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Manipulación

un artículo de Eugenio Sánchez Arrate

Vivimos en una cultura muy mentirosa y también muy borderline, de justificación de todo lo que sucede, de ausencia de límites y de falta de respeto por los demás.

En el reciente congreso de la ATG (Asociación de Terapia Gestalt celebrado en Málaga) fué una de las conclusiones más certeras a las que se llegó por consenso a lo largo de varias ponencias y mesas.

Eso que llamamos postverdad, que muchos de nuestros políticos han impuesto y que no es otra cosa que cinismo disfrazado de todo vale, de yo miento porque todo el mundo miente, todos somos igual de mentirosos, ladrones, o sinvegüenzas, se extiende a todos los órdenes de la vida…

Lo peor es que la gente ha llegado a creérselo y a dar por bueno lo inaceptable.

El mentiroso, el ladrón, el abusador, el que daña, trata así de escurrir el bulto y escapar de las consecuencias de sus actos, tratando de convencer a la sociedad de que todos somos iguales, cosa en la que se equivoca.

En derechos y en algunas otras facetas los seres humanos somos iguales, pero ni de lejos somos iguales en la forma de comportarnos.

Todos tenemos nuestras sombras e imperfecciones, pero hay una inmensa diferencia de grado entre unas personas y otras.

Hay gente muy dañina para todos y/o para si misma, y también gente mucho más ética y justa con sus semejantes… ésta es una realidad que nunca debemos olvidar.

Cuando la mentira se institucionaliza, la pérdida de valores y de ética asociadas van unidas y afectan a toda la sociedad.

En ésta época sin valores y en la que tenerlos se asocia a una mentalidad anticuada (una manipulación más para justificar lo injustificable). El resultado es que muchas personas han perdido toda referencia de comportamiento ético y no saben cómo actuar, o bien imaginan que se puede ir por el mundo sin ningún tipo código de comportamiento responsable.

gurú hippie

Todo vale

A menudo se utiliza la Espiritualidad y el concepto de NO JUZGAR para manipular… y se hace repitiendo la coletilla “no juzgues” provocando las siguientes consecuencias:

-Si no puedo juzgar, no puedo poner límites a los abusos, agresiones, mentiras, ataques o actos dolosos de los demás.

-Si no puedo juzgar, me veo obligado a tragar con todo (y a ser abusado por ello sin derecho a poderme defender -porque no hay que juzgar y todo vale-).

-Entonces me siento culpable por tener una opinión propia acerca de la gente y de las cosas, cuando éstas no me gustan o me hacen daño (Algo a lo que tengo legítimo derecho, sobre todo frente a delitos, o para la protección de mi propia vida y la de otros).

-Si la gente con la que he negociado o contratado servicios, la gente con la que he llegado a pactos en acuerdos legales, formales, de amistad o de pareja, no cumple sus acuerdos, desde ésta nueva óptica parece que la culpa es mía por tener expectativas respecto a lo que acordé en mi compromiso con el otro.

-El agresor/abusador justifica sus actos con un “no me juzguéis”… y así puede hacer lo que le da la gana sin hacerse responsable de sus acciones y, lo que es aún peor, sin afrontar las consecuencias (a veces legales) de las mismas.

Otra forma de manipulación es utilizar coletillas o frases hechas asociadas a religión, sistemas de creencias, sistemas morales etc… Desde la represiva moral católica decían ésto, desde la castradora moral musulmana dicen ésto otro, desde la moral ésta o aquella trataban de convencernos de ésto o aquello… Por tanto, seamos libres y no juzguemos.

Para empezar, religión, ideología, ética y moralismo no son las mismas cosas.

Claudio Naranjo, el gran psicólogo y abanderado del géstalt aboga a menudo por una ética sin moralismos.

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Claudio Naranjo

Uno no necesita ser budista, católico, pagano, mahometano o de cualquier  otro credo, para reconocer un abuso, una agresión o una injusticia.

Traicionar a una pareja, a un amigo, a un semejante, no es cuestión de imposiciones puestas por catolicismos, feminismos, machismos, budismos, agnosticismos ni ismos de ningún tipo… es un acto deleznable y contrario a la ética de respetar al otro, se sea de la religión y el credo que sea… aquí las ideologías tienen poco que ver.

Un ser humano sabe de sobra y demasiado bien, tenga el sistema de creencias que tenga, que matar a otro, mentirle, estafarle, o aprovecharse de él, por poner algunos ejemplos, son actos que provocan daño en nuestros semejantes y por tanto tienen consecuencias.

