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Manipulación

un artículo de Eugenio Sánchez Arrate

Vivimos en una cultura muy mentirosa y también muy borderline, de justificación de todo lo que sucede, de ausencia de límites y de falta de respeto por los demás.

En el reciente congreso de la ATG (Asociación de Terapia Gestalt celebrado en Málaga) fué una de las conclusiones más certeras a las que se llegó por consenso a lo largo de varias ponencias y mesas.

Eso que llamamos postverdad, que muchos de nuestros políticos han impuesto y que no es otra cosa que cinismo disfrazado de todo vale, de yo miento porque todo el mundo miente, todos somos igual de mentirosos, ladrones, o sinvegüenzas, se extiende a todos los órdenes de la vida…

Lo peor es que la gente ha llegado a creérselo y a dar por bueno lo inaceptable.

El mentiroso, el ladrón, el abusador, el que daña, trata así de escurrir el bulto y escapar de las consecuencias de sus actos, tratando de convencer a la sociedad de que todos somos iguales, cosa en la que se equivoca.

En derechos y en algunas otras facetas los seres humanos somos iguales, pero ni de lejos somos iguales en la forma de comportarnos.

Todos tenemos nuestras sombras e imperfecciones, pero hay una inmensa diferencia de grado entre unas personas y otras.

Hay gente muy dañina para todos y/o para si misma, y también gente mucho más ética y justa con sus semejantes… ésta es una realidad que nunca debemos olvidar.

Cuando la mentira se institucionaliza, la pérdida de valores y de ética asociadas van unidas y afectan a toda la sociedad.

En ésta época sin valores y en la que tenerlos se asocia a una mentalidad anticuada (una manipulación más para justificar lo injustificable). El resultado es que muchas personas han perdido toda referencia de comportamiento ético y no saben cómo actuar, o bien imaginan que se puede ir por el mundo sin ningún tipo código de comportamiento responsable.

gurú hippie

Todo vale

A menudo se utiliza la Espiritualidad y el concepto de NO JUZGAR para manipular… y se hace repitiendo la coletilla “no juzgues” provocando las siguientes consecuencias:

-Si no puedo juzgar, no puedo poner límites a los abusos, agresiones, mentiras, ataques o actos dolosos de los demás.

-Si no puedo juzgar, me veo obligado a tragar con todo (y a ser abusado por ello sin derecho a poderme defender -porque no hay que juzgar y todo vale-).

-Entonces me siento culpable por tener una opinión propia acerca de la gente y de las cosas, cuando éstas no me gustan o me hacen daño (Algo a lo que tengo legítimo derecho, sobre todo frente a delitos, o para la protección de mi propia vida y la de otros).

-Si la gente con la que he negociado o contratado servicios, la gente con la que he llegado a pactos en acuerdos legales, formales, de amistad o de pareja, no cumple sus acuerdos, desde ésta nueva óptica parece que la culpa es mía por tener expectativas respecto a lo que acordé en mi compromiso con el otro.

-El agresor/abusador justifica sus actos con un “no me juzguéis”… y así puede hacer lo que le da la gana sin hacerse responsable de sus acciones y, lo que es aún peor, sin afrontar las consecuencias (a veces legales) de las mismas.

Otra forma de manipulación es utilizar coletillas o frases hechas asociadas a religión, sistemas de creencias, sistemas morales etc… Desde la represiva moral católica decían ésto, desde la castradora moral musulmana dicen ésto otro, desde la moral ésta o aquella trataban de convencernos de ésto o aquello… Por tanto, seamos libres y no juzguemos.

Para empezar, religión, ideología, ética y moralismo no son las mismas cosas.

Claudio Naranjo, el gran psicólogo y abanderado del géstalt aboga a menudo por una ética sin moralismos.

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Claudio Naranjo

Uno no necesita ser budista, católico, pagano, mahometano o de cualquier  otro credo, para reconocer un abuso, una agresión o una injusticia.

