Tag Archive: Jeff Foster


Para todos los lectores de VerDeVerdad, aquí traemos una nueva reflexión del siempre lúcido Jeff Foster.
Fuente: http://presenciaconsciente.tumblr.com/
Traducción Tarsila Murguia.

No trates de abrir tu corazón en este momento. Eso sería un sutil movimiento de agresión hacia tu experiencia encarnada inmediata.

Nunca le digas a un corazón cerrado que debería abrirse un poco más; se cerrará con más fuerza para protegerse, al sentir tu resistencia. Un corazón se despliega sólo cuando las condiciones son adecuadas; tu exigencia de abrirse invita a que se cierre aún más. Esta es la suprema inteligencia del corazón.

En su lugar, honra al corazón en su presente estado. Si está cerrado, deja que así sea; santifica que esté cerrado. Hazle sentir que está a salvo, a salvo incluso para sentirse en completo peligro. Confía en que, cuando el corazón esté listo, y ni un minuto antes, se abrirá como una flor ante la calidez del sol. No hay ninguna prisa para el corazón.

Confía en su apertura y en su cerrazón, también; en la expansión y en la contracción; esta es la forma en la que el corazón respira; en la seguridad, en la inseguridad, en la seguridad, en la inseguridad; en la preciosa fragilidad del ser humano; y todo es bienvenido en el amor más perfecto.

– Jeff Foster

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deprimida

Procedente del blog Presencia Consciente http://presenciaconsciente.tumblr.com/ volvemos a traer un artículo de Jeff Foster, ésta vez hablando sobre la depresión desde un punto de vista totalmente novedoso, cuyos postulados a veces son sostenidos por bastantes miembros de la comunidad terapeútica humanista, entre los que me incluyo.

Solemos anestesiar la depresión con medicamentos.

No se trata de que la gente sufra sin objeto, pero si anestesiamos con fármacos los síntomas, el paciente no escucha el mensaje de la depresión y no actúa en consecuencia.

A veces nos deprimimos porque nuestra vida no nos satisface y tenemos que cambiarla, si nos medicamos mecánicamente y adormecemos esa sensación, jamás cambiaremos de vida… y ese justo es el sentido que tiene el malestar que estamos sufriendo, hacernos tomar conciencia de que algo no marcha.

Parcialmente de acuerdo con Jeff Foster (en casos extremos, sigo pensando que la medicación puede resultar imprescindible para evitar un sufrimiento innecesario en la persona o incluso para anticiparse a tentativas de suicidio) lo cierto es que siempre he creído que cuando uno se deprime por un tiempo prolongado, no está escuchando el mensaje que esa dolencia está enviando y hay resistencia al cambio.

A veces hay que cambiar de vida, hacer reestructuraciones y movimientos, a veces hay que dejar de fingir, a veces hay que afrontar verdades que nos cuesta muchísimo encarar.

La depresión es una señal más, un indicador de que algo no funciona en nuestra existencia.

Apagar ese indicador no solucionará el problema.

Y dicho ésto… os dejo el excelente texto de Jeff Foster.

Eugenio Sánchez Arrate

 

El LLAMADO DE LA DEPRESIÓN

Jeff Foster

La depresión no es lo que crees. Se trata de una ruptura sumamente necesaria de todo aquello que es de segunda mano en tu vida, de todo aquello que no has comprobado, de todo aquello que has dado por hecho. Es una invitación para que te contactes con lo Nuevo. Para que te arriesgues. Para que vivas. Para que ames en una forma que sabes que es posible para ti. Para que dejes de fingir.
Se trata de la oportunidad, de perder la fe en todos los significados que se te dieron, en todos los valores de segunda mano, en todas las creencias que alguna vez usaste para protegerte de tu experiencia inmediata, íntima, y una invitación para que te encuentres cara a cara con la vida, al desnudo. Es una oportunidad para sentirte dispuesto a perderlo todo.
Palabras como ‘compromiso’, ‘relaciones’, ‘deber’, ‘amor’, ‘iluminación’, incluso ‘felicidad’, de pronto suenan demasiado vacías, demasiado lejanas de nuestra experiencia de vida. Ellas siempre fueron algo distantes, éste es el secreto:Siempre estuviste viviendo de PALABRAS, tomaste las PALABRAS como dioses o como metas, y en realidad nunca tocaste la vida que sabías que era posible.