Utilizar, en fin, la espiritualidad para negar todo ésto sumergiéndonos en un universo bonancible e idealizado (y por tanto fantasioso) de bondad universal, de todos somos buenos, de todos lo hacemos todo bien, de que no hay maldad, rastrerismo, o mezquindad dentro de las personas, nos disocia de lo que realmente ha sucedido y de los hechos concretos y dolorosos.

También nos disocia de nosotros mismos y de nuestras partes no tan luminosas y honestas. Negarlas es un autoengaño e ir por la vida sin trabajárnoslas (el trabajo con la sombra, que se puede afrontar en terapia, en crecimiento personal y realizando prácticas espirituales de todo tipo) es pasear la propia neurosis y la ceguera por el mundo, como si nada importara.

La manipulación y el autoengaño han llegado a tal extremo hoy, que cuando alguien señala o denuncia públicamente un acto de violencia, abuso, maltrato o agresión, sacamos la coletilla “no juzguemos” para tratar de suprimir de raíz cualquier exposición de la verdad o de nuestra verdad, que también debe hacerse oír y debe ser expuesta en voz alta.

 

El juicio existe dentro del ser humano porque es necesario, nos permite poner límites, defendernos y marcar fronteras.

Otra cosa es que lo utilicemos mal.

Un juicio mal usado nos lleva al exceso de exigencia y autoexigencia, a crucificar a los demás y crucificarnos a nosotros mismos constantemente.

juicio, crítica

tu tienes la culpa

-Pero la total ausencia del mismo nos lleva a una total falta de principios, normas, ética y referencias a la hora de comportarnos y actuar en la vida… porque todo es válido, todo cuela y todo está bien.

Ni al excesiva exigencia ni la autocomplacencia son buenas normas de comportamiento. Sencillamente son extremos.

Convendría entender que tanto el no juicio como el exceso de exigencia son los dos polos de una misma cosa, una distorsión de la realidad en la que, o las cosas son blancas o totalmente negras.

Tan malo es juzgarlo todo y condenarlo (y condenarme), como no hacerlo en absoluto y permitir cualquier clase de atrocidad o abuso.

Desde un extremismo neurótico de no juicio puedo justificar cualquier clase de delito o conducta lesiva, puedo justificarme siempre sin afrontar la realidad de mis actos.

Por contra, desde un extremismo neurótico de juicio constante me paso la vida señalando a los demás y culpándome también yo por los errores cometidos y por mis imperfecciones.

La clave para resolver éste dilema está en hallar un término medio en el que yo me comporte con impecabilidad, evitando dañarme y dañar a otros todo lo que pueda durante el proceso.

Usar la Espiritualidad como herramienta de manipulación de las personas se ha convertido en uno de los actos más lamentables en los que puede incurrir un ser humano.

A menudo vamos del blanco al negro con sorprendente facilidad y entonces pasamos de permitirlo todo a buscar culpables a los que crucificar.

La espiritualidad es, además, como cualquier otra área de la vida, un nicho de mercado y eso afecta al modo en que se trabaja con ella en nuestros días.

Ahora el concepto está muy de moda y se utiliza para ganar dinero, es casi una marca, una etiqueta para ser utilizada en el marketing de ventas.

el materialismo disfrazado de misticismo

El negocio de la espiritualidad

El problema de mercantilizarla hasta el extremo de hacerla perder toda su esencia de pureza, es que mucha gente termina, queriendo o sin querer, ordeñando a los clientes, pacientes, asistentes a cursos y conferencias como si fueran vacas de las que sacar un beneficio jugoso.

Se exprime a la gente sin tenerla en consideración.

Como los extremos se tocan, tanto los que no juzgan y no ponen límites, como los que lo hacen en exceso están incurriendo en el mismo error.

Del mismo modo, usar a los interesados en la espiritualidad sin tenerles el menor respeto, solo para sacarles el dinero, es otra forma de manipularlos.

¿Cómo evitar manipular?

-¿Juzgas mucho a los otros, te juzgas mucho a ti… o por el contrario permites y te permites hacer cualquier cosa sin importarte el daño que causas?

-¿Respetas a los demás?

-¿Te respetas a ti mism@?

-¿Cómo pones límites?

-¿Dejas que los otros abusen de ti?

-¿Abusas tu de los demás?

-¿Te conoces lo suficiente para saber los verdaderos motivos por los que actúas?

-¿Tratas de aprovecharte de los otros?

-¿Dejas que se aprovechen de ti?

Estas son las preguntas que debemos respondernos para combatir la manipulación y la automanipulación.

Como siempre, la respuesta está en autobservarse con total apertura y sinceridad… y reconocer que no somos tan maravillosos como creemos, aceptar nuestras carencias, trabajarlas y seguir adelante.