Traicionar a una pareja, a un amigo, a un semejante, no es cuestión de imposiciones puestas por catolicismos, feminismos, machismos, budismos, agnosticismos ni ismos de ningún tipo… es un acto deleznable y contrario a la ética de respetar al otro, se sea de la religión y el credo que sea… aquí las ideologías tienen poco que ver.

Un ser humano sabe de sobra y demasiado bien, tenga el sistema de creencias que tenga, que matar a otro, mentirle, estafarle, o aprovecharse de él, por poner algunos ejemplos, son actos que provocan daño en nuestros semejantes y por tanto tienen consecuencias.

Utilizar, en fin, la espiritualidad para negar todo ésto sumergiéndonos en un universo bonancible e idealizado (y por tanto fantasioso) de bondad universal, de todos somos buenos, de todos lo hacemos todo bien, de que no hay maldad, rastrerismo, o mezquindad dentro de las personas, nos disocia de lo que realmente ha sucedido y de los hechos concretos y dolorosos.

También nos disocia de nosotros mismos y de nuestras partes no tan luminosas y honestas. Negarlas es un autoengaño e ir por la vida sin trabajárnoslas (el trabajo con la sombra, que se puede afrontar en terapia, en crecimiento personal y realizando prácticas espirituales de todo tipo) es pasear la propia neurosis y la ceguera por el mundo, como si nada importara.

La manipulación y el autoengaño han llegado a tal extremo hoy, que cuando alguien señala o denuncia públicamente un acto de violencia, abuso, maltrato o agresión, sacamos la coletilla “no juzguemos” para tratar de suprimir de raíz cualquier exposición de la verdad o de nuestra verdad, que también debe hacerse oír y debe ser expuesta en voz alta.

 

El juicio existe dentro del ser humano porque es necesario, nos permite poner límites, defendernos y marcar fronteras.

Otra cosa es que lo utilicemos mal.

Un juicio mal usado nos lleva al exceso de exigencia y autoexigencia, a crucificar a los demás y crucificarnos a nosotros mismos constantemente.

juicio, crítica

tu tienes la culpa

-Pero la total ausencia del mismo nos lleva a una total falta de principios, normas, ética y referencias a la hora de comportarnos y actuar en la vida… porque todo es válido, todo cuela y todo está bien.

Ni al excesiva exigencia ni la autocomplacencia son buenas normas de comportamiento. Sencillamente son extremos.

Convendría entender que tanto el no juicio como el exceso de exigencia son los dos polos de una misma cosa, una distorsión de la realidad en la que, o las cosas son blancas o totalmente negras.

Tan malo es juzgarlo todo y condenarlo (y condenarme), como no hacerlo en absoluto y permitir cualquier clase de atrocidad o abuso.

Desde un extremismo neurótico de no juicio puedo justificar cualquier clase de delito o conducta lesiva, puedo justificarme siempre sin afrontar la realidad de mis actos.

Por contra, desde un extremismo neurótico de juicio constante me paso la vida señalando a los demás y culpándome también yo por los errores cometidos y por mis imperfecciones.

La clave para resolver éste dilema está en hallar un término medio en el que yo me comporte con impecabilidad, evitando dañarme y dañar a otros todo lo que pueda durante el proceso.

Usar la Espiritualidad como herramienta de manipulación de las personas se ha convertido en uno de los actos más lamentables en los que puede incurrir un ser humano.

A menudo vamos del blanco al negro con sorprendente facilidad y entonces pasamos de permitirlo todo a buscar culpables a los que crucificar.

La espiritualidad es, además, como cualquier otra área de la vida, un nicho de mercado y eso afecta al modo en que se trabaja con ella en nuestros días.

Ahora el concepto está muy de moda y se utiliza para ganar dinero, es casi una marca, una etiqueta para ser utilizada en el marketing de ventas.

el materialismo disfrazado de misticismo

El negocio de la espiritualidad

El problema de mercantilizarla hasta el extremo de hacerla perder toda su esencia de pureza, es que mucha gente termina, queriendo o sin querer, ordeñando a los clientes, pacientes, asistentes a cursos y conferencias como si fueran vacas de las que sacar un beneficio jugoso.

