Tag Archive: infelicidad


mujer reza compungida

Acompañar a un enfermo

Por Eugenio Sánchez Arrate

Hace unos meses una conocida, cuya pareja de muchos años padece un trastorno mental, me preguntaba angustiada si podía ayudarla, pues llevaba tiempo intentado averiguar si su pareja la amaba.

-Yo le pregunto y el no sabe qué decirme, Eugenio. – Me contaba.

-¿Y tu que es lo que sientes? ¿Le amas?

-Durante mucho tiempo, si, le he amado. Años, décadas. Pero es difícil sostener el amor cuando no sientes que te correspondan.

-Entiendo… ¿Y te sientes querida?

-No, yo lo que me siento es necesitada.

-Ajá, contesté. Necesitar no es amar. Ese es uno de los primeros temas que debemos tener claros con parejas con trastorno mental. Ellos generalmente te necesitan. No está tan claro que te puedan querer.

-Ya, Eugenio, yo noto que hay algo tremendamente muerto dentro de él. Noto vacío y desde luego no me siento amada, no noto amor. Y eso me hace sentir fatal.

Entonces la contesté que en la mayoría de los casos de trastorno mental de una cierta gravedad no hay un yo, una identidad definida dentro del individuo desde la que amar. No hay nada consistente o suficientemente estructurado en su interior capaz de manifestar amor tal y como lo conocemos.

Por tanto, sentir amor, amar como ama el resto no es algo que éstas personas con enfermedad mental grave puedan hacer.

Rara vez se aborda el tema del amor y de las emociones desde un punto de vista claro y cercano en los manuales de salud mental. Por eso hoy lo traigo a colación en éste artículo/testimonio.

¿Puede amar una persona aquejada de trastorno mental grave?

emociones fingidas

alteraciones emocionales

Esta pregunta casi nadie sabe responderla. Consultados muchos profesionales, todos coinciden en lo siguiente.

Estas personas, aquejadas de diversas patologías severas, sentir sienten cosas, desde luego que si, a menudo intensas, pueden manifestar afecto sincero por seres cercanos… pero con muchísima frecuencia carecen de la suficiente consistencia y estabilidad como para ser consideradas algo firme o fiable.

Desde luego no suele ser un amor conyugal satisfactorio para una persona sin trastorno.

¿Entonces, porqué muchas personas se quedan enganchadas a éste tipo de amor vacío o insuficiente?

Seguimos hablando sobre el tema mi conocida y yo.

-¿Para qué estás en esa relación?- la dije-¿Para qué sigues con esa persona si no te sientes querida y correspondida?

-Supongo que a veces espero un milagro. Espero que él pueda quererme algún día.

-Eso es un error. ¿Lo sabes, no? En todo caso el podría fingir que te quiere o decírtelo sin sentirlo de veras, para que no le abandones o para obtener algo de ti. Pero es evidente que si no notas que te quiera, es porque no te quiere. Y no porque no quiera hacerlo, quizá hasta le gustaría saber cómo… pero es que no te puede querer. No puede querer a nadie. No tiene esa capacidad dentro de si.

corazón enjaulado

Ella puso cara de alivio, porque comprendía, pero también sentía cierta tristeza.

-Entonces… ¿nunca me ha querido?- dijo agachando la mirada.

-Cuando alguien te quiere, lo notas. ¿Tu lo has notado?

-Yo creo que me quise creer que me quería.

-Entiendo. ¿Y para qué sigues tu ahí, mujer?- proseguí- ¿Para qué no te has marchado aún a un sitio mejor? ¿No te gustaría tener una relación con alguien que si te corresponda?¿Crees que no te mereces algo mejor que ser la cuidadora/enfermera/vigilante 24 horas de tu pareja? Es triste, él está enfermo, pero lo lógico es que se encarguen los servicios de salud y su familia… ¿Porqué has de ser tu quien lleve la carga si eso solo te trae infelicidad? ¿Para qué quedarte en un barco que se está hundiendo, que nunca ha flotado ni navegado?¿Qué obtienes de seguir ahí?

