echado por la borda el espíritu como si religión y espíritu fueran la misma cosa. Necesitamos que la educación atienda también a la mente profunda.

-¿Cuándo hablas de espiritualidad y de mente profunda a qué te refieres exactamente?

-Tiene que ver con la conciencia misma. Tiene que ver con aquella parte de la mente de la que depende el sentido de la vida. Se está educando a la gente sin ese sentido. Tampoco es la educación de valores porque la educación de valores es demasiado retórica e intelectual. Los valores deberían ser cultivados a través de un proceso de transformación de la persona y esta transformación está muy lejos de la educación actual.

La educación también tiene que incluir un aspecto terapéutico. Desarrollarse como persona no se puede separar del crecimiento emocional. Los jóvenes están muy dañados afectiva y emocionalmente por el hecho de que el mercado laboral se traga a los padres y ya no tienen disponibilidad para los hijos. Hay mucha carencia amorosa y muchos desequilibrios en los niños. No puede aprender intelectualmente una persona que está dañada emocionalmente.

Lo terapéutico tiene mucho que ver con devolverle a la persona la libertad, la espontaneidad y la capacidad de conocer sus propios deseos. El mundo civilizado es un mundo domesticado y la enseñanza y la crianza son instrumentos de esa domesticación. Tenemos una civilización enferma, los artistas se dieron cuenta hace mucho tiempo y ahora cada vez más los pensadores.

-A la educación parece solo interesarle desarrollar la parte racional de la gente ¿Qué otras cosas podrían desarrollarse?

-Yo pongo énfasis en que somos seres con tres cerebros: tenemos cabeza (cerebro intelectual), corazón (cerebro emocional) y tripas (cerebro visceral o instintivo). La civilización está íntimamente ligada por la toma de poder por el cerebro racional. Con el momento en que los hombres predominaron en el dominio político, unos 6000 años atrás, se instaura esto que llamamos civilización. Y no es solamente el dominio masculino ni el dominio de la razón sino también de la razón instrumental y práctica, que se asocia con la tecnología; es este predominio de la razón instrumental sobre el afecto y sobre la sabiduría instintiva lo que nos tiene tan empobrecidos. La plenitud la puede vivir sólo una persona que tiene sus tres cerebros en orden y coordinados. Desde mi punto de vista necesitamos una educación para seres tri-cerebrados. Una educación que se podría llamar holística o integral. Si vamos a educar a toda la persona, hemos de tener en cuenta que la persona no es solo razón.

Al sistema le conviene que uno no esté tanto en contacto consigo mismo ni que piense por sí mismo. Por mucho que se levante la bandera de la democracia, se le tiene mucho miedo a que la gente tenga voz y tenga conciencia.
La clase política no está dispuesta a apostar por la educación.

-La educación nos sumerge en un mar de conceptos que nos separan de la realidad y nos aprisiona en nuestra propia mente ¿Cómo se puede salir de esa prisión?

-Es una gran pregunta y es una pregunta necesaria en el mundo educacional. La idea de que lo conceptual sea una prisión requiere una cierta experiencia de que la vida es más que eso. Para uno que ya tiene el interés en salir de la prisión de lo intelectual, es muy importante la disciplina de detener la mente, la disciplina del silencio, como se practica en todas las tradiciones espirituales: cristianismo, budismo, yoga, chamanismo… Parar los diálogos internos en todas las tradiciones de desarrollo humano ha sido visto como algo muy importante. La persona necesita alimentarse de otra cosa que conceptos. La educación quiere encerrar a la persona en un lugar donde se la somete a una educación conceptual forzada, como si no hubiera otra cosa en la vida. Es muy importante, por ejemplo, la belleza. La capacidad de reverencia, de asombro, de veneración, de devoción. No tiene que ver necesariamente con una religión o con un sistema de creencias. Es una parte importante de la vida interior que se está perdiendo de la misma manera en que se están perdiendo los espacios bellos de la superficie de la Tierra, a medida que se construye y se urbaniza.

-Precisamente quería preguntarte tu opinión sobre la crisis ecológica que vivimos.