Se exprime a la gente sin tenerla en consideración.

Como los extremos se tocan, tanto los que no juzgan y no ponen límites, como los que lo hacen en exceso están incurriendo en el mismo error.

Del mismo modo, usar a los interesados en la espiritualidad sin tenerles el menor respeto, solo para sacarles el dinero, es otra forma de manipularlos.

¿Cómo evitar manipular?

-¿Juzgas mucho a los otros, te juzgas mucho a ti… o por el contrario permites y te permites hacer cualquier cosa sin importarte el daño que causas?

-¿Respetas a los demás?

-¿Te respetas a ti mism@?

-¿Cómo pones límites?

-¿Dejas que los otros abusen de ti?

-¿Abusas tu de los demás?

-¿Te conoces lo suficiente para saber los verdaderos motivos por los que actúas?

-¿Tratas de aprovecharte de los otros?

-¿Dejas que se aprovechen de ti?

Estas son las preguntas que debemos respondernos para combatir la manipulación y la automanipulación.

Como siempre, la respuesta está en autobservarse con total apertura y sinceridad… y reconocer que no somos tan maravillosos como creemos, aceptar nuestras carencias, trabajarlas y seguir adelante.

Hace unas semanas divulgué un artículo que saqué de un blog interesante, La Usina Mística, en el que se hablaba del Bypass espiritual… y mucha gente me pidió que ahondara en éste tema.

El Bypass espiritual es el atajo o trampa, el escape, que muchas personas con problemas utilizan para evadirse de la realidad.

De repente buscan sanación espiritual, para evitar la sanación convencional o el doloroso trabajo de enfrentarse a la realidad tocando los problemas con las manos.

Esto que llamamos Bypass espiritual es una huida hacia la espiritualidad o hacia métodos de sanación milagrosos que prometen ahorrarnos el duro trabajo de abordar nuestra vida y los problemas en el Aquí y el Ahora, mediante la introspección y el autoconocimiento, sin los cuales, no hay avance, progreso ni curación que valga.

John Welwood

John Welwood

 

Como asegura el psicoterapeuta John Welwood, expeerto en bypass espiritual: Utilizar la espiritualidad para tratar de compensar conflictos no resueltos, duelos no elaborados, polaridades internas disociadas, ect… nos expone a una multitud de peligros que acechan a quien emprende un camino espiritual.

Conócete a tí mismo, era el lema que figuraba en la entrada del Oráculo de Delfos.

Sin conciencia no hay salud, no hay progreso ni hay ascensión, el objetivo final del camino de vida de cada ser humano.

LA EVITACIÓN A TRAVES DEL ARTE Y DE LA ESPIRITUALIDAD

Algunas personas con personalidad evitativa tienen tendencia a éstos mundos espirituales o creativos, y los abordan desde un enfoque poco asentado en la tierra.

negación de la realidad

Dentro de las disciplinas o terapias a las que me refiero, los perfiles evitativos tienen especial predilección por refugiarse en mundos oníricos y creativos (en sus diversas categorías), porque a veces el arte es un refugio extraordinario frente al dolor. He conocido a tantos escritores, poetas, escultores, pintores, cineastas atormentados, cuentistas, entre los que me incluyo, que me pregunto a menudo si para ser artista, hace falta esa dósis mínima de intensidad emocional, entusiasmo, melancolía, ira, tristeza, alegría, deseo, amor o frustración que hace detonar una obra de arte.

Los perfiles evitativos tienen también predilección por terapias de pelotazo, de catársis, que al principio parecen operar cambios milagrosos en tí, pero que a la larga te dejan más o menos igual que estabas.

En éste apartado aparecen muchas terapias de tipo energético como la Reconexión, el Reset de Susan Powell, la Matrix y otras, cuya eficacia es relativa, a veces solo momentánea y enmascaradora de conflictos que se asientan mucho más abajo.