¡Esa era la ‘depresión’!… tu imaginada separación con todo lo que está vivo dentro de tu corazón.

Pero recuerda que la vida viene antes que las palabras, amigo. El mundo de las palabras, pensamientos, significados, debe disolverse. Se trata de un mundo falso, un mundo dual, un mundo vacío y falto de amor. Este mundo jamás fue tu verdadero hogar.
Así que ¡aflígete por este mundo perdido! ¡Llora por el fallecimiento de tu falso hogar, sí! Pero sabe que no hay nada malo contigo – son sólo sueños lo que está muriendo, sólo fantasías que se están consumiendo en el fuego de la Verdad, y una nueva vida, una vida mucho más creativa está emergiendo de las cenizas de todo lo viejo.
La depresión no es una patología, date cuenta, no es algo ‘negativo’, y ciertamente no es algo que esté ‘mal’ (porque el universo nunca comete errores), es más bien el incomprendido camino de los valientes. Es un camino espiritual que exige todo de nosotros. Necesita que nos detengamos, que realmente hagamos un alto, y que veamos la vida de frente. Que nos cuestionemos todo, absolutamente todo, y que no creamos nada que no esté vivo dentro de nosotros. Que descubramos lo que en realidad somos, más allá de todas las historias. Que terminemos esa dependencia fundada en el temor a las autoridades externas y que confiemos en nosotros mismos por primera vez. Que recordemos nuestra verdadera naturaleza y que dejemos de estarnos disculpando por todo aquello que está vivo en nosotros.
No mediquemos nuestra ‘depresión’, adormeciéndonos y haciéndonos cada día más dependientes de lo que ya somos. ¡No somos ningunos esclavos! Dejémonos abrir, permitamos que el estatus quo se desmorone y abrámonos a una experiencia plena de vida, incluso si esto duele. Abracemos la alegría y el dolor de la existencia, la seguridad y la duda, la felicidad y el aburrimiento.

Permitámonos ser la inmensidad en donde todo puede surgir y desaparecer. Descansemos del agotador juego de buscar algo que jamás podremos encontrar en el tiempo o en el espacio, y dejemos de pretender que la ‘depresión’ es algo más que una cierta clase de conversación con la vida.
Entendamos el profundo llamado de la depresión y terminemos con el miedo que algún día le tuvimos, de una vez por todas.

Vivimos la vida con sensación de esfuerzo, de conflicto, de lucha. Levantarse, trabajar, ir y volver a casa, pagar facturas, resolver problemas y acostarse agotados. No nos queda tiempo para ser felices, para hacer las cosas que deseamos, apenas para respirar.

Vivimos toda la vida queriendo ser más felices, tener más dinero, ser más altos, más guapos, más creativos, más libres, más realizados, más exitosos, más famosos, más espirituales, más ricos, más elevados.

Mi consejo es Deja de luchar.

Baja los brazos, no empujes, no te resistas, no trates de ser quien no eres, no te fuerces a cosas que no deseas, a vivir una vida que no quieres, no intentes ser otra persona, o comportarte como alguien distinto.

No frecuentes a personas con las que nada te une. No te alejes de tu esencia y de lo que amas… probablemente hace mucho que olvidaste quien eres y ya ni te atreves a seguir tu sendero.

Contémplate, acéptate y transfórmate desde esa aceptación incondicional, pues cuando la consigas, provendrá del cariño más puro hacia tí mismo.

En psicoterapia y otro tipo de disciplinas se parte a veces de una premisa errónea respecto al paciente.

La idea de que uno está roto o estropeado, de que hay que arreglar o reparar a las personas o a uno mismo, el mandato de que uno tiene que ser distinto de como es para convertirse en alguien más sólido, entero, responsable, cabal, eficaz, sensato etc…

Es lo que Claudio Naranjo, el gran difusor de la Gestalt, denomina el Juego de Calce (jugamos a encajar en un molde, a calzar como un zapato en la idea que tenemos de lo que es ser una persona sana o ideal). Pero es que no somos personas ideales, tan solo personas imperfectas.

Maravillosamente imperfectas, por cierto.