Un Artículo de Eugenio Sánchez Arrate

violencia doméstica

Una de las formas más comunes de maltrato es la que realizan las personas con trastornos mentales a sus allegados, amigos, familiares y gente cercana. A veces no hay la voluntariedad de causar daño y a veces si la hay. A veces la persona ni siquiera está diagnosticada de un trastorno y otras veces la persona no va a terapia ni tiene el seguimiento profesional adecuado para ayudarla a controlar su conducta.

Pero lo cierto es que a menudo éstas personas que padecen una patología y entran en conductas de agresión, ni siquiera se disculpan, piden perdón o tratan de reparar el daño causado en los otros.

Además existe una especie de tabú social que justifica siempre al enfermo en su actitud (se le disculpa), pero que no empatiza nada con aquellos que tienen que lidiar y convivir con ellos cada día.

Me preguntaban recientemente si debemos tener cierta tolerancia con la agresividad de éstas personas por el hecho de que padecen una enfermedad. Y la respuesta es que la enfermedad no justifica ni exime de responsablidades a nadie, no te da carta blanca para abusar de otros y faltar al respeto a los demás.

Gritar es faltar al respeto.

Hablar de manera agresiva es faltar al respeto.

La violencia física es faltar al respeto.

Mentir es faltar al respeto (lo es, porque mintiendo consideramos que el otro no tiene derecho a conocer la verdad, le escamoteamos la realidad, le manipulamos o tomamos por tonto y  no le tomamos en consideración).

Incluso me he preguntado a menudo, a la luz de ciertos acontecimientos de mi vida pasada, dónde éstá la frontera de lo que uno debe permitir que le hagan y lo que no… y la respuesta es que nadie se merece ser maltratado por otra persona, nadie… da igual que el agresor tenga la enfermedad mental que tenga… No tenemos porqué aguantar malas formas, gritos o violencia, del tipo que sea, de nadie de nuestro entorno.

Tener un trastorno mental no autoriza al que lo padece a maltratar a los demás.

Y dejarnos maltratar no es la opción.

Y sobre todo, cuando uno se ama y respeta a si mismo, no debe permitir ni consentir que le traten de ciertas maneras.

Recientemente, hace más de un mes, tuve que interrumpir todo contacto o relación con una persona tóxica.

Ella no solo no va a terapia, sino que se permitió el lujo de mentirme, negar actos y frases que ella misma había pronunciado y además gritarme por teléfono.

Yo no llevo nada bien la violencia verbal (ni ninguna otra) he estado desde niño expuesto a ésta clase de maltrato en casa por parte de mis padres (algo demasiado frecuente en muchas familias) y ya no lo tolero en mi vida, porque hacerlo sería una falta de respeto hacia mi mismo que no puedo permitir.

La respuesta al maltrato es siempre no.

Solución, a esa persona le dije hasta siempre, colgué el teléfono y no he vuelto a hablar con ella desde entonces y no hablaré con ella en tanto no haya una disculpa por su parte, cosa que, por otra parte, no espero.

Ella no me parece que tenga la humildad suficiente como para pedir perdón y reconocer sus ofensas. Para pedir perdón hace falta mucha entereza y coraje.

No es algo que a ella le sobre.

COMO SE MANEJA UN MALTRATO

Si la otra persona grita, se le pide que deje de hacerlo y se le dice que se conversará con tranquilidad cuando él/ella sea capaz de expresarse en un tono normal y con respeto hacia nosotros.

Si no lo hace, se la abandona en la habitación y se interrumpe el contacto con ella/él de manera inmediata, no dándole opción a que siga haciendo lo que hace.

Ni gritos, ni, por supuesto, violencia física.

Si no es posible escapar del lugar o habitación y estamos siendo intimidados físicamente, en cuanto sea posible se pide ayuda a los Servicios Sociales y se solicitará la intervención de profesionales adecuados (servicios sociosanitarios, policía, fuerzas de seguridad del lugar o país en el que residimos etc…) posiblemente, dependiendo del país y la legislación vigente, existe la posibilidad de que se dice una orden de alejamiento, o se pedirá que esa persona sea controlada por personal de seguridad o personal médico.

No debemos admitir jamás un solo grito, un solo insulto, malos modales, y sobre todo nada de violencia física hacia nosotros, porque nos perderíamos el respeto como seres humanos de hacerlo así.

Finalmente, a la mínima agresión constatada, procedemos a extinguir la conducta agresiva del otro bloqueándola.

O nos vamos lejos, o cerramos la puerta, o le dejamos con la palabra en la boca, o nos alejamos para evitar más daño verbal o físico.

Entrar en una escalada de violencia verbal o física no sirve de nada y nos pone a la altura del agresor..