Ella me dijo que estaba acostumbrada al desamor, que lo había vivido desde niña en casa con sus padres. Que, además, tenía hijos en común con esa persona y que, en fin, cambiar a éstas alturas de la vida se la hacía muy complicado.

  • La expliqué que a veces hay un componente de masoquismo, de dependencia, de culpa y de aferrarse a la nada, en las parejas de personas con trastorno mental.
  • En algunos casos uno se siente muy importante, muy útil y muy salvador siendo necesario para el otro.
  • Otras veces es la costumbre (muchos acompañantes y parejas de personas con patologías mentales tuvieron un padre o madre también enfermo y no han conocido otra cosa).
  • Hay un cuarto grupo de personas que han vivido en familias poco afectivas y por tanto, saben de primera mano lo que es esa frialdad y falta de amor, entonces repiten patrón, enganchándose a la carencia afectiva, eligiendo inconscientemente una pareja por la que no son amados ni correspondidos
  • Un penúltimo grupo está compuesto por personas hiperresponsables, bastante desconectadas emocionalmente, que siempre hacen lo que deben, lo que se espera y que cumplen con lo que creen su deber aunque su deber los esté matando y llevando al abismo.
  • Y finalmente están los codependientes, gente que no sabe estar sola… a menudo pueden pertenecer a cualquiera de los grupos anteriores.

La contesté que en la mayoría de los casos de trastorno mental de una cierta gravedad no hay un yo, una identidad definida dentro del individuo que lo padece, desde la que se pueda amar.

No hay nada consistente o suficientemente estructurado en su interior como para hablar de amor dentro de ellos.

Si que es cierto que manifiestan algo de afecto y agradecimiento, a veces de una forma muy aparatosa y teatral (por ejemplo, los Trastorno Límite de Personalidad que pueden ser puro drama, escenario, ficción, intensidad hueca o pasajera) pero no son capaces de hacer mucho más.

Su amor es evanescente, unas veces fingido, otras volátil. A veces intenso, obsesivo y posesivo, pero amarte en verdad no te aman.

A menudo dentro de ellos tan solo hay emociones desatadas, estados de ánimo transitorios que vienen y van como el viento.

En general, en éstas personas se aprecia poca consistencia en su sentir como para construir algo sólido y estable a su lado.

Hay casi siempre un componente de masoquismo, de dependencia e hiperresponsabilidad en sus parejas.

Y eso es algo que deben tomar en consideración todas las parejas individuos con trastorno mental de cierta consideración.

Por tanto, sentir amor, como lo sentimos los demás, darlo y recibirlo, no es algo que éstas personas puedan hacer habitualmente. De hecho, hay profesionales que opinan que no es posible que lo hagan.

Sentir sienten cosas, eso está claro, cosas a veces muy extremas, pero carecen de la suficiente consistencia y estabilidad como individuos para ser consideradas algo firme o fiable.

También debemos tener en cuenta que, a menudo, la pareja de la persona con trastorno padece a su vez su propio trastorno mental asociado, quizá de gravedad menor, pero casi siempre presente.

hombre que se esfuerza

viviendo la carga

Estas parejas, que en algunas páginas web se definen erróneamente como personas muy fuertes por aguantar junto al enfermo – en realidad no son nada fuertes… al revés, son bastante dependientes, o bastante masoquistas, o bastante ciegas, o patológicamente hiperresponsables cuando, por estar para el enfermo, descuidan su propia felicidad y la de sus hijos.

No hay fuerza alguna en aguantar a toda costa apretando los dientes cuando lo más sano es no hacerlo y buscar la felicidad en otro lado.

En éstas actitudes hay dependencia, esclavitud, servidumbre…. Eso no es ser fuerte en absoluto.