-Es una crisis muy evidente, es la amenaza más tangible de todas. Se puede prever fácilmente que con el calentamiento de la Tierra, con el envenenamiento de los océanos y otros desastres que están pasando, no vamos a poder sobrevivir tantas personas como las que somos ahora.

Estamos viviendo gracias al petróleo y consumimos más recursos de los que la tierra produce. Es una cuenta atrás. Cuando se nos acabe el combustible será un desastre para el mundo tecnológico que tenemos.

La gente a la que llamamos más primitiva como los indígenas tienen una forma de tratar a la naturaleza que no viene del sentido utilitario. En la ecología como en la economía y otras cosas, hemos querido prescindir de la conciencia y funcionar sólo con argumentos racionales y eso nos está llevando al desastre. La crisis ecológica sólo puede pararse con un cambio de corazón, verdadera transformación, que sólo la puede dar un proceso educativo. Por eso no tengo mucha fe ni en las terapias ni en las religiones. Solo una educación holística podría prevenir el deterioro de la mente y del planeta.

-¿Podríamos decir que has encontrado un equilibrio en tu vida a esas alturas?

-Yo diría que cada vez más, aunque no he terminado el viaje. Soy una persona que tiene mucha satisfacción, la satisfacción de estar ayudando al mundo en el que estoy. Vivo feliz, si se puede ser feliz en esa situación trágica en la que estamos todos.

-Desde tu experiencia, tu trayectoria y tu madurez, ¿cómo procesas el hecho de la muerte?

-En todas las tradiciones espirituales se aconseja vivir con la muerte al lado. Hay que hacerse a esa evidencia de que somos mortales y creo que el que toma la muerte en serio no será tan vano. No tienes tanto miedo a cosas pequeñas cuando hay una cosa grande de la cual preocuparte más. Yo creo que la muerte sólo puede superarla uno que en cierto modo muere antes de morir. Uno tiene que morir a la parte mortal, a la parte intrascendente. Los que tienen suficiente tiempo y vocación y que llegan suficientemente lejos en este viaje interior se encuentran tarde o temprano con su verdadero ser. Y ese ser interior o ese ser lo que uno es, es algo que no tiene tiempo y que le da a una persona una cierta paz o un sentido de invulnerabilidad. Estamos muy absortos en nuestra vida cotidiana, en nuestros pensamientos de alegría, tristeza, etc… No estamos en nosotros, no estamos atentos a quien somos. Para eso necesitamos estar muy en sintonía a nuestra experiencia del momento. Esta es la condición humana, estamos viviendo hacia el pasado y el futuro, el aspecto horizontal de nuestra vida. Pero poco atentos a la dimensión vertical de nuestra vida, el aspecto más alto y más profundo, eso es el espíritu y es nuestro ser y la llave para acceder es el aquí y ahora.

A veces vamos en busca del ser y a veces nos confundimos en la búsqueda de otras cosas menos importantes como la gloria.

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cambioLos budistas lo tienen muy claro. La vida es un cambio constante.

¿Entonces, para qué aferrarnos a nada? Ni a un trabajo, ni a una pareja, ni a una vida establecida y cómoda. La práctica del desapego se impone. Soltar, abandonar, dejar caer los brazos, no luchar contra lo inevitable.

Mi amigo Ibrahim, arquero de tiro tradicional de setenta y un años, asegura que en la vida son más importantes los accidentes que lo que tu has planeado para tu futuro. Porque todo se acaba derrumbando, torciendo, yendo por otro lado.

Si tal es así – y con años he ido comprobando que lo que dice el bueno de Ibra es cierto- ¿A que aferrarse? Lo que tenga que suceder, sucederá.

Sin embargo, para desapegarse de algo o de alguien, hace falta haberse apegado antes y uno comprueba que los que más fácilmente realizan los cambios, suelen hacerlo por su dificultad para los apegos, pues nunca estuvieron realmente unidos a nada ni a nadie con la suficiente profundidad.

Cambiar es dejar de hacer lo que uno ha hecho hasta ahora. Dejar de dar vueltas en círculos, o de escapar cuando uno sale de los baches siempre de la misma manera.