Algunas formas habituales de maltrato (no todas se reconocen normalmente como tales):

-gritar a otro

-insultarle

-ejercer contra él violencia física

-ignorarle, ningunearle o no prestarle atención

-humillarle

-no escucharle, no empatizar

-burlarse de ella/él

-serle infiel

-mentirle

Todos éstos actos son formas de agresión que van de lo más explícito y directo a lo más sutil. Algunas aún no se reconocen socialmente como maltrato, pero lo son, unas más sutiles, otras más evidentes.

Se que a veces, cuando uno está demasiado acostumbrado al maltrato físico, verbal o emocional porque en su familia de orígen lo ha vivido como algo normal, cuesta mucho romper con el maltratador/a y no caer en patrones de maltrato constantes repitiendo parejas y relaciones con personas maltratadoras.

Muchas veces el maltratado padece una patología (codependencia emocional, miedo a la soledad, incapacidad para romper, necesidad de afecto) asociada, que debe también ser tratada en consulta.

En cualquier caso, el maltrato (mucho más frecuente de lo que imaginamos… de hecho, cuando gritamos a otro o le insultamos, lo estamos maltratando) es siempre INACEPTABLE.

Pero el consejo es que nunca os dejéis maltratar y que tampoco maltratéis a vuestros semejantes.

Un maltratador rara vez se reconoce como tal ni admite que es esa persona tóxica que realmente es.

Vosotros podéis ser esa persona que maltrata a sus semejantes y reconocerlo y hacer algo al respecto es un acto de gran humildad.

Del mismo modo, reconocer que uno está siendo maltratado a veces trae aparejada mucha vergüenza y hay miedo a confesarlo y pedir ayuda.  Pero solo si pedimos ésta ayuda, la ayuda llegará a nosotros.

Esto es VerDeVerdad y Vamos a Cambiar el Mundo.

bienvenida

un artículo de Eugenio Sánchez Arrate

¿Cómo naciste, como fueron tus primeros años en casa?¿Cómo era la relación del bebé, el niño que tu eras, con tus padres en tu primera infancia?

No son preguntas arbitrarias, son extremadamente importantes, porque de cómo las respondas depende el tipo de vida que estás llevando.

¿Te has hecho alguna vez éstas preguntas?

Un parto complicado o difícil, nacer antes de tiempo (ser sietemesino u ochomesino) o llegar semanas después de lo previsto (ser diezmesino), nacer con fórceps, cesárea o en un parto largo y complejo, haber sentido el rechazo de tu madre mientras estabas en su vientre, sus dudas o enfado durante el embarazo, su ira durante la concepción, o sentir que te rechazan tras nacer, haber sentido su abandono por una depresión post-parto, o el juicio constante de tu padre en tus primeros años de aprendizaje puede ser fundamental para tu vida futura.

Haber notado quizá su lejanía o frialdad como padre o madre, su crítica continua a todo lo que hacías o eras; o directamente sentir que ellos nunca estaban para ti o tenían cosas más importantes que hacer, que estaban muy ocupados trabajando o ensimismados en sus cosas y actividades, son temas graves que influyen en el modo en que nos sentimos bienvenidos a la vida.

Sentirse Bienvenido al Mundo y a la Existencia es uno de los indicadores de salud emocional más importante que existe.

Porque si no te sentiste bienvenid@ ni de bebé ni de niño, eso provocará problemas cuando seamos adultos, problemas muy serios en nuestra conducta, que arrastraremos toda la vida si no los afrontamos.

Los meses de gestación y primeros años de un bebé son fundamentales para determinar el modo en que vamos a sentirnos recibidos por el Mundo.

La Bienvenida de un bebé o un niño al entorno familiar debiera planificarse de un modo distinto a como se hace en la actualidad, con mucho mimo, cuidado y con una preparación emocional y psicológica de los padres que rara vez existe.

Los adultos, en esa época tan delicada del niño, tendrían que enfocar toda su energía en que el bebé sea amado, querido y aceptado y llegue a la vida de la manera más saludable. Deberían intentar que sus problemas personales no interfieran en el proceso del embarazo y la concepción.

Por desgracia, ésto rara vez sucede.

vergüenza

Algunos síntomas del rechazo y el autorrechazo

En función de haber sentido nuestra venida al mundo como positiva o negativa para nuestros padres, como una llegada alegre o preocupante, así será el modo en que interpretemos cómo nos van a recibir los demás, con alegría o con rechazo, en todos los órdenes de la vida.