¿Porqué? Porque cualquiera en su lugar ya hubiera buscado una salida hacia la salud y la nutrición afectiva en otra parte.

Entendamos que quedarse donde no te quieren no es sano para nadie…

Y quedarse por un mal entendido sentido del deber hacia el enfermo, es algo también bastante enfermo.

Pero a menudo, cargadas de responsabilidad, las parejas/cuidadoras del que padece el trastorno, por no abandonar al otro, por sentir culpa o una mal entendida lealtad que no las nutre ni las llena, o por sentir un amor enfermo que en realidad es adicción a la intensidad, a la pelea, al desamor etc… no se separan del enfermo y no buscan un amor más nutritivo y satisfactorio al lado de las personas que si pueden darlo.

hombre atormentado

caos mental y emocional

¿Cómo lo vive el enfermo?

Algunas personas con trastorno mental ignoran por completo toda ésta dinámica, lógicamente.

Bastante tienen con sobrellevar su enfermedad y los duros episodios aquejados a ella.

Otro grupo de personas con trastorno, muy conscientes de que pueden ser abandonados en cualquier momento por su pareja, fingen amar al cónyuge en un “como si” falso y embaucador encaminado a impedir que se aleje.

De éste modo evitan la ruptura a toda costa.

Otras veces, en el enfermo ni siquiera hay un deseo de no ser abandonado, porque la persona se encuentra tan anestesiada o deteriorada psíquicamente que sencillamente la da lo mismo que sigan a su lado o no. Es algo secundario. No tiene energía, recursos ni capacidad para plantearse éstas cosas.

¿Qué hacer entonces?

En cualquier caso, la dije a mi conocida, lo importante es que tu, como pareja de una persona con trastorno mental y persona responsable de su propia vida, no te autoengañes y sepas muy bien lo que quieres y dónde estás.

Del mismo modo que tu pareja debe ser atendido por los servicios de salud y tener una vigilancia constante de psiquiatras y psicólogos, pide ayuda profesional para ti si la necesitas.

Sobrellevar ciertas cargas es excesivo para una sola persona. Y sobre todo, se muy consciente de que tu mereces que te amen y ser feliz al lado de una persona que si pueda dar amor.

Ya es bastante triste que tu pareja padezca una enfermedad mental con tan mal pronóstico como para que encima tu la sigas hasta el fin del mundo en su infelicidad si eso no te hace bien.

Todo el mundo merece ser feliz y, si ama, merece ser correspondido.  

Anuncios

un artículo de Eugenio Sánchez Arrate

 

Fritz Perls, el creador de la Psicoterapia Gestalt, hablaba del concepto de Resistencia en terapia, como la capacidad consciente o inconsciente del individuo para oponerse al proceso terapéutico, al fluir natural de la vida y a la propia evoluciòn y crecimiento personal.

Perls

No os podéis ni imaginar las peregrinas estrategias que utilizamos para resistirnos a la verdad, a nuestra propia verdad interior.

Sobre todo porque a menudo no la conocemos bien.

Podemos pasarnos la vida entera resistiéndonos a lo que nos sucede y viviendo una vida que no es la nuestra.

De hecho, la mayoría de las personas lo hacen y lo peor es que pocas veces imaginan que lo están haciendo.

La Resistencia provoca atasco en nuestra vida, bloqueo y frustración.

O a veces nos hace creer que estamos en el buen camino, cuando en realidad nos aleja de todo aquello que somos.

Cuando nos resistimos, evitamos tomar conciencia, darnos cuenta de lo que nos pasa y hacer los cambios oportunos en nuestra vida.