Para algunas personas, sumergidas en periódicos cambios, precísamente lo fácil es cambiar: cambiar de pareja, de casa, de vida, de sitio, de amigos…

Para ellos, el cambio significativo sería dejar de cambiar, quedarse donde están, no luchar, no aferrarse a ninguna solución mágica, experimentar el estado emocional en el que viven y transitarlo para aprender, crecer y superarlo.

La historia de mi vida

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A éstas alturas de la vida, el que les escribe ha cambiado radicalmente de vida unas cuantas veces como para saber de lo que habla. En otras facetas de la existencia – por desgracia más de las que me gustaría- soy un absoluto ignorante, pero en materia de cambios, yo podría dar conferencias, escribir libros y crear una enciclopedia ilustrada.

Una conjunción Plutón Urano en casa ocho, opuesta a un Saturno en la dos (la casa de las transformaciones opuesta a la casa del dinero y las finanzas, los amantes de la astrología lo comprenden) hacen que las crisis sean mi modo natural de avanzar en la vida. Y os aseguro que uno se hace muy fuerte con un aspecto planetario así.

Comencemos con el relato.

-A mi madre, su familia no la dejaba casarse con mi padre. Debido a la culpa y a haber tenido que enfrentarse al clan y abandonarlo, mientras estaba embarazada de mi, se deprimió. En su barriga sufrí mi primera crisis. Ella no deseaba tenerme y me iba a dejar morir. Estuve a punto de fallecer en la barriga de mi madre. Algo bajó desde el cielo, una presencia de luz femenina, para evitar que yo muriera. Años después, en visualizaciones, sintonizaciones de reiki ect… éste recuerdo volvería a mi conciencia con tanta fuerza que he tardado años en procesarlo.

Pasé mi primera depresión infantil con siete años. En mi casa nadie se enteró.

Mi segunda depresión con once. Tampoco se enteraron.

Mi familia estaba demasiado ocupada trabajando (mi padre es trabajólico) y discutiendo entre ellos para darse cuenta de nada.

Me tuve que recomponer yo solo desde que tengo uso de razón.

Tengo problemas para pedir ayuda porque desde que soy niño a nivel afectivo NO HABÍA NADIE A QUIEN PEDIRLE NADA.

-Con veintiún años me diagnosticaron Distimia, un trastorno similar a una depresión crónica, suave y sostenida en el tiempo. La superé.

-Cuando me hice psicoterapeuta tuve que aprender a llorar, porque me había hecho tan duro, tan insensible a causa del dolor, que no sabía hacerlo. La tristeza se me atascaba en el pecho y apenas era capaz de derramar lágrimas.

-Hace muchos años, al abandonar la multinacional de publicidad en la que trabajaba como investigador de audiencias, afronté mi primer cambio laboral importante dejando un empleo estable y tranquilo para irme a trabajar con la famlia. Buscaba seguridad… solo encontré más crisis y más cambios con aquellos que más quebraderos de cabeza me han dado en la vida.

-Afronté otro cambio radical años después, al hacerme psicoterapeuta y abandonar ese puesto seguro y bien remunerado junto a mis parientes, hecho éste que provocó casi la salida por la puerta de atrás del clan familiar.

-Añadamos a ésto, entre medias, dos separaciones de pareja bastante traumáticas, que dejaron cicatrices en mi alma y entonces comprenderéis que de cambios y rupturas uno sabe bastante, de hecho, la vida me ha convertido en un experto en giros bruscos de existencia, cambios de profesión, de rumbo y de modo de vida.

Desde que estoy en éste mundo, he sufrido toda clase de agresiones, las más dolorosas procedentes de mis parientes y personas más cercanas. Me han intentado pegar, engañar, confundir, me han puesto los cuernos, me han mentido, humillado, ignorado… Lejos de hundirme, cada vejación y dificultad me ha hecho más sabio y más fuerte, más tierno, más empático y mejor persona.

Soy el hombre de los cambios y éstos aún no han terminado.

Ya no confío en la estabilidad. Hoy se que estoy aquí… mañana quién sabe.