Si no te has sentido bienvenido en tus primeros años, por ejemplo, te costará celebrar tu cumpleaños, inconscientemente anticiparás el rechazo de la gente en las circunstancias más variadas, te costará mostrarte en público o ante alguien que te importa, ocultarás tus sentimientos o emociones por temor a ser juzgado, te ocultarás de la gente o sentirás vergüenza y reparo, tendrás problemas para ser tu mismo, bloqueos para confiar en tus talentos o tus emociones, en tus dones y capacidades. Tendrás problemas para seguir tu camino vital, para brillar siendo quien eres, para afrontar las críticas, someterte al juicio o escrutinio de los otros, te costará creer en ti, afirmarte en la vida, poner límites a los otros, reclamar tus derechos o mostrarte al público en tareas de tipo artístico, o que incorporan estar frente a un número variable de personas demostrando lo que vales o sencillamente siendo.

Tienes que entender que, al no sentirte bienvenid@, una parte de tu inconsciente quedó comprometida en aquella escena de trauma, fuera durante la gestación, el parto o los meses y años posteriores. Esa energía quedó atrapada por esa falta de acogida que sufriste… y desde entonces ya todo han sido problemas constantes.

Posiblemente de muchos de ellos no te hayas dado cuenta hasta ahora.

Porque a nivel muy interno, ahora de adulto, tienes probablemente creencias relativas a que no eres digno de amor y quizá ni siquiera lo sabes. Creencias de las que es posible que no seas consciente.

Esas creencias pueden ser la causa de que elijas parejas maltratadoras, adúlteras, mentirosas, manipuladoras o poco afectivas a un nivel poco consciente… sencillamente algo dentro de ti cree que no mereces algo mejor, no te mereces que te quieran… y sigues emparejándote con gente que te hace daño, te ignora, maltrata o no te toma en consideración.

Es lo que te mereces, tan solo actúas tu patrón.

Puede que elijas a amigos que no te dan apoyo y afecto, o que abusan de ti.

Aguantas en un trabajo insatisfactorio toda la vida… porque internamente, inconscientemente crees que no mereces un empleo mejor. Aguantas en situaciones indignas, infelices, humillantes o dolorosas, junto a personas que no te aportan nada, durante años, puede que incluso toda la vida… para confirmar la idea de que no mereces nada mejor.

Inconscientemente te culpas y recriminas por no conseguir ser más feliz, pero a la vez no haces nada por cambiar o revertir la situación, no sabes cómo salir del agujero.

No te extrañes de lo que estás leyendo, no sentirse Bienvenid@ a la vida es mucho más frecuente de lo que crees. A mi me sucedió… se bien de lo que te estoy hablando y luego contaré mi caso.

Si no te has sentido bienvenido al mundo, muy probablemente te costará enfrentarte al juicio o la valoración de los demás (y puede que a la vez sea tremendamente importante para ti obtenerlo).

Te costará defender lo tuyo, mantener tu espacio, hacer escuchar tu voz, ser valorado, ser visto, ser bien tratado por los demás.

O al contrario, tomarás lo tuyo y lo de otros sin miramientos ni contemplaciones, para negar la sensación inconsciente de no merecimiento.

Puede que al sentirte así te enfades o te deprimas… puede que estalles de ira o que te arrugues y arrincones en una esquina para lamerte la tristeza. Eso no cambia nada. Si no haces algo distinto, nada diferente sucederá.

Aparecerán conductas autodestructivas en forma de adiciones o comportamientos que te hacen daño, surgirán introyectos del tipo “no me lo merzco”, “no sirvo”, “no valgo” o “nunca lo conseguiré”,”asco de vida”.

Posiblemente tienes una cierta desconfianza en que la existencia pueda proporcionarte aquella nutrición que necesitas, esa sensación de que la vida es hostil o que no hay para todos, teñirá de fondo toda tu cotidianeidad.

Quizá un cierto pesimismo vital haya velado tus ojos y sientas rabia, o pena, o resignación ante los acontecimientos que no puedes cambiar. Frases del tipo “la vida es así”, “qué le vamos a hacer” o “qué remedio me queda”… son habituales en personas que no se han sentido bienvenidas al mundo y que aceptan la derrota y se conforman con una circunstancias vitales insatisfactorias.

Melancolía o tristeza de fondo, cierta desvalorización personal o problemas de autoestima, a veces negados, a veces ocultados, a veces olvidados, reprimidos o compensados con la necesidad de destacar o sentirte importante, estarán presentes.

Otras veces, esa baja autoestima directamente está asumida, o es aceptada con una resignación casi masoquista y sin motivo. En ocasiones se transforma en violencia, que uno ejerce contra los demás mediante conductas agresivas o intimidatorias, y a fin de evitar el rechazo es justo lo que logramos.

Estos problemas siempre están encubriendo la falta de una Bienvenida cálida y afectuosa cuando llegamos al mundo por parte de nuestros padres.