Cuando ves a las personas que las han practicado, cuando los tienes delante, no da la sensación de que estén tan sanas como esas terapias aseguran lograr, no te parece que estén mucho mejor que el resto de las personas, ni siquiera te parece que estén demasiado bien o demasiado sanos… de hecho, muchas veces los ves, los escuchas, incluso los sientes y te das cuenta de que están fatal, se están autoengañando… o como dice una amiga mía: Están más perdidos que el barco del arroz, o con menos luz que la vela de un cementerio.

Es así de triste.

Desde VerDeVerdad no decimos que éstas terapias energéticas no funcionen, solo que no funcionan con la eficacia que nos pretenden vender desde el marketing de quienes las difunden o comercializan, cosa que también les sucede al resto de las terapias.

Todo el mundo tiene tendencia a venderte su moto y convencerte de lo maravilloso que es lo suyo.

Otra terapia similar a éstas del pelotazo o la promesa mágica es el Ho´oponopono.

Este método de curación hawaiano se debe, en su versión moderna, a Morrnah Nalamaku Simeona, sacerdotisa Kahuna, que lo tomó de las tradiciones nativas de su isla y lo adaptó al mundo actual.

morrnah_simeona

Fué desarrollado con posterioridad por el doctor Ihaleakalá Hew Len, un hombre que ha sabido comercializarlo pero que ha incurrido en el mercantilismo asociado a toda práctica que produce sustanciosos beneficios.

Len apenas forma a maestros en Ho´oponopono y así se garantiza que nadie le haga la competencia. Es bastante complicado llegar a ser maestro autorizado del sistema, para ello se precisa realizar un gran número de seminarios antes de que te permitan impartir cursos. Se supone que lo que Len difunde es una enseñanza ancestral de los nativos hawaianos, pero el doctor Len ha protegido sus cursos con derechos de copyright.

Pues vale.

Desde VerDeVerdad, discrepo.

Sostengo que el conocimiento espiritual es para ser compartido, no para traficar con él.

Mercantilismos aparte, Len, que trabajaba en el hospital de Hawai de enfermos mentales y estaba a cargo de un pabellón donde encerraban a locos criminales, se estrenó en su cargo de jefe de pabellón usando el Ho´oponopono.

doctor len

Según Len, los psicólogos dimitían después de un mes de trabajo allí porque era durísimo enfrentarse a aquellos pacientes. La mayor parte del personal del hospital se ponía enfermo o abandonaba y los locos no mejoraban en sus tratamientos. El Doctor Len asegura que decidió practicar Ho´oponopono, la técnica aprendida de Morrnah Simeona de una forma muy particular.

El método consistía en repetir como un mantra una oración que se ha convertido en todo un clásico de la sanación espiritual:

Lo siento

perdóname

te amo

gracias

El sentido de ésta frase es profundo y merecería en si un artículo entero. No debemos frivolizar con ello.

Len asegura que durante días, en su trabajo, se limitaba a coger cada uno de los expedientes de los enfermos y que mirándolos uno por uno repetía la oración durante un rato.

Sorprendentemente, los enfermos mejoraron de sus dolencias.

A partir de entonces, el sistema se extendió por todo el mundo y hoy Len recorre el orbe dando seminarios y conferencias, difundiendo el Ho´oponopono… y ya de paso forrándose.

ho´opopono

Insisto en que el conocimiento espiritual no debería ser materia de mercadeo ni de tráfico, puesto que no nos pertenece.

Lo siento, perdóname, te amo, gracias.

Esta simple oración tiene un sentido interno profundo.

Libera de las viejas memorias del pasado. Entrega a nuestro Yo Superior todo nuestro malestar. Nos hace reconocer que somos 100% responsables de lo que nos sucede, que vivimos en el mundo que nuestro sistema de creencias ha fabricado para nosotros.

Al repetir la frase, asumimos que desde nuestra mente no podemos resolver ni trabajar con las memorias pasadas pues el problema no es a nivel mental ni racional.

Y entonces, al reconocerlo, pedir perdón, amar y agradecer, se producen los milagros.