Y resulta que la mayoría de los problemas que tenemos provienen de no aceptarnos, no amarnos así, incondicionalmente, con nuestros defectos e imperfecciones. 

El amor todo lo cura y yo aseguro y juro, desde el corazón del escritor y terapeuta que soy, aquí y ahora, que en verdad no somos juguetes rotos, sino seres de luz de una belleza infinita.

Puede que seamos imperfectos en nuestras vidas, puede que a veces lo pasemos mal, que suframos, pero con amor y ternura, con aceptación y perdón, con cariño, todo se lleva mejor y (esa es mi experiencia) prácticamente casi todo se termina curando si hay amor suficiente.

Y ese es el problema, nos falta AMOR, amor a nosotros mismos, a los demás, a la vida…

Tengo el convencimiento de que la mayoría de las patologías provienen de la falta de amor hacia uno mismo (y de amor de los demás hacia nosotros y también hacia ellos mismos), porque, cuando uno se quiere, sencillamente se trata bien, elige la mejor vida posible para él y los suyos, no se fuerza a nada, fluye, va hacia las cosas que ama, está con aquellos a los que quiere y le hacen feliz, no vive en medio de constantes tensiones y conflictos, o desbordado por la apatía, el vacío y el aburrimiento, no se conforma con vidas de consolación o directamente insuficientes, se dirige hacia lo que le hace feliz… y todo ello sin que nos cueste un tremendo esfuerzo.

De hecho, cuando sentimos que la vida es un gran esfuerzo, que todo nos pesa o nos cuesta mucho, que tenemos que empujar constantemente, bregar con lo cotidiano para salvar el día, o que nos falta algo y no estamos satisfechos; es que estamos nadando contra corriente, no a favor del río, no a favor de lo que la vida nos trae y es en verdad para nosotros, sino nadando en las aguas del ego que nos dice mensajes del tipo:

Confórmate

Escóndete

Acepta lo insuficiente

Acepta tu infelicidad (podría ser aún peor)

La vida es peligrosa

No corras riesgos

No persigas tus sueños

No lo vas a conseguir

La felicidad no es para ti

y similares…

Cuando nuestros miedos y nuestro ego intervienen, toman el control de nuestra vida y nos meten en callejones de los que se hace difícil salir.

Con el paso de los años nos metemos en profesiones, hipotecas, relaciones, trabajos, familias y situaciones que tienen muy mala salida.

En su momento el miedo, el conformismo o la inercia hablaron y se apoderaron de todo… entonces apareció el control.

Cuando controlamos no dejamos que sucedan las cosas, no dejamos que se cumpla nuestro destino… muchas personas viven vidas que no son suyas, tan solo porque les ha faltado la energía, el valor y la determinación suficiente como para oponerse a la inercia de unos acontecimientos que les estaban poniendo a prueba y les llevaban por lugares donde han tenido que aceptar un cierto esfuerzo inútil, pues una vida que no es la de uno, no merece la pena que gastemos un solo gramo de energía en mantenerla.

Algunos piensan que las cosas cambiarán, que vendrá algo o alguien y los sacará del atolladero, no se responsabilizan de tomar una determinación firme, esperan, esperan y siguen esperando a que algo cambie y la vida de un volantazo a su favor.

La mala noticia es que, cuando tu no eliges, la vida elige por ti y empeora… te arrastra y a veces te lleva a lugares muy muy dolorosos con gente que no te hace feliz, en sitios donde escapar se hace complicado.

El fallecido Steve Jobs, Presidente de la compañía Apple, decía lo siguiente relativo a la búsqueda de la propia felicidad:

“Si tu no trabajas para cumplir tus sueños, acabarás trabajando para cumplir los sueños de otro.”

Lo sueños de otro pueden ser los de tu jefe, tu familia, tu pareja, tus amigos, tus vecinos… ¿Pero, son los tuyos?

Porque, lamentablemente, amig@s lector@s, si no nos amamos, nos vendemos al mejor postor (un jefe, una pareja, unos amigos) por un plato de lentejas (Seguridad, tranquilidad, comodidad) y entonces no dejamos que sucedan las cosas, no nos dejamos ser, no nos dejamos estar y no nos dejamos en paz… ni a nosotros mismos, ni a los demás.