Son, además, tiempos inestables en el mundo, demasiado cambiantes como para aceptar que las cosas van a durar siempre.

Ya no hay trabajos para toda la vida, ni parejas, ni lugares, ni situaciones que duren siempre. El mundo va demasiado rápido como para aferrarse a nada seguro.

La necesidad de seguridad y suelo bajo los pies

Los budistas hablan de varios maras o infiernos en los que los hombres caen a lo largo de su vida.

Uno de los más poderosos es el Skhanda Mara, o la Necesidad de tener un suelo bajo los piés.

De éste Infierno o Mara yo también podría dar alguna clase a los lectores de éste blog.

Cuando estamos en el Skhanda Mara sufrimos por tener seguridad, algo que nos sustente o sujete y nos de tranquilidad.

Cuando abandoné la empresa familiar por la puerta de atrás, sufriendo una especie de acoso y derribo del clan familiar, mobbing y conductas parecidas, confieso que el mundo se me vino abajo.

Sin pacientes suficientes para poder vivir de mi trabajo como psicoterapeuta, sin empleo, sin nada a lo que aferrarme, la vida se había convertido en un oscuro callejón sin salida.

El paro se me terminó tras dos años de buscar por todas partes sin encontrar empleo y sin que los pacientes, con el país en crísis, llegaran a mi consulta en número suficiente… y hubo un momento en que me vi en la calle y casi sin dinero para pagar siquiera la hipoteca de la casa.

No estaba acostumbrado a vivir con lo justo, e incluso con menos de lo justo.

Durante varias semanas solo comí pan. Era barato y yo no podía permitirme gastar dinero, tenía que ahorrar como fuera. Estaba muerto de miedo. Un miedo denso, atroz, que años después regresaría por circunstancias parecidas.

Por las noches me despertaba angustiado, sudando, tembloroso, sin saber qué hacer. Todavía padecía las secuelas del duelo por mi última separación de pareja. Un constante mensaje recriminatorio aparecía en mi mente: Eugenio, tío, con la edad que tienes deberías estar haciendo algo provechoso con tu vida y mira donde estás, no tienes nada.

Era verdad, no tenía nada.

Y sin embargo, tardé algún tiempo- y sufrimiento- en darme cuenta de que lo tenía todo.

Tenía mi vida, mi salud (algo que solo se valora cuando se pierde), mis amigos (los mejores que un hombre pueda desear), mi casa soleada en un barrio que me encanta, mis gatos amorosos, mis casi cuatro mil libros repartidos en estanterías, mi lucidez, que me ha sacado de tantos agujeros… mi capacidad para reirme y ser feliz, mi coraje, mi honestidad, mi compasión, mi entrega… tenía tantas y tantas cosas… pero sobre todo tenía algo que me hacía estar en el sitio exacto y en el momento justo: Tenía Libertad.

Sin ataduras de ningún tipo, sin servidumbres ni esclavitud, a empresas, parejas o situaciones personales de desamparo, yo podía reconstruir mi vida y reconstruirme con rapidez sin depender de otros.

Era el comienzo de mi nueva vida.

Pasé miedo, tuve insomnio, me angustié.

La de noches que dí vueltas entre las sábanas, sin saber por donde escapar, a quien recurrir o a donde ir.

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El miedo a padecer miseria, a perder mi casa, a no tener donde dormir o qué comer, se hizo muy sólido y lo compartí con el de cientos de miles de personas que, en España y otros lugares del mundo, viven situaciones críticas de necesidad actualmente. Me solidarizo con ellos desde aquí, pues se lo que es pensar que mañana no vas a poder sobrevivir ni vas a tener donde caerte muerto.

De vez en cuando, mis familiares, sintiéndose culpables por el modo en que se habían desarrollado las cosas con mi marcha de la empresa, me metían dinero en la cuenta. Dinero que me costaba aceptar, pues yo vivía éstas donaciones como limosnas y no me gustaban.

Ana Cano, una amiga terapeuta, me habló un día de la culpa inconsciente y de que les permitiera que me ayudaran para aliviar su conciencia.