LAS PANACEAS NO EXISTEN

Pero, si el Ho´oponopono fuera la panacea que nos tratan de vender, se habría implantado en todos los hospitales y centros de salud del mundo, todas las personas lo utilizarían con éxito, las curaciones serían constantes y milagrosas. La Humanidad estaría curada y libre de sus cargas, de su karma, de sus penas y sus memorias pasadas…

Y lo cierto es que no es así.

El Ho´oponopono tiene una eficacia relativa y a menudo es recomendado por profesionales de las terapias light cuando ya no saben cómo ayudar a quien tienen delante porque se enfrentan a un problema que les excede, a menudo un trastorno de la personalidad o algo más grave.

He hablado con mucha gente a la que el método le ha funcionado relativamente, o solo por un tiempo o solo para determinadas dolencias, lo cual no lo descarta como método de curación. A mi éste sistema me ha funcionado para ciertos asuntos de mi vida, pero no lo ha hecho para otros.

Es un buen método de curación y así lo reconozco, porque he comprobado que resuelve cosas casi mágicamente, pero ni es el único ni es infalible… muy al contrario. Muchas veces no funciona y otras veces pone un parche o apósito temporal a lo que de verdad nos está sucediendo.

No hay estudios científicos con la suficiente entidad, calado o amplitud de muestra, que avalen la eficacia del Ho´oponopono como el maravilloso método de sanar que nos aseguran que es.

En el excelente libro de Joe Vitale Ho´oponopono, que puede descargarse gratis en el siguiente enlace:

http://carmelourso.wordpress.com/2010/02/07/hooponopono-el-libro-descarga-gratuita/

aparece una recopilación de artículos sobre Ho´oponopono.

El propio doctor Len asegura que la terapia convencional no funciona.

Y yo sostengo que el hecho de que no le funcionara a él, no significa que la terapia no funcione.

Sencillamente a él no le funcionó y punto.

La psicoterapia, del tipo que sea (psicoanálisis, gestalt, rogeriana, cognitivo conductual, jungiana ect…) para unas cosas funciona, para otras no.

Hacer terapia, por desgracia, tampoco es ninguna panacea ni remedio mágico como pretende serlo el Ho´oponopono. A unas personas les va mejor que a otras. A unas las cura, a otras no. Hay buenos y malos terapeutas, como hay buenos y malos profesionales en todos los órdenes de la vida, hay momentos, épocas, etapas y procesos que requieren una cosa y problemas que requieren otro tipo de intervención.

Y hay épocas para el Ho´oponopono y épocas para otro tipo de trabajos de introspección.

Lo importante, siempre, es elegir un buen método en el ahora y, si se hace terapia, encajar con el terapeuta… entonces si que se producen auténticos milagros.

La Psicoterapia, del tipo que sea, tiene una eficacia relativa, lo mismo que cualquier otro método de sanación. Tampoco podemos venderla como fuente de curaciones milagrosas, porque no lo es.

Mi experiencia en éstos temas me dice que para sanar, lo mejor es que cada cual use los métodos y remedios que mejor le funcionen… y que no desdeñe ninguna forma de curación a su alcance, pero que huya de los sistemas que prometen milagros, porque los milagros existen, pero a otro nivel.

REZAR, PERO SIN DEJAR DE AUTOBSERVARSE

El célebre Enric Corbera, uno de los mayores defensores de El Curso de Milagros en el mundo, un libro que defiendo de corazón y al que dedicaré otro artículo en el futuro, sigue con su trabajo diario el dicho ruso de “reza… pero no dejes de remar hacia la orilla”.

Enric Corbera

Enric Corbera

Es decir, Corbera reza en su trabajo diario, se encomienda al Espíritu, entrega y confía en Dios tal y como se explica en el Curso, trabaja la fe, las creencias, pero no deja de hacer psicoterapia y de lograr que la gente amplíe su conciencia y aprenda y crezca mientras lo hace, liberándose de aquellos patrones que la limitan.

En su sistema, llamado Biodescodificación, el mix de psicoterapia y espiritualidad es una combinación muy equilibrada.

Todos los biodescodificadores saben que rezar es bueno, pero hace falta también remar hacia la orilla.