La única solución ante ésta interrupción del ego es dejar de luchar, aceptar la verdad que llevamos dentro y ser consecuentes con ella. Hemos venido a la vida para algo, somos alguien, con unos talentos y unas pulsiones, pasiones, deseos… acaso una vocación…  y debemos ser consecuentes con todo ello.

Insisto y lo repetiré millones de veces: HAZ LO QUE AMAS. HAZ SIEMPRE LO QUE AMAS.

En éste sentido, como complemento a éste artículo y debido al éxito del anterior texto de Jeff Foster titulado el Corazón del Trauma, que podéis leer también aquí y en mi blog personal El Guasinton Post, http://psicotaipan.tumblr.com/, reblogueamos para VerDeVerdad un nuevo ensayo de éste excelente divulgador de la filosofía Advaita que es un honor y un privilegio publicar en éstas páginas.

Jeff Foster (muchos ya lo habréis notado) me encanta y me parece un autor de referencia al que seguir de manera obligada.

Para aquellos que nos han preguntado sobre el Advaita, la filosofía que Foster difunde, diremos que se trata de una rama del hinduismo que asegura que todo está unido y conectado entre si, que no hay separación entre los seres y tampoco entre cada ser y el Todo, la Deidad.

Todo es uno y todo sucede porque ha de suceder.

Solo la resistencia provoca dolor. Solo tratar de defenderse de lo que es.

Solo pretender controlar en vez de seguir el curso natural de acontecimientos que nos lleva a la felicidad.

Si tu la dejas, tu vida no puede salir mal. Si te empeñas, si te esfuerzas, si luchas, si no elijes tu propio camino, la vida te acaba dejando en la cuneta.

No luches.

Algunas muy buenas noticias

Jeff Foster

(reblogueado del blog PresenciaConsciente  http://presenciaconsciente.tumblr.com/)

1. No necesitas todas las respuestas en este momento.

Justo aquí, justo ahora, en este momento, no necesitas ‘averiguar’ el resto de tu vida, independientemente de lo que digan los demás.

No necesitas todas las respuestas. Éstas llegarán, a tiempo, o no, o quizás es que las preguntas innecesarias simplemente se desvanecerán.

No hay ninguna prisa. La vida no tiene ningún apuro. Sé como las estaciones. El invierno nunca intenta convertirse en verano. La primavera no se apresura hacia el otoño. La yerba crece a su propio ritmo.

Las elecciones que habrán de hacerse se harán, y no tienes poder de elección en eso. Las decisiones que habrán de tomarse se tomarán, los acontecimientos se darán, pero en este momento, tal vez, no necesitas saber las soluciones o los resultados, o cuál sería la mejor forma de proceder. Quizás el no saber es un invitado especial al banquete de la vida. Quizás la apertura a toda posibilidad es un muy querido amigo. Quizás hasta la confusión podría venir a descansar aquí.

Y de esta manera, en lugar de tratar de ‘componer’ nuestras vidas, en lugar de tratar de resolver perfectamente lo irresoluble y rápidamente completar la historia épica de un ‘yo’ ficticio, simplemente podemos relajarnos en un absoluto no-saber, hundiéndonos profundamente en el cálido abrazo del misterio, sumergiéndonos en lo más hondo de este momento, saboreándolo completamente, con toda su singularidad y con toda su maravilla.

Y después, quizás, sin ningún esfuerzo, sin lucha ni estrés, sin que haya un ‘tú’ involucrándose en nada, las respuestas verdaderas surjan en su propio y dulce tiempo.

2. No hay nada de malo en ti, y jamás lo hubo.

Amigo, desde el principio, nunca estuviste mal.

No naciste para ser pecador. Nunca estuviste destinado a ser basura espiritual. Nunca hubo una falta fundamental en tu vida.

Tan sólo fuiste enseñado a pensar eso. Otros trataron de convencerte de que no eras lo suficientemente bueno, por el simple hecho de que ellos tampoco se han sentido lo suficientemente buenos. En tu inocencia, y sin ninguna evidencia de lo contrario, les creíste. Así que invertiste todos esos años tratando de arreglarte, purificarte y perfeccionarte a ti mismo. Buscaste poder, riqueza, fama e incluso iluminación para probar que eras un ‘yo’ valioso. Te comparaste con otras versiones de un ‘yo’, y siempre te sentiste o superior o inferior, y todo eso se convirtió en algo sumamente agotador; trataste de lograr metas inalcanzables, trataste de vivir a la altura de una imagen en la que ni tú realmente creías anhelando siempre tu propio descanso.