Acepté esa ayuda y sobre todo fuí tirando como pude, con el paro, los subsidios – que fuí agotando por completo-, con trabajos ocasionales o alimenticios.

Debía dinero a mi primo Alberto, debía dinero a Paco Domínguez, mi terapeuta… aún se lo debo.

La situación se hizo crítica y tuve que desarrollar nuevas capacidades personales y talentos dormidos. Volví a echar el tarot, después de años de tenerlo abandonado, encontré centros donde ejercer de tarotista y también donde dar clases de tarot terapeútico con excelentes resultados y cambios vitales en los participantes. Más tarde me hice Maestro en Lectura de Registros Akáshicos, comencé a dar y recibir cursos y formación en terapias alternativas, me convertí en Terapeuta Floral, regresé durante un año a la radio, trabajando para la Agencia para el Empleo del Ayuntamiento de Madrid y encontré vías, soluciones para ir tirando en una época en la que sobrevivir no está garantizado para nadie. Me hice más espiritual, más sabio, menos dependiente, menos apegado a lo material. Más auténtico y valiente.

Soy, por encima de todo, un superviviente.

A fecha de hoy mi situación fluctúa. A veces tengo dinero para vivir, a veces me falta. Pero eso no cambia mi estado interior de calma, que ha sido la mayor ganancia obtenida en éste tiempo.

El mundo podría derrumbarse, yo se que sobreviviré.

La gente, en general, vive más o menos tranquila con sus vidas asentadas, aferrados a parejas, trabajos, casas, situaciones fijas que les reportan seguridad.

¿Serían capaces de hacerlo en mi situación?

Y si mi vida ha sido complicada, deberíais ver las vidas de personas en países del Tercer Mundo y en Vías de Desarrollo… ellos si que pueden darnos una clase a todos sobre navegar frente a la adversidad.

Descubrir que no necesito tantas cosas para vivir cómodamente, recuperar valores perdidos en mi interior, aprender lo que de verdad importa, volverme más ahorrador, menos despilfarrador, aceptar que nunca jamás habrá seguridad suficiente en ninguna de las áreas de mi existencia. Saber que es un autoengaño pensar que algo es seguro y más engaño aún vender tu alma, tu existencia por un gramo de seguridad, a una empresa, a una pareja, a una situación insatisfactoria.

Muchas personas hipotecan su existencia para garantizarse la supervivencia económica… les cuesta

Con la edad he comprobado que el valor para cambiar de situación se pierde y los caminos se estrechan. Es mucho más fácil saltar al vacío siendo joven, con otra capacidad de recuperación, cuando el mundo lleno de oportunidades y hay más facilidad para encontrar pareja y trabajo, que con sesenta o setenta años y la vida hecha y ya encajada. Y sin embargo hay gente que se atreve a hacer grandes cambios incluso a esa edad.

Nunca es tarde para saltar.

Tengo cuarenta y ocho años, me suelen echar diez o doce menos. Pese a los cambios voy envejeciendo bien. Gente con diez, doce y quince años menos, está mucho más cascada que yo a su edad.

Sencillamente, ya no llegarán a los cuarenta y ocho en mi estado.

Y si alguien piensa que he perdido el miedo al cambio en todo este tiempo se equivoca….CADA VEZ TENGO MÁS MIEDO. PERO CADA VEZ TENGO TAMBIÉN MÁS CORAJE PARA SUPERARLO.

 De algo podemos estar seguros todos… nuestra vida va a cambiar. Unas veces lo provocaremos nosotros, otras el cambio vendrá de fuera. Será un cambio felíz o será traumático.

Nuestra vida puede derrumbarse en cualquier momento.

Abandonar la zona de seguridad, la cómoda zona en la que nos movemos a veces, se impone. Dejar de luchar y de aferrarse, dejar de buscar soluciones para no encajar nuestro estado emocional, también.

Y para ello solo puedo recomendar coraje, calma, fe… y un libro magistral que siempre me ha ayudado en éstos tránsitos, un libro compasivo, valiente, que no ofrece caramelos ni promesas, que acompaña mientras atravesamos momentos muy duros.