El chiste que dice ¿Los vagos, vamos al cielo, o nos bajan a buscar? No funciona en el crecimiento personal.

O ese otro chiste en que un hombre entra en una iglesia y de rodillas le pide al cristo crucificado que por favor le toque la lotería, porque está pasando mucha necesidad y no tiene dinero para dar de comer a tus hijos.

Durante semanas, el hombre reza y le pide a Jesús, llorando, por favor, señor, haz que me toque la lotería, haz que me toque la lotería…

Hasta que un día Jesucristo le contesta… yo quiero que te toque la lotería, hijo mío, pero por favor, COMPRA EL DÉCIMO.

¿QUEREMOS DE VERDAD CAMBIAR?

Los seres humanos a veces queremos que nos toque la lotería sin comprar el décimo y así nos va.

A veces queremos curarnos sin mirar debajo de la alfombra, sin afrontar, sin reconocer, sin atravesar el dolor, quizá porque el dolor ya nos ha desbordado muchas veces y no hemos sabido qué hacer con él.

Como aseguraba Fritz Perls, el creador de la psicoterapia gestalt, en realidad queremos seguir haciendo lo mismo que hemos hecho siempre, pero sin sufrir por ello. No queremos cambiar, queremos que el cambio nos llegue de fuera, de los demás, de las circunstancias, de los otros o de un milagro. Queremos que algo o alguien nos salve.

O que aparezca una terapia mágica y milagrosa que nos resuelva la vida.

Y precisamente hay una definición de neurosis que viene muy al caso para éste tema que abordamos.

Neurósis es pretender seguir haciendo lo mismo y que sucedan cosas diferentes en nuestra vida.

Porque lo cierto es que Dios nos lo da todo a cambio de un poco de esfuerzo por nuestra parte. Pero el esfuerzo, aunque sea poquito, mínimo, siempre es necesario.

No se nos piden grandes dispendios energéticos para la curación o el milagro, tan solo basta un acto de voluntad, un mínimo interés por querer sanarnos y crecer.

LA FE EN LA CURACIÓN

Respecto a la eficacia de las terapias sobre uno mismo, la actitud de cada persona es extremadamente importante.

Creer en lo que uno hace ayuda muchísimo y creer en el método que seguimos es fundamental. Da lo mismo si hacemos acupuntura, terapia floral, medicina china, chamanismo o incluso medicina alopática convencional, la de hospital, la de toda la vida.

Si creemos en ello, funcionará, si no, será un completo fracaso.

Fe

Hay médicos de medicina convencional que ya no creen en la eficacia de los medicamentos que prescriben. Son cada vez más numerosos. Lo mejor que podrían hacer es buscar otros métodos de sanación y practicarlos.

Tengo un amigo, mi querido maestro de Kenpo Alberto Perucha, a quien el reiki no le funciona, sencillamente porque no cree en él y al colocarse en un estado de resistencia, la energía no puede entrar en su cuerpo ni operar la transformación emocional y espiritual que debería.

La conclusión es evidente: Si algo no te funciona no tienes porqué utilizarlo. Al maestro Perucha le funcionan muchas otras cosas, entre ellas, ese kenpo estupendo que practica, su arte de combate y su deporte, su entrega a los palos de kali, su pintura de temática cotidiana e hiperrealista, pues es un excelente pintor, y también el trabajo diario y constante.

Pero sobre todo, que nadie desprecie o descarte la única forma de curación que SI FUNCIONA SIEMPRE: El Autoconocimiento.

No es un proceso rápido, puede llevarte toda la vida, te llevará a lugares de ti mismo que ni imaginabas, pero siempre obtendrás beneficios y mejoras, siempre crecerás, siempre avanzarás, siempre te desprenderás de viejos patrones y aprenderás de los que aún sigues llevando encima con paciencia y aceptación.