De tal modo que, cuando llegues a un sitio nuevo, si no te sentiste bienvenido de bebé, anticiparás el rechazo de los otros, te costará sentirte bienvenido en una fiesta, aceptado en un nuevo trabajo, valorado o considerado en un grupo de amigos, en una clase, un curso, un comercio o tienda… incluso anticiparás ese rechazo, el conflicto, el sentirte apartad@ en cualquier grupo de personas que frecuentes. Posiblemente tengas problemas para manifestar tu amor e intenciones a una posible pareja, pues arriesgarte a sufrir su rechazo por parte de él o ella te resulta demasiado doloroso.

Estos y muchos otros problemas similares les suceden a aquell@s que no se sintieron bienvenidos.

Chloe Faith Wordsworth

Hace casi una década Chloe Faith Wordsworth, la creadora del sistema de terapia Resonnance Repatterning, constató éste hecho en muchas de sus consultas y se dio cuenta de que la Bienvenida es un acto fundamental para que una persona se sienta a gusto en cualquier entorno.

El niño se culpa de todo

Entiende que un bebé, un niño, no puede comprender que, si no lo están recibiendo con amor y alegría en la familia, puede que los adultos a su cargo tengan serios problemas de afectividad o estén sufriendo toda suerte de conflictos o trastornos que les impidan mostrar más cariño. A menudo ellos tampoco recibieron amor de sus padres. Y estadísticamente hemos de decir que el porcentaje de padres y madres bien preparados para serlo es escaso en comparación con la cantidad de personas que deciden tener un hijo.

El ego suele perdernos a la hora de procrear y perpetuar nuestra estirpe de un modo que resulta revelador.

Sin embargo, pase lo que pase durante esos primeros meses o años, el niño siempre se echa la culpa de todo lo que sucede.

Su manera de pensar es la siguiente: si no me aman es que hay algo sucio, feo e indigno en mi… y por tanto no merezco amor.

Y si no merezco amor, me avergüenzo de ser quien soy y actúo en consecuencia. Por esa razón:

-me escondo

-siento vergüenza

-me aíslo de los demás

-me retraigo

-no expreso mis emociones

-compenso mi baja autoestima agrediendo o maltratando a los demás

-me muestro suspicaz con los comentarios de los otros

-anticipo que los otros me quieren agredir o dañar

-fantaseo con la idea de que van a apartarme, rechazarme, engañarme o herirme

-llamo la atención de maneras de las que no soy consciente

-seduzco

-manipulo

-intento brillar y ser perfecto

-me hago el gracioso, el simpático, el servicial, el amable o el importante ante los otros

-e inconscientemente, con toda probabilidad, hago que me rechacen, hagan daño, ignoren aparten, pospongan, falten al respeto ect… acercándome a personas maltratadoras o poco amorosas, para confirmar esa idea loca e infantil de que no merezco amor.

El niño al no recibir amor incondicional, interpreta siempre que la culpa es suya y, acto seguido, empieza a considerarse indigno, insuficiente, siente vergüenza de ser quien es y, conforme crezca, tendrá problemas para ocupar su espacio, defender lo que es suyo, luchar por lo que le corresponde y conectar con la idea de merecimiento.

niño triste

Esta vergüenza nuclear de ser quien somos, anclada en la falta de Bienvenida que hemos sentido, puede quedar sepultada tan profundamente dentro de uno, que ni siquiera somos conscientes de que la tenemos dentro.

Es más, puede que actuemos como si sintiéramos justo lo contrario: y entonces hacemos ver al mundo que somos estupendos, maravillosos, tremendamente válidos y capaces, tremendamente eficaces o graciosos, o felices o brillantes, cuando en el fondo sentimos una gran e inconfesable desvalorización.

Los recuerdos de éste rechazo pueden estar tan bien enterrados que nos condicionan toda la vida.

Vergüenza es un término con el que deberíamos familiarizarnos.

La vergüenza de ser quien somos, ese que no fue acogido con amor y bienvenido cuando llegó al mundo, o ese que sufrió desamor y rechazo tiempo después, es la causa de muchos bloqueos creativos, de ese no atreverse a hacer ésto o aquello… de ese juzgarse constantemente, del miedo a fallar, del miedo a vivir, de vivir atascado en situaciones de infelicidad prolongada que no sabemos cambiar.

Muchos hombres y mujeres exitosos en realidad sienten profunda vergüenza de ser quienes son y la sobrecompensan con logros y posesiones materiales, intentando que los demás no se den cuenta de lo carentes e inadecuados que se sienten por dentro.

embarazo doble

Mi caso particular

Yo no me sentí bienvenido al mundo, pero no lo supe hasta hace poco.