Se trata de Cuando todo se Derrumba, de la monja budista norteamericana Pema Chödrön.

 Pema Chodron

Que tengáis felices cambios.

Y que si no lo son, aprendáis de ellos y os hagan mucho más fuertes.

Desde VerDeVerdad, un saludo a todos los lectores y mi más sincero abrazo y solidaridad para los que sufren.

Entre todos Vamos a Cambiar el Mundo.

dificultad de la parejaLa primera pregunta que uno debería hacerse con sinceridad es: ¿Para qué quiero una pareja?

¿Para sentirme menos solo o sola?  ¿Para llenar mis carencias? ¿Para tapar mi vacío?  ¿Para no enfrentarme a la vida? ¿Para ser más feliz?  ¿Para enfrentarme con garantías a un mundo en el que la supervivencia no es fácil? ¿Para que me nutran?  ¿Para que me mantengan?  ¿Para que otro me de el cariño que yo no me se dar?

¿Para qué exactamente?

Obtener una respuesta sincera no es tan fácil como pensamos.

Rara vez somos conscientes de la motivación profunda e inconsciente que nos impulsa a querer emparejarnos. Y menos aún si de verdad queremos hacerlo o solo lo pensamos porque se supone que es lo que la sociedad o el entorno dicen que deberíamos hacer.

Lo cierto es que el amor provoca adicción, pues las endorfinas segregadas durante los enamoramientos suelen actuar de antidepresivo natural en el organismo.

Muchas personas cuyo tono vital es bajo, deprimidas, amargadas o con vidas insatisfactorias, sobrecompensan su carencia, su infelicidad cotidiana buscando parejas que consigan sacarlas de ese estado. A veces se vuelven adictas al enamoramiento y a las sustancias que éste genera en nuestra química corporal.

La pareja se convierte así en el asidero más común para evitar nuestro inmenso temor a la soledad, la infelicidad y la tristeza… esos estados que surgen y aparecen en cuanto bajamos la guardia. Pero sobre todo se convierte en una especie de pastilla que ingerimos para sentirnos mejor.

Hay legiones de adictos al enamoramiento, pero no tanta gente próxima al amor, que es un sentimiento más sereno, más sólido, que aparece con la calma y que no reporta la misma intensidad de compuestos químicos liberados en nuestro cerebro.

adición al amor

El amor es lo que sucede pasada la época de descarga química del enamoramiento -un periodo que suele durar entre seis meses y tres años- y son pocos los que consiguen llegar a ese estado y permanecer en él, pues el amor exige compromiso interior, cierta solidez personal, tolerancia, compasión por uno mismo y por el otro, ternura, transigencia, límites, manejo del entorno y de las habilidades sociales y una serie de valores y capacidades que mucha gente no ha sido capaz de desarrollar a lo largo de muchas relaciones de pareja fallidas.

Por otro lado, la adición al amor no se aleja tanto de la adición a la comida, al alcohol o a cualquier hábito, conducta o sustancia que genera dependencia en nosotros.

¿Es tan difícil encontrar pareja?

La gran frase que casi todo el mundo comparte y comenta en nuestros días es que encontrar pareja es complicado.

¿Lo es realmente?

Para casi todo el mundo, por sus palabras y declaraciones, parece ser que si.

Ni siquiera los acostumbrados a ligar y enamorarse con frecuencia consiguen algo estable o duradero que les reporte felicidad suficiente. A menudo, su vida se convierte en un saltar de cama en cama y de pareja en pareja que puede resultar devastador para el corazón de uno, pues con los amores en serie, el corazón, en vez de abrirse, suele cerrarse para no contactar con lo que nos está sucediendo.

Y si a la gente de a pié le parece complicado encontrar pareja, a muchas de las personas que se mueven en el entorno del crecimiento y la psicoterapia, se lo parece aún más. Solo hace falta preguntarles para comprobarlo.

Carmela

Una de mis formadoras en psicoterapia, Carmela Ruíz de la Rosa, coordinadora del centro Gestalt Psicoterapia y Formación, aseguraba durante un taller que “Es más difícil conseguir pareja desde la salud que desde la enfermedad”.