Siempre tenemos excusas para no hacer lo que hemos de hacer…

En el fondo lo único que sucede es que tenemos MIEDO.

miedo

 

 

La Resistencia existe porque nos protege de algo que tememos afrontar o abordar en nuestra vida. Es necesaria y está ahí para algo… y no desaparecerá hasta que estemos preparados para desprendernos de nuestra coraza y afrontar la verdad. La única manera de sobrellevarlo es con amor, paciencia, cariño y afecto con uno mismo. Asumir que quizá de momento no podemos hacerlo distinto y tener paciencia con nuestro propio proceso.

 

Por ejemplo, un adicto al sufrimiento obtiene identidad a través de la melancolía y la tristeza constante o episódica.

Un adicto a la rabia y el enfado, necesita constantemente causas para enfadarse y personas con quien hacerlo… si encontrara personas amorosas con las que le resulta difícil discutir, su rabia no tendría sentido. Busca inconscientemente parejas y gente con la que actuar su enfado crónico.

Si a éstas personas, la sufriente o la rabiosa,  se les arrebata el sufrimiento o la rabia en la que viven instalados (a veces ambas emociones confluyen en un mismo individuo), éstas personas tendrían que reconstruirse de otra manera y aprender a vivir de un modo distinto al que no están acostumbrados. Acaso tendrían que amar y ser amados… y su dificultad profunda reside probablemente en eso.

Quizá por debajo de tanta melancolía o rabia hay un “no soy digno”, “no me lo merzco” o “quién me va a querer a mi”.

A veces esa tristeza o ese enfado dan identidad a las personas y uno teme que si perdiera eso, no le quedaría nada.

Un narcisista, por ejemplo, evitará siempre afrontar su ego inflado y se justificará en todas sus conductas explotadoras de los demás constantemente.

Un maltratador jamás admitirá que es un maltratador y que no toma en consideración a los otros.

Un salvador crónico tendrá problemas para admitir que obtiene identidad salvando a pobrecitos para sentirse importante y necesario.

 

Cada persona tiene sus propias estrategias para resistirse y ver lo que realmente es y en dónde está situado en su vida.

La pregunta es la siguiente ¿Cómo te resistes tu? ¿Qué excusas te das? ¿Qué películas te cuentas para no hacer lo que tienes que hacer, lo que evitas, lo que postpones, lo que dejas para mañana o lo que ni siquiera ves para no tener que afrontarlo?

 

caminar en círculos

 

Actuar COMO SI…

 

A menudo en terapia la persona actúa un “como si”.

Es decir, voy a hacer como si quisiera curarme, pero sigo resistiéndome y haciendo lo mismo de siempre, evitando afrontar lo que me pasa. Este doloroso dar vueltas en círculos, éste no moverse, disfrazándolo de supuesto movimiento, conduce a la Inmovilidad y el atasco… o hacia la evitación mediante rutinas, adicciones (al trabajo, a sustancias, a la gente) o actividad frenética evitativa de cómo estamos por dentro.

Uno realiza un “como si” cuando…

 

-va de terapeuta en terapeuta sin quedarse con ninguno

-siempre busca excusas para no afrontar lo que le pasa

-va de taller de crecimiento personal en taller, sin detenerse en la búsqueda para integrar lo aprendido

-se resiste al cambio obcecadamente

-se autosabotea y evita a cualquier persona o circunstancia que puede ayudarle o sanarle, considerándolos un riesgo para su persona o statu quo vital

-realiza aparentes movimientos para curarse o sanarse, pero los frustra de manera activa o pasiva.

-Habla de ir a terapia pero no lo hace

-Habla de realizar cambios pero no los lleva a cabo

-Realiza cambios menores o poco comprometidos para no afrontar los grandes cambios a los que ha de enfrentarse.

-Se entretiene con ocio, evasiones, escapadas, que le alejan de ir a los lugares de si mismo donde duele mirar.

-Cualquier excusa le aparta de hacer lo que debe hacer.

-Elige objetivos secundarios en la vida (pareja, trabajo, vocación) para no ir a por el objetivo principal que desearía.