A mi madre, por razones que desconozco y que nadie me ha contado, no la dejaban casarse con mi padre y contrarió a sus padres, que la rechazaron y dejaron de hablar cuando mostró su firme intención de contraer matrimonio.

En represalia por esa decisión ni siquiera fueron a su boda.

Durante la gestación de su primer embarazo, mi madre comenzó a sentir miedo y rabia hacia el que iba a nacer, una de las causas de haber sido apartada de la familia.

Quizá fue solo durante un rato, quizá solo unos días o quizá un tiempo corto. Posiblemente intentó abortar o matar a la vida que llevaba dentro, al menos eso señalan (y coinciden) algunas de las terapias que he practicado para acceder a esos momentos de mi vida.

Pero es que no era yo solo el que venía al mundo, éramos dos dentro de su barriga, pero ella no lo sabía.

De hecho, a fecha de hoy, mi madre aún no lo sabe.

Su ira, su miedo, su falta de amor, su rabia o una mezcla de todas esas cosas mató a mi hermano en su tripa.

Más tarde ella sentiría una gran tristeza. Puede que nunca supiera que esa tristeza, en parte, se debía a la vida que acababa de perderse dentro de ella a causa de sus intentos/deseos intensos de abortar y matarnos.

Yo tardé años en averiguar todo ésto mediante terapias como las Constelaciones Familiares, la Kinesiología, la Resonnance Repatterning y otras similares que han coincidido en los mismos hechos, lo cual me da sensación de certeza en el diagnóstico.

El 8% de los embarazos que se producen son múltiples y uno de los fetos se pierde en las primeras semanas de gestación y es reabsorbido, de tal manera que durante el parto nadie sabe que hubo un segundo bebé en la placenta.

Cuando el bebé superviviente nace, llega al mundo con un duelo por superar, el de su hermano o hermanos no nacidos. Un hermano o hermana del que no hay pruebas, constancia o existencia, pero que uno siente dentro de su alma.

De éstas pérdidas de vidas ni siquiera las madres se enteran, solo lo sabe el que nace, y puede tardar toda una vida en darse cuenta de que eso es lo que le pasa: esa desazón interior, esa soledad inexplicable incluso estando con gente, esa falta, ese echar de menos algo que no está, a alguien que no tenemos y que no sabemos quién es.

Para colmo, mis primeros años estuvieron trufados de un juicio crítico muy tóxico de mi persona a cargo de una madre que no ha dejado de sentir ira no reconocida hacia mi y los hombres (mezclada con amor de una manera muy dual, ambivalente y enferma), acompañada de las exigencias y constantes recriminaciones de un padre adicto a tener razón y a querer cambiar a los demás y convertirlos a su imagen y semejanza.

Comprender que ellos no estaban bien y desde luego nunca estuvieron preparados para ser los padres de nadie fue lo primero que tuve que hacer para llegar al perdón.

El resultado de aquellas circunstancias terribles es que yo no me sentí Bienvenido al Mundo y toda mi vida he tenido que bregar con la idea del abandono, el rechazo de los demás y el atreverme a mostrarme y darme el valor que tengo y que tienen las cosas que yo hago.

He sobrecompensado de la forma más neurótica posible la falta de amor recibido en casa con una conducta de constante ayuda al otro, cuidado del otro y adaptación al otro, a la que se ha añadido ese querer brillar, ser el centro de atención y querer sentirme siempre importante (porque es una manera de sentirme visto por los otros, considerado y no apartado o rechazado… pues ser rechazado en mi caso equivale a nivel no racional, a la misma muerte).

De hecho, por un rechazo materno, mi hermano murió en la barriga de mi madre, eso no puedo olvidarlo.

desconfiada

Otro caso. Una amiga y la Suspicacia.

Tengo una amiga bastante suspicaz con la que no me manejo nada bien en las conversaciones, pues ella no es consciente de su propia agresión hacia los demás, pero si muy sensible a las posibles agresiones de los otros hacia ella.

Este fenómeno de colocar a otros lo que es nuestro, de ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio, se llama proyección.

Ella y yo solemos comunicarnos por Facebook.

Ella padece una enfermedad crónica muy complicada y es una gran persona, pero no me resulta fácil la relación con ella, así que he desistido de intentar acercarme, porque es como intentar abrazar a un cactus.

Sencillamente, tenerla cerca no es bueno para mi salud emocional.

En cada ocasión que la he escrito, dicho algo en persona o mandado un mensaje, ella retuerce mis intenciones y me atribuye una intención que yo no tengo en mis palabras.