Esta frase, que cayó como un mazo sobre los presentes en un taller de sexualidad, tiene una explicación: Cuando uno dedica su vida a la autobservación, el crecimiento interior y el trabajo personal, las taras de los demás se hacen tan evidentes como semáforos en la oscuridad y cuesta mucho bregar con ellas.

Además (el autor de éste blog lo ha comprobado personalmente) no puedes comentarlas, pues generas en el otro una hostilidad fuera de lo común. Ni te entiende ni te quiere entender… está en su película y convencidísimo de que ahí está bien.

En nuestro mundo, enfermedad y locura, son lo habitual

En el mundo en que vivimos abunda la enfermedad, no la salud.

Además es una enfermedad sin conciencia… la mayoría de la gente no es ni remotamente consciente de sus procesos mentales y emocionales, de porqué les pasa lo que les pasa, de qué llevan dentro, de cómo son en realidad, las pulsiones que les empujan y porqué hacen las cosas que hacen.

Y sin embargo creen saberlo.

Todo el mundo cree ser el dueño de su vida… y los que más dueños creen serlo, son los menos conscientes.

Incluso alguien dedicado constantemente a ésta labor de averiguación e indagación interior, tarda años en empezar a obtener algunas respuestas útiles que le sirvan para evolucionar.

Un psicoterapeuta no deja de trabajar consigo mismo y de autobservarse toda su vida.

Por eso, observar a alguien, nuestra pareja de turno, que ni ha empezado a buscar, ni tiene la menor intención de hacerlo, puede desconcertar mucho. También si ves que lo hace en los lugares o sitios equivocados.

Cuando ésto nos sucede, tenemos la sensación de que el otro aún tiene que recorrer un camino que nosotros atravesamos hace ya mucho tiempo. Se produce un desfase de ritmos, el otro está en una fase de su vida -y quizá se quede estancado ahí para siempre- , nosotros pasamos por esa fase y sufrimos al ver al otro dar vueltas en círculos, autoengañarse, retroceder, atascarse, contarse películas… éste proceso puede resultar agotador ya que nada garantiza que el otro vaya a conseguir salir de ese agujero alguna vez.

La compasión sincera es muy útil en éstos casos (no es lo mismo compadecerse del otro que sentir lástima o pena por el).

La compasión no implica sentir superioridad hacia los demás… y además ha de aplicarse no solo al otro… también a uno mismo, pues nosotros también sufrimos.

Desde la compasión uno no se siente mejor o superior, sencillamente reconoce que todos estamos en diferentes partes y etapas del camino.

Dice un dicho budista: Todos somos sabios, unos antes, otros después.

Porque tarde o temprano, todos llegaremos a la luz. Cada persona tiene su ritmo y su velocidad para avanzar. Y porque se aprende de todo el mundo, incluso de los que menos han avanzado en el camino.

Lo cual no evita una realidad amarga y certera: estar con alguien que no quiere avanzar o que está en un estado de evolución pobre, agota.

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Respecto a la afirmación de Carmela Ruíz de la Rosa, podemos aclarar que en un mundo neurótico, una persona normal -neurótica por definición, como lo somos todos- encuentra pareja con cierta facilidad -más aún si su narcisismo ha fabricado para él o ella una cáscara o apariencia de belleza o atractivo físico que facilita el encuentro sexual con el otro, mientras que a alguien más sano (incluso aunque sea también muy atractivo) le cuesta más trabajo encontrar, fundamentalmente porque no se conformará con cualquier cosa que se presente en su vida.

La salud te vuelve exigente. Es inevitable

Y además no es salud mental lo que abunda a nuestro alrededor.

En un mundo enloquecido y enfermo, donde, por estadística, la inmensa mayoría de la gente no tiene demasiada conciencia, alguien sano solo puede encontrar soledad o aspirar a reunirse con los pocos que aún conservan algo de cordura.

media naranja corazón

Y esa es mi recomendación desde aquí.