Pero como podrás darte cuenta, siempre fuiste perfecto, desde un principio. Perfecto en tu total imperfección. Tus imperfecciones, tus manías, tus defectos, tus rarezas, tus muy singulares sabores era lo que te hacía tan adorable, tan humano, tan real, tan fácil de identificarte. Incluso en tu imperfección, siempre fuiste una perfecta expresión de vida, un amado hijo del universo, una completa obra de arte, única en el mundo y digno de todas las riquezas de la vida.

Nunca se trató de que construyeras un perfecto ‘yo’. Siempre se trató de que estuvieras, fueras, perfectamente Aquí, perfectamente tú mismo, en toda tu divina extrañeza.

“Olvida tu oferta de perfección”, Leonard Cohen canta. “Hay una grieta en todo. Así es como entra la luz.”

3. La Iluminación no es un Destino.

No hay un camino fijo hacia la iluminación.

La iluminación no es una meta, el lugar de descanso al final de un largo viaje – esa es sólo la versión mental de la iluminación.

La iluminación es colmar de luz el lugar en donde te encuentras justo en este momento.

Esta es una muy buena noticia. Esto significa que absolutamente nadie es la autoridad en tu camino – ningún maestro, ningún gurú, ningún líder religioso. Esto significa que absolutamente nadie puede decirte cuál es el ‘camino’ correcto para ti. Esto significa que no puedes equivocarte, incluso si crees que alguna vez te has equivocado. Significa que nada de lo que ha pasado puede sacarte del camino, porque el camino es cualquier cosa que esté pasando, sin excepción. Nada puede alejarte del milagro de la vida, o acercarte a él, ya que el milagro está por todos lados, brillando en todo su esplendor, en forma de cada pensamiento, sensación, imagen, sentimiento, aroma, sonido, y como el profundo milagro del Uno que está consciente de todo.

Sé esta consciencia, brillando en cada momento, independientemente del contenido. Duda, miedo, tristeza, enojo, intensa confusión – quizás, sólo quizás, estos no sean ni enemigos, ni obstáculos para la iluminación, sino expresiones de una inteligencia mucho más profunda. La misma incomprensible inmensidad y despierta inteligencia que da nacimiento a las estrellas y mueve las mareas de los océanos y envía a todas y cada una de las cosas hacia su viaje paradójico buscando su propio ser.

Sal de la historia del tiempo, el espacio y del progreso hacia metas futuras y confía en este momento sagrado. Toma cada momento. Todo momento completamente. Este momento. Porque cualquier momento es un punto de acceso.

Nunca hay obstáculos – sólo puntos de acceso.

Tú no eres ninguna entidad separada realizando un viaje hacia una futura completud.

Tú Eres poesía pura.

4. Tu vida no puede salir mal.

En realidad, tu mundo está configurado de tal modo que nunca te pasa nada, sino que todo-pasa-para-ti… Todo pasa para tu despertar, para tu crecimiento, para tu inspiración, para tu exploración. Incluso si lo olvidas, o si en ocasiones eres incapaz de notarlo, o si te distraes o entras en la desesperación.

Cuando no hay ningún destino fijo, no puedes perder tu destino, así que nunca puedes perder tu camino. De este modo, nunca pasa nada en tu vida que sea capaz de sacarte del camino. Tu camino ES lo que sucede, y lo que sucede ES tu camino. No hay de otra.

Todo es un regalo en este inquebrantable camino que llamas vida – las risas, las lágrimas, los momentos de gran tristeza, las experiencias de profunda pérdida, el dolor, la confusión, los momentos en que crees que nunca lo vas a lograr, hasta la inmensa angustia del amor – incluso si lo olvidas, si no puedes darte cuenta de ello o si pierdes absolutamente toda la fe en este espectáculo.