Solemos perdernos en la maya del mundo, en la matriz, en la ilusión de nuestros trabajos, parejas, hijos, profesiones, vocaciones, existencias transitorias…

A menudo, creemos avanzar cuando solo estamos negando nuestros problemas, caminando en círculos más o menos largos que pueden durar años, décadas o vidas enteras dentro del ciclo de reencarnación, creemos avanzar cuando solo estamos enterrando el conflicto debajo de la alfombra, huyendo de él, refugiándonos en un monasterio, una casa rural, una nueva terapia mágica o un grupo espiritual que refuerza nuestro alejamiento de lo que nos sucede y ocurre a nuestro alrededor.

 caminar en círculos alfombra

LA AUTOAYUDA Y EL SÍNDROME DE JUAN PALOMO

Otro error habitual es creer que uno solo puede curarse y sanar acudiendo a los libros y aplicándose recetas mágicas al estilo Juan Palomo, yo me lo guiso, yo me lo como.

Los libros de autoayuda alimentan ésta falacia, que yo denomino el Síndrome de Juan Palomo y que ha causado más destrozos en la vida emocional de las personas que muchas guerras y catástrofes en el mundo.

Los libros de autoayuda dan una ayuda parcial, momentánea. Son pildorillas que aportan cierto alivio y esperanza a momentos duros, pero si funcionaran plenamente y con profundidad, con que uno solo lo hiciera, no haría falta seguirlos escribiendo y publicando.

Otra creencia es la de que yo no necesito ayuda, que yo puedo curarme solo.

A menudo, los que más incurren en éste error son los propios terapeutas. En psicoterapia algunos enfoques como el cognitivo conductual abundan en ésta distorsión, como ellos denominan a ciertas pautas neuróticas… y en el colmo de la presunción, no contemplan el propio trastorno personal como algo que afecte al modo de impartir terapia.

Es como si un loco se olvida de que está loco e intenta sanar a otros locos.

El resultado es que muchos de éstos profesionales están tan neuróticos y poco trabajados como la mayoría de la gente que te encuentras por la calle, en un grado de anestesia emocional, desconexión e idiocia espiritual flagrante, mucho más severa que la de una persona común, pues se supone que el sanador debería estar algo más sano que aquellos a los que pretende ayudar.

Es como si uno se atrincherara en el hecho de ser psicoterapeuta para refugiarse en una torre donde los enfermitos, los neuróticos, los trastornados, son siempre los demás.

Esta especie de locura, alimentada en las facultades de psicología, sobre todo en España, éste tema del “yo estoy bien y no necesito curarme y los enfermos son los otros” es una de las muestras más patéticas del sistema educativo que nos gobierna.

Se trata de una actitud, egóica y un poco infantil, sostenida por profesores, catedráticos de psicología, claustros y demás centros de formación que sencillamente no se sostiene por lo loca y lo absurda que es.

Por eso, repitiendo la frase anterior, muchos psicoterapeútas están más perdidos que el barco del arroz.

Todos tenemos nuestra neurosis, todos sin excepción y la primera persona con la que hemos de trabajar es con nosotros mismos, antes de empezar a hacerlo con los demás.

Hace años, en mi recorrido terapeútico como paciente a lo largo de muchas consultas y gabinetes de psicología, estuve haciendo Terapia Cognitiva cerca de dos años y medio antes de recabar en la gestalt, que fue el paradigma de la psicología que consiguió aportarme más luz y sanación en mi camino.

Tardé tiempo en darme cuenta de que Ruth, mi terapeuta de entonces, una mujer hipereficaz, y una tres de eneagrama casi de libro, sin la menor conciencia de su neurosis, atrincherada en sus programitas cognitivos, en su constante racionalización de la realidad, en la desconexión emocional, en el control y los procedimientos manidos sacados de los libros, en realidad estaba estaba más perdida que muchos de sus pacientes y ejercía la psicoterapia sin haber resuelto la gran mayoría, la inmensa mayoría de sus conflictos internos y temas más nucleares, sobre todo en el tema sexual y corporal.

Yo, como su paciente de entonces, fui uno de los muchos damnificados y afectados por semejante inconsciencia.

La sospecha es que, a fecha de hoy, posiblemente sigue igual, ejerciendo su profesión y viviendo su autoengaño sin atreverse a despertar.