Si no estás en el trabajo personal, empieza a despertar ahora mismo caminando hacia dentro de ti.

Y si estás en el Trabajo personal y en el crecimiento, busca a tus iguales. Se consciente de que los demás van a ser una prueba y un gran aprendizaje para ti, pero también una fuente constante de quebranto y frustración. La compasión por ellos y por ti puede ayudarte, pero somos humanos y limitados en nuestra paciencia y tolerancia.

No trates de sobreesforzarte y de salvarlos, de elevarlos, de hacerlos despertar… esa tarea les corresponde a ellos. Respétate, no te vacíes, ni luches, ni pelees, ni te indignes, ni te desgastes. No merece la pena.

Por experiencia, no solo personal, sino también en consulta, las uniones de pareja entre personas con cierto grado de trabajo interior y personas que no tienen la menor intención de crecer o cuyas limitaciones para hacerlo son graves (resistencia personal al cambio, lealtades invisibles a patrones familiares, miedos personales, un ego demasiado fuerte o anclado en una estructura de personalidad coriácea y rígida), suelen ser nefastas.

En casos así, el más evolucionado de los dos tiene todas las de perder, pues gana poco permaneciendo con alguien que no tiene gran cosa que aportarle y que a menudo dificulta o limita su crecimiento.

La frase, mejor solo que mal acompañado, debería imponerse.

Y con tiempo y paciencia, alguien aparecerá si uno lo desea, sobre todo si recordamos que no somos medias naranjas, somos naranjas completas y lo hemos sido siempre, desde el principio de los tiempos.

Un abrazo a todos y mil gracias por vuestro apoyo desde VerDeVerdad.

Claudio Naranjo -Dios le guarde la salud muchos años- se apresura en ésta etapa final de su vida a publicar todos aquellos libros que dormitaban en su escritorio y que forman el corpus de una de las obras más importantes del humanismo del siglo XX y XXI. A la altura de un Jung, un Freud o un Ellis, Naranjo ha influido en la psicoterapia de vanguardia más que ningún otro especialista actual y es una especie de rompehielos en la conciencia de las viejas estructuras del mundo, el viejo profesorado, los viejos modelos educativos e incluso una sociedad de valores caducos que se tambalean.

Sus libros son la transmisión de su legado a varias generaciones de gestaltistas, psicoterapeutas, formadores, educadores, humanistas y personas de diversa condición, que han bebido de las fuentes de su conocimiento y experiencia como psicólogo y filósofo de primer nivel en sus talleres, escuelas y ciclos de formación, entre los que se incluye el Programa SAT de psicología integrativa, uno de los ciclos de formación más recomendables y necesarios que existen.

Claudio

Claudio Naranjo publica al fin Vanidad, el primer libro de la obra Psicología de los Eneatipos, que estará constituida por nueve volúmenes. Esta vez, debido quizá a la proliferación de lo vanidoso en nuestra sociedad moderna, quizá acuciado por la urgencia en poner algo de luz y verdad en la neurosis de un mundo cada vez más falso, aparente, superficial y materialista, el primer libro de los nueve que vendrán se dedica al eneatipo 3. Los vanidosos y no vanidosos están de enhorabuena.

Y éste que les escribe, que ha tenido sus experiencias buenas y malas con los integrantes de éste eneatipo, se alegra el primero de poderlo leer.

Al frente de un equipo de colaboradores, Naranjo comienza un profundo recorrido por todo el Eneagrama, sin duda uno de las herramientas de autoconocimiento del ser humano más potentes que se conocen.

Vanidad, de Claudio Naranjo

La obra se centra en éste eneatipo 3 y sus tres subtipos, y aparecerá en las librerías el próximo 6 de febrero de 2014.

Si no podéis esperar para comprarlo y queréis más información, he aquí el email de la Editorial: info@edicioneslallave.com

Por cierto, la Llave pertenece desde hace algún tiempo a la Fundación Claudio Naranjo. Muy recomendables todos sus títulos y también las actividades realizadas por ésta Fundación.

Como decimos a menudo en VerDeVerdad: Vamos a cambiar el Mundo.

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