Pero incluso la pérdida de la fe en todo este espectáculo es parte del espectáculo, y hasta la escena en donde ‘todo sale mal’ no es indicativa de que el espectáculo esté saliendo mal. Y así, entonces, es que siempre estás exactamente donde necesitas estar, lo creas o no… aunque no lo creas.

La vida es absolutamente confiable, aún cuando la confianza parezca estar a un millón de años luz… y la vida no puede salir mal, porque todo es vida, y la vida es todo. Entiende esto, compréndelo en tu corazón, y así, la espiritualidad se volverá profundamente simple, tan simple como respirar, tan natural como mirar las estrellas en la noche y caer en un asombroso silencio. El universo es mucho más hermoso de lo que te podrías imaginar.

Con amor,

– Jeff Foster

(Traducido por Tarsila Murguía desde el sitio web de Jeff Foster…http://www.lifewithoutacentre.com/es…/an-invitation-to-rest/(Imagen: Thomas By- Marian Vejcik)

Procedente del Blog Presencia consciente http://presenciaconsciente.tumblr.com/, publicamos éste excelente artículo de Jeff Foster,

 

– Jeff Foster

A veces las cosas no salen como queremos. Un ser querido muere. Un resultado inesperado surge. Una relación se desmorona en una forma que jamás podríamos haber previsto. Una infección regresa. Un negocio se disuelve de la noche a la mañana. Un ataque surge de la nada, destrozando un cuerpo o un sueño, o ambos. Algo que parecía tan firme y real ayer, y ahora resultó ser mucho menos de lo que parecía.

Y una parte de nosotros se quiebra. Por un momento, todas nuestras defensas mentales se desmoronan. Somos recién nacidos, nuevamente, dejamos de ser invulnerables a la asombrosa gloria y angustia de la creación. Enfrentamos la maravilla de nuestra propia impotencia ante la inmensidad del cosmos, sin la protección del ego. Por un momento tocamos y somos tocados por el misterio insondable que subyace a todas las cosas. La impermanencia estalla a través de los huecos de una realidad obsoleta; y la cruda sinrazón de la existencia, la naturaleza incontrolable de los acontecimientos, el desequilibrio de nuestro mundo emocional, se hacen evidentes una vez más. Nuestros ojos están abiertos. Ancestrales enseñanzas están vivas. Lo que algún día nació, debe morir. Lo que hay aquí, pronto se ha de ir. El mismo suelo en donde estamos parados podría abrirse en cualquier momento. No hay ningún lugar verdaderamente seguro para estar parado. ¿Qué es real? ¿Qué es confiable en esta vida? ¿Qué hace que valga la pena vivir?

Y damos unos pasos para atrás. Todo esto es demasiado, la experiencia es imponente. Pronto, vuelve a lo normal. Pronto, agárrate a algo firme, algo que sea manejable. Arregla algo. Busca algo. Controla algo. Aférrate a algo. Consigue una respuesta. Medícate. Haz que funcione. Distráete – con sustancias, con religión, con trivialidades, con más y más y más experiencias.

En lugar de enfrentar los inexplorados terrores que acechan en las profundidades, fijamos nuestros ojos una vez más en las superficies. Acallamos el más grande de nuestros miedos: el de una existencia incontrolable, a través de enfocarnos en las cosas de la vida sobre las cuales creemos tener control. Bloqueamos nuestro dolor y hacemos el intento de volver a la normalidad, al trabajo, a la ‘realidad.’

Pero la normalidad es el problema, no la solución, y la vieja normalidad era demasiado limitada de todos modos. La vida, en su infinita inteligencia, sólo estaba intentando abrirnos. Nos habíamos hecho demasiado pequeños, demasiado limitados, demasiado adormecidos, demasiado preocupados con nuestras propias vidas, atrapados en nuestras propias historias; nos habíamos dejado arrullar demasiado por las comodidades de la vida moderna. En nuestra búsqueda de lo positivo, enterramos todo lo que habíamos considerado como negativo – el dolor, las tristezas, los miedos, las angustias, las paradojas. Estas energías tan naturales que habíamos empujado hacia el abismo para poder funcionar, y ser productivos, y ‘encajar.’ Creímos que éramos ‘felices.’ Sin embargo nuestra felicidad se había vuelto tan circunstancial, y nuestra alegría tan dependiente, y nuestra satisfacción tan superficial. Era la clase de satisfacción que podría disolverse en cualquier momento. Y lo hizo, porque la vida procura la totalidad y nada menos.