 

A menudo el problema, la causa por la que se realizan éstas conductas es simple: los pacientes tienen problemas para entregarse y comprometerse.

manos entrelazadas

Entregarse a un terapeuta y al proceso de terapia, entregarse a una pareja, entregarse a otro supone correr riesgos.

Los miedos más profundos y arraigados emergen en la persona en el momento del verdadero contacto.

La gente, en general, teme la intimidad.

Prefiere vivir segura pero infeliz en un mundo de emociones atenuadas, rutinas, peleas, tristeza y escasa ternura porque eso es lo que ha conocido siempre o a lo que está acostumbrado.

 

O en un mundo de actividad constante que no nos deje tiempo para pensar, para sentir, para conectar con lo que llevamos dentro.

 

Por ejemplo, para alguien puede ser mucho más cómodo vivir en una frustrante infelicidad más o menos tranquila, estando con una pareja a la que no ama, viviendo una especie de vida de consolación o Plan B de objetivo secundario, que convivir con alguien a quien quieren profundamente (pero con el que corren el riesgo de ser abandonados, resultar muy heridos o sufrir una tremenda decepción amorosa si la relación sale mal).

En estos casos la resistencia nos protege de un hipotético sufrimiento.

 

Porque entregarse es confiar y hay gente patológicamente incapacitada para la entrega

 

Sin embargo, no hay felicidad sin riesgo.

 

A menudo el caso es distinto (o se solapa) y somos leales al sufrimiento de otra persona, nuestra madre, nuestro padre, un abuelo o ancestro, de una forma inconsciente.

El razonamiento interior (y reprimido, pues probablemente ni sabemos que lo estamos haciendo) es como sigue: Si tu, mamá o papá,  no has sido feliz, ¿Qué derecho tengo yo a serlo?

 

A veces la resistencia está más que justificada por las malas experiencias previas.

 

Y la realidad es la siguiente, encontrar al terapeuta adecuado puede llevarnos cierto tiempo. Porque, con un terapeuta, lo fundamental es que exista química.

Yo tardé años, y tres terapeutas de distintas disciplinas (primero psicoanálisis, luego terapia cognitivo conductual, y finalmente gestalt) para dar con uno adecuado con el que las cosas funcionaron bien.

A veces el proceso lleva tiempo, pero no por eso hay que dejar de intentarlo.

 

 

Gracias, desde VerdeVerdad por vuestra atención.

 

Se denomina Lealtad Invisible a aquella lealtad consciente o inconsciente hacia un ancestro o familiar que nos impulsa a repetir una conducta de un modo ciego, sobre el que no tenemos el menor control.

Da lo mismo si esa persona ha muerto hace mucho o poco tiempo, si sigue viva, si nos caía bien o mal, si tuvimos mucho o poco contacto con ella, si sabemos algo de su vida… la lealtad a esa persona nos impulsa a repetir conductas que esa persona llevaba a cabo, o lleva aún a cabo en su vida si sigue con vida… e incluso muy habitualmente nos hace repetir literalmente, su vida entera como si fuera una gran historia que se perpetúa.

Por ejemplo, una mujer fué infeliz en el amor y sus hijas repiten esa infelicidad con recurrentes fracasos en su vida de pareja. El mensaje de la lealtad es el siguiente: si mi madre no fué feliz, nosotras no tenemos derecho a serlo.

Un hombre muere prematuramente de manera brusca y alguien, quizá nosotros, sufrimos un acciente o fallecemos en el aniversario de su muerte décadas despues (Síndrome de Aniversario).

 

El inconsciente lo sabe todo

Importa realmente poco lo que tu consciente piense al respecto… es tu inconsciente el que tiene el control de la situación. Todo el control, incluso aunque tu pienses y opines todo lo contrario.