Como a tantos profesionales de la psicoterapia, en la facultad la dejaron acabar la carrera y la permitieron ejercer sin haber abordado jamás sus propios conflictos, atascos y problemas, que luego, en terapia, con los pacientes, siempre surgen y aparecen, causando daños a veces irreparables.

El primer paciente de un psicoterapeuta debería ser él mismo.

Sirva éste ejemplo también para las personas, ciudadanos de a pié, hombres y mujeres que creen que pueden resolver solos todos sus problemas comprando un libro de autoayuda, autoaplicándose ésta o aquella terapia famosa o milagrosa, enterrando sus problemas debajo de la alfombra, negándolos ect… o para aquellos profesionales que viven en la creencia de que, como ya somos psicólogos o terapeutas formados, no necesitamos trabajarnos ni realizar tareas de introspección.

Algunos problemas si pueden resolverse así, con un libro o una autocura a tiempo, pero otros, la mayoría, sencillamente no es posible.

Y es un acto de humildad inmenso, el tener el valor de reconocer que uno necesita ayuda, a veces mucha ayuda. Y un acto de humildad mucho mayor solicitarla.

SI BUSCAS LA LUZ, TRABAJA CON TU SOMBRA

Para conseguir Luz, hace falta trabajar con la propia SOMBRA, los aspectos no reconocidos y negados de nosotros mismos, aquello que no nos gusta saber del ser humano que somos, siempre terminan emergiendo en forma de enfermedad o acontecimientos en nuestra vida que hemos de afrontar.

No es fácil descubrirse como un egoísta, un orgulloso, una víctima, un maltratador, alguien desconectado de su cuerpo o un paranóico asustadizo, por poner algunos ejemplos.

angel de sombra

Enfocarse solo en la Luz, en lo positivo, como aseguran tantas escuelas y profesionales del crecimiento personal, de las terapias light y de la espiritualidad mal entendida, es un error garrafal… crea, por Ley de Polaridad, según el Hermetismo (del que también prometo hablar en un próximo artículo), una sombra inmensa, que se agiganta a medida que nos obcecamos en ver solo lo bonito y estar únicamente en el lado amable de las cosas.

Las personalidades más narcisistas, más rígidas y con más resistencias a la verdad, a su propia verdad, son las que menos soportan el atravesar éste lado oscuro de si mismos y de sus familias, sin cuyo abordaje, no hay curación que valga.

Se enfocan en terapias suaves, de poco compromiso y riesgo, de trabajo superficial, se centran en venturosos trabajos espirituales que prometen la liberación última, e incluso la iluminación… y colocan todo su esfuerzo en ponerle a su vida parches y tapones eventuales, sanaciones cuánticas y apaños energéticos de dudosa eficacia que no durarán mucho tiempo.

A algunos les da por viajar a China, a la India, a Nepal o a la puerta de su casa, como si recorriendo el mundo, otras culturas, lugares y ambientes, pudieran escapar de lo que hay en sí mismos o como si allí fuera, en el extranjero, pudieran encontrar lo que no hallan dentro de su psique. Este es el que yo denomino Síndrome del Pollo-Azafata. El pájaro en constante movimiento, o lo que es lo mismo: Viajar mucho, moverse mucho de lugar, para no mirar dentro de uno.

Olvidan la frase de Carl Jung: Quien viaja fuera, sueña, quien viaja hacia dentro, despierta.

El camino es solo uno, pero tiene muchos senderos.

Como Dentro, es Fuera, como Arriba, es Abajo.

Mi recomendación: usa lo que te funcione… y comprueba, a la larga y con el tiempo, que realmente te funcionó de verdad. Verifica si te sigue funcionando hoy, porque si no lo hace, o si lo hace de forma parcial y relativa, es momento de realizar algunos cambios.

Y de algo podemos estar seguros: la vida es un cambio constante.

Hasta otra próxima entrada, lectores, Paz y Luz en vuestro Camino.

Y gracias, muchísimas gracias por vuestro apoyo y confianza.

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