Y ahora estamos siendo llamados a cuestionar todo. Todo.

El dolor no es un obstáculo para sanar, es más bien una puerta. La pena no es un error, es más bien un portal. Incluso la ira contiene un camino. Y nuestros anhelos más profundos no son deficiencias, sino partes de nosotros mismos que sólo quieren ser reconocidas.

Las heridas se abren para ser sanadas, acogidas, para poder recibir una atención amorosa.

Nuestro sufrimiento y el sufrimiento de quienes amamos a menudo puede parecer tan aleatorio, tan absurdo, tan sin sentido, tan cruel, tan incontrolable, y nos precipitamos para disfrazar nuestro dolor, para esconderlo, negarlo o para simplemente pretender que ya lo hemos ‘superado.’ Como buscadores espirituales, podríamos fingir que hemos llegado más allá, o que hemos trascendido, o incluso que hemos aniquilado por completo nuestra humanidad. Que somos invulnerables. Que ya no sentimos nada, excepto una felicidad interminable. Que estamos tan iluminados, y somos tan perfectos.

Pero al final del camino no puedes esconderte de ti mismo, porque en cierto nivel siempre sabes exactamente donde te has escondido. El ‘yo iluminado’ es la mayor mentira de todas. ¿Dónde se escondería el ‘yo iluminado’?

Ninguna experiencia es intrínsecamente traumática, ninguna experiencia es realmente difícil de manejar, sin embargo a veces las experiencias pueden liberar energías volcánicas en nosotros que habíamos reprimido, escondido, o que nos habíamos negado a integrar en nuestra prisa por conseguir ser un ‘yo’ congruente, fuerte y normal. Al tratar de mantenernos en una sola pieza, en realidad lo que hicimos fue desgarrarnos a nosotros mismos.

Y ahora la vida ha llegado al rescate, con su amor a la totalidad. Los horrores, las rabias, la confusión, la alegrías insondables que nunca fuimos capaces de aceptar, se han liberado. A veces la vida detona una explosión en nosotros… y nos apresuramos a contenernos de nuevo.

He aquí una invitación para no contenernos. Para ser más inconsistentes, para aceptar que a veces somos todo un lío. Hay dignidad cuando nos venimos abajo.

Inclínate ante todas las ancestrales energías que ahora fluyen a través tuyo. Una vieja vida se está viniendo abajo, una nueva vida está a punto de coagularse, y ahora estás parado en tierra santa, increíblemente impregnada de vida y posibilidad, rota pero despierta para todas esas partes olvidadas de ti, en contacto con las alegrías y los dolores que creíste que nunca volverías a sentir, energías que habías reprimido desde niño o incluso antes.

Tu sufrimiento no es un error, o un castigo, y en última instancia ni siquiera es tuyo. Todos sufrimos. Todos nos enfermamos, envejecemos y morimos, al menos en nuestra forma física; y nuestras formas físicas son sagradas. Todos experimentamos pérdida, y nos preguntamos por qué. Todos perdemos el control, o nos preguntamos si es que acaso tenemos algún control. Todos nos vemos enfrentados a situaciones que jamás hubiéramos planeado, decisiones que nunca hubiéramos querido tomar, cosas que resultan indeseables, circunstancias que simplemente se sienten como ‘inadecuadas.’

Pero en medio de eso que no nos gusta, si podemos detenernos, y respirar, y salir de la historia de “cómo se suponía que esto debería ser,” y  ponemos atención a este momento presente, podríamos encontrar cosas que están bien, incluso que habíamos deseado, cosas sagradas, e incluso sanación. Y podríamos comenzar a darnos cuenta de que no estamos solos en nuestra lucha. Que estamos conectados a toda la humanidad. Nuestro sufrimiento es un rito de paso y muchos otros han pasado por este viaje. Caminamos sobre las huellas de nuestros antepasados. Estamos siendo invitados a amarnos a nosotros mismos, incluso con más fuerza, a conectarnos más profundamente con nuestra respiración, a sentir la clase de compasión por nosotros mismos y por los demás que nunca hubiéramos sentido si las cosas hubieran seguido saliendo a ‘nuestra manera.’ ¿A la manera de quien? Y ¿Por qué esperaríamos que las cosas siguieran saliendo a nuestra manera en un mundo de impermanencia y cambio constante? ¿Realmente creímos que estábamos a cargo? ¿Puede una ola controlar la inmensidad del océano? ¿Acaso perdimos nuestra humildad, nuestro sentido de la proporción?