Según los últimos estudios científicos, nuestro inconsciente recuerda TODO, absolutamente TODO sobre el árbol familiar hasta la séptima generación, conoce toda la historia de la familia, los secretos, las verdades, las mentiras, lo que ha sido ocultado por uno o varios miembros, lo que todos o casi todos ignoran, lo que se ha escondido u olvidado, lo que es evidente y lo que no lo es. Si hubo crímenes, abandonos, infidelidades, traiciones o graves atentados a la dignidad de las personas, tu inconsciente lo SABE TODO.

Por eso, de nada sirve mentir ni ocultar… la verdad termina reapareciendo.

Mediante hipnósis o kinesiología es posible acceder a ese inconsciente para que revele esos misterios del árbol que permanecen ocultos y conocer tus lealtades familiares, a quién eres fiel, de quién repites la vida.

Terapias como Resonnance Repatterning, Constelaciones Familiares o Biodescodificación permiten acceder a éstos secretos y misterios, así como disolver los nudos que atan y comprimen nuestra vida.

¿Pensáis, por ejemplo, que vuestra tristeza, vuestra rabia o vuestras adicciones son realmente vuestras?

A menudo son las emociones de otro familiar, abriéndose paso a través de vosotros y el campo mórfico (que une a todos los seres y que científicos de la Universidad Max Planck, en Alemania, ya han demostrado como vehículo transmisor de mucho de lo que sucede en un sistema familiar). Estas conductas y emociones se reproducirán en nosotros u otros miembros del clan hasta que el problema sea resuelto.

Muchas enfermedades son el resultado de un dolor familiar que hay que sanar y llevar a la luz.

Una adicción al sexo puede ser la sobrecompensación de la represión sexual de alguno de tus padres o abuelos; una enfermedad crónica es, a menudo, el síntoma de un dolor emocional no expresado ni resuelto en alguna parte del árbol. La falta de afecto nos anestesia para sentir, nos dificulta el acceso al amor… y también perpetúa una vida con poco amor, tanto expresado como recibido.

Cargar con éstos lastres y lealtades no son un castigo, sino un honor, un privilegio para nuestro crecimiento personal y aprendizaje, pues solo lleva una carga aquel que puede resolverla y sanarse y sanar a su árbol familiar mediante un proceso de indagación y catársis.

Al inconsciente hay que sacudirlo, convencerle de que ya no es necesario seguir con esa lealtad. Esa es la razón por la que a veces no basta con conocer un problema con la cabeza, hace falta interiorizarlo con el corazón y el cuerpo.

 

Lealtad ciega

Podemos ser inconscientemente leales a la infelicidad de alguno de nuestros padres y, de manera recurrente, repetimos conductas y patrones de vida que nos hacen infelices.

Repito, no necesitamos llevarnos necesariamente bien con ése familiar para serle leal.

A menudo, tu consciente cree estar buscando su felicidad, mientras tu inconsciente repite fracasadas historias de pareja o conductas que te conducen a una infelicidad constante y reiterada a corto o largo plazo en el trabajo y en la vida.

Y el problema es que la lealtad invisible es poderosa, incluso siendo lejanamente consciente de ella, se reproduce cada vez con mejores estrategias de ocultación, a fin de que no puedas librarte de ella.

Por ejemplo, si repites conductas de pareja fracasadas, cada vez te autoengañarás mejor, enamorándote de parejas con las que con el tiempo todo irá mal, para ser leal a la infelicidad de pareja que vivió una abuela o viven tu padre o tu madre…

En las primeras ocasiones verás con facilidad que esas parejas no eran adecuadas desde casi el principio, pero cada vez te autoengañarás mejor a la hora de elegir, convenciéndote de que ésta vez si que has encontrado al hombre o la mujer de tu vida.

Y dentro de unos años acabarás pagando semejante presunción con otra separación más o menos dolorosa.

De hecho, inconscientemente rechazarás a aquellas parejas con las que todo iría bien si estuvieras con ellas, personas que pueden amarte y respetarte de verdad, personas que se pueden vincular contigo sin problemas… pero, fiel a la lealtad familiar, a esas no las eliges… no son adecuadas para repetir el patrón de infelicidad recurrente al que estás anclad@.