Todo se lo toma a mal o intenta detectar trampas o significados ocultos en comunicaciones o mensajes que solo son de afecto, comprensión, solidaridad y en los que evito hacer juicios o críticas hacia ella, porque se que es hipersensible y todo la afecta muchísimo y la puede hacer enfermar de su dolencia.

De tal modo que relacionarme está siendo muy difícil, pues ella interpreta como agresiones todo lo que los demás (o algunos de los demás, especialmente si son hombres) la dicen o cuentan.

En mi caso, deduzco que me coloca a la figura de su padre, atribuyéndome muchas de las características que ésta figura tiene para ella.

Solo que su padre no soy yo.

Su padre, por lo que se, es un hombre lleno de miedos, muy rígido y severo, que de niña no la aceptaba, siempre la juzgaba y la quería cambiar, lo que produjo en ella una rebeldía salvaje y un miedo atroz a ser controlada y atrapada por un hombre poco amoroso, motivo por el que la cuesta bastante tener pareja estable… en tanto no ponga conciencia a su rabia no procesada contra los hombres y a su miedo a abrir el corazón.

Deduzco que esa actitud de su padre durante la infancia no la hizo sentir bienvenida al mundo… y desde entonces ella no cree en si misma, tiene la autoestima bastante deteriorada y la cuesta amar y abrirse al amor.

He resuelto fluir con la situación y no hacer nada. Cada vez que ella me contestaba mal o se enfadaba yo conectaba con mi propio miedo y temor al rechazo, el tremendo dolor que eso me provoca. He sufrido bastante con ella por éste motivo. Y no creo que ella lo haya sabido ni se haya dado cuenta jamás.

Hoy apenas hablamos y yo evito el contacto salvo en ocasiones puntuales.

Y es triste decirlo, pero desde que me ahorro sus contestaciones o su constante suspicacia me siento mucho mejor porque ni recibo contestaciones bordes, ni siento que se me malinterpreta y sobre todo porque se que no serviría de nada hablar con ella. Incluso se que si lee éste artículo alguna vez y se identifica en él, se enfadará.

¿Puedo hacer algo contra eso?

Solo alejarme y confiar en que alguna vez ella entienda.

¿Cómo afrontar el rechazo y autorrechazo?

Vamos con las soluciones.

Primero, averigua si te sentiste Bienvenido a la vida, si te sentiste visto, apreciado y valorado en lo que eres durante tu infancia. Averigua qué tipo de parto tuviste, eso te dará muchas pistas de lo que sucedió.

Trata de recordar si cuando eras niño tus padres intentaron que fueras otro, si no te tuviste que sobreadaptar a sus expectativas, volverte un niño o una niña buena para que te quisieran, si hubo aceptación incondicional de la persona que tú eres, si había juicio o crítica constante a tu persona, si te querían cambiar o si te ignoraban o no prestaban atención (otra forma de rechazo) cuando no te portabas o no eras como ellos querían que fueras. Averigua si sufriste abandono, si te dejaron al cuidado de otros y se desentendieron, conecta con los sentimientos que eso te produce. Serán una guía estupenda de tu estado interior.

Ten en cuenta que ésta labor debes afrontarla con calma, con tiempo, puede no ser nada evidente que hubo ausencia de bienvenida en tu llegada al mundo y ésta puede tener múltiples connotaciones.

De hecho, mi experiencia me dice que un gran número de las personas que aseguran que sus padres los quieren y quisieron mucho cuando eran niños, están evitando afrontar una verdad dolorosa a éste respecto, se autoengañan para no encarar la triste realidad de un amor escaso o torcido. No hubo tanto amor con quieren pensar.

En éste mundo el amor incondicional es menos habitual de lo que creemos.

Y muchos padres quieren a sus hijos, si, pero solo si cumplen ciertos requisitos, normas o preceptos, solo si se portan bien, solo si son de ésta o aquella manera, solo si no dan problemas, si son chicos buenos o dan la talla.

La triste verdad es que a todos nos cuesta aceptar al otro tal y como es, amarlo sin esperar que cambie… y enseguida queremos transformarlo, reeducarlo y domesticarlo para que responda a nuestras expectativas.

Insisto en que éste trabajo de autoindagación puede ser lento y dificultoso (o muy claro y evidente para algunas personas que han sufrido de manera diáfana el desamor, el abandono y el maltrato… mucho mejor si eres de éstos, pues llevas trabajo adelantado).

Una vez que constatamos el tipo de bienvenida que tuvimos, que cada cual elija la terapia, camino o modo de afrontar éste problema.

Su propia sabiduría interior le conducirá a lo más sano para él en el menor tiempo posible.

El resto consiste en confiar en el proceso, aceptar, perdonar y poner toda la conciencia posible.

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