Nosotros no tenemos el control. Todo está muriendo desde el momento en el que nace, como enseñó el Buda. Todo está hecho de cristal. Y ahí radica nuestra mayor tristeza y nuestra más profunda depresión, pero al mismo tiempo nuestro mayor potencial para la alegría y la liberación. Aprendemos a no interponernos más en nuestro propio camino, y aceptamos las cosas tal y como son. Aprendemos a amar la vida como es y soltamos nuestras fantasías caducas. Aprendemos que la verdadera alegría no es escapar del dolor, sino estar dispuestos a sentirlo, y que la verdadera satisfacción significa abrirnos a incluso el más grande dolor. Si somos capaces de tocar nuestras propias tristezas, podemos tocar las tristezas de toda la humanidad. Esto no significa que nos abandonemos o que seamos complacientes – esto es despertar, abrir los ojos, es el nacimiento de la verdadera compasión.

Permitimos hasta nuestros traumas más profundos con el fin de aprender lo que es el amor, la compasión, la tranquilidad; para recordar lo valioso que es cada momento en la vida. Permitimos que la vida nos abra el corazón de par en par para recibir la Verdad. Todo está ardiendo, como enseñó el Buda, y aferrarnos a imágenes obsoletas de la realidad sólo engendra dolor.

Sabíamos demasiado, ahora sabemos menos, y eso no es una pérdida, es más bien nuestra libertad. Y hay algo dentro de nosotros que nunca es traumatizado, algo que está eternamente presente y es digno de nuestra confianza, algo que sobrevive a incluso las sensaciones más intensas, que acoge y libera el trauma mientras el corazón bombea su sangre…

(Traducido por Tarsila Murguía)

Sobre el autor:

Jeff Foster es un experto en Advaita, la conciencia de la no lucha y no dualidad. Aquí abajo reproducimos información sobre su figura y trabajo.

(obtenido del blog Advaita info http://www.advaitainfo.com/maestros/jeff-foster.html)

Jeff Foster

En 2001 Jeff Foster se licenció en Astrofísica por la Universidad de Cambridge. Unos años después, tras un largo periodo de depresión y enfermedad, se obsesionó con la idea deiluminación espiritual, y se embarcó en una intensa búsqueda espiritual de la verdad última de la existencia, que concluiría unos años más tarde al conseguir ver con claridad la naturaleza no-dual de todo y que lo único que existe es la Unidad.

Gracias a la claridad de dicha visión, descubrió lo extraordinario en lo ordinario y la vida volvió a ser como siempre había sido: espontánea, prístina, alegre y plenamente viva.

En la actualidad, Jeff Foster organiza encuentros y retiros en el Reino Unido y Europa, en los que aborda clara y abiertamente cuestiones como las frustraciones de la búsqueda espiritual, la naturaleza de la mente y la Claridad presente en el centro de todo. Ayuda a las personas a descubrir lo que realmente son, más allá de todos los pensamientos y juicios acerca de sí mismos, incluso en medio de la tensión y la lucha de la vida moderna y las relaciones íntimas.

Su planteamiento, independiente y repleto de humor y de compasión, arruina toda esperanza en una iluminación futura y nos descubre el despertar que, desde siempre y para siempre, está presente en nuestras vidas. Él cree que la libertad es el derecho de nacimiento de todo el mundo. No pertenece a ninguna tradición o linaje, y su enseñanza es accesible a todos.

Jeff ha publicado cinco libros en más de seis idiomas, entre los que destacan en español:

La vida sin centro. Editorial Trompa de Elefante.

Más allá del despertar. Editorial Kairós.

La revelación de la unidad. Editorial Trompa de Elefante.

Una ausencia muy presente. Editorial Kairós.

La más profunda aceptación. Editorial Sirio.

 

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