Apartándolas de tu lado cuando llegan a tu vida, sencillamente sigues siendo leal a tu infeliz ancestro, que jamás logró una estabilidad de pareja.

Si él no consiguió ser feliz ¿qué derecho tienes tu a serlo? Eso opina tu inconsciente, con independencia de lo que tu quieras o creas desde tu consciente.

 

¿Cuál es la solución a éstos embrollos y nudos familiares que padecemos?

El camino de la luz pasa por investigar en tu árbol familiar, descubrir de quién eres el Doble, detectar las Lealtades Invisibles que te atan y a quién o quienes lo hacen y de qué modo lo hacen, cómo se manifiestan en tu vida.

Hemos venido a aprender, a entender, a conocer y a investigar, a resolver los misterios del árbol.

Porque todo aquello que tu no resuelvas pasará a tus descendientes directos o indirectos, tengas hijos o no los tengas, eso no es relevante.

Todo lo que tu dejes sin resolver o pendiente, de lo que no te hagas responsable, caerá sobre las espaldas de otros y tendrá consecuencias para ti y para otros.

Una vida de inconsciencia, como lleva la mayoría de la gente, no resolverá gran cosa los grandes atascos de tu árbol familiar, perpetuará los problemas.

Solo hay un camino y piensa en lo siguiente… A ESTA VIDA NO HAS VENIDO A SEGUIR DORMIDO, HAS VENIDO A TRAER LA LUZ… y eso incluye buscar la luz y la verdad de tu árbol. Resolver los dolores y misterios que se ocultan en él.

Hacer como si éstos no existieran. Apartar la vista, no mirar a donde duele, no sirve de nada.

Pagaremos muy cara ésta actitud a corto o a largo plazo… y nuestros descendientes también lo harán.

Despertar es necesario… no solo eso: es Obligatorio.

 

En éste sentido hay dos formas de saber de quién repetimos patrones familiares y somos dobles.

 

1.- Si nos llamamos igual o muy parecido a un ancestro… somos sus dobles y repetiremos muchas de sus pautas de comportamiento. Repito, da igual que le conozcamos, que le apreciemos o que nos llevemos bien con él. Da igual también si está muerto. Somos calcos en muchos sentidos de su vida y deberíamos saber en qué le somos leales.

 

2.-Cuando nuestra fecha de nacimiento y la de un familiar están unidas en una hoquilla de +-7 días hacia delante y hacia detrás. Siguiendo la siguiente regla.

 

Primera horquilla

Enero, abril, julio, octubre

 

Segunda horquilla

Febrero, mayo, agosto, noviembre

 

Tercera horquilla

Marzo, junio, septiembre, diciembre

 

 

Por ejemplo: si hemos nacido en abril, pongamos que un día 17, estamos unidos a todos los ancestros que hayan nacido 7 días antes y 7 después del día 17 de los meses de nuestra horquilla: enero, abril, julio y octubre. Del 10 al 24 de abril de esos cuatro meses.

 

Si has nacido al final o principio de un mes, fija la horquilla en más/menos siete días y ves contando de cuatro en cuatro meses ese mismo intervalo de quince días para ver con qué parientes estás ligado. Define tu horquilla.

Si alguien no encaja en esa horquilla por uno o dos días, no importa, según la teoría, también es tu doble si está en un intervalo de +- 10 días.

 

Y recuerda, tener un doble es repetir su vida en muchos aspectos.

Ahora tienes trabajo que hacer.

Que el creador y la luz te asistan en éste camino de crecimiento e indagación.

Gracias por tu apoyo desde VerDeVerdad y adelante con la búsqueda.

Vamos a Cambiar el Mundo.

 

Eugenio Sánchez Arrate

 

A %d blogueros les gusta esto: